“Economía política”


Que no se espanten los lectores asiduos de este blog. No me voy a convertir en el Profesor Siesta por un post. Ni tampoco voy a dar verdaderamente lecciones de esta materia. Estas dos palabras hacen que mi memoria vuele al viejo libro del profesor Luigi Spaventa (Appunti di economia política), un horror de libro tipo viernes 13, y a mi profesor de entonces, el señor Pere Mir, que a nosotros, futuros juristas, nos trataba con cierto desdén «porque nunca íbamos a llegar a ser como él» (economista «de prestigio» en una extensión universitaria de la UB: hablamos de antes de 1991, claro. Hoy ya va a hacer once años que es catedrático de la UdL).

Lo que pretendo en este post, de forma mucho más humilde, es presentar las extrañas (o no tan extrañas, visto lo visto) concomitancias o coincidencias que se dan entre los partidos políticos y una gran empresa. Vamos sin demora a ello, pues nos ocupará espacio:

  1. La finalidad. La de una empresa es crecer económicamente y mantener ese ritmo de crecimiento mediante la creación de las sinergias apropiadas con el poder político; la de un partido político es conseguir el poder (lo de gobernar, por desgracia, suele ser secundario o incluso terciario) y mantenerse en él creando las sinergias apropiadas con el poder económico. El dinero llama al poder, y el poder al dinero.

  2. El personal que forma en los cuadros directivos posee algún tipo de MBA o similar de dirección de empresas, además de una Licenciatura en Derecho o Económicas. Y viene y va de la empresa privada si el partido es lo bastante grande. No debe sorprender, pues, que los esquemas de dirección sean empresariales. Nada objetaríamos contra ello, si no fuera porque existe una estructura rígidamente jerárquica que entendemos va en contra del art. 6. pfo. 2º de la Constitución. También y por lo general, han pasado algún período de su formación en el extranjero, lo cual también suele aportar (no siempre, pero sí en muchos casos) una perspectiva más amplia respecto de los objetivos de la organización. Se valora (y mucho) la falta de respeto básico por el votante, por mucho que éste, como se verá, forma parte del capital del partido.

  3. La masa obrera. Está formada por los militantes de base y simpatizantes, a quienes los directivos y «cuadros medios» utilizan por poco o ningún dinero. Se los puede ver en los días de la campaña ensobrando o pegando sellos en la sede local del partido y en el día D oficiando de interventores y apoderados, por «unas perrillas» o nada, que a veces «la grandeza de la causa excluye el pago del esfuerzo por lograr su establecimiento». Suelen ser los encargados de vender el producto.

  4. Los votantes. Sin duda forman el capital del partido-empresa. Dicho capital, como en las «empresas puras», se puede acrecentar o dilapidar según la política que se lleve a cabo. Al parecer, existe en los niveles directivos el convencimiento de que el votante es un simple peón en la gran maquinaria de la empresa y que, como tal, no tiene inteligencia suficiente para darse cuenta de la gran organización que hay detrás del partido y ser crítico con ella, en dado caso. Como una especie de oveja, vamos. En tiempos inciertos como éstos, además, el votante se caracteriza por un alto grado de volubilidad, así que hay que fidelizarlo (seducirlo) como sea.

  5. La publicidad. Ha evolucionado muchísimo, pero qué duda cabe que la propaganda política recibió su «empujón» más importante a través del nazismo y el comunismo. Y es en este punto en el que entendemos que se ha producido el acercamiento o identificación entre empresa y partido político. Máxime cuando muchos de sus dirigentes provienen de la empresa privada y comparten una especie de «cultura común» sobre la forma de gestionar «el capital».

Fíjense ustedes en que se ha llegado a crear una subespecie de la publicidad llamada marketing político, que lo mismo es usado por el Gobierno como por los partidos de la oposición (en especial el principal). El primero lo usa para convencernos de que es el mejor gobierno de los posibles. Por ejemplo, la machacona insistencia del desgobierno zapateril en añadir lo de «Gobierno de España» como coletilla de sus anuncios oficiales. Es puro marketing destinado a contrarrestar la apocalíptica —y eficaz, por cuanto está «basada en hechos reales»— propaganda pepera del «España se rompe». Del otro lado, una anécdota que cuenta Alfredo Urdaci en su libro «Días de ruido y furia» es ilustrativa de lo que acabamos de decir. Cuenta el señor Urdaci que un día se dirigió a él Miguel Ángel Sacaluga, consejero del PSOE en el Consejo de RTVE, poco menos que exigiéndole que «debían dejar espacio para que el partido colocara sus mensajes». Es decir: lo importante es el mensaje. No la idea desarrollada en el programa.

La otra consecuencia del papel protagónico de la publicidad en la política es el adelgazamiento de contenidos. Como los publicistas políticos asumen que el político o candidato se dirige a un colectivo ovino (qué triste semejanza con los realizadores de televisión), tanto si está formado por «fieles» como si es neutro, suelen aconsejarle que «no se enrolle» y que «lo que pueda decir en dos palabras, que no lo diga en cuatro». Así que los políticos se dedican ahora, con mayor o menor entusiasmo, a machacar coletillas: desde el «obviamente, por consiguiente» de Felipe hasta las infinitas declinaciones de la «crispación», pasando por el «váyase, señor Aznar». Eso, al parecer, tiene mucho impacto en las ovejas —perdón, votantes—. Se ha conseguido la finalidad: que nos importe un bledo que nos pierdan el respeto, siempre que nos lo pierdan de forma graciosa.

El siguiente paso ha sido la conversión en marca, en este caso electoral. Un proceso que explica muy bien Naomi Klein en su libro No logo. Llevar unas zapatillas deportivas es símbolo de que se posee una determinada filosofía de vida, o de que se pertenece al número de los elegidos (qué infelicidad la de aquellos que no poseen ni llevan esas zapatillas deportivas). Nos dice la autora citada que la publicidad ya no guarda relación alguna con el objeto o mercancía publicitados. Por ejemplo, ¿creen ustedes que en la publicidad de colonias lo que se «vende» es el líquido elemento? Ni por asomo: lo que se «vende» es la capacidad de seducción del precioso líquido, de que las féminas o los machos caigan rendidos ante la persona que usa la colonia (normalmente lo hacen, debido al imponente pestazo de dichas colonias).

Algo parecido ocurre con los partidos políticos. Ser de un partido o de otro es casi tan importante o tan accesorio como ponerse un jersey Lacoste o unos Levi’s 501 «lavados a la piedra« (que es como lavaban nuestras bisabuelas la ropa y en cambio se vende como un adelanto). La oveja —perdón, votante— lleva con íntimo orgullo un pin que le identifica como pepero o como rojo (recordemos que ZP se ha autodefinido como «rojo» de los de antes, línea Largo Caballero, en un fascinante ejemplo de deconstrucción). Sólo falta que los partidos, al modo de los clubes de fútbol, echen mano del merchandising y conviertan a sus fieles en «hombres y mujeres del partido». ¡Qué gran orgullo para un pepero llevar unos calzoncillos o calcetines con el logotipo de su partido! Y lo mismo se diga de las señoras progres, que se ufanarán de usar bragas rojas, no solamente por el color, sino por el logotipo del partido. Y sobre todo, qué gran fuente de ingresos para los partidos: cortinas rojas con la rosa o la hoz y el martillo, o azules con la gaviota, cojines a juego, alfombras no se diga…

Quizá la oveja —perdón, votante—, después de tanta saturación, ya no pide otra cosa. Que la presentación desnuda del programa, diciendo lo que se va a hacer prescindiendo del mensaje o sin adaptarlo a lo que el rebaño quiere oír sino a lo que realmente necesita el país, ya no «vende». A falta de ideas y de público dispuesto a escuchar con paciencia, hay que machacar las pocas en que se pretende resumir el programa político. En mi modestísima opinión y pese a no coincidir ideológicamente con Julio Anguita, sí estoy de acuerdo con él en una cosa: si se siguiera el famoso «Programa, programa, programa», ello redundaría en una conciencia política más formada de los ciudadanos. Se sabría juzgar por la coherencia a los políticos, por lo menos. Pero está claro que no interesa. Y así, el rey, que hoy «es el pueblo», va desnudo políticamente hablando. Y encima, no es «conveniente» que nadie se lo diga, porque si es consciente de que va desnudo, podría acatarrarse. Y ahí sí que, como diría mi amigo Daniel, «el invento se va a la mierda».

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12 comentarios en ““Economía política”

  1. Estimado Aguador:Lúcido análisis. Sólo la descripción del posible merchandising de los partidos creo que ha sido excesiva… al menos para los que como el Felipe de Mafalda tenemos esa terrible imaginación: ¡Acebes con los calzoncillos del PP, la ViceVogue con las braguitas del PSOE… al fondo esas cortinas!Tendré que salir a airearme para ver si puedo conciliar el sueño ;-)Un saludo. Carlos56.

  2. Amigo Carlos56:

    La sola mención de la Voguemomia en paños menores ha hecho que se me ericen los cabellos que ahora mismo no tengo y los ojos empiecen a rodar un poco fuera de sus órbitas…xDDDDDDDDDD

    Saludos,
    Aguador

  3. #Amigo Cerrajero:
    Al paso que vamos, cualquier día despenalizan los delitos societarios…xDDDDDDDDDDD

    #Amigo CLD:Y por eso la izquierda, cuando ataca se refiere normalmente a otras figuras que nunca tuvieron complejo alguno en ser de derechas, como Aznar…

  4. La marca izquierda está mucho más prestigiada que la marca derecha. Ello es porque la derecha (mejor dicho, el PP) no se atreve a defender con claridad sus principios. Debería haber organizaciones civiles como en USA que defendieran los principios liberal-conservadores, ya que desde los partidos no lo hacen.

  5. Decirte que me ha gustado mucho toda la entrada, pero este apunte lo considero genial: ” Se valora (y mucho) la falta de respeto básico por el votante, por mucho que éste, como se verá, forma parte del capital del partido”Buenísima entrada.

  6. Amiga Schwan:Y lo deprimente es que ésa es una característica presente en todos los partidos…Saludos y Feliz Año Nuevo,Aguador

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Gotas que me vais dejando...

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