Conversión


(Tomado de muchas fuentes, cada una con su versión. Aquí lo contaremos en una posible versión española.)

Cuentan que un señor que había trabajado durante toda su vida y se había esforzado por dar a su familia una situación económica desahogada, tenía dos hijas. A la mayor la mandó a una de las mejores universidades del país. Es de todos sabido que la Universidad está hoy por hoy okupada por catedráticos y profesores en su mayor parte afines a las teorías socialistas o de izquierdas. Así que era cuestión de tiempo que la muchacha sacara a colación el tema.

Una noche, mientras cenaban, tuvieron la siguiente conversación:

–Papá, estoy un poco avergonzada por mis amigos.

–¿Y eso? –se sorprendió el padre–.

–No les he hablado de la casa que tengo, ni les he dicho que es tan grande. Tampoco les he dicho que disponemos de un vehículo para cada miembro de la familia. Y cuando abro la nevera, lo primero en lo que pienso es en los pobres niños de África, que no tienen nada que comer. En realidad, papá, pienso que tenemos más comida de la que necesitamos. Por eso he decidido que este año no cuentes conmigo para las vacaciones en Estados Unidos y que el dinero que te gastarías en eso se lo des a la gente necesitada. Me sentiré mejor si haces eso, papá –dijo, en tono convencido–.

El padre seguía sin hablar y la hija, viendo que le daban permiso para continuar, se arrancó a hablar entusiásticamente de las bondades del comunismo. El comunismo era muy bueno porque superaba la lucha de clases y el capitalismo era muy malo porque oprimía a los pobres. Se extendió un cuarto de hora entero sobre el particular. Cuando terminó, el padre abrió la boca:

–Hija, ¿qué sabes de Verónica? Creo que vais a la misma clase, ¿no? Hace mucho tiempo que no la veo.

–Yo también hace mucho que no la veo. Pero ya sabes: ha sido época de exámenes finales y me he encerrado a estudiar. Por eso he sacado matrícula en todas las asignaturas. Ella, en cambio, salió todas las noches de marcha y se conoce prácticamente todas las discotecas de la ciudad. No creo que la dejen pasar de curso con tantas asignaturas suspendidas. La verdad, lo siento por ella.

El padre le respondió:

–Bueno, hija… ¿Puedo sugerirte algo?

–Claro, papá.

El padre respiró profundamente y le dijo:

–Mira, tal vez deberías ir a la Universidad. Habla con los profesores y les dices que estás preocupada por Verónica. Diles que para que ella pueda pasar de curso tú cedes la mitad de tu puntuación para que a ella le suba la media y así pueda pasar sin problemas. ¿Qué te parece?

La muchacha se sorprendió un poco. Lo empezó a pensar, pero al instante saltó, muy enfadada:

–¿Y por qué tendría que hacerlo? Verónica es un putón verbenero que durante todo el año no ha hecho ni el huevo. Creo que por no saber, ni siquiera sabe el color del lomo de sus libros. ¡Siempre de marcha, siempre de fiesta, siempre de discoteca! En cambio yo me he quemado las cejas noche tras noche, estudiando como una loca, ¡sin salir de fiesta ni perder el tiempo! –El tono de voz fue subiendo y acabó casi gritando–. Entonces, ¿por qué tendría yo que compartir mis notas, que me han costado tanto esfuerzo con esa holgazana?

Mientras la muchacha hablaba, al padre se le fue dibujando una sonrisa de oreja a oreja. Cuando la muchacha terminó, el padre le dijo tranquilamente:

–Cariño, bienvenida al capitalismo.

4 comentarios sobre “Conversión

  1. Buen post, y creo que un buen ejemplo. Yo soy más bien de los que piensa según esta parábola de la Biblia: «El que te dá peces, soluciona tu hambre de un dia; el que te enseña a pescar, soluciona tu hambre para toda tu vida»

  2. He estado un tiempo fuera de juego y cuando regreso, son muchos los nuevos blogeros que me sorprenden gratamente con sus aportaciones. En ese ámbito, conocer tu blog me resulta instructivo y ameno, por lo que no te quepa duda de que te visitaré a diario.Tienes un estupendo blog.En otro sentido, respecto a la fabula que has contado, decirte que un profesor de izquierdas en la Universidad me dijo algo parecido a ésto: «Mientras para un hombre de derechas, dos mas dos siempre serán cuatro, para uno de izquierdas puede ser cualquier otra cantidad, tres setenta y cinco, cuatro ochenta y dos…»Y llevaba razón. Todos o casi todos tuvimos un ramalazo progre alguna vez, pero al cumplir la mayoría mental, esa que no siempre coincide con la del DNI, solemos reciclarnos hacia otras posiciones menos «soñadoras» pero mas «de pies sobre la tierra».Al final de los días, solo los mediocres siguen persiguiendo quimeras.Un fuerte abrazo

  3. Yo amplío el comentario de aldehuela con la siguiente sentencia:»Si a los 20 años no eres de izquierdas, es que no tienes corazón; pero si a los 40 sigues siéndolo, es que no tienes cerebro.»Yo tuve un pasado progre, pero hoy, a mis 34 años me siento completamente curado.Un saludo aguador y gracias por tus comentarios ne mi blog.

  4. # Daniel, nunca he estado de acuerdo con ese refrán o lo que sea, porque queda como muy bonito pero no creo que se ajuste a la realidad.P.D. También soy de los que opino que el Aguador tiene un magnífico blog.

Gotas que me vais dejando...

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