¡Retirada!

«¡Retirada! ¡Nos vamos a casa!». Esto tronaba el general y la tropa, como un solo hombre, inició la retirada. ¿A quién se enfrentaba el Ejército? Simplemente, a unos políticos. Si nuestro Ejército hubiese tenido enfrente a otro ejército, seguramente hubiésemos sido testigos de una magnífica exhibición de testosterona. Pero no. Y es que los politiquillos a los que se enfrentaba el Ejército español no eran poca cosa, no. Vascos, ¡no faltaba más! Vascos que dan gracias a Jaungoikoa por ser vascos y no maketos. Vascos que cuando los asesinos etarras se cobran una pieza miran al cielo con cara de pescado hervido, rezan un avemaría y dicen, con fingida lástima: «Otra víctima más. Recemos para que no nos toque a nosotros».

Del otro lado tenemos al ministro de la cosa, añorando los tiempos en que era un simple juez o, todo lo más, miembro distinguido de JpD. Alonso ha visto cómo se le encabritaban los vascos por unas maniobras de nada. Pero es lo que tiene bailar con la más fea. Alonso estaba más en su elemento en Interior (lo propio, habida cuenta de su pertenencia a la carrera judicial, hubiese sido Justicia). Ocurría, no obstante, que ese ministerio tenía demasiadas goteras. Por muy socialista que sea, Alonso no podía olvidarse de su toga. Y en un momento en que se estaba dirimiendo (en rigor, todavía se dirime: estamos esperando la sentencia) el feo asunto del 11-M, las goteras eran extremadamente peligrosas. Y su amigoZapo le castigó a dirigir la Defensa de nuestro país, como antes lo hiciera con Bono, su rival político.

En algún otro artículo hemos visto que ser ministro de Defensa tiene sus ventajas. No hay que entender de la cosa militar, lo cual queda claro con sujetos como García Vargas o incluso Narcís Serra, que por no hacer no había hecho ni la mili. Además, al subordinado de ese ministerio le va mejor si no tiene opinión y se limita a obedecer, sin plantearse si lo que dice su jefe cuando opina por todo el Ejército es sensato o una solemne estupidez. Véase, si no, lo que le pasó al teniente general Mena simplemente por recordar el artículo 8 de la Constitución: en horas veinticuatro, arrestado y a casita por «indisciplina».

Sin embargo, el repliegue del ejército tiene también un componente simbólico. Es otra señal de la retirada del Estado ante la presión y el chantaje nacionalistas. Con todo lo que se podría reprochar a Bono, hay que reconocerle al menos que no cedió ante los nacionalistas, por mucho que se burlaran de él sacando «pecho lata». Pero esta vez el Ejército se repliega. El Ejército puede luchar contra otro ejército en igualdad de condiciones; pero contra los políticos, sencillamente va vendido y lleva totalmente las de perder. Y eso que, según el art. 181 de las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, «el Estado vela por los intereses del militar». Y para más inri, añadimos el art. 99 de esas mismas ordenanzas, que hoy, según están las cosas en lo militar, podría sonar a chacota:

(Funciones del militar en el ejercicio del mando). «Tratará de conocer a sus subordinados; cuidará solícitamente sus condiciones de vida, inquietudes y necesidades y velará por sus intereses, para que todos estén persuadidos de que se les trata con respeto y se les guarda la consideración que merecen».

Pero claro. Cuando el progreso de tu carrera profesional depende de la decisión de un civil que, además, no te tiene demasiada simpatía, dejas en la cuneta a quien sea necesario. Se le llama «disciplina», que es lo bastante inconcreto para incluir ese tipo de comportamientos. No así «espíritu de sacrificio», como no sea el sacrificio útil de las personas e intereses que nos estorban para llegar donde queremos llegar.

Finalmente, el repliegue no es solamente físico. Los valores también están en retirada. Y destruyendo los valores que defiende el Ejército (amor a la Patria, espíritu de sacrificio, austeridad y valor), se destruye al Ejército. Y el Ejército se destruye también cuando su máximo responsable está al vaivén de las circunstancias políticas y no exige que se respeten los valores que el Ejército ha jurado defender hasta con la propia vida si ello es necesario.

Leçon de français


Veamos aquí a nuestro inefable Zapo perorando en francés. O un intento (fallido) de francés. Hay que reconocerle a le petit Nicolas grandes facultades como monsieur le Président: la primera y principal, la de dominar su primer impulso de arrojarse al suelo y retorcerse de risa ante la exhibición idiomática de su homónimo español. En fin, pasen, vean y disfruten, que sólo podremos tener espectáculos así hasta marzo…