Pronóstico reservado

«Su optimismo antropológico no se lo cura ni el doctor House».
Pío García Escudero, portavoz del PP en el Senado, a Zapo

La frase tiene su gracia por la referencia televisiva, pero como casi siempre en nuestro blog, vamos a analizarla un poco más despacio.

Imaginemos a los doctores Foreman, Cameron y Chase discutiendo con el doctor House en su despacho. La pizarra blanca parece hoy más blanca que nunca. House oye en silencio y con el ceño fruncido las teorías que sus residentes van desgranando. El paciente, Zapo, está en coma; sin embargo, una sonrisa de pasta dentífrica cruza de parte a parte sus facciones y los sesudos doctores aún no saben qué es.

-Puede ser micomatosis obsesiva rabiosa -apunta Chase, siempre dispuesto a rebajar riesgos.
-Si fuera micomatosis obsesiva rabiosa -replica Foreman, sarcástico- los hongos estarían dibujando un hermoso cuadro de Jackson Pollock en su piel de la cabeza a los pies.
-Ah, bueno -dice Chase, y se calla-.
Cameron defiende a Chase y se encara con Foreman:
-Pues no me parece una idea tan descabellada.
-Tú es que últimamente le echas la culpa de todo a los hongos -replica Foreman, molesto-.
Tras un silencio embarazoso, Cameron propone, dubitativa:
-Si no es micomatosis obsesiva rabiosa… ha de ser algún tipo de inmunodeficiencia.
House salta rápidamente:
-Por ahí vamos bien.
-No puede ser -replica Foreman-, porque el recuento leucocitario es normal.
House le mira fijamente y le dice:
-Si yo digo que es inmunodeficiencia, es inmunodeficiencia.
Cameron asiente con la cabeza, mientras Foreman le echa una mirada asesina.
De pronto, los buscas suenan furiosamente y a la vez. Zapo ha despertado de su coma. A la carrera, los cuatro llegan a la habitación. Zapo tiene los ojos abiertos y la sonrisa de pasta dentífrica le sigue cruzando el rostro. House toma la palabra y le dice:
-¿Cómo está, señor Zapo?
Zapo, sonriendo beatíficamente, contesta:
-He hablado con Dios… Tenía el rostro de Felipe… He visto la luz… Me ha dicho que mi misión en el mundo es extender la pazzzzzzzz… Que tengo que ir a la ONU y decirle al secretario que todos tenemos que vivir en la pazzzzzzzz…
Los doctores se miran desconcertados. Foreman le dice:
-Muy bien, señor Zapo. Entonces, ¿proseguirá el proceso de paz como dicen los diarios?
Zapo no lo duda un segundo:
-Sí… Hemos de seguir en esos contactos para poder llegar a la pazzzzzzzzz…
Cameron no puede reprimirse y le dice:
-Pero oiga, ¿los de la ETA no son unos asesinos convictos y confesos?
-No, doctora… son hombres de pazzzzzzz… son hombres de talante… de mucho talante…
House se le queda mirando un momento y se le ilumina la cara con una ancha sonrisa. Ordena a la enfermera que le siga cuidando y a sus residentes que salgan de la habitación. Les tiene que decir algo importante.
-Este tío lo que tiene es una metástasis de optimismo filosófico causada por un trastorno autoinmune ante la realidad -concluye-.
Chase se queda pensativo y dice:
-¿Tiene cura?
House contesta tranquilamente:
-Ésas son las buenas noticias. No tiene cura.
Cameron salta:
-¿Y las malas?
House se lo piensa un momento antes de contestar:
-Las malas… Bueno, siendo como es presidente del gobierno… Mejor me reservo el pronóstico. Ya sabéis que yo de política entiendo poco.
Foreman protesta:
-¿Cuánto tiempo piensas tenerlo así?
House, despreocupadamente, dice:
-Decidle a Cuddy que en dos días le damos el alta.

Pues ahí lo dejamos. Ojalá fueran dos días porque, en realidad, todavía falta un año para darle de alta (aunque mejor sería decir «darle de baja»).

Se me ha ido el canario

Durante los años de la movida («los ochenta son nuestros», que dijo Ana Diosdado) surgieron en el proceloso océano musical español grupos con nombres a cual más raro. Me acuerdo de que hasta Clara Morán, la hija de nuestro bendito ministro de Exteriores de aquellos años, militaba en uno llamado Oviformia (con forma de huevo), o 21 japonesas y 46 hamburguesas (así era el nombrecito, que luego se pusieron a régimen le quitaron las hamburguesas y finalmente, desapareció en el ancho mar). O Un pingüino en mi ascensor. Habría que sentar a los miembros de esos grupos para saber de dónde sacaron esos nombres tan «originales». Cosas de aquellos tiempos, en que España quería pasar por «moderna» cuando estaba todavía quitándose la pátina anacrónica de la copla y el blanco y negro de la televisión.

En concreto, el nombre que quiero recuperar es el de No me pises que llevo chanclas. Son sevillanos y aparecen en el panorama musical en 1989, cuando la movida ya estaba casi agotada si no del todo. Y triunfaron con una canción que ahora viene muy al pelo…

Era la alegría de mi calle.
La banda sonora de mi hogar.
Toa la mañana en el balcón
me formaba la revolución.
El canalla estaba bien cuidao
y vivía mejor que yo.
Pero le llegó la hora
y el cielo se lo llevó.
Ese personaje amarillo
ese lindo pajarillo.
Me ha dejado solo y aburrido
y hasta las flores se han «shushurrido».

Esto lo podría cantar perfectamente Zapo, a quien se le han ido el canario y su hermano el caricato (dos por uno, oiga). Se ha ido uno de los ministros más guapos del Gobierno, cuya fina estampa y acento canario eran un contrapunto a los desagradables graznidos de la Momia o el no menos desagradable croar de Pepiño. Quizá haya tenido que ver su desplante árabe (no dar una conferencia en Arabia Saudita porque no se permitió la entrada al personal femenino que iba con él). Seguramente, el ya ex-ministro López Aguilar iba tarareando esto en el avión de vuelta…

¡Ay! mis siete Islas Canarias,
con el pico Teide de guardián.
Son siete hermosos corazones,
que palpitan al mismo compás.
¡Mis siete Islas Canarias!

En fin, que se fue «Piolín». ¿Y a quién nos han puesto en su lugar? A Silvestre. Atentos al próximo artículo…