«.cat» versus «.ibs»

Apareció anteayer en La Razón y francamente, me quedé pensando (aparte de acordarme de mi amigo Daniel). ¿Así que los políticos desgobernantes baleares quieren formar parte de los mal llamados Païssos Catalans? Ésa es la resultante que se deduce de dicha decisión y de otras anteriores que, miradas desde el Principat, producen cuando menos cierta perplejidad.

Sin ánimo de ofender, parece que algunos diputados baleares estén cantando algo parecido a esto…

Die Negerlein in Afrika
Sie rufen all’ zugleich:
“Wir wollen deutsche Neger sein,
wir wollen heim ins Reich!”

Lo curioso es que tan alegre canto lo entonan all’ zugleich (todos a una) los diputados del Pacte dels Pobrets, bien aleccionados por Maria Antònia Munar, Sa Nina, y por el propulsor de la medida, el diputado Miquel Meli. Una buena muestra de que «los extremos se tocan» cuando conviene, puesto que UM en teoría es «izquierdoso nacionalista balear» y los otros son izquierdosos sui generis, con la notable excepción de… ERC, que es la de siempre aquí y allí. Juega allí un papel parecido al del PNV en Navarra, es decir: el de cuerpo extraño, pero no rechazado, que consigue que las iniciativas del poder local vayan por los raíles que ERC quiere, desea y necesita.

De momento volver, lo que se dice volver, ya han vuelto al Institut Ramon Llull, el regulador de la cultura catalana en el llamado «domini lingüístic català» (es decir, la institución que se ocupa de controlar que todo el que esté bajo sus amorosas alas sea adecuadamente nacionalista). Se recupera una ley de Francesc Antich de 2001, que va en la misma dirección que la nuestra de normalització lingüística: ¿se acuerdan de los 600 leuros que Carod y sus muchachos querían imponer de multa a la horchatería La Valenciana por no rotular en catalán? Pues ahora eso mismo puede ocurrir en las Baleares. Claro que, según el doble rasero nacionalista, se atreverán sólo con aquellos que rotulen en castellano, no con los demás. ¿Se imaginan a Antich imponiendo multas a todos los establecimientos que en Baleares cuelgan el rótulo «English speaking only» o «Deutsch sprechen nur»? No, ¿verdad? Pues yo tampoco.

Que el nacionalismo, en su expresión más rancia y decimonónica, es expansionista, no lo discute hoy por hoy nadie con dos dedos de frente. Porque por encima de todo está el lebensraum. Lebensraum que para el orbe nacionalista se extiende desde Perpinyà a Orihuela y desde Fraga a Mahón (por lo menos). Ése es un reconocimiento implícito de que Cataluña, sin “esclavizar” económica y culturalmente a Valencia y Baleares, no podría pensar siquiera en la independencia. Vamos, que solos no íbamos a ninguna parte.

Pero hay más. Distinguen entre buenos y malos (aunque sean «malos» como Miquel Ángel Nadal, a mi juicio un excelente embajador de su tierra y a quien desde mi humilde blog expreso mi solidaridad), sino que también expresan el derecho de los «malos» a ser conquistados, ya sea política o culturalmente. No es una actitud muy diferente respecto de la de los musulmanes de Al-Qaeda, seguidores radicales del Corán. Sonaría algo así como: “Os concedemos el derecho de uniros a la gran nación catalana. Si no os unís, iremos a por vosotros”.

En público, Carod ya no dice gran cosa (para su desgracia y la de muchos comerciantes catalanes, el boicot no sólo no ha terminado, sino que toma nuevos bríos cada Navidad), salvo ir a Frankfurt a brindar por el «gran éxito de las letras catalanas» (sin Eduardo Mendoza, sin Carlos Ruiz Zafón, sin Juan Marsé…); pero en privado no es difícil imaginarle en la escena del globo de El gran dictador, delirando a más (no, no es un juego de palabras facilón) y a mejor con el asunto de la Grosskatalonien.

El caso es que ERC tiene ya metido en el bolsillo al Gobierno balear para que «se integre» en esa gran nación que son los llamados Païssos Catalans. De hecho, la diputada socialista balear Rosa Alberdi afirma que «el catalán (cursiva nuestra) es la lengua materna de la mayoría de los ciudadanos de las Islas». Es decir, para esta señora el mallorquín no existe como lengua diferenciada del catalán que hablamos en el Principat (de su variedad oriental, al menos). Lo que significa, en términos políticos, que se forma parte de una misma comunidad cultural y que por tanto, debe haber instituciones culturales comunes que van limando las «diferencias» entre unos y otros. Comunidad institucional que, de acuerdo con la ideología pancatalanista (o pangermanista, o paneslavista, etc.), acaba transformándose en política. Y en ésas estamos.

¿Y Valencia? Pues nada. Valencia resiste, fruto de una personalidad histórica de la que los valencianos sí han sido conscientes en el devenir de los siglos. Regían una legislación y unas consuetudines diferentes (entre ellas, si no me equivoco, los Furs o Fueros del Reino de Valencia) y por ello, los intentos que desde Barcelona se han dado para «colonizar culturalmente» la región valenciana han fracasado estrepitosamente (el último fracaso, el definitivo desmantelamiento de las antenas de TV3 en la región). Y no sólo eso: la región valenciana en su conjunto aventaja a Cataluña tanto en lo económico, como en lo cultural, como en lo social. No es de extrañar que en «el norte» se coman los codos de envidia y proclamen a voz en cuello que Valencia «también» forma parte de los Païssos Catalans. También es cierto que en Valencia, gracias a Dios, no están hechos de la materia blanda de que está hecho políticamente Jaume Matas (lo cual es palpable incluso en el hecho de pegar la espantá y decirle a su segunda: “Estarás en la oposición”, en vez de dejar las cosas bien arregladas).

En fin, para no alargarme más y pasarle el testigo a mi amigo Daniel, que siendo de allí tendrá un conocimiento de las cosas más sobre el terreno que este humilde servidor, decir que poco a poco, ante la impotencia, inactividad o indiferencia de la oposición (o las tres cosas: prefiero pensar que no hay nada de connivencia), allí acabarán cantando lo que poníamos al principio. Lo traduzco, aunque seguramente para muchos de ses Illes no necesitará de traducción…

En África los negritos
gritan todos a una voz:
«¡Queremos ser alemanes negros,
queremos volver al Reich!».