Venezombia

Venezombia es un territorio más surgido de la calenturienta mente del MicoMandante. Aún no lo ha dicho, claro está. Pero estamos seguros de que no le disgustaría echar un buen mordisco a la hermosa tierra colombiana, aunque sólo fuera para «exportar su revolución». No es de extrañar que Chávez haga tan buenas migas con Tirofijo Marulanda, quien le ayuda a desestabilizar el país vecino. Tampoco sería de extrañar que, en su alucinado delirio, Chávez se viese como la reencarnación del Castro de 1959, bajando a todo trapo de Sierra Maestra. Tirofijo no iba a ser menos y tomaría el papel del Che Guevara (sí, ése que los indocumentados y los fanáticos llevan en sus camisetas sin saber o sin importarles lo bestia que fue). Y Castro El Verdadero podría irse tranquilo al otro barrio, sabiendo que tiene un «continuador».

Castro sabe bien que cuando él se vaya, Cuba volverá a la «apestosa» democracia. Sabe bien que la gente está harta de pasar hambre por amor a la Revolución y no le hará ascos al vil metal capitalista de la gusanera de Miami. Y que si no se anda con cuidado, a su superviviente hermano Raúl las cosas se le pueden poner muy feas. Por eso se esmera tanto en cuidar a Chávez, que faltando él, será un «digno» sucesor.

Pero volvamos a Caracas. Tenemos a Chávez paseando arriba y abajo en el Palacio de Miraflores, como un mono enjaulado. Está ideando una acción conjunta con Tirofijo. Tiene la mente puesta en Bogotá y el ceño fruncido. Por supuesto, no es tonto. Sabe perfectamente que no puede invadir así, por las buenas, al vecino. No tiene tanto poder militar como Hitler ni los medios que tenía éste para una agresión con éxito inicial. Por eso tiene que contar con Tirofijo, escondido —emboscado, más bien— allá en la selva amazónica. En Colombia las FARC son un problema de tamaño XXXL; ni siquiera Betty la fea, que paralizaba el país durante sus emisiones, pudo con él. Pero es lo que tiene ser guerrillero: después de un cierto número de años, la guerrilla deja de ser un ideal para convertirse en un trabajo (lo hemos visto en España con la ETA).

Chávez, ya lo hemos dicho, no tiene un pelo de tonto. Y necesita algo para distraer la atención del país, que como diría mi amigo Daniel muy gráficamente, «se va a la mierda» (como el nuestro, pero más rápidamente). El Mico Mandante se pasa las garantías constitucionales por el forro de… el arco de triunfo. Lo dijo muy claramente un cómico venezolano que vi en la tele (a veces la tele no es tan mala, después de todo). Fue algo más o menos parecido a esto: «La policía española, antes de hacer nada, pregunta “¿Qué ha pasado?”, te pide la documentación y te lleva ante un juez. La policía venezolana, no. La policía venezolana llega, te pega cuatro hostias de reglamento sin más y luego pregunta: “¿Qué ha pasado?”. Y no te lleva ante un juez». Con un agravante: el PIB de Venezuela (formado por petróleo y misses) cotiza a la baja. Las misses se le van y el petróleo ya no le sirve para hinchar pecho ante sus colegas presidentes en la OEA, que además, le van botando de todos los demás organismos de la zona. Así que tiene que inventarse algo, si no quiere llegar a la guerra civil.

De entrada, las carantoñas a las FARC no le gustan nada a Álvaro Uribe, el presidente de Colombia. El señor Uribe no sabe si Chávez hace eso para tocarle las narices o como estrategia de desestabilización del país (dicho en otras palabras: para descabalgarlo de la presidencia). Está nervioso. Probablemente Bush le ha prometido ayuda; pero como por ahora no hay «hostilidades dignas de mención» y el amigo americano está muy ocupado tratando de salir lo menos tocado posible de los arenales de Iraq, a Uribe no le queda sino esperar y rezar a Diosito para que la ayuda prometida llegue, aunque sea pronto.

Suena el teléfono en el Palacio de Miraflores un día cualquiera. Chávez, al oírlo, se pone en pie y se cuadra.

CHÁVEZ (con la voz de llevar firmemente el timón del país): ¡Aló presidente!

TIROFIJO: Buenos días, señor Chávez. ¿Cómo le amaneció?

CHÁVEZ: Ah, es usted. (Se vuelve a sentar, más relajado). Llevo unas noches que no duermo bien. Tengo pesadillas.

TIROFIJO (sonriéndose de oreja a oreja): Mala cosa es eso, m’ijo. ¿Será que no tiene la conciencia tranquila? Si me necesita ya sabe. Le despejo la agenda de pesadillas al tiro.

CHÁVEZ (un tanto sofocado): No juegue con esas cosas, carajo, que son serias. (Carraspea para aclararse la voz). Pues verá, he soñado esta noche pasada que venía a verme el presidente Zapatero para darme apoyo, acompañado de dos señoras, la Elenita Valenciano, que es buena amiga mía y una chica rubia, Lerele o Leire Pajín creo que se llama.

TIROFIJO (mostrando interés): ¿Cuál es el problema, presidente? ¿Quiere que se las secuestre?

CHÁVEZ: No, no (alarmado ante los expeditivos métodos de su interlocutor). Sólo era un sueño, carajo. No sé por qué, pero no me dejan dormir. Me entró un temblequeo sólo de pensar que ese hombre quiere apoyarme. (Aterrorizado). ¿Y si viene también esa vicepresidenta? Si será fea que en su país la llaman La Momia. Eso sí que me para los pelos.

TIROFIJO (después de un corto silencio): Mire, presidente. Creo que usted la pasa en su palacio, encerradote allá, con sus ministros. Demasiado tiempo y demasiados pensamientos. (Confianzudo) ¿Por qué no viene a la selva a visitarme y platicamos, ah? Además, compartiré con usted el capítulo de Betty. Le hice llegar a Uribe que si no reponían esa novela las acciones de mis hombres se iban a incrementar al triple. Uribe es muy complaciente y ha ordenado que la repongan.

CHÁVEZ (admirado): ¿De veras ha conseguido eso? Pues fíjese que yo, siendo Presidente, nunca conseguí que esos huevones de RCTV repusiesen para mí Mi gorda bella. ¡Y se llevaron los videotapes! Claro que ahora ya tienen lo que se merecen. (Lanza una risita malvada). Espero que la serie que usted me dice sea buena. Ya le mandaré recado de que voy.

TIROFIJO: De acuerdo, presidente. Le diré una cosa más. Procure que no se entere de la visita una tal Martha Colmenares. En la selva no tenemos Internet, pero las noticias llegan igual de rápido. Y he sabido que esa metiche de periodista tiene contactos por todo el mundo, ¿lo oyó? ¡En todo el mundo!

CHÁVEZ (despreocupado): Bah, no tiene que preocuparse. Esa dizque periodista tenía un blog que me molestaba mucho sobre presos, derechos humanos y otras carajadas. Se lo cerré con un parpadeo de ojos. Y no sabe cuántas ganas le tengo al de ahorita. Me vigilan mucho y no puedo hacerle como la otra vez. Ni modo; pero como se despiste, se lo cierro.

TIROFIJO: Bien. Acuérdese de lo que me prometió, presidente…

CHÁVEZ (intentando recordar qué huevada le prometió): Claro, claro.

TIROFIJO: Se la recuerdo pa’ que no se le olvide, m’ijo. Me prometió hacerme Delegado de la Revolución Bolivariana de Venezombia, región ex-colombiana.

CHÁVEZ (aliviado y preocupado a la vez porque su interlocutor sí recuerda la promesa): Claro, claro. (Poniéndose en pie y cuadrándose) ¡Arriba la Revolución Bolivariana!

TIROFIJO (con sorna): Arriba, arriba, pero cuanta más platita, mejor. Le espero pronto. Bye, presidente.

CHÁVEZ (que ya se ha ensimismado con lo de Venezombia y la Revolución Bolivariana): Okey, adiós, adiós.

Dejemos a Chávez preparando su viaje a la selva colombiana. La llamada de Tirofijo Marulanda no le ha solucionado gran cosa. Eso sí, sigue soñando con Venezombia. Tiene un retrato del Libertador en su despacho. Pero hoy, hasta el Libertador parece decirle: «Estás arrastrando mi legado por el fango». Y Chávez piensa: «Al menos a éste le puedo dar la espalda, porque él no puede dármela a mí». El MicoMandante suspira resignadamente y le da la espalda.

Esperemos que al MicoMandante no se le ocurra en serio lo de invadir Colombia. Nos quedaríamos sin café. ¿Y cómo se puede empezar el día sin un cafecito caliente, que te devuelva al mundo de los vivos? Sencillamente, no se puede. No se puede siquiera hacer la revolución bolivariana.

Los progres no crispan

Como estoy experimentando algunas dificultades para acceder a «Libertad Digital», he decidido darme un garbeo por otros blogs, que también suele ser un ejercicio interesante. De todo lo que he visitado, éste me ha parecido un buen post, que a la vez puede servir como argumentario cuando el progrerío rebuzne las consignas habituales. Tomado del amigo Smith, de Batiburrillo.

Los progres no crispan. Qué va… Tan sólo responden a las provocaciones de la «derecha extrema» y de la «extrema derecha». Que toda una Vicepresidente de la República coronada de España va y dice que «A ellos, todo mi desprecio», en alusión a los diez millones de españoles que votaron al PP, pues a fastidiarse, que eso no es crispar. En cualquier caso, crispa el PP, que se deja insultar por De la Vega.

Los progres no crispan. Que se les meta bien en la cabeza. Que un progre como Anasagasti, que por muy clerical-fascista que sea no deja de ser un progre cuando le viene en gana, va y dice que «Nada más parecido en su comportamiento a un exaltado del PP que uno de HB», eso tampoco es crispar. Da igual equiparar a víctimas y a verdugos porque, en cualquier caso, los que crispan en el País Vasco son los del PP, que están empeñados en hacer cumplir las leyes, empezando por la Carta Magna.

Los progres no crispan. No nos dejemos llevar por la propaganda fascista. Que un viejo progre, un progre de tiempos de las checas y la NKVD, va y dice que ETA es más responsable que el PP, eso no es crispar. Crispa el PP, que no tiende la mano a los asesinos de ETA, que no escucha a esta organización histórica, con medio siglo de lucha por las libertades vascas a sus espaldas.

Los progres no crispan. Afirmar tal cosa sería entrar en el juego del extremista Losantos y sus adláteres informativos. Cuando el comunista Ricardo Royo Villanueva exige que «hay que ilegalizar al PP, entrullar y torturar a sus dirigentes, enviar sanciones administrativas de todo tipo sus militantes y mandar brigadas de la Policía de la Verdad y la Decencia con órdenes expresas a abroncar a sus votantes», eso no es crispar. Crispa el PP, que no ha entregado a Mariano Rajoy atado de pies y manos a la Checa de Izquierda Unida de Madrid, como muestra de buena voluntad.

¿Se dan cuenta cómo no crispan los progres? Paparruchadas de la derechona autoritaria de siempre…

La blogosfera es diestra

Tomo prestada esta entrada del blog Rumbo a Levante. No es actual (abril 2007), pero creo que muchos suscribiríamos sus palabras de principio a fin.

Así lo asegura Fernando Mínguez en HispaLibertas. También advierte que esta situación no le gusta nada al PSOE, y parece ser que van a tomar cartas en el asunto:

En el PSOE andan preocupados porque, según parece, la opinión «de derechas» se ha enseñoreado de este nuevo canal, y andan dándole vueltas a cómo nivelar la balanza y poner el asunto más en onda con la «mayoría social». Como ustedes comprenderán, a mí me entra temblequera de sólo pensar que en el Comité Federal hayan podido dedicar un segundo de su tiempo a pensar en nosotros y hayan decidido que somos un problema. A partir de ahí, cualquier cosa es posible: desde que nos prohíban escribir hasta que nos obliguen a pagar un canon por palabra, pasando por la obligación de que cada blog esté apadrinado por dos personas de distinto sexo (blog paritario).

Y a partir de ahí reflexiona sobre los motivos de la proliferación de los blogs de derechas:

Los malintencionados dicen que la blogosfera no es progre porque es un espacio de pensamiento y, por ende, aquí lo progre pinta poco. Yo creo que hay alguna explicación, quizá menos atractiva para algunos, pero más cabal. La derecha se ha apropiado del canal alternativo, sencillamente, porque la izquierda no ha sentido la necesidad. Al fin y al cabo, ya domina la cultura y la opinión oficiales. ¿Quién necesita ser progre en el mundo virtual cuando, al fin y al cabo, es lo más fetén que se puede ser en el mundo real? Por lo común, un ciudadano no toma el recado de escribir –sentado en su casa, frente a la tele- para expresar su contento o decir que nada le inquieta. Para alabar al poder ya están los cobistas profesionales. El ciudadano que se pone a ello tiene todos los papeles para convertirse en un opositor. Y lo progre, lo de izquierdas, lo correcto, es “lo que hay”. Lo progre es la ortodoxia.

Sí. Ser de izquierdas es normal, no has de explicarlo; simplemente, lo eres. Todo lo contrario sucede con quienes somos de derechas. Tienes que dar un montón de explicaciones por todo y, a la que te descuidas, eres un facha. Y se acabó la discusión. La izquierda tiene bula, está hiperlegitimizada y nada de lo que haga se le va a reprochar. De hacérselo, se desviarán las culpas a «elementos incontrolables». Ejemplo: ETA. La banda terrorista y criminal es de extrema izquierda, y a nadie parece importarte ese hecho. Ejemplo: ERC, socio del PSOE para gobernar España. Nadie ha puesto el grito en el cielo porque así fuera. Ningún intelectual se ha rasgado las vestiduras; no he leído a Juan Manuel de Prada pidiendo el fusilamiento de Carod, ni siquiera cuando el numerito de la corona de espinas. Ejemplo: manifestaciones recientes. Dos banderas con el águila de San Juan convierten al resto de los manifestantes en peligrosos tardofranquistas. Multitud de banderas tricolores, comunistas, fotos del Che, etc., son una forma colorista de expresión; y, en cualquier caso, no representan el pensar de la mayoría.

Lo que más me sorprende y enoja es la aceptación ovina de estas asimetrías por el grueso de la sociedad. Bueno, enojo cada vez menos, puesto que lo he ido aceptando con el paso de los años. Pero recuerdo con estupor la que se armó cuando Jörg Haider obtuvo un gran número de votos en Austria: parecía que se avecinaba un nuevo Reich. En cambio, nadie habla con alarma de cosas como ésta.

Pero, ¿por qué proliferan blogs de calidad de derechas frente a la inanidad de los de izquierdas? Supongo que el sesgo apabullante de los medios de comunicación hacia la izquierda también es un factor a tener en cuenta. Encender hoy la televisión para ver las noticias es enfrentarte a la disyuntiva de si Bush merece morir ahorcado o en la silla eléctrica; es asimilar que Aznar debería estar en Guantánamo (que es peor que una cárcel iraní) y que la guerra de Iraq es un fracaso desde el primer día, además del origen de todos nuestros males. No hay debate con argumentos sino etiquetas, ataques, descrédito. Y los medios de comunicación escritos no están mucho mejor. En general, los corresponsales extranjeros suelen cojear del pie izquierdo, sea cual sea la línea editorial del periódico. Así, el fracaso en Iraq está asegurado; los culpables de la situación en Oriente Medio son los judíos y, definitivamente, Bush merece morir, aunque sólo sea por tonto. Ante este panorama es comprensible que florezcan blogs de derechas. Se compensa, de ese modo, la falta de voz de un gran número de personas.

Lo expresa muy bien Dick Turpin:

Desde el 11S poco a poco fui tomando conciencia de algunas cosas. Pero para mí, el gran catalizador fueron las movilizaciones contra el gobierno del PP por el Prestige, por Irak, por todo. Ver según a quién y oír según qué, me cabreó. Mucho. Por ejemplo ver en TVE a uno de ésos que tan rimbombantemente se autodenominan «artistas y representantes del mundo de la cultura» con una camiseta de Ho Chi-Minh hablando de Paz o escuchar a los de los acosos a las sedes del PP dando lecciones de democracia me pareció demasiado. Arriba los indocumentados, pensé. Ver que los tópicos se repiten, como mera propaganda repetida según las enseñanzas de Goebbels, es un insulto y no me suele gustar que me insulten.

A mí tampoco.

Castilla, la gran olvidada

Quizá también Castilla-La Mancha, pero en esta entrada mi intención es referirme a Castilla-León (mejor aún: Castilla La Vieja, denominación de rancio abolengo). Olvidada de siempre, a pesar de ser el fundamento de España (mucho, en verdad, le debe la esencia de lo español a Castilla). Debo agradecer aquí al amigo Alberto Esteban que un post suyo sea la inspiración para esta entrada. Parte de mis raíces están en esa región (concretamente, se reparten entre Valladolid y Segovia), así que me considero suficientemente legitimado como para dar opinión.

Que Castilla es la gran olvidada de España, estamos todos de acuerdo. Es la Comunidad donde menos dinero se da y menos se invierte. Ahora bien, en mi modesta opinión, Castilla es la gran olvidada por lo menos desde 1898, desde que perdimos Cuba y Filipinas. En ese año —o en esos años— eclosionan las nacionalismos periféricos, que vistos ahora con la distancia del siglo, suenan más a «¿España no nos da de comer? Pues nos vamos de España». Y nace la famosa generación del 98, a la que «le duele España» (Castilla, en realidad), que ha dejado de ser reina y señora para convertirse en poco menos que campesina con abarcas…

… abarcas traigan calzadas,
que non zapatos con lazo…

le dice Rodrigo Díaz de Vivar al futuro rey Alfonso VI. El rey, aunque espantado, jura; pero al mismo tiempo, expulsa al Cid de sus dominios por haberlo humillado tan notoriamente. Esta soberbia castellana es capaz del mayor heroísmo cuando se ve puesta a prueba. Véase, si no, el gesto de Guzmán el Bueno, que a muchos gusta referir todavía con el comentario admirativo: «Hay que ver cómo somos, ¿eh?». Pero es también (en parte, al menos) la culpable del atraso de la región: quien más, quien menos, en la historia, ha cambiado las oportunidades de progreso de la región por el reconocimiento de su condición de castellano viejo (no mezclado con sangre judía o morisca). La insistencia en el linaje («Nos no venimos de reyes, que reyes vienen de nos») es la que ha dejado atrás a Castilla muchas veces. Se criticó esta insistencia en el Lazarillo (recordemos el hidalgo toledano) y la criticó también José Cadalso en sus Cartas marruecas. Nada que hacer. Tan castellano viejo era el hidalgo de 1780 como su antepasado de 1080, que se batió el hierro contra los moros.

¿Y en la Edad Contemporánea? Desde que perdió los últimos restos de su esplendor imperial, Castilla se volvió sobre sí misma y quiso permanecer fuera del tiempo. La estructura caciquil heredada de la Restauración funcionaba perfectamente e impedía que el progreso llegase a las tierras castellanas. Poca industria, poca comunicación, poca cultura. Era esencial que todo se mantuviese «como siempre». Pero así como en otras tierras esta situación provocó el éxodo hacia las ciudades industrializadas (concretamente, a Barcelona, a Madrid o a Bilbao), en Castilla apenas se produjo éxodo alguno. Ni siquiera el régimen franquista, que tanto alardeaba de símbolos españoles, se acordó de Castilla. Las mejores industrias se fueron a Cataluña o a Vascongadas, dejando a Castilla apenas el trigo, las viñas de Rueda y el yermo restante.

La democracia, que supuestamente iba a traer la felicidad a los españoles, tampoco ha sido muy misericordiosa con Castilla. Tal como menciona el amigo Alberto Esteban, le quita su salida al mar (Cantabria) y legitima la escisión en dos Castillas, colocándose Madrid como una especie de isla independiente por su condición de Villa y Corte. Pero lo peor no ha sido eso. Lo peor es que Castilla-León ha padecido una sucesión de gobernantes grisáceos, poco o nada visibles para el resto de España. Por decir algo, yo apenas si sé qué aspecto tiene Juan Vicente Herrera y si dice cosas puestas en razón o bobadas solemnes. Todo lo contrario de los nacionalistas protestones o del extremeño Ibarra, caracterizado por abrir su gran bocaza. Quizá también haya que achacar la culpa a buena parte de la sociedad castellana, no demasiado interesada en que cambien las cosas y de que el proletario se acerque socialmente al oficinista y éste al funcionario de alta graduación. No es más —ni menos, desde luego— que la rémora histórica del orgullo y del linaje. ¿Dónde se vio que un castellano viejo se ocupara de las artesanías o del comercio? Eso es cosa de moros y de judíos y está maldito de la religión como ocupación baja que es.

Suponemos que hoy en día poco debe quedar de eso. Hoy los veterocastellanos pueden sentirse tan orgullosos de su historia como los navarros o los asturianos. Y francamente, da pena ver como yo vi una pintada en una pared de Segovia que rezaba así: «Castilla, sin León, mucho mejor» (igual que me da pena ver pegatinas con la leyenda: «Esto es el país leonés»). El virus nacionalista penetrando —o siendo inoculado— en la polvorienta tierra castellana, a la que sólo le falta pelearse consigo misma para acabar en la nada. No queda sino acordarnos precisamente de ese verso del Cantar de Mio Cid, recitándolo por lo bajo, no sea que nos traten de «fachas peperos» y no sé cuántas maldades más…

¡Oh, qué bon vassallo si oviesse bon señor!

Ésta ha sido la desgracia de Castilla La Vieja: que casi nunca ha tenido buenos señores. Como España.

P.D.- Me permito copiar aquí el comentario del usuario Chinito, que no tiene desperdicio.
Castilla es la gran olvidada de España y la más perjudicada por el nefasto sistema autonómico que destroza nuestra Nación desde hace treinta años.
Puedes ver como se fragmentó en cinco trozos sin apenas ningún fundamento histórico ni cultural. No tiene ningún sentido, por ejemplo, desgajar a Cantabria, que siempre fue el puerto y la sede de la Armada de Castilla, ni lo que nos hicieron a los madrileños dejándonos solos, cuando la mayoría nos sentimos castellanos ¿Qué vamos a ser si no? (Y menos mal que aquí se ha gobernado bien, menos cuando estaban los sociatas).
Algunos piensan que los nacionalistas periféricos debieron de meter baza en este asunto. No interesaba una Comunidad grande y con fuerza que les hiciera sombra. Únase a esto la ambición de algunos políticos castellanos y manchegos que prefirieron crearse un chiringuito propio y ya tenemos el despropósito hecho.
Por otra parte, tienes razón cuando dices que desde la Junta no se hace lo suficiente. Deberían ser más enérgicos y menos complacientes. De otro modo, Castilla, la esencia de España, languidecerá lentamente y eso no conviene nada más que a los enemigos de nuestra Patria.
Saludos afectuosos.-

El mercadillo

El miércoles pasado fui al mercado. Mercurii dies, el día del dios Mercurio entre los romanos (equivalente al Hermes griego). El dios del comercio, de los viajes (protector de los viajeros)… y de los ladrones. Llovía, pero ¡qué caray!, era día de mercado y yo tenía ganas de pasearme. Naturalmente, iba con mi recién estrenado uniforme negro del MAZP. Estoy contento con ellos: buen rancho, buena paga y buenos camaradas. ¿Qué más se puede pedir?

A pesar de la lluvia, había gente paseándose por los puestos. Era algo verdaderamente curioso. Me acerqué un poco más, a ver qué decían. El primer puesto está servido por una bella joven. «¡Pisos gratis! ¡Piiiiiiiisos gratisssssssss! ¡Bueno-bonito-baratooooooooo, paisaaaaaaaaaa!», se desgañita la joven. Me acerco a la señorita:
—Buenos días.
—Salaam aleikhum.
—¿Cómo te llamas?
Kharma al-Shakum, siñor.
—Y a ver, ¿cómo es eso de los pisos?
Siñor, es sinsillo. Tú alquila piso treinta metro. Yo pago a ti dosintos-dis iuro. Pero tú joven. Si tú mayor treinta año, patada en culo —explica, como una profesional—.
—Oye, pero que eso no es gratis… —protesté, a medias—.
La muchacha pierde la paciencia por momentos. Ve que se le cae el cliente.
—Sí gratis. Dosintos-dis iuro pago a ti. Yo ayudo a tú paga alquiler.
—No, no es gratis. ¡Esto es una engañifa! —empecé a calentarme—.
—¡Patada en culo sí gratis! —respondió la muchacha, furiosa y roja como un tomate—. Allah el Akbar! Allah el Akbar!
La joven estaba histérica y empezó a chillar y patalear. Inmediatamente apareció un señor ma-yor, carilargo y barbado. Se acercó a la joven, le dijo unas palabras en árabe y pareció que ésta se consolaba un poco. Luego se encaró conmigo y me dijo:
—Tú, infiel. No molesta hija mía. Si no gusta género, tú larga. Pero tú no hacer llorar a hija mía o yo llamo Juani y ella clava esto —y al decir «esto» sacó un kriss muy afilado y lo blandió delante de mis narices—. Tú acordar nombre Rub Al-Kabah.
—Bueno, no se preocupe, hombre, que ya me voy —repuse, un poco espantado, porque los moros, según y cómo, no se van por las ramas, no—.

La escena era bastante surrealista, pero bueno, seguí andando. Más adelante, atraído por los gritos, me acerqué a otro puesto. Esta vez era una señora más mayor, que gritaba mucho: «¡Carreterah! ¡Carreterah que llegan hahta lah mihmísimah perah!». Decía llamarse Magdal Al-Baris. Interesado, inicié un diálogo con ella:
—Buenos días.
—A la pá de Dió —contestó ella, muy garbosa—. ¿Qué se l’ofrese?
—Pues verá… He visto que anunciaba carreteras y…
—Pozí, carreterah y caminoh y arupuertoh y atasione de trén, mi arma. ¿Qué é lo que tú vá a queré?
—Bueno, verá… Yo lo que quería saber es si cuesta muy caro eso de una estación de tren.
—Po verá, quiyo —empezó a explicarme ella—. Yo t’hago la atasión ande tú quierah, meno en Al-Madrí.
—Ah, ¿y por qué no en Madrí? —repuse, extrañado, mientras me preguntaba qué era eso de «Al-Madrí»—. ¿No decía que me la ponía donde yo quisiese?
—Zí, quiyo, pero no allí. —Al ver mi cara como un signo de interrogación continuó—. Allí hay una perzona mu malaje que dise que tó lo que hay en Al-Madrí lo ha hesho ella, ¡azí la vea yo corgá d’una catenaria! Y que dise que no le he dao ná pa suh cosah. —Sacó un pañuelo para secarse la frente—. ¡Ojú y qué sofoco me da la hodía!
—Bueno, pero a ver —intenté razonar yo—. ¿No es lógico que si ella paga la estación de su bolsillo diga que es suya?
La señora se empezaba a sulfurar.
—Cusha al esaborío éhte… Que no, que no y que no. La atasione de tren son cosa mía y nadien me quita a mí, ¿antendío? Que yo no le pago la vacasione a nadien, ¿ein?
—Pues así le deben de ir los aeropuertos y las carreteras, que se le deben de colapsar cada dos por tres…
La señora me echó una mirada asesina y gritó más fuerte:
—¡Eh, tú, pirtrafiya! ¿Tú ha venío a mirá o a tocarme lah nariseh? ¡Mardita sea tu ehtampa, so pahmao! ¡Anda y que te ondulen la permanente que no tieneh! ¡Como te vuerva a a vé por aquí te tiro una pedrá y te dehgracio!

A esta señora ya no le dije nada, temiendo que volviese a aparecer el responsable de seguridad. Fui por los demás puestos del mercadillo. Era muy curioso ver cómo se exponían los diferentes productos, cómo la gente iba y venía de un puesto a otro, preguntando acá y acullá. Siguiendo mi camino llegué hasta el límite donde se extendía el mercadillo. Parece ser que mi sentido de la orientación me jugó una mala pasada y entré por el lado que no tenía que haber entrado. El caso es que sentado en lo que tenía que ser la entrada, un poco retirado, estaba un señor, rodeado de bolsas de dinero, barbado y con gafas, muy preocupado mientras mascullaba por lo bajo: «Esto no puede ser… No puede ser…». Y otro señor, que estaba a su lado, le decía: «Tranquilo, no te preocupes. Yo te apoyo en lo que haga falta» y le daba palmaditas en la espalda. Y el señor sentado lanzaba un suspiro todavía más preocupado.

Total, que traspasé la entrada y vi que había un gran cartel, visible desde muy lejos. El cartel, con letras grandes, decía así:

«SE VENDE ESPAÑA. GRANDES OPORTUNIDADES, GRANDES DESCUENTOS. ABIERTO HASTA MARZO PRÓXIMO».

Españesia

¿Cómo? ¿Que no saben ustedes qué país es Españesia? Pues sí que estamos arreglados. Españesia es un país conformado por varios miles de islas, en las cuales algunos hablan español y otros no, pero que en cada isla el idioma oficial es el propio de cada una (hay mucha gente que todavía usa el español, pero se está abogando por su uso marginal).

Españesia está habitada por varias tribus, cada una a cual más brava e irreductible. Todas ellas en lucha contra la tribu mayoritaria, que de momento no les hace demasiado caso y soporta pacientemente las bravuconadas de las demás. Periódicamente cada tribu celebra una fiesta ante su tótem: se le ponen flores, se le cantan himnos y algunos, incluso, ataviados con pinturas de guerra, se permiten amenazar a los tontos del culo que hablan la lengua mayoritaria, invitándoles a irse bajo pena de sacrificio ritual y caníbal.

En Españesia la vida transcurría plácidamente, excepción hecha de estas manifestaciones totémicas. Ah, bueno, y de algunos miembros de una tribu asentada al norte, que sí practican el sacrificio ritual. Los jefes de la tribu mayoritaria han intentado parlamentar con ellos, siempre con resultado negativo. Hubo uno que no parlamentó y que verdaderamente estuvo a punto de acabar con esos caníbales. Pero eso fue hace bastante tiempo. Vino otro después que les ha dado casi todo lo que han pedido. Ahora, en ese territorio sólo admiten un tótem y los que no adoran al tótem son acusados directamente de injurias al tótem e invitados a marcharse o comidos en sacrificio ritual.

Hoy las cosas no pintan muy bien para Españesia. La tribu del nordeste ha tenido contactos con las tribus del norte y del noroeste y ha creado su tótem. Últimamente se dedican a quemar tótems de la tribu mayoritaria, con la que —dicen— no quieren estar unidos. Y obligan a los que están en su territorio a adorar al tótem y cantarle himnos en la lengua ritual, bajo pena de reducción de cabeza. Pero no sólo eso: quieren que sus vecinos del sur y del este canten también himnos en la lengua ritual, a lo cual éstos se oponen y les dicen que se metan su lengua ritual por donde les quepa. También amenazan a los de la tribu del nordeste con que el néctar que éstos venden se lo van a tener que beber ellos solitos.

Los de la tribu del noroeste, de momento, se conforman con obligar a cantar el himno ritual a los aborígenes bajo pena de ser considerados enfermos; pero cualquier día se ponen a la altura de los del nordeste en cuanto a la reducción de cabeza. La tribu del noroeste va en sentido contrario a las demás: quiere unirse a otra gran tribu; pero éstos les han dicho que no quieren saber nada. De hecho, un aborigen de esta otra gran tribu dijo que todas las tribus tenían que unirse en una sola y casi se lo comen y pinchan su cabeza en lo más alto de su tótem.

Y ahora, el gran jefe actual de la gran tribu ha regresado de Estados Unidos, donde fueron a discutir sobre el cambio climático. Fue recibido por George Bush. Bueno, en realidad sólo le ha dicho «Hola, ¿cómo está? Me alegro de verle de nuevo». El jefe de la tribu mayoritaria se ha quedado de una pieza y le ha dicho «Gracias». No es que él domine mucho las lenguas, pero parece que el saludo de Bush, de no haber mediado la diplomacia, hubiera sido éste: «Hola, mamoncete. ¿Otra vez por aquí? Anda y que te follen». Una cámara de televisión le filmó después del saludo. Se muestra cocido y avergonzado; pero logra mantener la sonrisa y bien parece como que esté pensando: «Bueno, ya me han visto con él. Cuando llegue a casa le diré a Curro que lo venda como que hemos tenido una gran conversación».

Ah, pero por eso Bush le colocó en el mismo grupo que a la Micronesia y a la Polinesia. Gente de muchas islas. Gente de diferentes tribus. Y muy multicultural y multicolor. Y, por supuesto, sin peso alguno en el concierto de las naciones.

¡Ah, Españesia, qué gran país!

Adiós al Bachillerato

Por su interés, reproducimos aquí un artículo de José García Domínguez aparecido en Libertad Digital con fecha de hoy.

A lo mejor deberíamos felicitar a la Cabrera por su valentía. A fin de cuentas, se ha atrevido a tomar la única medida eficaz con tal de acabar de una vez con las tasas ecuatoguineanas de abandono en el Bachillerato: suprimir por ley el propio Bachillerato. No obstante, podría haberlo reconocido abiertamente, sin ambages. ¿Para qué esa burda coartada de los cuatro suspensos? ¿Para engañar a los padres? Quizás. Aunque sólo a ellos. Porque todos los que hemos sido profesores alguna vez conocemos de antiguo la broma.

Hace muchos años que los presuntos bachilleres españoles saltan de curso con cuatro –o más– asignaturas suspendidas, sin traba alguna. Quien sienta curiosidad por descubrir cómo funciona un mercado persa, debería colarse en cualquier junta de evaluación final, de ésas que se concelebran en los institutos públicos todos los finales de julio. Y es que en la aritmética deontológica del probo docente LOGSE, dos ya solía significar cinco; por lo que el enternecedor cuatro de la Cabrera equivaldrá, ningún profano lo dude, a ocho, nueve o todo y más.

Ahora mismo, mientras me contemplo emborronando otra vez la pizarra, también vuelve a mi memoria la pobre R. ¿Qué habrá sido de ella? Catedrática de Geografía, definitivamente era un personaje de otra época; uno de aquellos profesores que imponían respeto sin necesidad siquiera pronunciar una palabra, sólo con la autoridad que desprendían sus formas. La pobre R. todavía se tomaba en serio su trabajo. Era de prever, pues, que entre un título oficial rubricado por el Rey de España y aquella docena de cafres acabaría interponiéndose su anacrónico sentido del deber.

Los suspendió. Y es que R. se negaba en redondo a mercadear en la junta. Atónitos, protestaron ante la Dirección. Alegaron, airados, que no sólo había rehusado evaluarlos a través de exámenes de los de poner crucecitas, sino que incluso se les prohibió consultar los apuntes durante la prueba. El director, inquieto por si el asunto llegaba a oídos del APA y a través de ella a la Inspección, optó por reunirnos a los demás profesores del grupo. Seríamos nosotros, mediante sufragio universal, libre, directo y secreto, es decir de un modo inatacable desde el punto de vista democrático, los llamados a pronosticar si los cafres sabrían de Geografía Universal o no. Triunfó el “sí” por aplastante mayoría absoluta, y a los cafres, igual que al resto, se les regaló su flamante título de Bachiller.

Me acerqué a estrecharle la mano cuando, sola, recogía sus cosas en el departamento. Después, se dirigió a la puerta de la calle. Nunca más la he vuelto a ver.

Comentario de uno de los cafres.- Be-e-e-e-e-e-e-h! – Viscacatalunya – Be-e-e-e-e-e-e-h -Mortalsespanyols – Be-e-e-e-e-e-e-e-e-h – PPtraïdoracatalunya – Be-e-e-e-e-e-e-e-e-e-h!

Comentario nuestro.- Transformación en catborrego completada con éxito.