Operación bikini

Ya conocen ustedes lo que significa esa expresión, sobre todo las señoras o señoritas. Hay que conseguir entrar en el bikini en el que se entraba el año pasado con más o menos comodidad. Se hacen dietas, se hace ejercicio… todo para poder lucir un dos piezas y una figura con forma de botella de Coca-cola. Para los señores es prácticamente lo mismo, aunque ciertamente, algunos lo llevamos con muchísima más calma o —para ser sinceros— resignación. Hoy en día tanta risa, conmiseración o pena causa un señor pasado de kilos como una señora en pleno desarrollo ventral (la obesidad es unisex, gracias a Dios), ya sea por la adicción a la rubia (cerveza) o al moreno (chocolate). Los paseos marítimos —entre ellos el de mi ciudad— se llenan de ciudadanos que quieren conseguir, cuando menos, que la curva de la felicidad sea un poco menos curva. Cosas de la primavera, que la sangre altera.

Este largo exordio viene a cuento de la operación bikini que al parecer está llevando a cabo el PP. No sabemos quién ha diseñado el bikini de este año al PP, pero a lo que parece es sumamente estrecho. «¡Hay que caber!», truena el jefe. Y la directiva empieza a cavilar la dieta. Hay que adelgazar. Por el momento, se han deshecho de los principios. ¿Quieren una prueba? La EpC, contra la que siempre tronó el PP, es ahora favorecida en Valencia. ¿Otra? Núñez Feijóo está tonteando con los nacionalistas. Y en Cataluña, al parecer, ninguno de los candidatos descarta pactar con los nacionalistas por aquello de que «ya nos hemos metido en la cama juntos, cariño, ¿no te acuerdas?».

Y aquí viene cuando la matan: hay que eliminar los michelines. Para caber en el nuevo bikini hay que hacer un esfuerzo y quitarse los michelines cueste lo que cueste. Por eso se han aligerado por la verdú Zaplana primero y Acebes después. Y ahora llega la eliminación (autoeliminación, cabría decir) de otro importante michelín: María San Gil. ¿Su pecado? «No haberse enterado de que el PP ha cambiado». Y sabedores de su nobleza, sus enemigos dentro del partido no se han enfrentado a ella a cara descubierta, como ella lo ha hecho siempre contra el nacionalismo. Han intentado pegarle la puñalá trapera. Y ella, harta, se ha ido. Y Rajoy, que parece que va de esfinge indiferente, la ha dejado marchar.

Mientras tanto, los funcionarios de partido que han tomado al asalto la cúpula van demostrando que en el nuevo PP lo que sobran son los principios. Vamos, que da lo mismo gritar «Viva España» que «Viva el moro Muza». Y por supuesto, la gente que los defiende. Se miran en ZP —valiente espejo— y dicen: «Los principios no sirven para llegar a la Moncloa». Y diligentemente los han mandado a tomar por el culo. Y a las personas también, claro. ¿Qué importa que cuando un tal Lassalle fuera aún un pipiolo que iba a tomar apuntes a la Universidad, María San Gil ya expusiera su vida —no su moqueta— por los principios en que creía y cree?

Ya lo dijo no hace mucho Juan Luis Cebrián: «Ha llegado la hora de reconstruir a la derecha». Dicho y hecho. A ver si el diseñador del bikini va a ser él…

Le parti c’est moi

Esto es lo que parece decir ZP en su partido. Dice que quiere reorganizarlo. A mí particularmente, palabras como «reorganización» o «reestructuración» me inspiran un saludable pavor, derivado del hecho de que siempre que se pronuncian esas palabras no menos de cien personas acaban de patitas en la calle. Dice ZP que quiere modificar a los responsables actuales territoriales por unos coordinadores, que según deduzco, serán poco menos que marionetas al dictado de la Ejecutiva Federal, o más exactamente, del sector zapaterino que ahora es dominante. Los infieles y los contraopinantes, a callar o a la calle. Hay que adorar al líder, que cada vez es más líder porque con un movimiento de su zircunfleja zeja consigue quitar el estreñimiento a sus cercanos. Pero es lo propio de los regímenes socialistas, cuyo contacto con la democracia se ha limitado a las elecciones.

Del otro lado las cosas no van mejor. Sigue la noche de los cuchillos largos, y los navajazos van y vienen. Las bajas son importantes: Zaplana, Acebes (a quienes la agit-prop zapaterista ha presentado con y sin motivo como «las dos caras del horror»), posiblemente Juan Costa… Claro que eso ya lo avisó Rajoy: «quería hacer su equipo». Mientras tanto, el marasmo ideológico en el que se mueve por ahora el PP se ha cobrado otra baja: María San Gil. Que no se va del PP, no; pero se ha desmarcado de la ponencia política. Algunos barones han apostado por «hacerse los simpáticos con el nacionalismo» (Núñez Feijoo, Sirera, González Pons) y han querido que ese detalle constara en la ponencia política en la que participaba María.

Mucho me temo que esos barones se están volviendo marxistas. Pero no marxistas de Karl, sino de Groucho. Partiendo de un análisis electoral en el que la autocrítica ha brillado por su ausencia, ahora dicen: «Tenemos estos principios. Pero si no gustan, tenemos estos otros». Es decir: al parecer, para estas personas los principios son sacrificables en aras de obtener un mayor poder. ¿Mayor poder? Bueno, en realidad obtendrían las migajas, como le pasó al PP con CiU (salvo en la etapa Vidal-Quadras, claro, ésa que Fernández quiere que olvidemos). Y hay que luchar por las migajas, no faltaba más, aunque sea a costa de los principios. Y si hay que pactar, se pacta, ¿no?

Pues miren. En primer lugar, vaya toda mi simpatía por María San Gil, que al parecer es de las pocas personas que tiene claras las ideas en cuanto a lo que es el PP, por qué y para qué existe. En su momento ya le dediqué una pequeña entrada y lo que ha ocurrido en estos días ha aumentado mi simpatía por ella. Es de agradecer y admirar que haya alguien en la política que pueda afirmar desde todo punto de vista que sus principios no están en venta. Y saber que luchará por ellos hasta entregar la vida si es preciso (en Euskadi, por desgracia, podría ocurrir).

En segundo lugar, ¿qué les pasa a determinadas gentes del PP? ¿Se han dado un golpe en la cabeza o es que sufren síndrome de Estocolmo? No hay que pactar gran cosa con los nacionalistas. Y mucho menos a costa de los principios de uno. Al nacionalismo hay que derrotarlo. No sólo electoralmente, sino ideológicamente. Hay que dar la batalla por las ideas, como decía Esperanza Aguirre, porque el vacuum ideologicum se acaba llenando de buitres y arribistas de todos los tamaños y pelajes.

Estoy seguro de que los 10 millones de votos que ha obtenido el PP (no las personas, sino el partido) no lo han sido para sugerir ahora que el PP se meta en la cama con los nacionalistas. No sé de qué podrán hablar Núñez Feijoo con Anxo Quintana; pero lo que sé seguro es que María no tiene nada que hablar con Ibarretxe o Urkullu, y mucho menos Sirera con Mas o Puigcercós. No se han ido 10 millones de votos al PP para que éste sea tomado al por trileros o políticos ful, despreciando la progresión llevada hasta ahora.

Me he desviado del tema, pero vuelvo a él. A Rajoy (y a sus cuatro muleros) le gustan tan poco los contraopinantes como a ZP. Por eso también va reestructurando y reorganizando. Quiere un partido a medida, como ZP. Pero verán la diferencia: ZP reestructura y reorganiza sin coste ideológico alguno, puesto que la ideología del partido zetapero es mantener al líder como sea en el poder y no hay más. A Rajoy la reorganización le sale más cara, porque tiene que olvidarse de algunos principios básicos, como son la idea de España unida y la igualdad de todos los españoles en todo el territorio español, entre algunos.

Malo cuando hay demasiadas similitudes entre el partido en el Gobierno y el de la oposición. Añadimos, pues, esta otra: que el PP se va convirtiendo lentamente al credo de la libertaZ y que su presidente, Mariano Rajoy, pretende convertirse en un Luis XIV de cuarta. Así que, como otras veces, permitan que dé rienda suelta a mi vena lírica y recupere una canción de Lluís Llach (aunque es obvio que él la compuso y cantó con otras motivaciones):

No era això, companys, no era això
pel que varen morir tantes flors,
pel que vàrem plorar tants anhels.
Potser cal ser valents altre cop
i dir no, amics meus, no és això.

No és això, companys, no és això,
ni paraules de pau amb garrots,
ni el comerç que es fa amb els nostres drets,
drets que són, que no fan ni desfan
nous barrots sota forma de lleis.

No és això, companys, no és això;
ens diran que ara cal esperar.
I esperem, ben segur que esperem.
És l’espera dels que no ens aturarem
fins que no calgui dir: no és això.

No es esto compañeros, no es esto
por lo que murieron tantas flores,
por lo que lloramos tantos anhelos.
Quizás debamos ser valientes de nuevo
y decir no, amigos, no es esto.

No es esto compañeros, no es esto,
ni palabras de paz con barrotes
ni el comercio que se hace con nuestros derechos,
derechos que son, que no hacen ni deshacen,
nuevos barrotes bajo forma de leyes.

No es esto, compañeros, no es esto;
nos dirán que hace falta esperar.
Y esperamos, bien es cierto que esperamos.
Es la espera de los que no nos detendremos
hasta que no sea preciso decir: no es esto.

Cerrar la boca

En esta España querida, esta España mía, esta España nuestra… ¡qué peligro tiene abrir la boca, aunque sea para contar la verdad! Es la España «de la libertaZ, de la igualdaZ», etecé, etecé; pero claro, no todo el mundo es igual. Que ya lo decía Orwell: «Todos los cerdos son iguales, pero algunos son más iguales que otros». La historia ya no es lo que era, ni probablemente lo que será. Y al igual que los gerifaltes comunistas borraron a Trotski de las fotos oficiales de la lucha «del pueblo» por traidor, ZP quiere borrar a Franco de las escuelas y —sobre todo— de las mentes, los llamados cuarenta años. Quiere que olvidemos que sus conmilitones vivieron cojonudamente contra él y que los que más se quejan de él son los que más le deben.

Antes se decía que la libertad de expresión estaba en los periódicos y en los medios de comunicación. Los socialistas, conscientes de ello, se apoderaron prácticamente de todos los medios importantes (obviamente no de El Alcázar) y estrangularon económicamente a los que se resistieron, como Ya, Diario 16 o Antena 3 de Radio. Hoy en día es difícil que en las Cartas al Director se pueda hablar de ciertos temas con demasiada claridad y había que esperar aleatoriamente a que alguien de la redacción te diera voz, pero sin mencionarte, que para eso él era el profesional aunque tú le hicieras el trabajo con tu carta. Eso, cuando no te la publicaban porque podría molestar al Gobierno de turno.

Visto que la libertaZ campaba por todos sus respetos, aparece el fenómeno blog. No dejaré de mencionar la deposición snob de Carmen Rigalt en El Mundo criticando a los blogs, diciendo algo así como que en ellos «se agazapaba lo más neocon de la política española». En realidad fue la rabieta de una niña bien al comprobar que cualquiera podía contar la realidad o hablar de lo que le pareciese incluso mejor que ella (Pedrojota sabrá lo que hace cuando la tiene en su ejército de columnistas, al igual que tiene a mi admirada Isabel San Sebastián. Pero Pedrojota es lo que tiene: una de cal y otra de arena para que nadie se cabree y para facturar, facturar, facturar).

Gran problema, ¡horror!: la blogosfera es de derechas. Se discute, se plantean cosas, la blogosfera «facha» efervesce de ideas. La blogosfera roja es inexistente o búlgara mayormente. Hay que animar el cotarro. ¿Solución? Hay que entrar en los blogs de derechas para dar la brasa, aunque sea para llamar «facha» al propietario del blog o cubrirlo de florecitas (léase «insultos»). Hay que machacar las consignas progres una y otra vez, desde distintos ángulos, pero siempre la misma idea, como recomendaba Goebbels.

Ah, pero la libertaZ no triunfa, porque en los blogs existe algo que se llama moderación de comentarios. Y así, a los simplemente insultadores y a los tenaces propagadores de consignas progres se les borran los comentarios. De poco les vale berrear «has borrado mi comentario, eres un facha de mierda», porque a fin de cuentas eso lo hace Pepiño en su blog y nadie se atreve a llamarle «fascista» y «antidemocrático».

La blogosfera de derechas sigue su marcha, no obstante, un poco menos tranquila «gracias» a los trolls. Superado ese problema y como el ejército de cyberprogrevoluntarios no es suficiente para acallar a la blogosfera «facha», hay que tomar serias medidas. Gracias a que la justicia ha contraído la enfermedad zapatera (es decir, que se aplica según a quién, según cómo y según cuándo) con carácter ya epidémico, a un etarra que publica un escrito lleno de injurias y amenazas «se le puede hacer de más y de menos».

En cambio, que Dios y todos los santos del calendario protejan a usted, Juan Español, si se le ocurre criticar, por ejemplo, la beatificación progre-izquierdista de Carlos Javier Palomino, alias el Pollo, o los bailes africanos de la Fashionaria Voguemomia. Ahora ya no se limitarán a llamarle «fascista de mierda». Ahora, además de eso, le pondrán una querella y tal vez, al final, no le quedará más remedio —como efecto secundario y «para evitarse problemas»— que cerrar su blog, que es a fin de cuentas lo que se pretende: que usted, Juan Español, deje de joder contando la verdad de las cosas y desmitificando los mitos oficiales progres. Ése es el triunfo de la libertaZ. El propio Orwell lo describe así:

«Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano.»

Y tal como van las cosas en el otro lado, mucho nos tememos que el PP se va convirtiendo lentamente al credo de la libertaZ. Como dice mi amigo Daniel, «estamos solos».

En el Día de la Libertad de Prensa

La censura forma parte de las anomalías que fueron corregidas con la democracia. Afortunadamente, vivimos en una sociedad en la que la libertad de expresión forma parte de la cotidianidad y los profesionales de la comunicación ejercen su derecho a informar a los ciudadanos de todo aquello que forma parte del interés general, bajo las normas que establece el Estado de Derecho. El libre ejercicio de informar requiere unas reglas básicas tanto por parte de quien suministra la noticia como del que la trasmite. Es decir, los periodistas deben cumplir con su obligación de recabar la información necesaria para transmitir la noticia y quienes la suministran han de permitir que se les cuestione para facilitar la claridad de lo que pretenden informar.

Últimamente, se ha convertido en práctica demasiado frecuente que dirigentes públicos convoquen a los medios de comunicación para hacer una mal denominada «declaración institucional». Le llaman así a la supuesta rueda de prensa en la que el político o personaje público se limita a transmitir lo que le parece oportuno sin permitir a los periodistas que hagan preguntas. De este modo, sólo transmiten lo que les interesa y niegan el ejercicio de la libertad de expresión implícito en una rueda de prensa, en la que el informador transmite lo que considera oportuno y los periodistas preguntan para transmitir a los ciudadanos la información de forma veraz y concreta. La frase «no se admiten preguntas» se usa últimamente con demasiada frecuencia, hasta el punto de que los directores los principales diarios, entre ellos LA RAZÓN, han firmado un manifiesto conjunto en el que reclaman las buenas prácticas periodísticas y piden que se acabe con las declaraciones sin preguntas.

Los directores, el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y el decano del Colegio de Periodistas de Cataluña advierten del riesgo para la democracia que supone el hecho de no permitir preguntar en una conferencia de prensa, acto periodístico que pierde todo el sentido cuando los informadores se reducen a meros espectadores para transmitir una información. Esta anomalía sucede, sobre todo, en el terreno político, bajo la excusa de que se expresa un posicionamiento concreto que, según ellos suponen, es el que interesa a los medios. La pasada campaña electoral ha estado plagada de supuestas «declaraciones institucionales», en las que los políticos intentaban transmitir los titulares de cada jornada sin riesgo de ser cuestionados. Esta forma de actuar no se corresponde a una democracia como la nuestra y desnaturaliza el concepto de rueda de prensa. No es necesaria la presencia de periodistas si las fuentes de información no se someten a sus preguntas. Además de dificultar el ejercicio de la profesión, los ciudadanos sólo reciben una información parcial que no ayuda, en muchos casos, a percibir la realidad objetiva.

En el Día de la Libertad de Prensa, celebrado este viernes, se ha puesto de relieve la necesidad de apostar por la información sin cortapisas ni recortes que recuerdan a la censura de épocas pasadas y que distorsionan la realidad. Los diarios españoles suman esfuerzos a favor de la libertad de expresión, del libre ejercicio de la profesión y del derecho de los ciudadanos a recibir información veraz y suficiente. Los personajes públicos deben abandonar esa mala costumbre de realizar «declaraciones institucionales», que al final son propaganda sin interés informativo. No es tanto un «derecho» de los periodistas, como el de los ciudadanos a tener toda la información.

(Editorial de La Razón de 05/05/2008)

Inviolabilidad

Cuántas veces no habremos oído que la casa —o, más exactamente, el hogar— suele estar a salvo de las miradas ajenas. Así lo certifica la expresión «lavar los trapos sucios en casa», lejos de las miradas curiosas, interesadas, malvadas o morbosas de la gente. Cada casa —cada hogar— parece ser un reducto en que frecuentemente se impone una ley que no siempre coincide con la de puertas afuera. Si alguien se atreve a mirar, decimos: «En mi casa mando yo», «en mi casa hago lo que me da la gana» y eso suele bastar para disuadir al curioso de indagar más. Marcamos todos nuestro lebensraum, en el cual nadie puede penetrar sin permiso salvo el Estado —y aún éste, a regañadientes—. Y nos despreocupamos, pues harto trabajo tenemos con llevar nuestra vida adelante.

Dicha inviolabilidad ha provocado, entre otros efectos, que la gente «se preocupe de sus asuntos» y «no se meta donde no debe». Para justificarnos, decimos: «Mientras pague su alquiler y no haga ruido, no me importa lo que haga en su casa». No importa quién sea, de dónde viene o qué hace para ganarse la vida: mientras no perturbe exteriormente la vida de los demás vecinos, a nadie le importa.

Sin embargo, la realidad no va en el mismo sentido. Aparece en los periódicos la noticia de que una persona asesina a su pareja cosiéndola a puñaladas o de cualquier otro modo que el sadismo pueda imaginar. Nos horrorizamos —reacción estereotipada—. Pero llama la atención un detalle: los reporteros y los periodistas preguntan a los vecinos. Muchos no quieren salir o siquiera dar su opinión ante las cámaras: «no es asunto suyo», «no quieren problemas». Los que sí salen suelen decir: «Sí, había frecuentes discusiones a altas horas de la noche». O tal vez: «Nunca se les oyó una palabra más alta que otra». Pero también, y más de una vez: «Se veía venir…»

La cuestión ha dado una vuelta de tuerca más con el «asunto Josef Fritzl». Obviamente, si supiéramos que en nuestro barrio se iba a instalar un pederasta padre de sus propios nietos nos opondríamos con todas nuestras fuerzas, ¿no es así? Sin embargo, en el barrio de ese hombre la clave está en que nadie conocía a nadie. Nadie hablaba con nadie. Ni siquiera su mujer parecía saber qué ocurría en el sótano. ¿Cómo iban a oponer resistencia alguna? Luego se ha sabido que Herr Fritzl hasta se fue de vacaciones a Tailandia, al parecer paraíso oficioso de la pedofilia, gracias al alto nivel adquisitivo de que gozan los ciudadanos austríacos medios.

No sé hasta qué punto una persona ajena al caso podría intervenir, por ejemplo, llamando a la policía en caso de haber discusión. El problema, sobre todo en el caso de los malos tratos, es que si estamos ante delitos perseguibles únicamente a instancia de parte, si la víctima no denuncia o perdona después de haber denunciado, los poderes públicos tienen las manos atadas. Tampoco es fácil trazar la frontera entre el mero interés, la curiosidad y el chismorreo. Pero lo que sí me parece claro es lo que decía John Donne:

Ningún hombre es en sí
equiparable a una isla;
Todo hombre es un pedazo del continente,
una parte de tierra firme.

Las otras circunstancias —el horror del encierro, la violación continuada de su hija— son añadidas para recordarnos lo lejos que puede llegar la mente enferma cuando se cree a salvo de toda vigilancia. Lo importante es que una sociedad en la que la palabra se reserva es una sociedad enferma, así sea una nación, una región, una ciudad, un barrio o una casa. El silencio puede proporcionar una apariencia de normalidad, pero nunca ser una excusa para dejar que ocurran crímenes como éstos. Y la consecuencia es que no vivimos en compartimentos estancos cuando hay alguien que está sufriendo. Somos interdependientes.

No sé qué va a decidir la justicia austríaca sobre el horrendo crimen que ha cometido este señor, que ya tiene 73 años. Pero si existe una justicia divina —como yo creo que existe—, este hombre tendrá que sufrir mucho. Por de pronto, prefiero pedir por sus hijos-nietos. Que puedan llegar a la edad adulta con la menor cantidad de secuelas posibles y que Dios y las buenas gentes los iluminen para que lleguen a ser personas de provecho para ellos mismos y para su sociedad.

Post de PEZ

Esta entrada se corresponde con el post semanal de PEZ que orgullosamente he asumido y que, como bien sabéis, consiste en denunciar un incumplimiento de nuestro querido Presidente. El tema en si es fácil, si nos ponemos creo que podríamos hacer unos cuantos libros (oye, Harto, es una opción 🙂 ) pero que a la hora de la verdad es complicado. ¿Sobre qué tema en concreto hablo? Hay tantos que no sabía por cual decantarme.

Finalmente, leyendo por encima el programa del 2004 y el del 2008 (por prescripción médica, ya que me han recomendado no leerlo mucho debido a que podría desencadenar úlcera…) y revisando hemerotecas digitales, me he decantado por algo que prometió en el año 2002 cuando aún gobernaba Aznar.

En un artículo del 18 de febrero del 2002 en el País nos encontramos con lo siguiente: El líder socialista advirtió al presidente del Gobierno, José María Aznar, de que su partido ‘impedirá el vaciado de la escuela pública’, y anunció la creación de un Ministerio para la Juventud si llega al poder. Un Ministerio para la Juventud, de carácter integral, en el que se aborde la educación, la formación, el trabajo, la vivienda, el ocio, la cultura, entre otros elementos, será una oferta electoral destacada que el PSOE realizará en la campaña para las elecciones legislativas del 2004. (…) Zapatero advirtió a Aznar que él y todo el PSOE van a oponerse radicalmente al ‘deterioro de la enseñanza pública y la segregación social desde la escuela’.

http://www.elpais.com/articulo/espana/Zapatero/compromete/crear/Ministerio/Juventud/llega/poder/elpepipor/20020218elpepinac_8/Tes

En la página 91 del programa electoral del PSOE del 2004 podemos leer: Los socialistas no sólo queremos que los jóvenes sean protagonistas del cambio con su voto, sino que, una vez gobierne el PSOE, sean protagonistas de todas las políticas de juventud.

¿Qué ministerios teníamos en la legislatura pasada? Ministerio de Juventud seguro que no. Entonces, mi querido Zapatero, lleva usted arrastrando otra mentira más desde el 2002 hasta el día de hoy.

En estas elecciones se volvió a hablar de los nuevos ministerios que iba a crear nuestro gobierno, concretamente se hablaba de: Familia, Nuevas Tecnologías, Juventud e Igualdad.

Y yo, ilusa de mí, me pregunto: ¿dónde está ese Ministerio de Juventud del que lleva hablando 6 años? Ya sé lo que pasa… resulta que, como han pasado tantos años, ya no es necesario un ministerio dedicado a tal fin. La mejoría que ha llevado a cabo en este país resulta tan clara que ahora ya no precisamos este nuevo organismo estatal: ahora encontrar trabajo digno es mucho más sencillo de lo que era antes. El acceso a una vivienda ya no perturba el sueño de los jóvenes, no hace falta esperar a los 30 para irnos de casa (es fácil encontrar ratoneras por algo menos de 1000 euros), nos ha dado ordenadores, becas para estudiar inglés de 1.600 euros…. ah no, que eso tampoco. (Llevo esperando casi un año por una “beca” que me han concedido de 200 euros….).

Sus reformas en materia de cultura nos han permitido escapar de la senda de ignorancia en la que nos adentrábamos peligrosamente.

Por el contrario, ha conseguido instaurar una nueva e importante asignatura, la educación para la ciudadanía. Gracias por intentar enseñarnos desde la cuna cuales son los ideales socialistas que debería recabar en el corazón de todos los españoles. Si me lo permite, yo de usted escogería un himno para que, los ilusionados infantes, pudiesen recordar con más facilidad todas aquellas sabias palabras que se desprenden de su gabinete.

Me parece maravilloso que critique lo que considera que está mal o que hacemos mal, para eso en el 2002 estaba usted en la oposición pero, lo que considero deplorable es que nos utilice para ganar votos a pesar de que en el 2004, aseguraba que íbamos a ser protagonistas y no sólo con nuestro voto.

También me parece vergonzoso que para evitar tragarse sus palabras nos dé un INJUVE dentro del Ministerio de Igualdad…. ¿Acaso será que tiene conciencia o que tiene miedo a que el español de a pie tenga una memoria capaz de recordar más de una legislatura?

Bien dicho esto, creo que se ve claramente su intención.

Por desgracia, los jóvenes somos más fácilmente manipulables, somos, a ojos del gobierno, pequeños imberbes. Creemos que podemos cambiar el mundo con un suspiro y usted, como se ha visto en estos años, tiene un inexplicable poder de convicción y ha convencido a muchos jóvenes, que ahora dicen ser socialistas, que lo defienden a capa y espada a pesar de su reprochable manera de gobernar.

(Ana, de http://ysinoesorotodoloquereluce.blogspot.com)