Perfil bajo

Se pregunta un comentarista en Libertad Digital cuál es la mejor campaña para ganar las próximas elecciones. Eso, después de haber asentado un punto de acuerdo: hay que echar a ZP de Moncloa como sea, pero respetando las reglas del democrático juego.

El señor Capmany se felicita del perfil bajo que la campaña del PP ha tomado. Nada de insultos, nada de pataletas. Hay que ir como señores. Etcétera, etcétera. Todo esto está muy bien… para el Congreso, sin contar con que a veces el venerable hemiciclo parece una cervecería llena de holandeses con zuecos, en la cual la cerveza corre a raudales porque lo hace con cargo al erario público. El señor Capmany, el señor Rajoy y el señor Costa (si no recuerdo mal, él es quien dirige la campaña electoral del PP), asentados en la alta atalaya de sus despachos, ven la política como ese juego noble en el que contienden las ideas sobre lo que es mejor para el regiment de la cosa pública, que diría Francesc Eiximenis.

Y uno no sabe si no descienden a otro nivel porque no se quieren ensuciar las manos o porque allí donde están es donde tienen mejor opinión de sí mismos. Pero si bajaran un poco más, verían que ahí los perfiles toman otro color. Más allá de las gaseosas promesas de ZP sobre la «tranquilidazzzzzz» y la «pazzzzzzzz» de la campaña electoral y otras zarandajas del mismo jaez, resulta que se reparten leña y navajazos a partes iguales. A ras de suelo muchos hemos entendido que no se puede practicar el noble arte del boxeo según las normas del marqués de Queensberry cuando te llueven patadas y puñetazos a estilo full-contact (o sin estilo ninguno y sin someterse a regla alguna, que para el caso es lo mismo).

Se conoce que los señores Rajoy, Costa y Capmany no tienen que vérselas todos los días con «los del otro lado». Y cuando digo «vérselas» no me refiero exactamente a «comer juntos» o «departir amigablemente desde el respeto a la diferencia» como podría ocurrir en el Congreso. No están acostumbrados a bregar y a discutir a cara de perro con personas cuyo mejor argumento es la manipulación descarada cuando no el insulto y la descalificación personal, a ciencia y paciencia del administrador del blog y de otros usuarios. Teniendo en cuenta esta perspectiva, lo que le ha ocurrido al amigo Caballero ZP entra dentro de los «parámetros normales». No ha hecho falta sino que el PSOE levantase un poquito la voz para que al PP se le estrechasen las asentaderas y rauda y velozmente censurara a quien pretendía decir la verdad un poco más alto y con un poco más de vitriolo que los demás.

Que a decir verdad, eso es un ejercicio de cinismo por parte del PSOE. Pero claro: el PSOE tiene bula de befa y mofa (y vaya si hicieron uso y abuso de ella gobernando Aznar) y le escuece que alguien le haga tragar su propia medicina. Lo que sorprende —o no— es que, en nombre de ese «perfil bajo» se suprima la posibilidad de reaccionar y responder del mismo modo. Se olvida el PP de algo que dijo John Locke, uno de los padres espirituales del liberalismo, esos que tanto gustan de citar algunos: «Hay que ser tolerante con los tolerantes e intolerante con los intolerantes».

Hoy los votantes pedimos coherencia en las convicciones y firmeza en su expresión. Sobre todo lo segundo. Hoy por hoy no se puede decir que se es demócrata con la boca pequeña. Hoy por hoy no se puede plantear la vida democrática como una partida de bridge en el Casino. La democracia se conquista todos los días frente a aquellos que quieren hacer de ella un bonito trofeo en una vitrina, o frente a aquellos que, simplemente, no quieren democracia debido a su intención esencialmente totalitaria y heredera de totalitarismos «internacionalistas» hoy ya trasnochados, cuando no de idearios decimonónicos rechazados hasta por el más tolerante de los demócratas. A Rajoy le sube la temperatura y se le pone cara de susto si alguien, al verle defender sus convicciones con firmeza, le llama «facha». «¿Facha yo? ¿Pero qué dicesh? Yo shoy centrishta, no facha, por favor, esho shí que no…», responde él, atribulado. No me queda duda de que si Rajoy hubiese pertenecido a la Resistencia Anti-ZP abandonaría ese tono «rendidamente humilde» y hubiera luchado —sí, luchado— sin cuartel contra las chorradas progres. No lo ha sido y, por lo tanto, hay que oírle decir «Es que yo soy centrishta, no lo puedo evitar…».

Yo también suelo ir bastante al centro, señores Rajoy, Capmany o Costa. Al centro… comercial. En lo demás, soy de derechas, sin complejo alguno. Y no de «extrema derecha», como pretenden algunos indocumentados y descerebrados que pululan y/o vegetan por la blogocosa. Simplemente, de derechas y republicano (ya sé que es raro: ¿pero acaso no gano la CEDA unas elecciones en 1933?). Respetuoso con la legalidad vigente, pero no borrego en su acatamiento.

En fin, que ya sé que estas reflexiones no las va a leer el señor Rajoy porque Arriolín no le dará permiso. Es igual. A mí me basta con poderlas escribir y que otras personas de bien las lean y me hagan llegar su opinión constructiva al respecto. Los bloggers anti-ZP recibimos el mismo trato que el señor Francisco Caja en el Parlament de Catalunya de parte de aquellos a quienes hacemos el «trabajo sucio». Se acostumbra uno a eso. Y por otro lado, si entrando Rajoy en Moncloa España «puede ir mejor» (cosa no demasiado difícil constatado el alto nivel de incompetencia y de destrucción del edificio constitucional por parte de quienes debían defenderlo y de quienes deberían estar agradecidos a él), damos por bien empleado el ninguneo y los intentos de censura y de «lesh toleramosh, pero no nosh gushtan porque ni shiquiera shon del Partido».

Feliz Navidad

Para no perder la costumbre, llego tarde. Pero no por eso voy a dejar de felicitar la Navidad, pese a que no soy demasiado “navideño”. La costumbre puede mucho y la tradición pesa aún más, acompañadas siempre de la buena intención. A los progres también se la felicito, aunque he de confesar que tenía mis dudas después de haberse sacado de la manga algunos de ellos lo del solsticio de invierno.

Hay que esforzarse por poner un poco de alegría en estas fechas, que las noticias de por sí ya son bastante tristes. El que quiera deprimirse no tiene más que encender la televisión y leer los diarios. Así, pues,

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a todos.