SIN COHERENCIA LOS VOTOS VUELAN

Mientras que el líder de la oposición Mariano Rajoy promete acabar con el canon indiscriminado, abaratar el ADSL y fomentar el uso de las nuevas tecnologías en las aulas, su equipo en el Congreso mueve ficha en sentido contrario al de su Jefe de filas.

El pasado viernes, en el Congreso, el grupo parlamentario del Partido Popular defendió que se impusiera el registro de la identidad de todos los usuarios de Internet que se conectan a través de redes wifi (aeropuertos, estaciones, universidades,…) y en cibercafés. La promotora de tan peregrina idea fué nada menos que la diputada Beatriz Rodríguez Salmones, que en la actualidad ostenta el cargo de asesora de la campaña electoral de D. Mariano.

No dudo de las buenas intenciones de D. Mariano y su grupo, probablemente lo hagan por prevenir delitos de mayor o menor cuantía, pero sería necesario recordar que cualquiera con un mínimo de conocimientos informáticos puede saltarse barreras, protecciones, se pueden desviar líneas o confundir direcciones, y no hace falta para ello usar del anonimato de la conexión en un ciber. Desde el propio domicilio hay posibilidades, si se quieren cometer tropelías.

Esta fiscalización, esta intervención en la libertad de la Red es absurda. No se pueden poner puertas al campo. Esto es una actuación más propia de regímenes totalitarios como el chino, que de Partidos que dicen defender la libertad por encima de todo. Esto es una gallardonadamás, y ya es hora que D. Mariano reaccione y promueva políticas coherentes con lo que defiende, con mano firme y con respuesta dura y contundente para quienes desde dentro pretenden minar los cimientos del partido. El peligro, si no se reacciona a tiempo, es la fuga de muchos votos en los próximos comicios, y no nos lo podemos permitir.

(Del blog de Lobeznox).

Amigo Lobeznox: Yo ya tengo constancia de que esta señora, Beatriz Betina Rodríguez Salmones, ya en 2003 defendía la aplicación del canon digital. Lee uno estas cosas y, como cyber-usuario (y casi diré que como cyber-disidente), uno no sabe a qué carta quedarse. Probablemente vote al PP porque en asuntos “mayores” (organización territorial, terrorismo) coincide con lo que yo opino sobre la cuestión. Pero posiblemente esta postura de la señora Rodríguez Salmones haga que yo vote al PP tapándome la nariz, porque éste, a fin de cuentas, no es un asunto “menor”.

No tener nada mejor que hacer

Aunque no suelo leer la prensa local (en mi caso, el respetable Diari de Tarragona), a veces me llega la noticia de que alguien con extraordinarias capacidades de fabulación ha acotado un tema de la actualidad de una forma que más parece una de esas kafkianas inversiones de la realidad o una oscura película de Antonioni o Resnais (iconos del cine “de arte y ensayo” que tanto les gustan a los progres.

Viene su foto en la página (toda una página para él solo: lujo al que pocos mortales podemos aspirar en un diario de tirada local) y semeja un señor bastante talludito, de los que han hecho la mili ya tres o cuatro veces. Quiere decirse con ello que se le supone un conocimiento de la realidad mayor y una capacidad de asombro menor ante esa misma realidad. Pero fíjese el lector que lo que ha provocado en mí precisamente es asombro al leer lo que este señor tenía que decir el pasado sábado.

Habla el docto periodista de un libro titulado Un Rey golpe a golpe, publicado con seudónimo, en el cual se sostiene la tesis de que el Rey traicionó a todos: «a Franco, a su padre, a su hija y a sus “amigos”». Dice que el libro es un «refrito» de una biografía de Paul Preston (de conocida filiación progre y que suele brindar al alimón con Ian Gibson por san Jorge y san Patricio). Y a partir de aquí, íncipit tragoedia (comienza la tragedia).

Principia por decir el docto periodista que «se dijo» (prueba concluyente: ¿quién dijo?, ¿cuándo?, ¿en qué medio escrito o audiovisual?). Es decir, el docto periodista cita como fuente… un rumor. Arzallus también lo hacía, aunque él solía citar a los muertos, que no tenían posibilidad de réplica, claro. Pero sigue: «que el libro había salido del entorno de Federico Jiménez Losantos». Eso del entorno queda muy bien, suficientemente difuso y al mismo tiempo directo: se ataca a alguien sin nombrarlo directamente. Se apunta este señor un tanto como federicólogo. No creemos que Federico le tenga una especial simpatía o antipatía al Rey; más bien, quien escucha con regularidad su programa sabe que la bête noire de Federico es Alberto Ruiz Gallardón. Por lo tanto, el Rey queda un poco lejos del interés de Federico.

Pero donde este docto periodista se luce es en el siguiente párrafo: «Sostengo la teoría de que hay una organizada campaña desde la derechona (cursiva nuestra) para debilitar y destronar al Rey. El motivo es simple: se ambiciona un asalto al poder que jamás llegará por las urnas. Para esta gente, el PP es un partido tibio, que no clama por la España más rancia y dura del franquismo. Por tanto, sólo cabe llegar al poder a través de un golpe, ante el cual el mayor obstáculo es el Rey, con su indiscutida autoridad militar. Sin monarquía, el sueño del golpe sería menos irreal».

Ante todo, habría que preguntarle a este periodista a quién se refiere cuando habla de derechona. Dudo mucho que se refiera a los militares, entre otras razones porque la mitad son extranjeros y de los otros, el que no está jubilado tiene un pie en el otro barrio. Y más diré aún: si el Ejército en 1981 no hubiese dado un paso al frente a favor de la democracia, con el Rey a la cabeza, quién sabe dónde podríamos estar ahora. Tal vez metidos o saliendo de una dictadura bananera a lo Videla.

Si se refiere a la Iglesia, entonces es que ignora interesadamente el papel crucial que tuvo la Iglesia en la Transición. Por supuesto que hay obispos retros (que, para retro, el bisbe Deig, emérito de Solsona), lo cual no deja de ser, sin duda, reflejo de la sociedad. En cualquier caso, es un número pequeño. Pero nuestro docto periodista no es tonto: entiende por «derechona» la que defiende sin complejos la unidad de España; la que no se avergüenza de oír el himno nacional y porta orgullosamente la bandera de su país. Con lo cual, aunque excluyó en principio de esa definición al PP, vuelve a meterlo por el escotillón. También es verdad que en Génova, 13 se asustan mucho cuando alguien les llama «derechona». En ese momento los gerifaltes, todos a una, gritan temerosos «somos del centro». Pero en fin. El PP es lo que tiene: cuanto más le acusan de lo que no es, más se convierte en lo contrario de lo que le acusan.

Y este docto periodista también, desde luego. Porque no solamente ataca a Federico y a los obispos. Ataca a la COPE, naturalmente. Será que dicha emisora posee una audiencia creciente, pese a algunos chirridos ocasionales de Federico; y por el contrario, será que los medios prisaicos poseen una audiencia menguante, pese a los esfuerzos nada disimulados del EGM por dar otra versión de la realidad. Nuestro docto periodista es fiel seguidor de la consigna de Ferraz: «hay que desactivar al enemigo». Lo hemos dicho muchas veces en nuestro blog: al PSOE le interesa una oposición blandita y acollonada, que no le moleste y además, le ría las gracias. Si el PSOE sufriera la misma oposición feroz que practica cuando no gobierna, tal vez otro gallo cantara a España.

Pero no nos desviemos. Sigue diciendo este docto periodista: «Alimenta estos sueños la Cope, y no es de extrañar, pues hay obispos que claman por la unidad de España». Es decir: según este señor, ser obispo y desear la unidad española ya es ser un golpista potencial. Pero no se para ahí: «Me pregunto por qué hay pastores de almas que se mantienen en una línea propia del nacional-catolicismo. Desde la Cope se pide radicalismo al PP, la marcha de Juan Carlos y luego, un golpe de timón hacia su miserable visión de España. El obispo que esté en contra de esta línea que clame, por favor, y haremos recuento».

Que yo sepa, ni la COPE en general ni Federico en particular han «pedido radicalismo» al PP. Lo que sí le han pedido es que defienda con valentía sus convicciones y que no se deje amilanar por las provocaciones, bravatas y mentiras del partido en el Gobierno. El resto es lo de siempre: la vana insistencia marxista-goebbelsiana en vincular al PP con el franquismo. Y aquí no hay que «recontar» nada, oiga. Sería bueno analizar alguna emisión de Radio Estel (la radio de los obispos catalanes) para calibrar el grado de sumisión de la cúpula episcopal catalana a los postulados nacionalistas.

Sigue diciendo nuestro docto periodista: «Claro que lo incongruente es que los jueces empapelen a los radicales que queman fotos y no escuchen las voces de la emisora episcopal, donde al Gobierno se le llama “Zapatero y sus secuaces” (César Vidal dixit). Diccionario en mano quizá resulte menos duro, pero, ¿se atreverán a llamar a los obispos y cardenales “secuaces del Papa”?». Les pone, pues, a los pies de los caballos de la justicia. Está bien. A mí tampoco me gusta lo que dice, presupone o sostiene este señor, pero no por ello voy a pedir que lo empapelen. Se llama libertad de expresión, ¿no? Ah, pero es distinto: lo que él dice, presupone y sostiene es «ejercicio de la libertad de expresión»; por el contrario, lo que dice la COPE (y la Conferencia Episcopal Española, por extensión) es «incitación al golpe de Estado».

E insiste: «Necesitamos saber, repito, qué obispos están con la COPE. Quizás nos llevaríamos una sorpresa, pero tenemos derecho a saberlo». Se constituye así nuestro docto periodista en Robespierre de aldea, buscando cabezas que cortar. Invoca los medios de comunicación ecuánimes (¿cuáles? ¿El País? ¿La SER? ¿El Periódico?) para pedirles que no den publicidad a «cuatro provocadores que buscan un reconocimiento mediático que no les corresponde». No se sabe si lo pide porque realmente lo cree así o porque, como a todo socio-nacionalista, le molesta que se sepa fuera de Cataluña lo que ocurre aquí (recordemos a nuestro querido JoJo en el reportaje de Telemadrid diciendo: «¿Qué cojones le importa a Madrid lo que hacemos aquí?»).

Lo que pierde a nuestro docto periodista es la memoria histórica. O más exactamente, la falta de ella. Resulta que el primer partido político golpista fue el PSOE (recordemos: 1934). Y por lo tanto, la manía marxista de acusar a los demás de lo que uno es o hace. Nuestro docto periodista no tenía nada mejor que hacer en esa soleada mañana de sábado. Pero ya ve el lector: le ha traicionado su inconsciente y el desodorante le ha abandonado. Que ya peina canas, hombre: respétese un poco y, sobre todo, respete nuestra inteligencia. Lo primero no me concierne. Lo segundo, sí.