Aclaración de Martha Colmenares

Por su interés, transcribo literalmente una entrada del blog de mi amiga Martha Colmenares dirigida a Elena Valenciano, secretaria de Relaciones Internacionales del P$O€. Quién mejor que ella para cerrar la boca a la señora Valenciano, cuyo jefe Moratinos se jacta un día sí y otro también de los besuqueos y abrazotes con el «Mico Mandante»…

Le voy a hacer, y muy corta, una «matización» como dirían allá en España (aquí diríamos una aclaratoria) a la secretaria de Relaciones Internacionales del partido de Zapatero, con el ánimo ni siquiera que a ella le llegue lo que a titulo particular pueda yo expresar, pues sería la verdad, intrascendente. Lo importante es, que todo aquel quien haya leído sus declaraciones (1) en relación al canal Radio Caracas Televisión, hoy, llamado RCTV Internacional, no se deje confundir. Personas de buena voluntad, como muchos en la opinión pública internacional, que cayeron por incautos: una poderosa razón que en un pasado impidió la solidaridad con la sociedad democrática venezolana.

Tras señalar la mencionada, según reporta EUROPA PRESS, que en los medios de comunicación en Venezuela la crítica hacia Chávez es “enorme” e igualmente, el rechazar que se trata de una “persecución ilegal o ilegítima”.

Si una declaración de este tipo hubiese provenido del Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, yo diría o lo asumiría como asunto de la prudencia diplomática. Estamos hablando de un mandatario demócrata. ¡La gran diferencia!

No siempre es aval de democracia el arribo al poder por la vía electoral. La legitimidad la confiere el respeto a los principios fundamentales del Estado de Derecho. De ahí que la declaración de la vocera de la progresía socialista no la consideramos prudencia alguna; por el contrario, lo que quiere decir es que hay un implícito compartir la orientación de la política oficialista venezolana de evidente confiscación de las libertades, basada en el lema “socialismo, patria o muerte, ¡venceremos!”

Lo que viene ocurriendo en España se nos está pareciendo mucho. El sometimiento al escarnio por ejemplo, por parte del señor “Pepino” Blanco, quien hasta hoy no ha pedido las debidas disculpas por su agravio, a un señor honorable con discapacidad funcional, en aquella manifestación de la AVT, en uso de una silla de ruedas como medida de prevención ante una eventual represión policial.

El propósito fue descalificar al partido opositor, al Partido Popular, el PP. Expuesto como fue el señor, de manera tan vergonzante ante las cámaras de televisión, por otro representante de esa progresía, el moderador Gabilondo. Pidió disculpas sí. Lo hizo inmediatamente, porque entendió que habría de valerle la pérdida de una audiencia. Estas son maneras de persecución política. El silencio del representante del PSOE, la impunidad ante un hecho como éste, es demostrativo que contó y ha contado con la anuencia del gobierno español.

Y los periodistas, artistas, directivos, empleados administrativos que conforman RCTV han sido objeto de toda clase de descalificaciones, en términos abusivos y difamatorios e intimidaciones en programas del canal del estado, que cuentan con la anuencia y aprobación pública, abiertamente declarada en sus alocuciones por el presidente de la república. Los espacios informativos y programación regular de RCTV, aun a riesgo de quedar fuera del sistema por cable, porque continúa el hostigamiento, transmitían la realidad de país, el padecimiento, el hambre, la miseria de la gente, la noticia o denuncia oportuna, y eso a como dé lugar había y hay que acallarlo. Esto es una misma forma de persecución política como la otra referida.

No están presas esas personas, pero los exponen, los someten a la vergüenza, el común denominador de todos aquellos en ejercicio de la libertad de expresión, como un derecho universal. Muchos con juicios abiertos, actualmente 33 comunicadores acusados al boleo de ser pagados por la CIA. Son mecanismos para confiscarla. Que a la larga o mueren de pie, o terminan autocensurándose como está pasando en Venezuela a nivel de una gran mayoría de los medios escritos y radioeléctricos. Atacados además y hackeados los servidores de los espacios digitales.

O llegan y expropian los costosísimos equipos para limitar las coberturas. O con exorbitantes montos las multas impuestas, so cualquier “pretexto”, para ahorcar la administración, en una evidente y sistemática retaliación. Tenga o no asidero jurídico, porque si lo llevas o te llevan a juicio, tendrás todas las de perder. En patética evidencia la manera descarada como han sido negados o rechazados cualquier cantidad de recursos intentados por la vía del derecho, en el caso de RCTV.

Así pues, la utilización de estos mecanismos o recursos para acabar con la libertad de expresión, indetectables en apariencia como son, es donde radica, que la gente piense que si la hay. Hablar y escribir se puede hacer, como no, pero eso conlleva ser víctima de cualquier silente subterfugio para someterte. Hasta que ya te hagas tan incomodo, y se les hace necesario sacarte del camino a fuerza de inventarte un delito no cometido o de cualquier otra cosa.

Difícil distinguir la verdad de la mentira, preciso distinguir quiénes se parecen, preciso no dejarnos confundir. Martha Colmenares

El tango diabólico

Con la mayor de las repugnancias escribo este post, dedicado a una de las páginas más negras de la historia —también de la historia de la Iglesia— argentina. El título hace referencia al tango que bailaron al alimón la jerarquía eclesiástica y la dictadura de los criminales ex-generales Videla, Camps y demás.

La noticia salta a las primeras páginas de la actualidad porque en estos momentos se está juzgando a un sacerdote que fue «confesor» de uno de esos generales: Christian von Wernich. No vamos a entrar en todo lo que se le acusa a esta persona (hay mucha información en la Red), sino que entraremos en una reflexión de tipo más general.

De entrada, no debería sorprender que la jerarquía eclesiástica en Latinoamérica se alíe con el poder. Es algo que ya hemos visto en Chile, con Pinochet; que, incluso, llegamos a ver en El Salvador con Anastasio Somoza («Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», que decía la CIA de él). La argentina es una de tantas reediciones (a ritmo de tango, eso sí) de la «alianza entre la cruz y la espada» que a lo largo del tiempo y del espacio se han sucedido. Posiblemente, su «justificación» se hallara en la expansión del comunismo durante los años 70 en toda Latinoamérica, con lo que hasta cierto punto, la represión asumía el carácter de «cruzada contra las hordas rojas».

Y aunque existe una Iglesia humilde y sencilla que, por esa misma razón, no sale en los papeles, existe también la Iglesia que desde el año 313 (en el que Constantino convierte la religión católica en oficial del Imperio romano) ha disfrutado de poder temporal y espiritual sobre sus fieles. La Iglesia que, como institución (no nos referimos aquí al aspecto religioso, sino al político y/o administrativo), ha dado cobertura religiosa y moral a supuestas «cruzadas anticomunistas», al socaire de las cuales se han perpetrado crímenes de lesa humanidad.

Anoto aquí un recuerdo poco grato. Tengo familia en El Salvador, descendientes de un hermano de mi abuela. Recuerdo que hace unos años vinieron a España para «saludar a la familia» y nos fuimos a comer. El caso es que la conversación recayó sobre los jesuitas asesinados en El Salvador, Ignacio Ellacuría y compañeros. Nosotros dijimos que aquel asesinato nos parecía una barbaridad; pero mi primo afirmó totalmente convencido que «eran comunistas». Y cuando le pedimos que nos concretara un poco más, nos dijo que «maleaban al pueblo y que lo hacían revoltoso». Argumento comprensible si se tiene en cuenta que mi primo tenía una empresa bastante próspera de dulcería y una casa con servicio. Después de aquello no me sorprende la cerrazón de las clases privilegiadas allá en Latinoamérica.

Retomamos el hilo después de este recuerdo personal. ¿Cuál es la postura actual de la Iglesia argentina (cuando menos, de su jerarquía)? Un sospechoso silencio. Como ocurre en estos casos, «nadie era», «nadie estaba» cuando ocurrieron los hechos. Pero el mismo silencio de la Iglesia argentina y su poca o nula disposición a pedir perdón cuando las pruebas se acumulan en su contra la condenan. Tampoco Roma ha dicho gran cosa acerca del asunto. Juan Pablo II no hizo el mismo tipo de limpieza que hizo en Estados Unidos cuando se «levantaron» los casos de pederastia. Y, a la vista de lo que está saliendo en Argentina, esperamos un gesto, un mensaje, una acción del papa Benedicto XVI. Quienes actuaron así deben ser juzgados y condenados por esos delitos de lesa humanidad. Y en mi modesta opinión, la complicidad con quienes perpetraron esos crímenes les expulsa de facto de la Iglesia.

Me imagino que el progrerío, en general bastante ignorante de las cuestiones eclesiásticas, aprovechará para decir: «Mirad, mirad: así es, así actúa la Iglesia». Aprovecharán para mezclar churras con merinas, como siempre. Pero no importa. Basta con que se haga justicia a las madres, padres, hermanos, hermanas, esposas, maridos de las personas desaparecidas o torturadas. Basta con que a esos señores se les castigue de acuerdo con las leyes civiles. Basta con que a esos señores se les expulse de la Iglesia, pues no tienen derecho a permanecer en ella.

Más información en:

http://gatopardo.blogia.com/2006/041801–que-decia-la-jerarquia-catolica-sobre-los-crimenes-de-la-dictadura-argentina-.php

http://www.apdhlaplata.org.ar/prensa/2003/050203.htm