Premio Arte y Pico

Los amigos Daniel y Martha Colmenares me han concedido el premio Arte y Pico. Claro que para premio, el que ha recibido mi amigo Hartos, que tiene la prueba documental de que Mandatela ha visitado su blog. O el premio de mi amigo Daniel: poco después de publicar un post sobre el Schindler español Telecinco emitió un reportaje sobre dicho personaje. Me come la cochina envidia xDDDD

Debo considerar a 5 bloggers para conceder el premio, así que vamos a ello.

Contando estrelas, de Elentir.

Baluarte de Occidente, de Abu-Saif Al-Andalusi.

DoceDoce, de Clausius (por cierto, genial el post sobre el vídeo de los ^^ xDDD).

Spanish Pundit, de mi amiga Lady Vorzheva

In partibus infidelium, de Crispal.

Y lo que decía yo en el agradecimiento a Daniel: a quien yo se la dé, San Pedro se la bendiga, aunque no vaya a misa. Y a Martha… bueno, qué decir de Martha: está en el corazón de todos los que formamos la red anti-ZP, no digo más.

Normas a seguir:

A) Debes elegir a 5 blogs que consideres sean merecedores de este premio por su creatividad, diseño, material interesante y aporte a la comunidad bloguera, sin importar su idioma.

B) Cada premio otorgado debe tener el nombre de su autora y el enlace a su blog para que todos lo visiten.

C) Cada premiado debe exhibir el premio y colocar el nombre y enlace al blog de la persona que la ha premiado.

D) Premiado y premiador deben exhibir el enlace de Arte y pico, para que todos sepan el origen de este premio:

http://arteypico.blogspot.com/2008/01/ha-nacido-un-nuevo-premio.html.

E) Exhibir estas reglas.

El caldito


Después de 39 días de ataques prácticamente ininterrumpidos a la Iglesia (la jerarquía sociata comprobó con horror que «la secta de la cruz» tiene más pegada y más poder de convocatoria que el «clan de la rosa»), Z ha invitado al Nuncio Apostólico a «un caldito».

Según tengo entendido, existen varias clases de caldo: de gallina, de pollo, de verduras… Se corren apuestas acerca de la variedad de caldo que Z va a servir a Su Eminencia. O tal vez sea un caldo «especial», quién sabe.

De lo que sí estamos seguros es que la Iglesia ya le ha dado dos tazas de caldo a Z y a su gobierno. Los propagandistas se esfuerzan en presentar a la Iglesia como «heredera de Torquemada» (también lo es de Fray Bartolomé de las Casas, de Francisco de Vitoria, de Teresa de Jesús o de Ignacio de Loyola, por citar solamente a los españoles; pero está claro que esto no interesa resaltarlo). La primera la recibió el 30-D, que valió a los monseñores Rouco Varela y García Gasco el apelativo de «fascistas» y de «brazo eclesiástico del PP» y algunas otras barbaridades más. La segunda, con motivo de las «orientaciones electorales», tildadas de «interferencia intolerable» y de «petición velada de voto para el PP». Sobre éstas ya hemos hablado, así que sólo recordaremos un detalle. En 2004 la Iglesia se posicionó en contra de la guerra de Irak. ¿Por qué entonces no tacharon ese posicionamiento de «intromisión intolerable»? Ningún miembro del Gobierno o del PP se rasgó públicamente las vestiduras, porque entendieron que la Iglesia, como parte de la sociedad española, tenía derecho a opinar en ese momento trascendente. Y el P(SOE), que pasa por «laico», se calló. Qué muestra de talante, oiga.

Interesante también el cabreo que han pillado los ultras rojos al ver que la selección española ganaba (en un amistoso claro, que a España los amistosos se le dan de miedo) a la francesa con los colores del Vaticano…

Nos preguntamos si el resto de esa tercera taza de caldo se la dará la Iglesia al P(SOE) el 9-M…

Una de cal y otra de arena

Que no. Vamos, que no. Que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Hay que separar las declaraciones de unos y de otros.

En primer lugar, no estoy de acuerdo con las declaraciones de Miguel Arias Cañete, que vino a decir que «desde que están los sudamericanos los camareros ya no son lo que eran». Tengo el honor de declarar que muchas veces voy a tomarme mi café y a leer mis diarios en un bar servido por dos muchachas encantadoras, Zuleika (boliviana) y Ángela (rumana) y debo decir que jamás tuve un problema con ellas porque me sirvieran tarde, mal y nunca, que es lo que parece sugerir usted con sus declaraciones. Todo lo contrario. Y le digo más: en el quiosco en el que compro mis diarios trabajan dos argentinos, Hugo y Patricia, con los que tenemos un muy buen trato y casi son como de la familia. Por no hablarle del kebab que está justo al lado de mi casa. Si yo pensara como usted, señor Cañete, llegaría a la conclusión de que sus propietarios —muchachos honrados, silenciosos y trabajadores— son en realidad peligrosos activistas camuflados de Al-Qaeda, a quienes lavaron el cerebro en una madrasa pakistaní y están practicando full-time la taqqiya. No podemos evitar que el señor Cañete eche de menos el castizo quevasé de toda la vida, pero lo que sí podemos sugerir es que un alto cargo de un partido que aspira a gobernar el país mida un poco más sus palabras y no meta a todos los extranjeros en el mismo saco. De menos hizo Dios al señor Cañete, a quien hizo de un puñete.

Ahora bien, dicho esto, también hemos de enfatizar que estamos de acuerdo con la propuesta de Mariano Rajoy de ofrecer a quienes llaman a nuestra puerta los famosos «contratos de integración». España es famosa por su hospitalidad, pero últimamente aparecen en las noticias extranjeros que no solamente no se integran, sino que vienen a dar por saco (lo podría decir menos finamente, pero para eso ya están los amigos Cerrajero o Harto, que no se andan con… rodeos, jeje).

Y estoy de acuerdo no solamente porque esa medida se aplica con éxito en países como los USA, Dinamarca, Holanda, Alemania, Inglaterra o Francia. Teniendo en cuenta que, a pesar de lo que dice Jesusito Caldera, sí hay un nexo fuerte entre delincuencia e inmigración (que se lo pregunten a José Luis Moreno o a los habitantes de las urbanizaciones de la sierra madrileña, a la familia de joyeros Tous, o hagan la encuesta en Alcorcón, por ejemplo), ¿no será de sentido común establecer algún tipo de control o condición para la estancia y/o permanencia de los extranjeros en nuestro país?

Por no hablar, claro, de algunas prácticas bárbaras que traen de sus países de origen. ¿Han oído hablar los multi-cultis de la dolorosísima ablación del clítoris, práctica corriente en algunos países africanos que, después de producida, impide a las mujeres afectadas obtener algún placer sexual en sus relaciones íntimas? ¿Han oído hablar los multi-cultis de los matrimonios concertados por los padres entre niñas y señores mayores, práctica corriente en algunos países musulmanes? ¿O son «costumbres que hay que respetar, aunque no sean las nuestras, porque ante todo somos tolerantes»? Cito estas dos de memoria, pero seguramente hay alguna otra más.

Quizá se me pueda acusar de «poco humanitario», pero yo no acepto las pateras ni los cayucos. Y no las acepto porque resulta que las pateras son lanzadas por mafias de traficantes, que a su vez aprovechan la corrupción y el «impulso» de los países «emisores». Es ahí donde hay que atacar el problema. No esperar a que venga a nuestras costas casi en plan de «aquí estoy porque he venido y tienes que socorrerme porque eres cristiano y humanitario». Y comprendo muy bien que se han jugado la vida y las mafias las tienen agarradas por donde no suena. No seré tan duro como para decir que no haya que socorrerles cuando llegan ateridos de frío y presa de la hipotermia. Claro que hay que hacerlo. Pero no es el camino. De eso estoy firmemente convencido.

Todos recordamos los incidentes de la verja de Gibraltar de 2005: los inmigrantes, pinchados y disparados por los policías marroquíes, trataban de escalar la verja y se mandó allí a la Legión… sin armas, para que hiciera el ridículo más espantoso tratando de detener la avalancha de inmigrantes. De la famosa sirga tridimensional jamás se supo (de hecho, Marruecos estaba saboteando los trabajos de construcción). En todo caso, no sé si se llegó a construir. Me da que no.

Ya sé que los multi-cultis se me echarán encima. Y que me insultarán sin oponer razonamiento alguno, como el troll ese que tuve que borrar del comentario anterior. Pero vuelvo a decir que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. A lo mejor resulta que esa permisividad de la que alardea el P(SOE) no tiene nada que ver con el hecho de que los islamistas pidan con todo descaro el voto para Z, que con tal de atacar a la Iglesia es capaz de hacerse moro él mismo. O a lo mejor sí. Eso, sin contar con otro efecto inmediato: el exceso de inmigración y los problemas derivados de ese hecho serán un lastre que tendrá que soportar Rajoy en caso de que salga éste vencedor. Muy en la tradición española de «el que venga detrás, que se j…». Pero claro, si resulta que «el conceto de eZPaña es discutible y discutido» (deleznable labor de destrucción del sentimiento de pertenencia a la nación española, que no es de ahora sino que se trata de una labor de años), todos tienen los mismos derechos sobre España. Ahora, que puestos a ello, prefiero a los italianos, descendientes de los romanos. Por lo menos, ellos sabían vivir y además, podría comer muchos spaghetti alla bolognese, que me encantan. En cambio, siempre encontré el couscous demasiado picante las veces que me lo ofrecieron.

Finalmente, el «contrato de integración» no lo han de temer quienes vengan con buenas intenciones, como asumo que lo hicieron las camareras Zuleika y Ángela, o mis amigos Hugo y Patricia. Todos ellos trabajan y ganan su pan honradamente, con el sudor de su frente. Deben temerlo quienes quieren establecerse en España porque aquí la legislación penal es extremadamente bondadosa comparada con la de sus países de origen. Ésos son quienes deben temer ese contrato. Y en ese sentido, sí aplaudo la iniciativa de Mariano Rajoy.