Inmoral

Parece ser que Pepiño no hizo caso de nuestro consejo final en el artículo que escribimos sobre su bilis. No sólo no se ha tomado grandes dosis de tila, sino que ha montado en cólera tras la nota de los obispos españoles «recomendando» no votar a quienes traten y negocien con asesinos. Veamos el texto (negrita nuestra):

8. El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo (n. 65). Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político (n. 68).

Al parecer, esto es lo que ha excitado el ore rotundo y la facundia incontinente de o pasmo de Palas do Rei. Pero por desgracia para el ínclito, la Iglesia no hace sino ponernos de cara ante una realidad: que el PSOE, avalado por los partidos que le respaldan en una especie de coalición anti-PP, negoció con los terroristas y que no hablaron precisamente del tiempo. Y que lo ha seguido haciendo. Y que Z, además, mintió cuando dijo que había cortado toda negociación con los etarras. No hay por dónde coger el argumentario socialista. Porque si —no lo hizo realmente, pero aceptemos por un momento que sí lo hiciera— el PP negoció con ETA, el hecho de que el PSOE también haya negociado con ETA debería «validar» de algún modo lo que el PP hizo antes, ¿no? Y si el PSOE critica que el PP «negociara» con ETA, por otra parte, ¿por qué negocian ellos también?

La «inmoralidad» se da por parte de quienes conceden a los terroristas la capacidad de interlocución y les convierten en «hombres de pazzzz» (anda que no se reiría Otegui cuando Z le nombró hombre de paz). La «inmoralidad» se da por parte de aquellos que «igualan el sufrimiento de las víctimas de ETA al sufrimiento de los asesinos etarras». La inmoralidad se da por parte de aquellos sacerdotes de pueblo que niegan el entierro en sagrado de las víctimas. La inmoralidad, en fin, se da por parte de aquellos que miran hacia otro lado, «recogen las nueces» y permiten que quienes no piensan como ellos tengan que abandonar su tierra so pena de exponerse a perder la vida por ejercer su libertad.

De todos modos, conviene observar que la nota no apunta a partido político alguno. «No hace falta», dirán los progres. Quizá. Cada cual entiende lo que quiera entender. Pero como dice el Apocalipsis, «el que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias». Como admonición general, nos parece correcta, por mucho que a Pepiño (y mucho nos tememos que a Setién y a Uriarte también) la nota les haya provocado un hermoso ataque de bilis.