Expedientes X

Querida Martha:

Muchas gracias por enlazarme en tu blog y paso a comentar tu post más reciente, a cuenta del «preso político más joven de Venezuela». Me imagino que, visto desde allá, es una especie de Expediente X. Y lo digo así porque la referencia televisiva es más asequible a la mayoría de los que puedan leer este artículo que no la referencia a Kafka y a El proceso, mucho más exacta pero más literaria y por tanto, menos inmediata.

Así, pues, tenemos a un joven al que se detiene por «elemento subversivo o antisocial» (todas las dictaduras acaban usando la misma terminología o parecida para designar a sus opositores). Se le detiene más allá del término prescrito por la ley venezolana, violentando el ordenamiento jurídico. No hay pruebas, pero sigue preso. El gobierno del simio rojo dice que «aquí no pasa nada». No hay fecha para un juicio, así que de haberla no cabe esperar que sea ése un juicio justo.

Querida Martha, perdona que lo diga así, tan crudamente. En España siempre dijimos que esas cosas «sólo podían pasar en las repúblicas bananeras» y que, como nosotros estábamos en el Primer Mundo, quedábamos exentos de sufrir tal enfermedad. Pues va a ser que no. Nosotros no estamos ni mucho menos libres de sufrir esa enfermedad por la cual a unos poderes públicos, aun elegidos democráticamente, se les puede ocurrir encerrarte por pensar distinto. O por expresar ese pensamiento diferente ya sea en radio, en televisión o en un blog.

Va a ser que aquí algunas personas «presuntos periodistas», han pedido hace ya algún tiempo desde las páginas de algún diario el cierre de blogs ideológicamente contrarios al pensamiento dominante. Eso es «progresismo», sí señor. Va a ser que aquí se detuvo a dos militantes del Partido Popular bajo acusación de atentando contra la autoridad del entonces ministro de Defensa señor Bono. Los militantes, haciendo uso de su derecho a la tutela judicial efectiva, presentaron la correspondiente querella y una juez de Madrid les dio la razón. Y ahora, los querellados recurrieron, y es el Tribunal Supremo quien les da la razón. Es decir, según nuestro TS, la detención estuvo bien justificada y «a los militantes de ese asqueroso partido fascista derechista les estuvo bien empleado». Brillante. No hay nada que el Tribunal Supremo no pueda arreglar cuando se tuerce en instancias inferiores.

La sentencia no solamente es a sabiendas manifiestamente injusta. El problema en nuestro ordenamiento es que si en el futuro se da otro pronunciamiento sobre un caso de características similares a las del presente, se crea jurisprudencia sobre el particular, que vendrá a avalar las actuaciones discrecionales de un poder ejecutivo salido de madre. Es, sin duda, un expediente X.

Más llamativo es el caso Avui. En nuestro blog ya nos hicimos eco de lo fácil y gratuito que resulta insultar al Ejército. Pues bien: una asociación de militares retirados presentó una querella contra ese presunto periodista y el presunto periódico independiente. Al cabo del tiempo, resulta que la querella de la asociación es archivada por apreciarse la «excepción de cosa juzgada» (existencia de una sentencia firme sobre el fondo del asunto). No se sabe dónde está el auto de archivo y menos la sentencia por la cual se aprecia la «cosa juzgada». Eso es un verdadero expediente X.

Y para no cansarte más, mi querida Martha, te pongo un último ejemplo. Un señor, dizque comediante, llamado Pepe Rubianes, llegó en televisión a «cagarse en la puta España» y no sé cuántas barbaridades más (y lo lamentable no es sólo lo que dijo, sino que el público presente en el plató aplaudía borregamente). Se querellaron contra él. ¿Resultado? Una pequeña multa y «aquí no ha pasado nada». Dime tú lo que duraría en Venezuela alguien que «se cagara» en el país y dijera, por ejemplo, que Venezuela «está llena de maracuchos de mierda». Pues eso es otro expediente X, incomprensible si no se toma en consideración que estamos en la Ex-paña de Zapo y que, por tanto, todo es posible siempre que sea contra España.

En fin, mi querida Martha. Como decimos acá (allá no sé si lo dicen igual), en todas partes cuecen habas; y en casa de uno, a carretadas.