Curiosa geografía

Resulta curioso ver cómo los acontecimientos del mundo ponen en solfa lo que sabíamos —o lo que creíamos saber— de éste. De entrada, que estamos en una nueva época histórica es algo que no creo dude nadie. Nuevos intereses, nuevos miedos, nuevos anhelos hacen acto de presencia en nuestras vidas, algunos de ellos inimaginables hace apenas 10 años.

Concretamente, hay que ver lo que han cambiado las cosas en el tema geográfico. Sin ir más lejos, bien poca cosa sabíamos de Afganistán, un país que si es primero en algo, es en aparecer en las listas desplegables de cualquier relación de países de cualquier página web. Nos pillaba lejos Afganistán y de pronto se hizo terroríficamente presente en 2001. Nos enteramos de que allí no solamente hay cuatro pastores analfabetos con sus rebaños de yaks y poco más. Supimos que Bin Laden, el escurridizo jefe de Al-Qaeda, podía haberse escondido por allí, aunque nada era seguro. Supimos que había afganos, señores de la guerra y bastantes talibanes (el vestido nacional parece ser el burka). Y que el uso del teléfono móvil se extiende como la pólvora (se calcula que existen tres millones de usuarios). En todo caso, a Bush, Jr. le sirvió para dejar de confundir España con México.

El segundo país del que damos noticia en este artículo sobre «geografía curiosa» es el desconocido país de Kazajistán, cuya mención más moderna es el hecho de haber sido una de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, en ese gran imperio que fue la URSS (y que o mucho me equivoco o Putin está tratando de reunir otra vez). Obviamente, Kazajistán no es famoso hoy por eso, qué va. Lo es porque un cómico de origen judío, Sacha Baron Cohen, decidió situar la patria chica de su personaje Borat Sagdiyev en un pueblo de la citada ex-república soviética. Si la película se hubiese quedado en retrato de costumbres, tal vez no hubiera pasado nada; pero Cohen echó mano de su humor más zafio y más salvaje (palabra que he intentado ver esa película y en el minuto 20 la he tenido que dejar por imposible), a tal punto que faltó el canto de un papel de fumar de provocar un conflicto diplomático entre Londres, Washington y Kazajistán. El resto de los mortales, no obstante, nos enteramos de que dicho país existe —o mejor dicho: subsiste—…

El tercer territorio que me viene a la memoria es la también ex-república soviética de Yakutia. Integrado en la zona económica del «Lejano Oriente», su tamaño comprende como 6 veces el de España. Nada hacía presagiar que este ignoto territorio iba a ser portada algún día de los diarios españoles. Pero ya avanzábamos que los nacionalistas —en este caso catalanes—, si de algo carecen, es de sentido del ridículo. Se enfadan cuando Telemadrid va a «espiarlos» a cuenta de la discriminación lingüística y seguro que por eso escogieron esa ignota región del planeta para que la «selección catalana» de fútbol jugase un partido… contra la española. Que el ridículo es menor cuanto más lejos se hace de casa, según parece. Todo tiene las trazas de un sainete de Arniches o de los hermanos Álvarez Quintero. Veremos en qué acaba y de paso comprobaremos la seriedad de las autoridades deportivas españolas.

Finalmente, terminamos con una nota «romántica», centrada esta vez en Mongolia. El ciudadano chino Bao Xishun, que con sus 2,36 metros de altura es el segundo ciudadano más alto del mundo tuvo que poner un anuncio en un diario buscando esposa. Me imagino que el dato de la altura sería de los de «luego te lo cuento» y las candidatas, al ver a ese hombre, se asustarían. Pero hubo una mujercita (Xia Shujuan) a quien no le arredró ese «pequeño detalle» y se avino a prometerle amor y respeto eternos. Tampoco pareció arredrarle otro pequeño detalle: el satisfecho novio la dobla en edad (ella, 29; él, 56). No nos queda sino desearles de corazón que su matrimonio sea largo y lleno de felicidad. ¿Pero qué sabíamos nosotros de ese país, aparte de ser limítrofe con China, de régimen comunista, con capital en Ulan-Bator y que fue la patria de Gengis Khan? Pues… aparte de que «mucho mogol en Mongolia», poca cosa más. Gracias a estos novios tan atípicos, en cambio, hemos podido echar un vistazo a las tradiciones nupciales mogolas, que ni siquiera la pátina comunista ha conseguido cubrir.

Benditos nuevos tiempos. Hay que estar preparados para cualquier cosa, ya lo ven, queridos lectores. O para descubrir más allá de las apariencias lo que siempre estuvo allí.