El gol

No crean ustedes que soy muy futbolero. Suelo echar unas risas con unos y otros forofos; pero si no he depositado mi lealtad y/o adhesión inquebrantable en ningún partido político, menos aún la depositaré en club de fútbol alguno, pues tan proclive es el mundo del fútbol como el político a crear un sentimiento religioso (lo mismo da la religión blanca que la religión blaugrana: para quienes están dentro no es necesaria explicación ninguna; y para quienes estamos fuera, ninguna explicación es posible).

Valga esta introducción levemente futbolística para «escenificar» el gol que Pepiño le ha metido a Pío García Escudero y, por ende, a Rajoy y al PP. Estamos ante el debate. El de hoy entre Pizarro y Solbes, con ser importante y ser moderado por Matías Prats, que supone garantía de imparcialidad, tendrá como tema principal la economía, de la que siempre es un peñazo hablar y en el que los analistas y expertos (con notables excepciones, como Carmen Tomás, que yo conozca), suelen acudir a términos técnicos, como demanda agregada, elasticidad de la oferta o estanflación, que dejan al respetable como un témpano antártico o le provocan un mareo estratosférico, según se mire.

Pues bien. Está claro que el debate debe ser preparado hasta en sus mínimos detalles. Empecemos por ahí. El exceso de atención a los detalles ya vicia el debate de por sí y da la impresión de que en vez de dos responsables de partido se están reuniendo dos chalanes, que en vez de discutir la celebración del debate, están discutiendo qué jaeces hay que ponerle a la burra para que parezca más vendible: las preguntas, los tiempos de respuesta, los llamados planos de atención (es decir, lo de enfocar la cara del candidato B cuando el candidato A está hablando, lo que hace que las palabras del candidato A pierdan fuerza)… En mi opinión, si hubiese buena voluntad por ambas partes no sería necesaria tanta farragosa atención al detalle; pero dado el incremento de crisp… uy, digo tensión de los últimos días y que creer que existe la buena voluntad en la política es —hoy por hoy y por desgracia— del género tonto, todo cuidado es poco.

Por eso, no se entiende que Pío García Escudero aceptase sin piarlas las condiciones de Pepiño, a pesar de que parecen una encerrona. Por de pronto, se acepta a Manuel Campo Vidal, cuya lealtad acrisolada al P(SOE) es bien probada y mejor premiada (para más información, le pregunten a Manoliyo Chaves) y se acepta también a Olga Viza, que a lo que parece, ha sido o es empleada del anterior (con lo cual su imparcialidad queda, cuando menos, en la penumbra). Asimismo, acepta Pío sin piarlas que el debate tenga lugar en la Academia de la Televisión, territorio reconocidamente rojo. Y por último, acepta Pío sin piarlas el veto socialista a Victoria Prego, rara avis del periodismo. Y digo rara avis por su independencia respecto de credo político alguno.

Los que ya tenemos alguna edad todavía recordamos su dúo informativo con Joaquín Arozamena, que hizo historia en España y se convirtió, como dicen ahora, en un fenómeno sociológico, algo que más de un plumilla lameculos del poder podría soñar siquiera. Es verdad que entonces sólo existía TVE y no había la competencia que hay ahora; pero para que dos periodistas (y de informativos, nada menos, que son casi siempre malas noticias) traspasaran entonces el ámbito estrictamente profesional y dieran el salto a la «popularidad» hacía falta mucha más profesionalidad que la que se suele exigir hoy en día. Profesionalidad que tanto ella como Arozamena demostraron sobradamente en cumplimiento de su cometido.

Retomemos el tema. Aceptando, pues, esas tres condiciones sin piarlas, Pío podría haber puesto a su jefe a los pies de los caballos. Claro que podríamos contemplar un escenario diferente. Imaginemos que Pío le haya dicho a Rajoy: «Mira, jefe: he estado hablando con Pepiño y lo único que le he podido arrancar han sido estas condiciones». Rajoy, después de un largo, meditativo y galaico silencio, le hubiera respondido: «Eshtá bien. Acepto esash condicionesh». Sigue siendo una jugada arriesgada: si «pierde», perderá toda la iniciativa que ha ganado en estas últimas semanas. Si «gana» —aunque ya se empeñarán los socialistas en que no habrá ganado aunque gane, como en la comparecencia de Z posterior al atentado de la T-4—, es posible que «se libre por los pelos». Quizá hubiera sido mejor plantarse y rechazar un debate que, al menos a priori, no cumple las necesarias garantías de imparcialidad y neutralidad, por mucho que le interese dicho debate a Rajoy.

Además, la atención mediática ha producido un efecto perverso de desviación de atención sobre el debate de hoy, que es un debate en el que muy posiblemente Manuel Pizarro salga vencedor porque el Profesor Siesta no es enemigo ni siquiera dialéctico (y práctico tampoco, puesto que Solbes no ha dirigido empresa alguna, que se sepa) para él.

Me queda una sola sospecha: ¿quién habrá aconsejado a Pío que no las píe? Como diría Roberto Alcázarhostiaspedrín….