¿Trasva… qué?

Y no hace ni dos meses que lo dijo… y ya tenemos trasv… digoooo… “captación puntual de recursos hídricos”. Claro que si tan “puntual” es, no se monta una estructura que vale 180 millones (más otros 20 millones para tener contentos a los agricultores). Y siguiendo la máxima de Antonio Gramsci de que “la primera perversión es la del lenguaje”, vemos retorcerse a la Voguemomia cual rabo de lagartija para encontrar un término equivalente a trasvase que no contenga la palabra maldita.

Ya lo han intentado antes. Valga una enumeración somera. Así, la rendición del Estado a las pretensiones etarras se llamó (se sigue llamando aún) “proceso de paz”. La legítima defensa ante la provocación gubernamental y/o socialista se llama “crispación”. La imagen de ZP, abandonado prácticamente de todos sus colegas, se llama “breve e informal encuentro” (con la soledad, suponemos, porque los otros no le hicieron ni puñetero caso).

Pero es que hay más. Resulta que cuando hay que dar agua a otras regiones, el trasv… digooooooo… “captación puntual” es malo malísimo de toda maldad y forma parte del “expolio permanente al que Madrit somete a Cataluña”. Sin embargo, en dirección inversa, la “captación puntual” es un bien necesario que Cataluña merece por su aportación al triunfo zetapero. Pero coño, si hasta Marcelino Iglesias ha abierto la boca (él, que casi siempre la ha tenido cerrada cuando se ha tratado de ZP) y ha dicho que nombraría una comisión de expertos para estudiar si lo que se ha hecho en Cataluña es o no es “trasvase”.

Añádase un segundo agravio. Pese a que se ha vendido como trasvase “a Cataluña”, en realidad es una “captación puntual de recursos hídricos” reservada exclusivamente a Barcelona. A los agricultores leridanos o tarraconenses para quienes el agua es tan vital como para los demás, que les vayan dando. Esto es solidaridad y lo demás, puñetas y ganas de marear.

Termino con una pregunta “del millón”. Hace ya un par de años (o tres), ZP dio a la Generalitat 649 millones de euros (ahí es nada) para obras públicas, obras que ni siquiera se han empezado. No me extrañaría enterarme de que se han gastado en promoción de la lengua catalana en Baleares o Valencia. O en embajadas catalanas en Helsinki. O que se los hayan repartido como las comisiones del AVE (el mantenimiento del sacrosanto oasi necesita de estos repartos). Pero no dude nadie que nos acabaremos enterando. Vaya que sí.

Rechazado por la clase política

Artículo de Jesús Salamanca Alonso en Minuto Digital, de 5 de abril de 2008

Pintan bastos para la política exterior española. Se suele decir que «quien siembra vientos, recoge tempestades». Ahí está la imagen solitaria y abandonada del presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero; aunque su amigo José Antonio Alonso y su vicepresidenta en funciones pretendan justificar lo injustificable. El presidente en funciones, Rodríguez Zapatero, ni es querido ni es respetado, más bien es ignorado, sencillamente no es aceptado como miembro de grupo en la Cumbre de la OTAN.

Desde la cobarde retirada de las tropas españolas de Irak, Rodríguez solo cosecha desprecios, desplantes y negativas. Y si alguien quiere saber cómo se refleja en el ejército español aquella retirada, no tiene más que preguntar a quien lo sabe; pero podemos responder desde aquí: allí donde acuden las tropas españolas son recibidas con el gesto del aleteo de las gallinas y el sonido de éstas. Es una forma, como otra cualquiera, de llamar cobardes a quienes dejaron tirados a millones de iraquíes, cuando más se necesitaba la contribución del ejército español.

Nunca un presidente del Gobierno español había llevado a tanto ridículo y vergüenza al ínclito ejército español. De pena, señores. De vergüenza también. Y, sin embargo, las tropas de Afganistán nunca debieron acudir allí; pero allí están, expuestas a unos peligros que nuestras tropas en Irak tenían a más de ochocientos kilómetros.

Y digo que no debieron acudir a Afganistán por dos motivos: porque no son necesarias, además de no pintar allí nada, y porque nadie quiere cerca a las tropas españolas tras la espantada de Irak. Aquella rácana decisión de Rodríguez ha hecho que nadie se fíe de nuestras tropas y hasta en la OTAN las rehúyan los ejércitos de otros países, conscientes de que en cualquier momento les pueden «dejar con el culo al aire». Casi todos los medios de comunicación españoles han publicado la fotografía de Rodríguez solo, aburrido, abandonado, adormilado y rechazado. Lo siento como lo digo — por aquello de que es el presidente de mi país; aunque me pese –, pero recoge lo que sembró. Pero ahí no va a acabar la cosa. No olviden lo que acabo de decir, porque presenciaremos peores humillaciones.

La mofa hacia Rodríguez no se ha hecho esperar. Su reunión con George Bush se anunció inútilmente desde Moncloa, aunque siempre fue negada por la Casa Blanca. Había que llegar a esta foto que veis para que muchos ‘caigan del burro’. Hasta la propia vicepresidenta en funciones no sabía que decir el jueves, ni adónde meterse. La vicepresidencia debería saber, como decía Billy Cosby que “no todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven”. Aplíquese a Rodríguez y explíquese a ‘Maritere’.

Desde el respeto a la opinión del adversario, y convencido de que el atentado de ETA se llevó a cabo para ayudar al PSOE a ganar las elecciones, no quiero acabar esta breve reflexión sin una pregunta que me ronda la cabeza desde hace días: ¿sabrán once millones de españoles que han votado a un mostrenco? Seguramente no habrá respuesta. Y es que nuestros padres nos han enseñado a hablar, como dice el refranero, y el mundo a callar.

Comentario nuestro. El artículo del amigo Jesús Salamanca, aunque no contiene ideas «nuevas», sirve muy bien para remarcar lo que venimos diciendo desde hace tiempo en materia de Defensa. Los militares no tienen quién les defienda ni quien respete sus derechos más allá de la esfera militar; y gracias a las genialidades de Zapatero, somos el hazmerreír del mundo entero. En cuanto a la pregunta que lanza, la de los once millones, yo se la puedo contestar: sea o no sea un mostrenco, votaron para que no ganara «el otro» y, de algún modo, han dado carta blanca a éste. Y ya hemos visto lo rápido que se ha aplicado a hacer de España la primera potencia africana