A Dios rogando y con las pistolas matando


Así se titula uno de los capítulos del libro ETA, el saqueo de Euskadi, de José Díaz Herrera e Isabel Durán. Tomo prestado este título para hablar hoy de algo que siempre me causó extrañeza, cuando no vergüenza y enfado, a saber: la existencia de un clero netamente nacionalista que ha colaborado y colabora con los terroristas.

De entrada, me cuesta entender qué se le había perdido al clero vasco con el nacionalismo. Quizá tendríamos que empezar por decir que la influencia jesuítica de Sabino Arana fue lo bastante fuerte como para no excluir a la Iglesia de su Arcadia feliz, sin maquetos y con los jauntxus como él dirigiendo el cotarro. Y el cura, naturalmente, echando la bendición sobre ese orden natural de las cosas. Pero esto fue así mientras el nacionalismo fue un proyecto «de derechas». Los nacionalistas vascos —como ahora— pedían la independencia de Euskadi rogando a Jaungoikoa en vez de a Dios. Y aunque hubiese curas que bendijeran esa petición, nada hacía presagiar que iban a dedicarse a otra cosa que a conservar el euskera.

Quizá el punto de inflexión (y tal vez de no retorno) cabe situarlo en los años del llamado tardofranquismo por la historiografía de izquierdas. ETA aparece en escena y los opositores al régimen franquista los consideran «compañeros» (algo que hoy algunos insisten en no recordar), porque «todos luchan por el mismo fin, aunque sea con medios diferentes». La Iglesia vasca, uno de cuyos mandamientos más importantes dice «No matarás», bendice los asesinatos de ETA, ayuda a ocultar a los terroristas y les da cobertura moral ante el pueblo por la iusta causa de derrocar al franquismo cuanto antes.

Con estos antecedentes, ¿debería sorprender que años después el obispo Setién hiciera públicamente declaraciones en el sentido de «comprender» el terrorismo etarra? ¿Debería sorprender que ante un documento de la Conferencia Episcopal Española condenando el terrorismo, el clero vasco complaciente con ETA publicase otro asumiendo punto por punto la terminología terrorista? Más bien no. Al igual que tampoco debería sorprender a estas alturas que ese clero se considere solamente «clero de los vascos». Es decir: a los maquetos, ni agua. Por eso duele pero no sorprende que curas vascos se nieguen a enterrar en su camposanto a una víctima de ETA (es sabido que las víctimas de ETA son «enemigos de la tierra y la patria vasca»: o bien representantes del «Estado español opresor y torturador», o bien empresarios que se han negado a pagar el impuesto revolucionario, eufemismo con el que se disfraza la extorsión a que son sometidos). Duele, pero no sorprende que Jaime Larrínaga tuviese que salir por piernas de su propio curato, de Maruri. Y todo por replicar al obispo Setién y a los nacionalistas en general (lo que de muestra lo mucho que éstos saben de democracia).

En Cataluña, aunque en menor medida, también existe un clero nacionalista. Un clero que bendice la fábula nacionalista (¿sacará algún beneficio de ello?). Pero a diferencia del claro vasco, todavía recuerdan que hay mandamientos que les impiden bendecir actos terroristas. Sin embargo, me sigue sorprendiendo. Gracias al Concilio Vaticano II se puede decir la misa en la lengua vernácula. Esto debería bastar para que el clero catalán y el vasco extendieran su bendición a todos, a los maquetos y a los «de dentro», a los «emigrantes» y a los catalanes de soca-rel. Con todo, lo más extraño es que Roma, que se afana en dar latigazos a teólogos díscolos como Leonardo Boff o Jon Sobrino, no haya tomado absolutamente ninguna medida respecto de este asunto.

Se supone que católico significa «universal». Pero está claro que con estos localismos, que en algún caso adquieren un tinte asesino, parece que la definición de «católico» se deconstruye en el mismo momento en que se enuncia. Y si hay alguien que me aclare el misterio que conllevan las líneas anteriores, le quedaré muy reconocido.

5 comentarios sobre “A Dios rogando y con las pistolas matando

  1. En el entierro de un tío mío, en Lérida, tuvimos que oír cómo el cura cargaba contra la Cope, sin venir a cuento, ni saber qué emisora escuchaba el fallecido. Luego se extrañarán de que cada vez vaya menos gente a misa.

  2. El papel de la Iglesia vasca con el terrorismo es miserable.Setien ya deberia estar en la carcel.¿Y la Conferencia Episcopal que dice de sus delegaciones proetarras e independientistas en la CC.AA Vasca y en Cataluña?.Saludos

  3. La verdad es que la “conciencia” de la iglesia vasca está carcomida por las ideas nacionalistas. Una lastima que no se centren en su deber.Saludos…

  4. La religión y el nazionalismo siempre casaron bien. Son dos formas radicales y cerradas d eentender el mundo. O mejor dicho, de no entender nada.La historia de la Iglesia Católica del siglo XX es la de arrimarse al sol que más calienta. Como dice cid, luego se quejan de que nadie vaya a misa.

Gotas que me vais dejando...

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