Quien se pica…

Ya nos maliciábamos que el pepiñazo era el pistoletazo de salida para unas malas relaciones entre P(SOE) e Iglesia. Y efectivamente, así ha sido. Los trolls que en «apostólica misión» ha mandando Pepiño del uno al otro confín de la blogosfera están de enhorabuena y machacan «alegremente» lo «cavernaria y antidemocrática» que es la Iglesia. El P(SOE), muy escocido por la multitudinaria manifestación del 30 de diciembre, publica un documento en el cual viene a decir a la Iglesia que «si no va a estar con el Gobierno, que se calle» (por lo tanto, que sólo puede hablar en favor del Gobierno).

La manifestación del 30 de diciembre tuvo un marcado carácter eclesial, por más que muchos quisieran ver en ella un carácter político. Fue una reivindicación de la familia cristiana, una institución atacada especialmente desde este desgobierno zapateril. Que se sepa —y yo particularmente, grabé la retransmisión que se hizo del acto desde Popular TV—, nadie gritó consignas contra el Gobierno. Porque no fue una manifestación contra el Gobierno. Lo que le escuece a este Gobierno anticlerical es que la Iglesia tiene mayor poder de convocatoria que el P(SOE). Ahí es donde creo que se ha de buscar la razón última de los exabruptos del pasmo de Palas do Rei, del felón Garrido y del señorito Chaves.

La desgracia de todo lo que ocurra hasta el 9 de marzo es que habrá que leer los pronunciamientos y decisiones del gobierno y del P(SOE) en clave electoral, que siempre tuerce y pervierte las palabras y las intenciones. Prometer a unos e ignorar a todos los demás. Aunque sean dos millones de personas. O aunque sólo hubiera sido un millón. Iban de fiesta, no a gritar consignas. Eso es lo que no dicen. Tampoco dicen que buena parte de la Iglesia tuvo mucho que ver en la restauración democrática, empezando por el gran papel ejercido por el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Y del papel que está llevando a cabo el conjunto de los misioneros por el mundo. Y el papel de Cáritas aquí, ocupándose de personas a las que, por la causa que sea, la «ayuda» del gobierno no llegará jamás.

¿Y cuál es la situación hoy por hoy? Desde el punto de vista general, las encuestas más serias predicen un empate técnico entre los dos grandes partidos. Asusta pensar que después de tres años de destrozos importantes en el edificio constitucional todavía haya tanta gente que prefiera votar PSOE. Y fíjese el lector que no añado «en vez del PP», porque tras el nivel de comprobación que llevamos, hasta Rosa Díez sería capaz de gobernar mejor que Z.

Sorprende más en Cataluña que el PSC se mantenga como fuerza más votada después del desastre del apagón veraniego y del AVE que «tenía que llegar el 21 de diciembre» y no sólo no llegó en esa fecha sino que ahora Z elude fijar una fecha determinada cuando se le pregunta. También habría mucho que hablar sobre el mantenimiento del oasi. Pero, sobre todo, en Cataluña el fet diferencial ha conseguido que el PP sea visto poco menos que como «el demonio», coadyuvado, cómo no, por el férreo control que ERC ejerce sobre los medios de comunicación «de la casa» (de ahí que desprendan ese pestazo progre-nacional-independentista que echa para atrás). Tal vez ese argumento explica por qué en Cataluña las cosas son diferentes.

Volviendo al pepiñazo y sus repeticiones, da risa que Pepiño acuse a la Iglesia de «antidemocrática» cuando sabemos que él, especialmente, se ha dedicado a intentar acallar las voces discrepantes con este régimen totalitario disfrazado de «demócrata». Y él, precisamente él, debería recordar que Palas do Rei está más cerca del Ferrol que Madrid o Valencia. Así le luce a Pepiño el plumero totalitario, mientras se desgañita contra la Iglesia, sólo porque es capaz de reunir más personas que el PSOE. Porque para Pepiño eso es una provocación. Como también lo es que la convocatoria lo fuera para apoyar una de las instituciones más atacadas de esta legislatura: la familia cristiana.

El Prestige queda ya muy lejos y además, un informe de una institución ajena (es decir, imparcial) a la Xunta dijo que la gestión de la crisis había sido perfecta por parte del gobierno del PP (un informe que la Xunta trató vergonzosamente de ocultar). Del 11-M ya no se puede sacar más jugo, porque ya ha recaído sentencia (no ha dejado contentos ni a tirios ni a troyanos, pero en fin, es la justicia que mandan hacer) y es impensable sacar a la gente otra vez en el mismo número que salió a la calle por aquellos entonces. ¿Qué le queda al PSOE? La Iglesia, naturalmente. Como en el año 1931. Claro que ahora no pueden incendiar iglesias, saquear conventos, violar a las monjas y asesinar a los seminaristas, porque son muy progres y muy modernitos y ya han entendido que eso quedaría muy feo… pero sí tratan de borrarla del horizonte intelectual del país. Encima, coquetean con los musulmanes, que ya sabemos es una amistad muy peligrosa. No solamente porque eso nos aleja de la Europa civilizada (centro del poder mundial), sino porque… bueno, no hay que ir muy lejos para saber qué ocurre allí donde el islam domina…

En fin. Que quien se pica, ajos come.