Películas que tal vez nunca se hagan

Son cosas que uno no entiende. Por ejemplo: la rutilante carrera de actor de Charlton Chuck Heston (descanse en paz), hombre educado, cortés y sencillo en su esfera privada, al parecer… y presidente de la National Riffle Association, que defiende el derecho de los estadounidenses a defender a tiros su propiedad, como si los Estados Unidos fueran todavía el Wild West que John Wayne nos mostró en esas películas llenas de indios malos malísimos y del Séptimo de Michigan…

Otra cosa hay que no entiendo, en esto del cine. Se filman biografías (ahora los llaman biopics) de muchas celebridades. Se han rodado películas y series de Churchill, Roosevelt, de Eisenhower, de Patton… Supongo que cualquier día de éstos se hará una película de Clinton y del quitamanchas que debió tener a mano en los momentos importantes. Ah, los directores estadounidenses, siempre respetuosos con sus figurones…

Hasta los alemanes se acuerdan últimamente de Hitler y han hecho películas sobre el personaje que más les ha marcado en el siglo XX. La última, Der Untergang (El hundimiento), es una gran película. El actor Bruno Ganz realizó una interpretación excelente del personaje y realmente la caracterización es muy buena. Se han hecho películas y series sobre la Shoah y de los horrores de los campos de concentración nazis: de las que recuerdo, la mejor con diferencia fue Holocausto, en la que trabajaba una joven Meryl Streep, que es una de mis actrices favoritas (excelente también Sir Ian Holm como Himmler). No menos importantes fueron Heimat o Música para sobrevivir.

No menciono a Oliver Stone y sus hagiografías de Fidel Castro y de Evo Morales: seguramente en el Hollywood progre las habrán recibido con agrado, pero no menos seguro es que a más de un emigrante cubano le habrá repateado ver cómo se glorificaba al dictador tropical.

Esto… ¿no notan la falta de alguien? Yo sí. Noto la falta esencial de películas sobre un señor llamado Iosip Vissarionovitch Dhugashvili, conocido para la historia como Stalin, «el hombre de acero». O sobre alguno de los apparatchiks del régimen comunista coetáneos con los Hitler, Himmler, Heydrich y demás patrulla nazi. No se conoce mucho sobre ellos: la izquierda intelectual occidental se ha encargado de correr un tupido velo sobre la barbarie comunista al tiempo que aireaba la de los nazis; ¿pero quién puede decir que Lavrenti Beria, jefe de la NKVD, no era tan cruel como Himmler al frente de su Gestapo? Por otro lado, ¿acaso los comunistas no deportaban a los judíos? Claro que no los gaseaban, como los nazis (naturalmente, eso era un error): los mandaban a los comandos especiales para tener la gran oportunidad de morir como héroes por el padrecito, que «había sido mágnánimo y benévolo perdonándoles su asquerosa vida y concediéndoles dicha y generosa oportunidad».

Probablemente, lo más cerca que hayamos estado de conocer la barbarie comunista ha sido gracias a la película La vida de los otros, del alemán Florian Henckel von Donnersmarck, situada además en el orwelliano 1984 (mucho me temo que no es una localización temporal inocente). Como ocurre en estos casos, muy pocos se han dado por aludidos; y personas que colaboraron con el régimen, por poco que fuese, dicen ahora que «ellos nunca fueron verdaderamente comunistas» (como antes ocurrió con los nazis). No obstante, los archivos se guardan y ahí aparecen registrados nombres y personas, lo mismo en los de la KGB que en los de la temible Stasi. Los alemanes están haciendo muy bien en mirar cara a cara a su historia, para poder aceptarla como algo que pasó y no permitir que envenene su futuro.

¿Y España? Bien, aquí el figurón histórico preferido es… Franco, como corresponde a una intelligentsia cinematográfica de izquierdas pero educada en el franquismo. El dictador ha sido y es una de sus obsesiones, de forma que le han visto desde todos los ángulos posibles. No obstante, los capitostes que llevaron a España a una guerra civil o la administraron, como Largo Caballero, Negrín… o Carrillo, están totalmente missing del cine o de la televisión. Nunca se ha hecho demasiada luz sobre ellos.

¿Por qué? Tal vez hay miedo de que el gran público, cada día un poco más ágrafo, empiece de todos modos y contra pronóstico a atar cabos sueltos entre imágenes y entonces… ¿se acabaría el chollo cultureta progre? ¿Se acabaría la hegemonía política izquierdista sustentada en el monopolio cultural progre? ¿Dejarían los titiriteros de percibir la correspondiente subvención? (no lo permita el Rey Salomón) Quién sabe. Pero por si acaso, ahí está el experimento Miénteme, con resultados al principio buenos y bajando, después de que algunos se quejaran de que «no reflejaba la represión franquista» (que la hubo, tal vez, pero nada comparable a lo que por esos tiempos ocurría en los países comunistas y que hoy conocemos), hasta convertirse en el panfleto progre que hoy es.

Cualquier día de éstos nos encontramos otro panfleto televisivo a mayor gloria de Felipe González, algo así como Los ochenta fueron nuestros (y casi los noventa). De Aznar no creo que hagan ningún panegírico porque los del PP no saben vender las cosas buenas que hicieron (creo que todavía están intentando desentrañar los significados de las palabras publicidad y propaganda) y porque entre los progres el bigotes es la bête noire, a pesar de haberse llenado los bolsillos con él y también a costa de él.

Y cualquier siglo de éstos nos enteraremos de las barbaridades del comunismo chino. Se corren apuestas: yo voto por el siglo XXV…