Hay motivo para la vergüenza


Me decía hace ya algunas fechas mi amigo Daniel que «no tenía por qué avergonzarme de sentirme catalán». Pues va a ser que no. O sea, que sí hay que avergonzarse. Y el miércoles pasado tuvimos la prueba más palpable de esta lamentable verdad. Llegó Francisco Caja al venerable Parlament de Catalunya, avalado por las 50.000 firmas necesarias en las autonomías para cursar una iniciativa legislativa popular. Y en cuanto subió al estrado a defender dicha iniciativa, los diputados de ERC, IC-V y CiU abandonaron la sala.

¿Cómo es posible tamaña grosería? Pues porque dicha iniciativa trataba simplemente de promover el bilingüismo en Cataluña y, en especial, la educación bilingüe. Trataba de recordar a los diputados catalanes que la UNESCO pone énfasis en que la primera enseñanza se dé en la lengua materna, con independencia de cuál sea ésta. Recomendación o precepto que el miércoles pasado los diputados catalanes (cuando menos, los 111 que se fueron) tiraron por el retrete, porque «no convenía». Y así, Francisco Caja se tuvo que enfrentar a un Parlament casi vacío. Solamente permanecieron en sus escaños los diputados del PP y los de Ciutadans.

Si alguien dudaba del divorcio entre la clase política catalana y la ciudadanía que le vota, a partir de hoy no quedará ninguna duda. A los señorías de estómago agradecido no les interesa lo que el pueblo vaya a decirles, sobre todo si es en contra de sus «principios». Está claro que se consideran «políticos profesionales» y que creen firmemente que no hay que dejar la política en manos del pueblo.

Pero lo más chusco llegó a la hora de los argumentos para rechazar dicha iniciativa:

  1. La diputada convergente Irene Rigau (estómago muy agradecido por haber sido consellera en el último gobierno Pujol) rechazó la iniciativa porque, según ella, «crea guetos»… justo lo que está haciendo la normativa actual.

  2. La diputada republicana Maria Mercè Roca abundó en la posibilidad de la «segregación».

Y al final, la traición. Concretamente, la del PSC. Del PSC se dijo siempre que su base era el cinturón rojo de Barcelona, que es de donde viene la mayoría de sus dirigentes: Manuela de Madre, Celestino Corbacho, el propio Montilla… Dicho cinturón se nutre de la emigración de los años 60: andaluces, extremeños, murcianos… todos ellos castellanoparlantes. Antes, a Montilla le bastaba con ponerse la chaqueta de pana y desgañitarse con aquello de «¡¡Zomo de lo vueztro!!» en Cornellà, al igual que Chaves en Sevilla (o en Iznájar). Se supone, pues, que el PSC iba a defender los derechos de estos castellanoparlantes. Pues no. Votaron en contra de la iniciativa legislativa popular.

Francisco Caja, aparte de ser una persona respetable y catedrático, ha devenido en símbolo de lo que ocurre en Cataluña desde hace bastantes años. Representa a la Cataluña agredida (verbal y físicamente) e ignorada, inexistente en los medios de comunicación; a esa Cataluña que no tiene sitio porque prefiere que sus hijos sean educados en lengua castellana aun siendo ésta lengua materna.

Porque, ¿creen acaso ustedes que la comparecencia del señor Caja fue registrada por algún medio de comunicación de ámbito general catalán? Como mucho, mereció sueltos para que no se dijera que «no se había registrado la noticia». Pero, como todos los avisados saben aquí en Cataluña, la prensa es una fiel aliada del poder político, de tal forma que lo que al poder político no le interesa que se sepa difícilmente se encontrará en los diarios o en las emisoras de radio o televisión (salvo en los medios no directamente vinculados, como la COPE o La Razón, que aquí son el nom del porc y que muchas veces acarrean el apóstrofe de «facha de mierda» a quien los lee o escucha). Y cuando no hay forma de escurrir el bulto se recurre al suelto, ese recuadrito ínfimo que lo mismo sirve para anunciar crecepelos que para dar noticias incómodas.

Cataluña está gobernada por una clase política que considera la política como su «coto privado», repetimos. Una clase que expulsa al pueblo de los ámbitos en los que éste tiene algo que decir porque normalmente no coincide con lo que ellos quieren escuchar. Una clase política que ejecuta sus juegos de ingeniería social sin contar para nada con la sociedad a la que se dirigen. Eso sí, se autodenominan orgullosamente «representantes del pueblo»; expresión que, hoy por hoy, es tan gaseosa como aquella de «ámbito de decisión vasco».

Pero los políticos han tomado ya una decisión. Han decidido que «no se les moleste más» y están viendo las posibilidades de limitar la iniciativa legislativa popular. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, en el mejor de los casos. Constatamos, finalmente, que la Cataluña educada y tolerante, tal vez la Cataluña evocada con nostalgia por Jiménez Losantos en aquellos turbulentos setenta ha desaparecido y ha sido sustituida por la Cataluña del batlle, el hereu i la pubilla, que a ratos cantan el Virolai, a ratos Els Segadors y a ratos y con la boca muy, muy pequeña, La Internacional.

Actualización 26 diciembre 2007.- Siempre es bueno que de la vergüenza quede constancia. En el vídeo se ve claramente cómo abandonan el Parlament el de Iznáha y Miquel Iceta, “socialistas”. Y algunos de los que se quedan tampoco es que tengan una actitud muy respetuosa que digamos. ¿Para esto les pagamos? Por otro lado, Francisco Caja no está muy distanciado del personaje de Amerigo Bonasera (cuando menos, en lo iluso de creer que “el sistema americano” iba a hacerle justicia..).