Premio al Blog Solidario

Mi amigo Daniel, de Este país se va a la mierda, ha tenido a bien concederme mi primer Premio al Blog Solidario. Como ya he dicho en más de una ocasión, solidario soy con aquellos que se han visto privados de la voz y la palabra gracias a la censura sutil de los países «civilizados» o no tan sutil de países como Venezuela. Solidario, sobre todo, con aquellas personas que hablan mi mismo idioma en otras longitudes: los amigos de Argentina, Colombia, Venezuela, México, Ecuador… Con todos aquellos para quienes la libertad no es algo que se encuentre en los mercadillos.

Así, pues, conforme a las reglas de este premio, va mi felicitación para los siguientes:

Blog de Jesús Salamanca

Lobeznox

Respuesta a progres

Elentir.info

Aquiles en Madrid

Es la libertad de expresión, idiotas

Noticias de Eurabia

Las reglas para este galardón (que no gallardón), son éstas:

1.- Escribir un post mostrando el PREMIO y citar el nombre del blog que te lo regala y enlazarlo al post que te nombra. (De esta manera se podrá seguir la cadena).

2.- Elegir un mínimo de 7 blogs que creas que se han destacado alguna vez por ayudar, apoyar y compartir. Poner sus nombres y los enlaces a ellos. (Avisarles).

3.- Opcional. Exhibir el PREMIO con orgullo en tu blog haciendo enlace al post que escribes sobre él y lo otorgas a otros.

Esto NO se puede consentir


Ya se sabe que los españoles (incluyendo a Marc Palacios Manuel) hablamos muy alto, muy fuerte y muy duro. Es algo que en nuestra cultura se admite. Porque, ¿cuántas veces hemos oído a una madre decirle a su hijo «¡Te voy a matar!» cuando se enfada con él y no pasa nada? Ahora bien, las imágenes hablan por sí solas. No se puede consentir, no se puede dejar impune a un «señor» que amenaza de muerte a otro simplemente porque sus ideas políticas difieren. Ahí se ve el crédito que entre los independentistas tiene la democracia. Para ellos, la democracia sólo existe para socavarla desde dentro.

Y lo siento por mi amigo Daniel, que me decía no hace muchas fechas que no tenía que avergonzarme yo de sentirme catalán. Ante estos hechos, todavía me avergüenzo más de serlo. Los políticos han dejado el seny en casa, maniatado y amordazado. Veinte años de dictadura nacionalista han servido para que la gente «no se meta en política» y asista indiferente a este espectáculo denigrante cuyo protagonista es un inmigrante de primera o segunda generación que tiene que hacerse perdonar su «origen impuro».

Dudo mucho que lo expulsen de su partido, pero por esta vez, concederé a ERC el beneficio de la duda. Si lo expulsan, quizá todavía crean en la democracia, aunque sea un poco, que pueden hacernos pensar que son independentistas pero no salvajes. Y si no lo expulsan quedará demostrado bien a las claras el respeto que tienen por las ideas de los demás. Como ocurría en la RDA. O en Polonia (la de verdad). O en Rusia.

Vaffanculo!

O dicho en castellano rotundo: «¡A tomar por (el) culo!». Ya se sabe que el italiano es un idioma más meloso y parece que estén cantando un aria de Puccini en vez de insultarte. Al castellano le ocurre al revés: aunque te estén diciendo «hola», parece que te estén increpando (y a mucha honra, oiga. Que los españoles somos la re… pera).

El caso es que allí ha surgido un movimiento ciudadano-popular que trae causa del hartazgo generalizado del sistema italiano de partidos. En la bella Italia están hasta las narices de que el político de turno aparezca también como consigliere de quién sabe qué agrupaciones. Están hartos de que haya políticos sentenciados por la Justicia que se sienten todavía en sus escaños sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Hartos de que en determinadas regiones, gobierne el partido que gobierne, sea la mafia local (calabreses, corleoneses, sicilianos, etc.) la que imponga su ley. Hartos del sistema con todas sus letras.

En fin, que un cómico italiano llamado Beppe Grillo (Pepito Grillo sería, para nosotros) está haciéndole cosquillas a los políticos a través de su movimiento, estructurado a través de un blog (www.beppegrillo.it). No sabemos en qué terminará la cosa, pero il signor Grillo ya ha bendecido a quien se presente como partido político con su ideario y sin conexión alguna con los partidos «oficiales». Naturalmente, il signor Grillo es un intruso. Y por eso todos los partidos sin excepción se han lanzado a criticarlo duramente. Grillo es un pezzonovante de la política, es esto, lo otro y lo de más allá. Lo curioso es que donde il movimento V hace estragos es en el centro-izquierda (hasta un 17% de italianos que se declaran de centro-izquierda le votarían si se presentara a elecciones y un 33% simpatizan con el movimiento).

¿Y qué decir de España? El hartazgo de los ciudadanos respecto del «sistema» es considerable, en diversos grados según la región de la que estemos hablando. Un sistema abocado a ser bipartidista (PP y PSOE son los dos grandes partidos en la cumbre) y una serie de partidos pequeños que, cuando la «voluntad del pueblo» y el sistema d’Hont así lo deciden, pueden estar gobernando la nación por partido interpuesto. Recordemos las dos últimas legislaturas de Felipe González: gano él, pero como necesitó el apoyo de CiU, en algunos puntos muy básicos la política que se llevó a cabo fue la impuesta por Pujol (gracias, Jordi, por implantar las ETT, que se llevan un buen cacho de un sueldo di merda de tantos jóvenes).

Claro que aquí somos especiales. Nos impresionamos en seguida y nuestra supuesta furia dura un segundo. Los gobernantes que han durado, para bien o para mal, saben esto muy bien: que a los españoles hay que «dejar que se desahoguen, que ya se les pasará». Por eso, incluso en los períodos más negros de la dictadura franquista, La Codorniz podía volar más o menos libremente, haciendo gala de un humor fino, que para sí quisieran algunos grajos cuyos graznidos han dado últimamente la vuelta al mundo.

Ha habido iniciativas ciudadanas (o no ciudadanas, pero no vinculadas a partido alguno), claro que sí. Sin ir más lejos, el Foro Ermua, Basta Ya o Los Peones Negros. En cuanto a lo de Ciutadans… yo lo saludé con esperanza, porque parecía algo diferente. No obstante, la realidad y las rencillas entre unos y otros han ido desinflando el proyecto. Porque para formar un partido no basta sólo con cabrearse: tiene que haber algo más que cohesione ese mismo partido y, por encima de todo, que ayude a colocar el ego de cada uno al servicio de un proyecto común, que es el del partido. Y el fin del partido no es otro que servir a la sociedad, sin esperar mayor recompensa que una sociedad mejor que antes de la existencia de ese partido (mentira: el fin de un partido es servirse a sí mismo y a quienes lo manejan). Lástima que esto sí sea pedir demasiado, tal como están las cosas.

De todas formas, mientras dure el cabreo, griten todos conmigo: Vaffanculo! ¡A tomar por culo! Seguramente, la próxima vez que a los españoles la impresión nos dure más de un segundo volveremos a la trinchera. Y lo peor será que ni Zapo ni nadie de los capitostes de su partido estará para verlo. Ni les va a importar.

Galescola rima con ikastola

¿Quién iba a decir que los gallegos, con su variante de «nacionalismo tranquilo» (falar galego formaba parte de la normalidad y podía convivir perfectamente y sin fricciones con el hablar castellano) hayan escogido la senda de la histeria a la catalana o a la vasca? Todo fue salir O Abuelo de la poltrona y empezarse a cocer estos desaguisados. Que sí, que Fraga tal vez llevaba demasiado tiempo en la silla presidencial y que tal vez no era malo un cambio de aires (pero «veinte años no es nada», que dice Gardel). Los nubarrones no se hicieron esperar en cuanto la coalición «de progreso» ganó las últimas elecciones.

Y así como en Baleares, gracias al Pacte dels Pobrets (huy, no: se dice de Progrés), han recuperado la cabra autóctona, en Galicia, con el Pacto dos Pobriños, ese monstruo bicéfalo que gobierna las dulces terras galegas, están «recuperando» el tiempo supuestamente perdido tras veinte años de gobierno del PP. Y ahora está resultando también que son más nacionalistas que nadie y que quieren formar nacionalistas desde la cuna. Han «aprendido» la lección vasco-catalana y si antes resulta que quien no quería o no podía falar galego seguía siendo un gallego más, hoy resulta que es «un enfermo», merecedor además de tratamiento de choque.

Me imagino que para este cambio tan brutal han servido las amistades que Anxo Quintana ha cosechado en esa cosa llamada «Galeuscat». No es difícil ver la mano de Spock Ibarretxe o de Mas, que parece salido de Shrek (sí, es el príncipe encantador, ése a quien su mamaíta Pujol no ha conseguido sentar en la poltrona de la Generalitat) en algunas iniciativas del verdadero Presidente de la Xunta.

Mientras tanto, ¿es casualidad, coincidencia o acción del enemigo? Aparecen grupos radicales de extrema izquierda a quienes no les importa montar un cirio con tal de mandar. La seguridad ciudadana se va por el retrete, algo que en Cataluña viene ocurriendo hace tiempo con los que discrepan en voz alta del discurso oficial. Vamos, que al lado de éstos de ahora, los miembros del Exército Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe eran unos aprendices, a pesar de haber colocado unos explosivos en la casa de Fraga de Perbes.

Y ahora, por fin, la guinda: un señor pretende que os nosos filliños aprendan el Fogar de Breogán a la tierna edad de… 0 años. Bueno, que te dan tres; pero como a los tres años el niño no lo haya aprendido, prepárate para que la criatura sea tratada como una enferma y que le administren tratamiento de choque. Claro, eso es lo primero y principal: que os nenos aprendan a amar la terra galega a golpe de himno. Y de paso, que aprendan también que la naiciña de los gallegos buenos es Galiza (eso de «Galicia» sólo lo dicen os bobos do cu como Francisco Vázquez y los del PP, claro)

Después, cuando crezcan un poco —pero no demasiado— se les explica que más abajo del Tuy está la tierra prometida de los gallegos buenos, o séase, Portugal. Tierra de la que se separaron en 1385, volvieron a unirse en 1580 y se separaron definitivamente en 1640. Claro, ellos no pueden decir Galiza Sur como los vascos dicen Euskadi Sur o los catalanes podríamos decir Catalunya Sud refiriéndonos a Valencia, porque Portugal es nación independiente y soberana. No. Los independentistas gallegos, que como se sabe, no se sabe si suben o si bajan, quieren en realidad cambiar de naiciña. Quieren ser portugueses. El problema es que a éstos ya les cayó de la patada que Saramago, ese gurú progre, propusiera una reedición del Pacto Ibérico, así que tampoco es probable que quieran completar su vista al Atlántico llegando a la Costa de Morte.

Por otro lado, Galiza padecerá siempre de espacio vital. Hacia abajo ya hemos visto que no puede ser. Más al Norte y al Oeste tienen o ancho mar. ¿Y al Este? Bueno, la cosa se pone espesa: al Este tenemos a Asturias, que arrogantemente dice «Esto es España y lo demás, tierra conquistada». Y que aunque son tan celtas como los gallegos, los asturianos les miran por encima del hombro. De hecho, posiblemente la única forma de que un gallego y un asturiano confraternicen sea a través de una buena ronda de cerveza. Eso sí, sería difícil saber quién la iba a pagar… El caso es que por el Este la cosa está cerrada; y si algún día las huestes de Anxo Quintana pretendiesen comer terreno a Asturias, no es difícil imaginar que éstos contraatacarían al son de la Busindre Reel de Hevia.

Con estas hebras no es difícil imaginar que Anxo Quintana cree un problema para dentro de veinte años. Jóvenes a quienes se les habrá explicado el mito de Galiza y que tarde o temprano estarán dispuestos a dar su vida (y sobre todo la de los demás) por esa supuesta patria nacida de la imaginación calenturienta de los Beiras y compañía. Y que a diferencia de sus colegas vascos o catalanes, pondrán bombas para integrarse. Ya lo decían Os Resentidos hace veinte años: «Galicia, sitio distinto». El caso es poner bombas y no ser menos que los independentistas catalanes o vascos. Oruxo de Porriño, queimada de Monforte y lacón do Ferrol: no hay nada mejor bajo el sol.

Eso sí. Que vigile mucho Anxo Quintana, que como se pase de la raya y empiece a brillar más que Zapo, éste le echará meigallo y entonces ya se puede retirar. Y no le salvarán ni las meigas ni la Santa Compaña, pobriño…

MAZP MAX II



¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es la capota de Rigodón?

¡¡NO!!

¡Es… MAZP MAX, que inicia su Segundo Año Triunfal!

Si todavía crees en la libertad, únete a nuestro Capitán TRISTE ROMEO. Prepárate a RESURGIR Y RESPONDE A LOS GILIPROGRES antes de que ESTE PAÍS SE VAYA A LA MIERDA.

¡VIVA EL MAZP!

¡VIVA LA FUNESTA MANÍA DE PENSAR!

Infraestructuras «de primera»

Pues en Cataluña estamos de enhorabuena. Zapo allá que se ha ido cual raudo corcel, y aparte de entonar un falso mea culpa, ha prometido infraestructuras «de primera» a los catalanes. Qué bien. Los catalanes saldremos adelante «al paso alegre del progreso», con unos trenes que nunca descarrilarán, que siempre llegarán a su hora, cuyos maquinistas nunca harán huelga. Tendremos un país en el que por siempre brillará la luz (eléctrica), donde nunca se pondrá el sol (eléctrico también, no faltaba más). Los catalanes vamos a ser la perla de la corona (huy no, que a Juanito el día menos pensado le van a dar la patada), y aquí se atarán los perros con longaniza y…

A ver, espera un momento. Empiezas a padecer una alarmante falta de contacto con la realidad. En primer lugar, de todas las cosas que dice Zapo tener la culpa, son verdad. Recuerda al pobre John Kerry, dedicado a tiempo completo a crear nuevas mayonesas y que no quiere saber nada de Zapo. Luego lo que él hace o dice tiene influencia en los Estados Unidos. En segundo lugar, si no hubiese mencionado a la selección española de baloncesto en su «alocución», probablemente ahora estaríamos disfrutando del oro y no de la plata. La de voleibol, mira tú por dónde, sí se alzó con el oro, porque Zapo se olvidó piadosamente de ella.

Está fuera del entendimiento humano cómo una selección española en la que militan Gasol, Navarro o Calderón se ha de contentar con la plata al enfrentarse a una selección rusa que no incluye en sus filas a los temibles Sabonis, Homicius o Kurtinaitis (de hecho, al viejo Gomelski le hubiese dado un soponcio al comprobar que en las filas rusas juega un estadounidense, Holden). Si, como es de ley, los nuestros se han dejado la piel en la cancha, el desastre sólo puede explicarse por la presencia de Zapo apoyando (palabra clave) a la selección. Apoyando como apoyó a Ségo. A Schröder. A Sebastián. A Puras. A Maragall. Al Barça. Hombre, hubiese sido un feo apoyar en público a la selección rusa; pero a los efectos prácticos seguro que nos hubiese ido mucho mejor. Espero que ahora no se le ocurra decir que «va a promocionar el deporte», porque seguro que eso es lo primero que se irá al garete. O mejor aún: pedirle que no esté presente cuando las selecciones españolas jueguen un partido importante.

Pero volvamos a Catalunya. Zapo promete infraestructuras «de primera». Lo malo es que él parece ignorar que sabemos dos cosas: la primera, que se le agota el tiempo; la segunda, que se le agotan los conejos en la chistera. Ya pueden tronar las marmolejas de turno que esto es «propaganda facha pepera». Pero lo cierto es que se le acaba. Ya puede desgañitarse Chaves prometiendo pisos gratis (el súmmum de la demagogia: desde lo de los «800.000 puestos de trabajo» de Felipe no habíamos oído una tontería semejante).

Ahora bien: lo peor no es eso. Lo peor es que la gente de la calle está empezando a notar los efectos del desgobierno zapateril. Las hipotecas son más caras y eso que Zapo dijo que el Euribor no iba a afectar. Pero claro, cuando quien te corrige a las pocas horas es Trichet y tú has presumido de unos conocimientos en economía que no tienes, hay que callarse. También la bolsa de la compra es más cara: algunos productos suben de forma estratosférica. Y para colmo de males, Argelia nos cierra el gas y se lo da… a Francia. No debe de ser por nuestra «peligrosa amistad» con Marruecos, puesto que hasta el tato sabe hoy que Marruecos siempre pudo acudir al cher ami français cuando tuvo problemas. Algo más ha tenido que haber para que esto ocurriese, aunque no nos enteraremos enseguida, claro.

Mientras tanto, Zapo sigue vociferando a diestro y siniestro que «jugamos en la Champions League de las naciones». Si fuera eso cierto, estaríamos en el G-13 (la ampliación del G-8), codeándonos efectivamente con la élite mundial y nuestro inefable tendría alfombra roja allá donde fuese. Pero da la casualidad de que no estamos en ese selecto club. No sólo no tenemos alfombra roja, sino que hasta se le nota a Condoleezza Rice que cuando viene a Madrid preferiría estar en una sala de conciertos interpretando a Brahms que aguantar impertérrita las bobadas solemnes de nuestro inefable. Lo que indica bien a las claras que no estamos en la Champions de las naciones sino jugando, tal vez, en Tercera Regional…

En fin, con este panorama, ¿cómo quieres que Zapo no prometa «infraestructuras de primera»? Tiene que hacernos olvidar el desastre del básquet, la subida de la cesta de la compra (eso es difícil, pero seguro que lo intenta), la subida estratosférica de las hipotecas, lo del gas (que ahora, como probablemente vendrá de Rusia, será bastante más caro y también eso será difícil de ocultar)… Pero fíjate: en realidad, no hace falta que prometa eso. Bastaría que las infraestructuras fuesen «decentitas» y que funcionasen medio bien. Bastaría que no fueran unas infraestructuras de-primentes. Incluso diré más: no estaría mal que la mediación de Zapo sirviese para cancelar el contrato de ACESA que permite a esta empresa cobrar por transitar en autopistas catalanas… Que total: eso lo podría prometer. Para llenarse la boca de palabras y después no cumplir lo que dice, según su costumbre, no le cuesta nada.

A nosotros sí, pero eso a él le da igual. Y lo que nos queda hasta marzo… y lo que te rondaré, morena…

Sin comentarios


Debo a mi amiga Martha Colmenares estas imágenes. Las imágenes hablan por sí solas. Esto es lo que algunos jóvenes descerebrados entienden por democracia, bien aleccionados por gente que nunca aparecerá en un vídeo de éstos, que nunca se manchará las manos. Todavía no han entendido que así es como llegamos a la dictadura franquista. Y luego pasarán otros cuarenta años lloriqueando. Eso sí, desde México o Venezuela… Frente a estas imágenes, uno se avergüenza de sentirse catalán y no se siente representado por estos energúmenos. No menos lamentable es la pasividad de la policía, aunque eso sería merecedor de otro post.

De Diadas y otros menesteres pequeños

Anteayer se celebró la Diada Nacional de Catalunya. Siempre es agradecido hablar de un acto institucional de esta envergadura, porque todos los años se producen incidentes a cuenta de los exaltados. La «novedad» es que este año les ha tocado también recibir a los de CDC, reconocimiento implícito de que unos y otros no viajan en el mismo barco. Pero lo lamentable no ha ocurrido donde estaban los políticos, aunque el hecho de que el PPC se personara ante el monumento a Rafael de Casanova para la ofrenda floral ya era motivo suficiente para soliviantar a los exaltados. Lo lamentable ha ocurrido de la mano de ese agitador vocacional y actor a ratos perdidos Joel Joan, que se ha sentido obligado a tomar el testigo de mossèn Xirinacs y se ha declarado «amigo de ETA», motivo de sobra para aplicarle la legislación antiterrorista. Sigue leyendo «De Diadas y otros menesteres pequeños»

Tibetanos

Qué manía, pero qué manía de identificarse con alguien tienen estos nacionalistas de vía estrecha. Los nacionalistas vascos, en el siglo pasado —yo creo que todavía hay quien lo cree— cogieron la perra de identificarse con Irlanda. A pesar de que existieron pocos o ningún punto de contacto entre las situaciones de partida de ambos territorios, los nacionalistas vascos se sentían unidos a los sinnfeiners, en los que reconocían a una especie de «hermanos liberados», mientras ellos seguían soportando la «esclavitud española». Razonamiento incomprensible, porque gracias a la explotación de las minas de Somorrostro, el país vasco llegó a ser una de las regiones más ricas y pujantes de España.

Algo parecido (mutatis mutandis) se puede decir que ocurrió en Cataluña. El mito nacionalista catalán, deudor como el vasco de las ensoñaciones literarias románticas, del romanticismo filosófico de Herder, nace durante la Renaixença, y es más o menos coetáneo de la desamortización eclesiástica de Pascual Madoz. Se construye, como el vasco, a partir de una falsedad histórica (la actuación de Rafael Casanova durante la Guerra de Sucesión: que, por cierto, se murió de viejo y cobrando una pensión que le otorgó Felipe V) y también parte de una situación de riqueza de la región. De algún modo, el nacionalismo en este momento es una «ensoñación burguesa». A diferencia, no obstante, de los vascos, el nacionalismo catalán parte con una ventaja respecto de éste: la lengua catalana es hablada por muchísima más gente que el euskera en Vascongadas por la misma época y la recuperación cultural avanza más rápido.

Plantémonos ahora en la época actual. Pujol, tratando de identificar(se) con alguna nación sin estado, vuelve los ojos hacia el Quebec, la región francófona del Canadá. Se puede decir que hay una cierta semejanza. Sin embargo, los referéndums por la independencia han fracasado estrepitosamente: por muy hartos que estén de Ottawa, los quebequeses quieren mayoritariamente seguir siendo canadienses. Lo curioso era ver aquí a Pujol, como en uno de esos anuncios de «Antes y después»: antes del referéndum, se desgañitaba afirmando que Cataluña se parecía mucho a Quebec; después, cuando el referéndum se estrellaba, Pujol rectificaba: «bueno, no se parece tanto».

Y ahora, Carod, a quien sus propios acaban de llamarle espanyol —manda huevos: llamar «español» a uno de los políticos más independentistas que hemos tenido que soportar—, como lo de Quebec no ha funcionado (diríase que los propios quebequeses pidieron al Govern que no los volviesen a mencionar), ha vuelto sus ojos al Tíbet, nada menos. No se puede concebir una situación política más alejada de la nuestra. Claro que Carod, con la manía de identificación que padecen los nacionalistas, tenía que ir más a la izquierda que Pujol. O simplemente, que ha aprovechado la visita del Dalai Lama para soltar esa memez, que sólo a él se le podría haber ocurrido. Porque en el Tíbet, como sabe cualquier persona medianamente informada, se persigue y se mata a los budistas tibetanos (los comunistas chinos no se andan por las ramas). Algo que, por suerte para Carod, no ocurre con los independentistas catalanes.

Y como Carod ha dicho que el 2014 es un buen año para plantear el referéndum sobre la independencia, vamos a aguantar siete años de coñazo identitario. Pero esta vez, además, aderezados con mantras y plegarias del Bardo Thôdol (el libro tibetano de los muertos). Eso sí, traducidas a un correcto y exquisito catalán estándar (o séase y para que nos entendamos, catalán de Barcelona). Me imagino que el Dalai Lama, además de aconsejarle sobre la paz —ése es el mensaje que al parecer traía—, le indicaría sobre cómo practicar los mantras. Algo parecido a esto…

ommmmmmmmmmmmm

d’aquí a set anys seré president de la República Catalana

ommmmmmmmmmmmm

Y bueno, que el día que lo sea no solamente impondrá la lengua catalana como ahora, sino que impondrá también la túnica naranja y la cabeza pelada al rape y… (hay que joderse lo tozudos que son estos maños…)

La paliza

Bueno, esto tenía que llegar alguna vez. Después de tres años —como mínimo— de dirigirse improperios y amenazas, llegó el tiempo de «pasar a la acción». Y así, unos mozalbetes cuya cabeza está vacía de cerebro y llena de «odio a la derecha», propinaron una paliza a un militante de Nuevas Generaciones del PP de Alcorcón. El mensaje subyacente es muy claro: el PP ya no es un mero adversario político, sino el enemigo. Y al enemigo se le puede ignorar, se le puede insultar, se le puede vapulear dialécticamente… y físicamente, como acabamos de comprobar. No esperamos sino que se detenga a los culpables y que el peso de la ley caiga sobre ellos, pero la reflexión nos impone dar un paso más.

Parece ser que quienes administraron la paliza a ese muchacho son miembros de un colectivo «antisistema». No tengo nada en contra de los colectivos antisistema, siempre que manifiesten sus convicciones pacíficamente, puesto que estamos en una democracia y todas las ideas son respetables mientras se respete la integridad física de los demás. Ahora bien: estos gamberros —pues ése y no otro calificativo es el que merecen—, con su estética skin, son cualquier cosa menos pacíficos opinantes. Son personas violentas, que creen en la acción directa como único medio de resolver problemas.

Este último detalle es muy español. Como diría Fernando Díaz-Plaja, es una manifestación de la Ira española, sin contemplaciones ni paliativos. Cuenta el autor en su obra El español y los siete pecados capitales —de lectura recomendable—, el siguiente sucedido. «De cómo muchos españoles entienden la discusión política da idea la historia que ocurrió en un discurso de propaganda electoral durante la República. Un orador estaba exponiendo sus puntos de vista y era interrumpido continuamente desde la galería: «¿Quieres controversia?». A la quinta interrupción, el orador se encaró con el espectador y dijo:

—Sí, acepto la controversia. No me da miedo la discusión y estoy dispuesto a escuchar los argumentos de ese señor.

Hubo un silencio. Todos estaban pendientes de lo que iba a alegar el interruptor. Y éste soltó, de pronto:

—… ¡Mamón!

Es lo que muchos españoles entienden por controversia.» (F. Díaz-Plaja, op. cit, 2ª ed., pp. 80-81. Alianza, 1992).

Tampoco tiene nada de extraño que el anarquismo prendiese con fuerza en España. Pero no tanto por su contenido político (abolición de la propiedad, uniones libres, etc.) como por lo que implica el anarquismo (y por extensión para los españoles, el izquierdismo) de poder hacer lo que a uno le dé la gana, cuando le dé la gana, con quien le dé la gana y tantas veces como le dé la gana. De igual manera, mucha gente creyó que ser «buen anarquista» o incluso «buen comunista» implicaba «matar al cura, al maestro y al guardia civil del pueblo». De ahí la extrañeza y el enfado del personaje de Gironella, el comunista Gorki, ya exiliado en París, cuando un correligionario francés le explica, en Ha estallado la paz, que cuando Marx dijo que «la religión es el opio del pueblo», se refería al opio como tranquilizante, no como veneno.

Éstos son, al parecer, los referentes literarios de los gamberros que agredieron al joven de Nuevas Generaciones del PP en Alcorcón. También debo decir que me sorprende que fueran simplemente miembros de un colectivo antisistema. La prensa más informada y la justicia, sobre todo, dirán la última palabra; pero ese hecho me huele muy mucho a «encargo», algo del estilo de «hacedlo vosotros para que a nosotros no nos señalen». Los colectivos antisistema son, hasta donde tengo entendido, anticapitalistas, pero no suelen atacar necesariamente a una determinada formación política. Es decir: un antisistema ocupará un inmueble vacío, o incluso puede incendiar un banco, el representante más conspicuo del capitalismo opresor, antes que agredir a un miembro de una tendencia política concreta. O también puede ser un montaje: elementos de extrema izquierda «disfrazados» de skins y contentos porque iban a cobrar por sacudir a un fascista. A lo mejor resulta que existe relación entre esta paliza y la profanación de las tumbas de Paracuellos, acto vandálico que no deja duda de la filiación política de los vándalos.

Pasando al capítulo de reacciones, la cosa se pone espesa. ¿Qué hacer? Donde hay un Estado de Derecho, sin duda lo primero es acudir al Estado de Derecho, que es lo que ha hecho NN.GG. de Alcorcón: presentar la correspondiente denuncia y dejar que la policía y la justicia hagan su trabajo. Ahora bien: ¿qué ocurre si no pasa nada? Si la justicia impone unas penas pequeñas o, peor aún, deja en libertad a los agresores por considerar que los hechos son «irrelevantes», ¿acaso el joven agredido no verá burlado su derecho a recibir una justa compensación por la agresión sufrida? Igualmente significativa ha sido la reacción del alcalde y de la delegada del Gobierno: mirar hacia otro lado. Según ellos, en Alcorcón no pasa nada que rebase los límites tolerables. También durante la República se actuó por omisión y se permitió que ocurriesen barbaridades, que llevaron al paredón a esos que las permitieron (o a muchos de ellos).

Entonces, ¿tiene o no tiene derecho el PP a defenderse? Desde luego, la corta historia de la democracia española nos dice que no, que «la derecha no tiene derecho a defenderse». Primero AP y después el PP han soportado en silencio toneladas de provocaciones de todos los tamaños y pelajes por parte del PSOE, porque lo importante es preservar la paz social. Pero esta situación no se prolongará indefinidamente. Si llega un momento en que media España se ve indefensa ante los ataques y las provocaciones de la otra media, se estarán gestando las mismas condiciones, el mismo caldo de cultivo que provocó la guerra de 1936. Y es una extraña coincidencia que el artículo en que Larra insertó el epitafio español, ese díptico doliente…

Aquí yace media España:

murió de la otra media

lleve por título La Nochebuena de 1836. Exactamente cien años antes de que estallase la guerra civil.