Esto NO se puede consentir


Ya se sabe que los españoles (incluyendo a Marc Palacios Manuel) hablamos muy alto, muy fuerte y muy duro. Es algo que en nuestra cultura se admite. Porque, ¿cuántas veces hemos oído a una madre decirle a su hijo «¡Te voy a matar!» cuando se enfada con él y no pasa nada? Ahora bien, las imágenes hablan por sí solas. No se puede consentir, no se puede dejar impune a un «señor» que amenaza de muerte a otro simplemente porque sus ideas políticas difieren. Ahí se ve el crédito que entre los independentistas tiene la democracia. Para ellos, la democracia sólo existe para socavarla desde dentro.

Y lo siento por mi amigo Daniel, que me decía no hace muchas fechas que no tenía que avergonzarme yo de sentirme catalán. Ante estos hechos, todavía me avergüenzo más de serlo. Los políticos han dejado el seny en casa, maniatado y amordazado. Veinte años de dictadura nacionalista han servido para que la gente «no se meta en política» y asista indiferente a este espectáculo denigrante cuyo protagonista es un inmigrante de primera o segunda generación que tiene que hacerse perdonar su «origen impuro».

Dudo mucho que lo expulsen de su partido, pero por esta vez, concederé a ERC el beneficio de la duda. Si lo expulsan, quizá todavía crean en la democracia, aunque sea un poco, que pueden hacernos pensar que son independentistas pero no salvajes. Y si no lo expulsan quedará demostrado bien a las claras el respeto que tienen por las ideas de los demás. Como ocurría en la RDA. O en Polonia (la de verdad). O en Rusia.

Vaffanculo!

O dicho en castellano rotundo: «¡A tomar por (el) culo!». Ya se sabe que el italiano es un idioma más meloso y parece que estén cantando un aria de Puccini en vez de insultarte. Al castellano le ocurre al revés: aunque te estén diciendo «hola», parece que te estén increpando (y a mucha honra, oiga. Que los españoles somos la re… pera).

El caso es que allí ha surgido un movimiento ciudadano-popular que trae causa del hartazgo generalizado del sistema italiano de partidos. En la bella Italia están hasta las narices de que el político de turno aparezca también como consigliere de quién sabe qué agrupaciones. Están hartos de que haya políticos sentenciados por la Justicia que se sienten todavía en sus escaños sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Hartos de que en determinadas regiones, gobierne el partido que gobierne, sea la mafia local (calabreses, corleoneses, sicilianos, etc.) la que imponga su ley. Hartos del sistema con todas sus letras.

En fin, que un cómico italiano llamado Beppe Grillo (Pepito Grillo sería, para nosotros) está haciéndole cosquillas a los políticos a través de su movimiento, estructurado a través de un blog (www.beppegrillo.it). No sabemos en qué terminará la cosa, pero il signor Grillo ya ha bendecido a quien se presente como partido político con su ideario y sin conexión alguna con los partidos «oficiales». Naturalmente, il signor Grillo es un intruso. Y por eso todos los partidos sin excepción se han lanzado a criticarlo duramente. Grillo es un pezzonovante de la política, es esto, lo otro y lo de más allá. Lo curioso es que donde il movimento V hace estragos es en el centro-izquierda (hasta un 17% de italianos que se declaran de centro-izquierda le votarían si se presentara a elecciones y un 33% simpatizan con el movimiento).

¿Y qué decir de España? El hartazgo de los ciudadanos respecto del «sistema» es considerable, en diversos grados según la región de la que estemos hablando. Un sistema abocado a ser bipartidista (PP y PSOE son los dos grandes partidos en la cumbre) y una serie de partidos pequeños que, cuando la «voluntad del pueblo» y el sistema d’Hont así lo deciden, pueden estar gobernando la nación por partido interpuesto. Recordemos las dos últimas legislaturas de Felipe González: gano él, pero como necesitó el apoyo de CiU, en algunos puntos muy básicos la política que se llevó a cabo fue la impuesta por Pujol (gracias, Jordi, por implantar las ETT, que se llevan un buen cacho de un sueldo di merda de tantos jóvenes).

Claro que aquí somos especiales. Nos impresionamos en seguida y nuestra supuesta furia dura un segundo. Los gobernantes que han durado, para bien o para mal, saben esto muy bien: que a los españoles hay que «dejar que se desahoguen, que ya se les pasará». Por eso, incluso en los períodos más negros de la dictadura franquista, La Codorniz podía volar más o menos libremente, haciendo gala de un humor fino, que para sí quisieran algunos grajos cuyos graznidos han dado últimamente la vuelta al mundo.

Ha habido iniciativas ciudadanas (o no ciudadanas, pero no vinculadas a partido alguno), claro que sí. Sin ir más lejos, el Foro Ermua, Basta Ya o Los Peones Negros. En cuanto a lo de Ciutadans… yo lo saludé con esperanza, porque parecía algo diferente. No obstante, la realidad y las rencillas entre unos y otros han ido desinflando el proyecto. Porque para formar un partido no basta sólo con cabrearse: tiene que haber algo más que cohesione ese mismo partido y, por encima de todo, que ayude a colocar el ego de cada uno al servicio de un proyecto común, que es el del partido. Y el fin del partido no es otro que servir a la sociedad, sin esperar mayor recompensa que una sociedad mejor que antes de la existencia de ese partido (mentira: el fin de un partido es servirse a sí mismo y a quienes lo manejan). Lástima que esto sí sea pedir demasiado, tal como están las cosas.

De todas formas, mientras dure el cabreo, griten todos conmigo: Vaffanculo! ¡A tomar por culo! Seguramente, la próxima vez que a los españoles la impresión nos dure más de un segundo volveremos a la trinchera. Y lo peor será que ni Zapo ni nadie de los capitostes de su partido estará para verlo. Ni les va a importar.