Y si no… ¡nos desconectamos!

Querida Martha:

Agradezco sin límites las menciones a mi blog y paso a comentarte un asuntillo que no es probable se produzca en Venezuela.

Valga el remedo de una vieja película de esa pareja de cómicos italianos de nombre inglés, Terence Hill y Bud Spencer («¡Y si no… nos enfadamos!») para iniciar este artículo. Me hacían muchísima gracia en aquellos mis años tiernos, aunque no fuesen precisamente grandes actores. En aquella infancia mía únicamente me bastaba ver cómo se desenvolvían en la comedia de bofetadas, con pocas sutilezas y mucha, mucha sal gorda.

Pues cátate tú que andando el tiempo, la realidad me vuelve a poner ante los ojos algo así. A cuenta de lo de siempre desde hace 30 años aquí: el dinero. La tan cacareada y alabada sin cuento Transición española logró que los españoles saliésemos de una larga dictadura sin liarnos a tiros los unos con los otros (su único mérito, con la perspectiva que da el tiempo), a base de unas concesiones que todavía estamos pagando. Y sobre todo, el gran invento de la transición: el Estado autonómico, que se pretendió a medio camino entre el Estado federal y el unitario. El resultado más palpable del «café para todos» de Suárez. Y en poco tiempo, en España se pasó de cantar esto (música de Jarcha)…

Libertad, libertad,
sin ira, libertad

guárdate tu miedo y tu ira…

… a cantarse esto otro (música de Alex de la Nuez)…

Dame (8), dame más,
quiero más,
dame más dinero ya…

Por todo lo cual ahora en España, en vez de tener una sola Administración, tenemos dieciocho (la central más las diecisiete autonómicas). Y las hijas, tan voraces como la madre. Porque, claro: la Administración necesita de funcionarios para que «funcione» (cáptese la ironía del asunto). Y a todos esos funcionarios hay que pagarlos. Por consiguiente, medio presupuesto se nos va en pagar a funcionarios cuyas funciones en más de un caso están duplicadas.

Pero hay más. Resulta que no todas las Comunidades Autónomas se consideran iguales. Que, como diría Orwell, todas son «iguales», pero algunas son más iguales que otras. Es el caso de los territorios «históricos», que se creen distintos (y mejores, faltaría más) por existir una lengua, una historia y una cultura netamente diferenciadas del resto. Es el caso señalado de Cataluña y el País Vasco (y últimamente también de Galicia). Por lo tanto, la consecuencia lógica es que si son mejores, tienen derecho a más dinero.

Durante la Transición se convenció a los partidos que «representaban» a estos territorios de que era mejor permanecer en España y cobrar que no iniciar el sendero de la secesión (que era lo que muchos querían entonces) y quedarse sin un centavo. La Constitución de 1978 levanta acta de la rendición del Estado ante las exigencias de los nacionalistas, especialmente de los vascos. ETA asesinaba mucho entonces y Suárez no era Franco, sino alguien mucho más manejable por la vía del consenso y el miedo. Algo que Arzallus y Garaicoechea supieron aprovechar muy bien y que se reflejó en el sistema de financiación privilegiado del que disfrutan desde entonces.

Que también se reflejó en la inclusión de una Disposición Transitoria Cuarta, en la cual se delineaba un referéndum de anexión (ya sé la Constitución no lo dice así, pero eso es lo que puede leerse entre líneas) de Navarra a Euskadi (exigencia histórica de los nacionalistas vascos y que, a la vista de lo que está ocurriendo precisamente ahora, cabe decir «de aquellos polvos, estos lodos»).

Pues bien, querida Martha. Todo esto que los nacionalistas vascos consiguieron en 1978, lo buscan ahora en Cataluña, por la vía estatutaria. Las fuerzas políticas actualmente dominantes en Cataluña (izquierda nacionalista), con la connivencia de unos (CiU) o la protesta suave de otros (PP), presentan a los catalanes un texto estatutario que apunta directamente a la independencia de facto de Cataluña respecto del conjunto español. El texto es un mamotreto indigerible para el común de las gentes; pero quien tuvo la paciencia de leérselo al menos una vez, notó que era un texto totalitario e intervencionista (si les dejamos, el nuevo Estatuto hasta nos dice cómo tenemos que hacer el amor en catalán).

¿Lo peor? Que, como ya hemos dicho repetidas veces en nuestro blog, estamos ante un Zapo que prometió la luna antes del 14 de marzo de 2004 y que después de esa fecha tiene que pagar sus deudas, débil y necesitado como está de apoyos externos.

¿Y ahora? El texto estatutario está «atascado» en el Alto Tribunal. Las maniobras políticas se tejen y se destejen que es un contento. Un magistrado del Alto Tribunal está señalado doblemente por incompatibilidad (fue consultado en su momento por la viabilidad y además, es esposo de la Presidenta). Y como la tramitación «no avanza» (conforme a las tácticas dilatorias de Zapo), ya han salido al quite Carod y Puigcercós berreando «Y si no… ¡nos enfadamos!», como Terence Hill y Bud Spencer…

Pues lo dicho, querida Martha. Tienes para un rato de lectura de «cosas de la madre patria», entretenidas y presentadas en un formato aparentemente insustancial… No temas que esto se acabe. Al contrario: hay culebrón para rato (dicho sea sin segundas…)

Besos y cuídate mucho,
Aguador

(continuará)