Alasbarricadas.org

No, no es lo que parece. Aunque podría serlo. Acabo de leer una noticia en «Libertad Digital» que nos cuenta que a una web llamada Alasbarricadas.org le han metido un puro de 6.000 leuros, pero no por difamar ni atentar contra el honor del Rey del Pollo Frito, sino por permitir que otros lo hagan. Y además, sin importar que esos otros sean usuarios anónimos, que tal vez entraron una vez en la página para dejar su opinión sobre el ínclito personaje. De nada ha servido la cláusula habitual en estos casos de que «la web no se hace responsable de las opiniones vertidas por quienes comenten los contenidos presentados en la misma».

He aquí el resultado de la irresistible transformación de Ramoncín en un miembro de la nomenklatura progre. Quedan ya muy lejos los tiempos en que cantaba aquello de «oled mi mierda», pero algunos todavía nos acordamos. Ramoncín, con más de 50 tacos cumplidos, es vicepresidente de la $$$$GAE. Poco importa que su carrera de cantante languideciese en las postrimerías del siglo pasado. Poco importa que como literato no le llegase a la suela de los zapatos a Cela o al recientemente fallecido Umbral (se atrevió incluso a perpetrar un libro llamado El tocho cheli: como si sólo alguien de Vallecas pudiese «recuperar» la jerga de los marginados de Madrid). Poco importa que como presentador de TV no diera la talla, y menos aún como comentarista de las Crónicas marranas de Xavier (que no Javier: seamos políticamente correctos), el hermano torracollons de Rosa Maria Sardà.

Es decir. El Rey del Pollo Frito (no, antes no trabajaba para KFC) se ha transformado en miembro conspicuo y rutilante del poder cultural progre español. Y como miembro plenamente ejerciente. Por eso ahora se permite decir «al hijo de mi padre nadie le toca un pelo» y el «usted no sabe con quién está hablando», tan españoles y tan de toda la vida. Y obviamente, no puede consentir que en la web de unos «mequetrefes anarquistas» le pongan cual chupa de dómine, porque eso es «atentar contra el honor, la intimidad y la buena imagen» de don José Ramón Julio Martínez Márquez, al que sólo falta añadirle grandeza de España con derecho a no descubrirse en presencia del Rey.

Por eso, el señor poderoso ha pegado un puñetazo en la mesa y ha vociferado «¡De mí no se ríe nadie!». Y tan amplio es ese «nadie» que, a criterio de ese señor, incluye la libertad de expresión. Uno se pregunta si Ramoncín denunciaría, un suponer, a Arturo Pérez-Reverte si éste, en uno de sus excelentes artículos, le llamase «soplapollas» (término que el insigne escritor suele usar con habitualidad para fustigar las progrerías). Quizá con él no se atrevería. Pero claro, los chicos de Alasbarricadas.org han hecho uso de su libertad de expresión y como son «poca cosa» para el señor Ramoncín, se los ha merendado en dos patadas. Los radicales independentistas en Cataluña también «han hecho uso de su libertad de expresión» y han quemado imágenes del Rey y han amenazado de muerte a Alberto Fernández Díaz y otros dirigentes del PP en Cataluña. Sin embargo, y como se trata de «ejercicio legítimo de un derecho constitucional» (algo que estaría encantado de decir Alfons López Tena), quedará impune. Por lo tanto, todo depende de quién ejerza y cómo ese derecho, ¿no? La justicia romana tenía los ojos vendados; la nuestra también, pero últimamente mira demasiado por debajo del vendaje.

No nos queda sino materializar el dicho de Voltaire y defender lo que otros dicen en pleno ejercicio de la libertad de expresión, por más que no nos guste. No comparto para nada el ideario anarquista, pero Alasbarricadas.org merece toda mi solidaridad frente a aquellos que nos quieren tapar la boca y que creen que están por encima de toda crítica. No hay sino recordar al pastor Martin Niemöller

Vinieron a por los judíos

y yo no protesté porque no era judío…

Y como dicen ellos: ¡Salud, compañeros!