Mártires

No es ninguna verdad oculta que el aparato mediático de la izquierda ha intentado por todos los medios ningunear, rebajar el significado, quitarle importancia a la beatificación de 498 novicios y sacerdotes asesinados durante la guerra civil, en representación de un total de 5.000 religiosos en la persecución religiosa más sangrienta de los tiempos modernos en España. Se ha llegado a decir que son «los mártires del odio», o que «no están todos los que son». Incluso he llegado a leer que «si los mataron, no sería por ser católicos, sino por ser malas personas».

Pero el hecho es que quinientas personas son muchas personas (como lo son cinco mil). Y si añadimos los testimonios de algunos «anarquistas puros» (lo de «puros» es por lo de «revolucionarios»), como el testimonio que aparece en La Razón del jueves 27-10-2007, nos daremos cuenta de que mienten desvergonzadamente quienes afirman que la República fue esa arcadia feliz contra la que «se levantaron unos militarotes malos malosos». Sostenemos, al igual que Pío Moa —y lo sentimos si hay alguien que desprecie a Pío Moa sin detenerse en rebatir o argumentar— que en 1936 ya no había «legalidad» contra la que sublevarse, sino la barbarie frentepopulista y anarquista.

La izquierda española actual procede, con cincuenta años de retraso, como la intelligentsia inglesa. La misma que ninguneó —lo siento por don Fernando Lázaro Carreter, que crucificó este neologismo en sus Dardos en la palabra— nada menos que a George Orwell después de escribir su Rebelión en la granja. El hoy reconocido «gran escritor» (los muertos, por suerte para algunos, ya no muerden) tuvo que editar ese libro en «editorial de pobre». Orwell deja escrito lo siguiente:

El servilismo con el que la mayor parte de la intelligentsia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa desde 1941 sería sorprendente, si no fuera porque el hecho no es nuevo y ha ocurrido ya en otras ocasiones. Publicación tras publicación, sin controversia alguna, se han ido aceptando y divulgando los puntos de vista soviéticos con un desprecio absoluto hacia la verdad histórica y hacia la seriedad intelectual.

Palabras, como decimos, que siguen estando de actualidad. A algún sector de la izquierda le molestan algunas verdades de este jaez y se enfada, rabia, patalea e insulta. La izquierda «civilizada», no obstante, no hace esas cosas. La izquierda «civilizada» promueve y da dinero para que se filmen películas basadas en medias verdades —o en mentiras completas, como la horrorosa versión española de En brazos de la mujer madura, que hubiese ganado más de haberse atenido más al texto—, pensando que el (falso) revuelo mediático provocado por la pluribeatificación favorecerá el visionado de una película que va «a contracorriente».

Si la izquierda de este país fuera simplemente laica, no le escocería tanto la pluribeatificación. Como le escuece, hay que concluir, lisa y llanamente, que es anticatólica. Y finalmente, un ruego: dejen que la Iglesia haga su ceremonia por aquellos que verdaderamente dieron su vida por su fe. Criticar a la Iglesia desde una posición antagónica y negarle legitimidad como sujeto histórico es lo fácil y lo que ha hecho siempre la izquierda. Lo difícil es asumir responsabilidades. Algo que desde luego, ni la izquierda de este país (ni de ningún otro) ha hecho.

Actualización.- Después de leer un comentario de mi amiga Lady Vorzheva, creo que será bueno copiar en toda su extensión el comentario de un usuario de Vieiros.com de donde extraje esa frase tan incalificable (por decirlo suavemente). Está en gallego, pero se entiende tan clarito que lo puedo traducir hasta yo. El comentario dice así (no tiene desperdicio):

«Estou case seguro que unha boa parte de estar persoas non morreron por ser uns bos cristiáns senón máis ben por ser unhas malas persoas.

En todo caso é absurdo beatificar aos que morren por motivos relixiosos, pois teriamos a 6 millóns de santos, aínda que sexan xudeus.

Que sexan miles ou ata millóns de católicos non quere dicir que teñan razón. Tamén hai miles de mouros que che cortarían o pescozo».

Traducción aproximada (servidor no es gallego e fai o que pode :P):

«Estoy casi seguro de que una buena parte de estas personas no murieron por ser unos buenos cristianos, sino más bien por ser unas malas personas.

En todo caso, es absurdo beatificar a los que mueren por motivos religiosos, pues tendríamos a 6 millones de santos, aunque serían judíos.

Que sean miles o incluso millones de católicos no quiere decir que tengan razón. También hay miles de moros que te cortarían el pescuezo.»

Todo un produto LOGSE y buen discípulo de Pepiño, o pasmo de Palas do Rei.

De derechas, pero repubicano

Créame el lector que ni siquiera un servidor pensaba que en tan corto espacio de tiempo sus ideas iban a cambiar tanto. Hasta hace poco se puede decir que uno era respetuoso con la institución monárquica, por varias razones. En primer lugar, porque de acuerdo con la Constitución, el Rey es el Jefe del Estado y como tal se le debe un respeto. En segundo lugar, porque figuras respetables del periodismo como puedan ser Alfonso Ussía o Luis María Ansón lo son. Probablemente, también influyó toda la «construcción histórica» del 23-F, en la cual «un valeroso Rey sale en la televisión a ponerse al frente de las Fuerzas Armadas y aplastar el golpe de Milans del Bosch».

Recuerdo muy bien que en un lejano 1985, una amiga de entonces, hablando de cierta visita de un señor importante de Madrid a su Facultad de Agrónomos, vino a decir a los presentes que la consigna era «el Rey no se toca». ¿Que el Rey caza en Doñana, pese a ser Parque Natural? Como «el Rey no se toca», no aparece nada de eso en la prensa. ¿Que el Rey tiene un affaire con una determinada artista? Como «el Rey no se toca», no aparece nada de eso en la prensa. Y si a dicha artista se le ocurre insinuar que «podría saberse», se tapa su silencio con dinero. ¿Que el Rey tiene negocios privados? El Rey, naturalmente, «es un ciudadano como los demás y tiene tanto derecho a hacer negocios como el hijo del vecino». Que se lo pregunten, si no, a Manuel Prado y Colón de Carvajal.

Y lo que vale para el Rey vale también para su familia. Por aquellos años (o tal vez más adelante), un periodista se dedicó a seguir los pasos del Príncipe Felipe cuando éste andaba medio enamoriscado de la americana Gigi Howard. No hizo falta más que una llamada de Zarzuela a la Casa Blanca para que Bush, Sr. se ocupara inmediatamente de apartar de la circulación al molesto moscón, que dio con sus huesos en la cárcel. Tanto fue así que el padre del periodista tuvo que ir prácticamente a suplicar clemencia al Rey. El Rey, mostrando su gran generosidad, magnanimidad y longanimidad, le perdonó la vida a condición de que no escribiese más sobre el Príncipe. Es posible que ahora el muchacho esté en algún oscuro periódico de provincias escribiendo en la sección de necrológicas.

Conclusión: el Título II de la Constitución no es muy diferente a algunos contratos blindados de la Administración o la empresa privada. Suena feo, pero se podría decir así: «Seré Rey vuestro a condición de que no se me pueda empapelar por nada que hagamos yo o cualquier miembro de mi familia o mi casa».

Entresacamos unos párrafos de la página de Altermedia, que explica con claridad algunos detalles. El artículo es de 2003 (firma el periodista Gonzalo San Segundo), pero se puede extrapolar, mutatis mutandis, a nuestros días:

Ni siquiera se sabe, al menos oficialmente, si los miembros de la familia real española cobran un sueldo, directa o indirectamente, de la asignación que La Zarzuela recibe de los Presupuestos del Estado, que para este año 2002 asciende a 6,98 millones de euros (1.161 millones de pesetas), 8 veces menos que la asignación estatal de la familia real británica. Según dispone del artículo 65 del Título II de la Constitución, el Rey «distribuye libremente» dicha cantidad, cuyo fin es «el sostenimiento de su Familia y Casa».


Ante ese panorama, algo más nítido en otras monarquías europeas, como la familia real británica, especialmente después de los escándalos de carácter económico que ha protagonizado (ver recuadro), ¿se deben regular las actividades privadas, concretamente las empresariales, de los miembros de la Casa Real española?


Algunos juristas, en línea con la postura que mantiene Carlos de Inglaterra, Príncipe de Gales, en relación con su familia, sostienen que la dedicación de los miembros de la realeza debería estar limitada a actos oficiales y tareas institucionales. Otros son partidarios de que se establezca algún tipo de incompatibilidad que evite sospechas y situaciones incómodas. Y no falta quien aboga por la libre actividad, según la conciencia de cada cual. Pero los consultados prefieren guardar el anonimato.


¿Y qué opinan los políticos? De izquierda a derecha, las respuestas son cuando menos, digamos, comprometidas. Y es que el asunto parece delicado, cuando no tabú. Luis Carlos Rejón, miembro de IU en las comisiones Constitucional y de Justicia e Interior del Congreso, es tajante y claro: «Sí, por supuesto, como cualquier persona que reciba dinero del erario público». En el Grupo Parlamentario Socialista, cuyo portavoz es Jesús Caldera, se considera que no es un tema para abordar ahora. No están ni a favor ni en contra, simplemente «no lo tenemos en la agenda como asunto prioritario». Luis de Grandes, portavoz del Grupo Parlamentario del PP, prefiere no opinar y se remite al Título II de la Constitución, que trata de La Corona. Y Xavier Trías, de CiU, ni se manifiesta.

Así las cosas, uno tiene todo el derecho de dudar. Añadamos un dato más. Últimamente, el Rey se dedica a fustigar a la COPE y en especial a Federico Jiménez Losantos. Diríase que no tiene nada más importante en que pensar Su Majestad que en quitarse de en medio a un periodista «molesto». Parece ser que no es mentira que el Rey está más «cómodo» con el PSOE que con el PP (probablemente el Rey no perdona a Aznar que éste ordenara cerrar el grifo de los gastos reservados de la Corona, entre otras «perrerías»). Será verdad que el Rey trata a patadas a quien le podría defender si fuera un Rey mejor y en cambio hace amigos entre quienes están deseando darle a él la patada. Digamos que la foto amable del Rey como amante abuelo rodeado de sus nietos y familia toda se resquebraja, al menos en mi imaginario.

Por otro lado, hemos de contar que la experiencia republicana en España se ha saldado con dos sonoros fracasos. Y el segundo, además, con una guerra civil que se llevó casi a un millón de personas por delante y marcó a fuego el inconsciente colectivo de la nación (ahora vuelven a sacar a pasear los fantasmas de aquellos tiempos, algo que nunca se debiera haber hecho). Pero con los mimbres que llevamos contados (y otros que se pueden recoger aquí), quizá se pudiera intentar la experiencia de una República de derechas. Francia lo es, hoy por hoy, y no pasa nada. Los únicos que se han rasgado las vestiduras allí son los socialistas, pero probablemente sea más una rabieta por haber perdido las elecciones que otra cosa. Alemania también lo es, y dirigida por la fracasada Angela Merkel, va marcando los tiempos en el concierto de las naciones (mal que le pese a algún progre descafeinado de aquí).

Pues lo dicho: que desde hoy me declaro de derechas, pero republicano.

CARTA A D. SANTIAGO CARRILLO SOLARES

Sr. «Don Santiago Carrillo Solares»

Creo que me conocerás. Yo sí te recuerdo mucho. Hoy soy vecino de Aranjuez, tengo 85 años. En el año 1.936 fui enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama. También estuve en la checa de la ESCUADRILLA DEL AMANECER, de la calle del Marqués de Cubas nº 17 de Madrid, donde presencié los más horribles martirios y crímenes.

También estuve en el Cuartel de la Guardia de Asalto de la calle Pontones, en la Puerta del Sol, donde tú, Santiago Carrillo, mandabas realizar toda clase de martirios y ejecuciones en las checas de tu mando. Yo soy Pionero, al que llamaban «EL ESTUDIANTE», que llevaba la correspondencia a las diferentes checas a cambio de la comida que me dabas… ¿Me conoces ahora, Santiago Carrillo?

¿Te acuerdas cuando tú, Santiago Carrillo, acompañado de la Miliciana SAGRARIO RAMÍREZ y de SANTIAGO ESCALONA y RAMIRO ROIG alias «EL PANCHO», en la era de Fuencarral, Kilómetro 5, el día 24 de agosto de 1.936 a las 7 de la mañana, asesinasteis al Duque de Veragua y tú, Santiago Carrillo, mandaste que le quitaran el anillo de oro y piedras preciosas que llevaba? ¿Recuerdas que no se lo podías quitar y tú, Santiago Carrillo, ordenaste que le cortaran el dedo?

¿Te acuerdas, Santiago Carrillo, la noche que llegaste a la checa del Fomento, en el coche Ford, matrícula de Madrid 984, conducido por el comunista JUAN IZACU y los chequistas MANUEL DOMÍNGUEZ alias «EL VALIENTE» y el Guardia de Asalto JOSÉ BARTOLOMÉS y en el sótano mandaste quemar los pechos de la monja Sor Felisa del Convento de las Maravillas de la calle Bravo Murillo, y así lo hizo «EL VALIENTE» con un cigarro puro? Esto sucedió el 29 de agosto de 1.936 a las 3 de la madrugada… ¿Me recuerdas ahora, Santiago Carrillo?

Con 24 años que tenías, ¡cuántos asesinatos cometiste…! ¡Cuánta sangre tienes derramada en España…! No quiero molestarte más, Santiago Carrillo, CRIMINAL.

Se despide de ti el enterrador de Paracuellos del Jarama, alias «EL ESTUDIANTE», que presenció los martirios y asesinatos que tú, Santiago Carrillo, mandaste que se realizaran en España.

(tomado de Minuto Digital)

La Ley de Memoria Histérica sólo alcanza hasta 1939. Muy lógico. Si empezamos a revolver en lo que fue la República, como ha hecho Pío Moa, tal vez empecemos a darnos cuenta de que aquello no fue la «Arcadia feliz» contra la que se sublevaron un grupo de militares malos malosos. Viene a decir Pío Moa que en el año 1936 ya no había legalidad alguna contra la cual levantarse, sino solamente la barbarie frentepopulista, que te enviaba al paredón o te asesinaba en plena calle con la mera sospecha de ser católico o no ser «revolucionario». Y lógicamente no estarán justificadas las indemnizaciones que recibirán tanto PNV como UDC (¡hasta los etarras se pueden acoger a dichas indemnizaciones!).

Bien está que miremos al presente o al futuro en vez del pasado. Pero, por favor: que la corrección política no nos impida hablar con objetividad de aquellos hechos que hoy algunos pretenden sacar a pasear de forma sectaria y sesgada.

Cierto olor a podrido

Éste es el título de una novela de José Luis Martín Vigil, novelista que hizo fortuna con novelas para adolescentes. Habrá personas de alguna edad que recuerden La vida sale al encuentro, una novela que nos relata el duro rito de pasaje de un joven a quien, por desgracias de la vida, se le muere un hermano (y las niñas, que tendrían harto al escritor de tanto preguntarle por «Ignacio Sáez de Ichaso» o «Carlos Vega Ros»).

Pero para lo que hoy tomo prestado el título de la novela es para dar cuenta y razón del proceso de descomposición del PSOE. En su momento hablábamos de la deconstrucción del PSOE, hace aproximadamente dos años. Hoy ya ha dado un paso más y se está descomponiendo. O quizá no es descomposición, sino purga, lo cual sería tanto más grave porque la purga en sentido político lo es de disidentes, descontentos y contraopinantes diversos. En los partidos de izquierdas (ni siquiera ETA, cuya «ideología» es de izquierdas, se libra del cliché) la purga es equiparable al sacrificio ritual de los pueblos primitivos. En él los participantes se liberaban de sus culpas guiados por el chamán, que era el canal de conexión con los antepasados.

En el PSOE llevan una temporada de celebraciones que ya dura bastante. Comenzó con la minicrisis, que se llevó por delante a cuatro ministros (y el caso es que las cosas siguen igual o peor). Siguió la marcha de Rosa Díez del PSE, a quien es posible que sigan los Redondo, socialistas de tradición nada proclives a deslices nacionalistas, o Maite Pagazaurtundúa (difícil imaginar un apellido más vasco que ése: largo y rotundo, como tiene que ser, ¡ené!), cuya voz discordante en medio del silencio de los borregos le puede costar la expulsión (sin querer meterme donde no me llaman, opino que le harían un favor). Entre las bajas contamos también a Simancas y a Sebastián, tras el batacazo electoral. Ahí yo creo que no se perdió gran cosa y que, además, a Sebastián le impusieron el castigo de presentarse a las elecciones tras la pifia de la «Oficina Económica del Gobierno». Luego, el PSOE bailó la jota de los socialistas navarros («saca a Puras a mear y a Pepiño a pasear, ¡y el porrón!»)

En Valencia hay rumor sordo de navajazos. El último, el que le ha costado el cargo a Joan Ignasi Pla. Realmente, fue por un «ponme acá esos ladrillos». Eso, en teoría, no tiene nada de particular porque en ningún partido han faltado cargos que han confundido lo privado con lo público («está mal, pero todos lo hacen»). Lo cual, en cierta manera, anula el motivo. Quizá de lo que se trataba era de provocar una minicrisis para presentar al cesante Jordi Sevilla como «salvador de la barca». O quizá es que el señor Pla tenía tantos enemigos dentro de la casa que no se sabe quién le asestó la puñalada fatal. Pero es lo que ocurre con un partido en el que se forman banderías de interés personal y nada general (en alguna entrada próxima hablaremos de las baronías): cuando el partido es sometido un largo período de oposición, tarde o temprano se reparten navajazos para todo el que quiera y más.

Y ahora, Maragall. Parece que el Alzheimer, ese alemán molesto, le ha dado alcance. Creo que su mujer ya no era del PSC; y ahora se ha ido él. De todos modos, si se va de la política, cabe decir que se va harto. Como alcalde de Barcelona, tuvo la suerte de pillar las Olimpíadas del 92, que quedarán para siempre asociadas siempre a su nombre También es verdad que en su largo mandato frió la Ciudad Condal a impuestos olímpicos, pero en fin, vamos a hablar sólo de las cosas buenas, ¿no? Dicen que ha sido ZP (bueno, ahora «Z», como en una película de James Bond) quien le ha obligado a marcharse (y eso que Maragall lamenta ahora haberle dado el apoyo que le dio en 2000, pero eso ya no tiene arreglo). Claro que si yo fuera Ernest Maragall, también andaría escocido por la alargada sombra de un hermano al que yo le hubiera hecho todo el trabajo cuando él era alcalde y que, encima, sin ni siquiera tener cargo o representación en el Partido, brillase más que yo siendo conseller.

Lo raro —o no— es que no se haya producido movimiento alguno en Extremadura y Andalucía. Se conoce que el PSOE tiene las cosas muy bien atadas allí, amén de que los gobernantes socialistas se eternizan en sus cargos prácticamente sin oposición remarcable. Lo cual es como la primera regla del informático: «Si algo funciona bien, no lo toques». Otra cosa es que dicho funcionamiento redunde en beneficio del territorio gobernado. Por eso Andalucía va imparable al foso de las zonas deprimidas de la nación, aun teniendo el potencial que tiene y las gentes que tiene, que se merecen a alguien mejor que a Chaves de presidente. Y en Extremadura tres partes de lo mismo, aunque ya Rodríguez Ibarra haya prometido que no se presentará a las próximas elecciones.

En fin. Algo huele a podrido en el PSOE cuando las gentes significativamente díscolas con la dirección deciden abandonar el partido y tratar de «refundar la izquierda» desde una perspectiva más acorde con el respeto a la Constitución y con una visión más «nacional» de las cuestiones que nos afectan a todos.

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Que ya estamos en campaña lo dijimos hace tiempo ya. El marketing político (o cómo vender las ideas políticas y a quienes las enuncian) ya funciona a pleno rendimiento. El marketing (publicidad) es un conjunto de técnicas de venta que inciden directa o subliminalmente sobre el cliente (aquí hablaríamos más exactamente del votante, pero hoy en día ambas vertientes suelen confundirse) en el sentido de elegir a uno entre varios «produtos», que diría Pepiño (partidos).

Lo extraño del marketing político es que hoy es difícil diferenciar entre un anuncio electoral en que se pide el voto de un anuncio comercial en que se dice que la lejía XXX lava más blanco o que el coche XXX se pone en 100 km/h en 3 segundos. Fíjese el lector que ya no se habla de programas, sino de mensajes. Que se busca en una frase brillante lo que es definitivo de cada candidato (no importa que tras la supuesta brillantez de la frase no haya nada; basta que brille).

Por supuesto que hay ciudadanos responsables que se leen los programas; pero a día de hoy, muchos nos tememos que el programa por el que clamaba el coherente Julio Anguita es el catálogo de palabras que más derecho tiene a figurar en los créditos finales de Lo que el viento se llevó. Que por otro lado es también consecuencia de la clase de educación que se imparte y de la influencia total y casi absoluta de la televisión: 80 páginas ya es un mamotreto para mucha gente y «no hay tiempo para leerlo» (a saber qué pensarían de El Quijote o de Los hermanos Karamázov, de más de mil páginas cada uno). Y si le añadimos letra pequeña y grandes palabras, mucha gente como que sufre de vértigo y ya no sigue leyendo.

Otro detalle importante es que la «buena publicidad» es la que insulta nuestra inteligencia mientras parece darnos palmaditas en la espalda. Un buen latiguillo es un logro que durará bastante tiempo y cuya vida útil puede superar el año. Por recordar algunos de los clásicos, tenemos el Gueropaaaaa (parodia fonética del «get up, ah!» del Sex Machine del reverendo James Brown), el famoso zincpiritione, curiosísima e ignota sustancia de la que estaba hecho cierto vehículo. Y cómo no, el gran Chiquito de la Calzada, genial fabricante de latiguillos con inigualable gracejo malagueño, aun a costa de maltratar la lengua de Nebrija, ese torpedo sesuar pecadorl de la pradera. Por no hablar del clásico «Quién me pone la pierna encima», del legionario Jorge Berrocal. Era —por decirlo suavemente— todo un espectáculo ver cómo la gente repetía borregamente, viniera o no a cuento, la frasecita de moda.

De la política también se pueden recordar latiguillos famosos: uno de los más famosos es el «Puedo prometer y prometo», de Adolfo Suárez, político que, sin ser perfecto, debería tener un altar en muchas casas españolas de bien. O el «Obviamente, por consiguiente», de Felipe González. De Aznar recordamos el «Váyase, señor González» de antes de 1996 y su sempiterno «Le voy a decir una cosa».

Quiere decirse que la publicidad ha adelgazado al político y ha engordado al comunicador. Lo que significa que no importa lo que se diga, siempre que sea en un envoltorio agradable a la vista y al oído. Importa el mensaje, no la idea. Importa que el político sea «fotogénico» y que «dé bien en la cámara», no que sea coherente con lo que dice y que mire por los intereses generales de la nación. Esto ya era así en los tiempos de Suárez (no pocas amas de casa confesaban que le habían votado porque «era tan guapo…», sin haberse leído una línea de su programa); pero el grado de superlativo y progresivo vaciamiento de contenido verdaderamente político de los partidos es para bostezar. Más aún: los partidos políticos hoy son tan marcas comerciales como lo puedan ser Adidas, Danone o el Real Madrid. Y el márketing sigue borrando esas supuestas diferencias. Claro que hoy por hoy no son imaginables todavía unos «calzoncillos PP» o unas «bragas PSOE» (si ven el negocio, todo se andará).

Los contendientes de hoy, ZP y Rajoy, son de perfil bajo. Quiere decirse con ello que ellos no se ocupan de calentar el ambiente, que para eso ya tiene el uno al ínclito Pepiño y el otro a Acebes o a Zaplana, por separado o al alimón (y el día que les deja). No hay latiguillos con que se les pueda asociar: apenas a ZP con lo del talante y la pazzzzzz (que ya sabemos en qué han acabado uno y otra) y poco más.

No obstante, los hechos son tozudos y nos muestran a ZP en su carátula electoral habiendo escogido un modelo infantil, pero serie Z. Incluso tiene el detalle de reírse de sí mismo recogiendo una imagen de su guiñol. Pero todo lo demás es puro marketing aliciano, con abuso y sobreabuso de la Z. Tan infantil resulta el anuncio y tan clara es la renuncia al contenido a favor del mensaje que sólo falta la presencia de Xavier Sardà en plan Cosas de niños con un grupo de niños intentando definir la política de ZP (tarea les mando…).

No sabemos qué carátula electoral usará Rajoy. Pero, por su propio bien, espero que nos trate como a personas mayores. Por lo menos, que tenga esa deferencia, ya que el único derecho político enteramente reconocido que tenemos es el de votarle.

Zapa fue un error

Nuevamente, del blog de Patricia Lorente (perdón por el mal pareado xD) una de las perlas anti-ZP que andan circulando por las bandejas de entrada de media España. No es que yo esté muy al tanto de la música moderna, pero en fin… A veces, como dice el famosísimo merengue, «la vida te da sorpresas…». Espero que la disfruten, porque está muy trabajada.

Tres tazas de caldo

Del blog del Patricia Lorente, una contribución al «Cien figuras españolas» (versión progre-EpC, claro). ¡Un abracico, maña!

Hago un breve repaso de algunos personajes conocidos para refrescar la «memoria historica» que tanto les gusta a algunos.

XABIER ARZALLUS: Su padre fue el aguerrido y conocido requeté, Felipe Arzallus, que participó como voluntario en la guerra civil en el bando nacional (con perdón). Su hijo se pasó al bando contra el que combatió su padre. ¿Renegado o listo?

MARIANO FERNÁNDEZ BERMEJO: ¿Se avergonzará el ministro de Justicia de su padre, alcalde franquista y jefe local del Movimiento de Arenas de San Pedro (Ávila)? No lo sabemos, pero sería bueno que diese ejemplo a los españoles pidiese perdón e hiciese una autocrítica.

ALFREDO PÉREZ RUBALCABA: El ministro de Interior socialista y portavoz del Gobierno de los GAL tuvo un padre que fue suboficial del Ejército del Aire franquista y entró por ello a trabajar como mecánico de vuelo en Iberia.

JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN: Hijo de un oficial que en La Coruña apoyó el alzamiento nacional. Ingresó en la carrera fiscal durante el franquismo, con lo que aplicó la legislación de la dictadura. Ahora, como magistrado jubilado, pide la elaboración de una Ley de Memoria Histórica y la anulación de las condenas dictadas por tribunales militares contra criminales de izquierdas (¿Alzheimer?).

JOSEP VILARASAU: El ex presidente de La Caixa fue otro catalán colaboracionista. En los años 70, cuando el futuro del franquismo parecía tranquilo una vez que el caudillo había designado a su sucesor, el Príncipe de España, Vilarasau fue nombrado director general del Tesoro, uno de los puestos más importantes del Ministerio de Hacienda y de libre designación por el ministro. Este dato se elimina de sus Biografías oficiales.

JUAN ANTONIO SAMARANCH: El marqués, alto cargo en la Administración franquista y catalán colaboracionista. Después de la muerte de Franco, declaró «Considero que la figura y la obra realizada por el Caudillo se inscribirá en la historia como uno de los estadistas más grandes del siglo XX. Para España, el mandato durante 39 años de Francisco Franco ha supuesto la era de prosperidad y paz más larga que ha conocido nuestro país desde hace muchos siglos». Ahora introduce a Carod-Rovira en la Comité Olímpico Internacional para que monte unos Juegos de naciones sin Estado.

FERNANDO ÓNEGA: El periodista se ha vuelto a definir como centrista (La Voz de Galicia, 17-3-2007), pero empezó en el periodismo como exaltado franquista. Fue jefe de prensa de la Guardia de Franco, una asociación que no se caracterizaba por conspirar contra el régimen.

JOSÉ ENRIQUE SERRANO: Jefe de Gabinete de Zapatero. Su padre D. Enrique Serrano, secretario de un ministro de Franco; gracias a este señor todos sus hijos han podido tener sus estudios correspondientes… de colocarlos se ha encargado el PSOE, José Enrique con el presidente.

FRANCISCO MARTÍNEZ GARCÍA: Pasó de la ONU en tiempos de Franco a ser alto cargo de Telefónica con el PSOE, otro de ellos en el Registro de la Propiedad de Madrid. D. Enrique, el padre, fue un benefactor de su pueblo Tribaldos, la agrupación escolar lleva su nombre. En su pueblo todos recuerdan como ocultaron a su madre Dª Josefina y sus tías en un pajar, porque habían matado a su padre D. Francisco Martínez García (abuelo del hoy jefe de gabinete de ZP) y allí estuvieron hasta que su familia vino a buscarlas desde Murcia. El ajuar de la casa, como la cubertería de plata, la guardaron los vecinos hasta el final de la guerra, las joyas estuvieron guardadas en una gran maceta del patio hasta el final de la guerra, pues su casa estuvo ocupada por los milicianos.

Mª TERESA FERNÁNDEZ DE LA VEGA: Hija de Wenceslao Fernández de la Vega, falangista de Girón en el ministerio de Trabajo, el más falangista de los ministerios de Franco. María Teresa (Valencia, 1949) estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y en 1974 sacó plaza como secretaria judicial cuando todavía vivía Franco.

JOSÉ BONO: El ex ministro de Defensa y ex presidente de Castilla La-Mancha es hijo de un falangista con el carnet nº 230.096 de Falange, alcalde de su pueblo y jefe local del Movimiento.

RODOLFO MARTÍN VILLA: Jefe Nacional del SEU, hoy en PRISA

JUAN LUIS CEBRIÁN: El académico y directivo del grupo PRISA empezó como periodista en la Prensa del Movimiento, de la mano de su padre, el falangista Vicente Cebrián. Pasó por ‘Pueblo’ y por ‘Arriba’. En 1974, el régimen, en atención a sus servicios le nombró director de los servicios informativos de TVE con Carlos Arias Navarro.

MANUEL MARÍN: El presidente del congreso es hijo de un aguerrido falangista de Ciudad Real ya fallecido. Su fama en la capital manchega y su discurso nacional-sindicalista aun se recuerda. Fue abogado. Se le concedió por parte del Régimen Franquista una vivienda en las llamadas casas baratas (protección oficial) en Ciudad Real, zona residencial hoy muy cotizada. También fue presidente de la Hermandad de Alféreces Provisionales.

JOSÉ MARÍA BARREDA: Presidente de CASTILLA LA MANCHA, miembro del PSOE y previamente del PCE. El presidente de Castilla La Mancha pertenece a una familia de rancio abolengo en Castilla La Mancha. Su familia pertenece a la Aristocracia local de la provincia de Ciudad Real y tiene una larga tradición de terratenientes. Su familia se comprometió desde primer momento con el golpe del 18 de julio. Este señor tiene entre sus ascendientes a la Casa de Treviño y Gotor. Uno de sus familiares directos fue el Marques de Treviño, fundador de los sindicatos católicos agrarios y fusilado por las ‘hordas rojas’ (con perdón) en los primeros tiempos de la guerra. En una de sus innumerables fincas aparece en la capilla un listado completo de todos los familiares muertos «por Dios y por España» en la contienda. Uno de sus tíos políticos fue uno de los primeros falangistas en unirse al golpe y protagonizo el secuestro de una de las radios locales. Su familia no se caracteriza por haber pasado hambre tras la guerra civil. Familia acomodada, contaba con un sin fin de criados y su trayectoria vital le llevo a hacer una tesis llamada Caciques y Electores en la que se limito a abrir el baúl documental de la familia.

JORGE VESTRYNGE. Secretario General de Alianza Popular hasta 1986, después militante del PSOE y finalmente asesor del Partido Comunista, Jorge Verstrynge colaboró durante los años 70 con la organización neonazi CEDADE.

ANTONIO MASIP: Alcalde socialista de Oviedo (1983-1991) y actual eurodiputado. Su padre, Valentín Masip, fue alcalde franquista (1957-1963) y una calle de la ciudad lleva su nombre. Los socialistas de Oviedo continuamente piden quitar los «nombres franquistas» de las calles de la ciudad. ¿Querrán quitar también la de D. Valentín?

CÁNDIDO CONDE-PUMPIDO FERREIRO: El abuelo del actual fiscal general del Estado fue designado por Franco en 1936 como vocal del Alto Tribunal de Justicia Militar, entre cuyas actuaciones figura el célebre proceso contra la tripulación del «Mar Cantábrico», donde fueron ejecutados veinticinco de sus tripulantes, dos de ellos menores de edad. Ya en la posguerra, Luciano Conde Pumpido pasó a formar parte del Consejo Supremo de Justicia Militar, por el que pasaban para su confirmación o conmutación miles de condenas a muerte.

Lo que había debajo de la Memoria Histérica

Entresaco y separo en párrafos un texto proveniente de la periodista Carmen Leal, en Diario de América. Al margen de la reivindicación trasnochada de eventos y personajes varios que estarían mejor sin haber sido reivindicados —clásicas cortinas de humo—, hete aquí de lo que de verdad estamos hablando:

De la aprobación de esta ley de «memoria histórica» los nacionalistas han sacado sustanciosos beneficios económicos. El PNV recibirá a cambio de sus votos su antigua ex-sede en París, un palacete, ahora sede del Instituto Cervantes, ya remodelado y adecuado cuyo elevado costo ha sido sufragado con los impuestos de todos los españoles. Curiosamente nunca se ha podido demostrar que la titularidad fuese del PNV. Este partido reclama también parte de los archivos de Salamanca y que aún no lo ha conseguido. Todo se andará.

A CiU tampoco le ha ido mal. A «Unión» de Durán Lleida se le restituye sus bienes (mejor dicho: los bienes del un Partido fundado en 1931, escindido de Acción Catalana y llamado Unión Democrática de Cataluña que se disolvió en 1939 y se confiscaron sus bienes). Aunque duró 8 años se le ha considerado en la ley como partido histórico. No sabemos el monto económico que percibirá, todavía andan en negociaciones.

No es de extrañar que se escenifique en las votaciones una cierta «resistencia» a la ley, ya que estamos en campaña preelectoral, pero que Zapatero contará con su inestimable ayuda es un hecho. Además podrá transmitir desde la SER, y con mucha prisa que esta ley salió del Parlamento con los votos de la derecha camuflada de nacionalismo (CiU y PNV) y la izquierda. Aunque los casi 10 millones de votos del PP queden al margen, en el «cordón sanitario».

Ante esto, yo pregunto: ¿devolverá la izquierda todos los bienes que se llevó al exilio, a México, a Francia, etc., o será como las oscuras golondrinas de Bécquer? Cabría incluir el llamado oro de Moscú, pero como se llevó en pago de la raquítica ayuda militar soviética (no así la ayuda política: Stalin mandó un alud de comisarios políticos que detenía y torturaba a la aterrorizada población civil), casi se le puede perdonar (o no: se admiten sugerencias).

Aznar perdió una ocasión de oro en su segunda legislatura para reformar la ley electoral e impedir que los partidos nacionalistas se acabaran constituyendo en los árbitros de la situación política y —sobre todo y mucho más grave— de los dineros de todos. Que es lo de siempre: al final, politicastros y dinero van de la mano (la política, tal como yo la conceptúo, es otra cosa).

La frase del día

«Quien no quiere razonar es un fanático; quien no sabe razonar es un tonto; quien no se atreve a razonar es un esclavo».

William Henry Harrison (9 de febrero de 1773-4 de abril de 1841)

(otro Aguador… cómo no, jeje).

Gracias al amigo Jesús Salamanca por poner la frase en su blog. La hubiese puesto en el mío como frontispicio, pero es que la que tengo sigue estando muy bien y es de rabiosa actualidad…

En pocas palabras…


He aquí una prueba del modus operandi de las juventudes progres. No les interesa la libertad (en este caso, de expresión) y han de entrar a intentar reventar la conferencia de Pío Moa, que los conoce muy bien por haber sido él mismo de izquierdas durante muchos años. Si realmente estos niñatos «luchasen por la libertad» se hubieran quedado en su casa, pues Pío Moa tiene tanto derecho como cualquier hijo de vecino a exponer sus ideas ante un auditorio.

Malos tiempos corren cuando hay que andar recordando estos principios tan elementales de la Constitución. Seguro que salen en el vídeo de las JJSS y suspenden…