Javierito ya ha ganado el Oscar


Supongo que voy a ejercer de español, porque no soy actor y no sabría fingir, un suponer, ser un esquimal o un bantú o un cantonés. Ejercer de español supone, muchas veces, encontrarse como aquél en la plaza de toros. Mientras el resto del tendido aplaude a rabiar la faena del diestro, hay un señor en la última fila que mueve el dedo índice y dice «¡No-se-ñor! ¡No-se-ñor!», como dando a entender que a él, Juan Español, no le engaña la supuesta maravilla de la faena.

Pues eso, que Javierito Bardem se va a casa con la preciada estatuilla. Ha estado en la Meca del cine, la fábrica de sueños, que dijo Ilya Ehrenburg, la feria de vanidades de la que Julie Christie (recordada Lara Antipova y madre de Kate Winslet en Descubriendo a Peter Pan) huyó como de la peste. Esta vez no se ha producido el curioso espectáculo de que Penélope Cruz —que a lo que parece, sí se ha acostado con todos sus pretendientes; y los de su tocaya fueron 108, nada menos…— tuviera que darle el premio a su ¿novio? y gritase histérica «¡¡Javieeeeeeeeeeeeeer!!».

No, no voy a cometer la ordinariez de decir que Bardem sea un mal actor sólo porque no coincida con mis ideas políticas. Sería no reconocer la realidad cuando le han dado un premio tan importante como el Oscar. Incluso diré que cuando le vi actuar en Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, estuvo bastante bien en su papel de Santa. Mar adentro aún no la he visto (y eso que me la regalaron), porque con toda la polvareda mediática que se levantó, quedaba en mi ánimo la sospecha de que tal vez fuese un intento de adoctrinamiento cinematográfico acerca de la eutanasia, que tomaba demasiado partido. Y aunque es materia de otro post, creo que si algo no hay que darle al Estado es poder sobre la vida y la muerte. Quizá un día de éstos me arme de valor y la vea.

Me queda una cuestión por plantear. Con el dinero que costó el modelito de mamá Bardem, ¿cuántas familias cubanas podrían comer durante un mes? Tengo entendido que muchos cubanos, de ésos a los que Javierito saca a colación para meterse en un jardín que no es el suyo, viven con 35 céntimos al día (¿te acuerdas de Mila, Javier? Puede que ella sea uno de esos cubanitos). Claro que una cosa es «ser de izquierdas» y por ello pedir que se juzgue a determinadas personas por «crímenes de guerra» (de Fidel mejor no hablar, naturalmente) y otra muy diferente son los «gastos de representación». Es decir: los que uno hace para que no le tomen por un paleto con un plátano en la boca en una feria en la que se da un premio para tener contentos a los de colonias y participen todos en el gran negocio que es el Hollywood business.

Lo dicho: felicidades al pollo. Pero que se acuerde de que está más guapo haciendo de lo suyo y nada más.