Otra vez

Hace un par de días me he enterado de que en un programa de ¿humor? de La Sexta (que algunos llaman La Secta), ha aparecido un sketch en el que un señor se confesaba de una supuesta lista de pecados con varios confesores y luego en el programa se burlaban de las diferencias de penitencias entre unos y otros confesores.

Sigue estando muy claro que en este Estado, antes conocido como España, supuestamente laico (en realidad anticatólico), no solamente sale gratis insultar y burlarse de la Iglesia Católica —al socaire, eso sí, de una supuesta «libertad de expresión»—. Es, como hemos dicho alguna vez en este blog y seguramente otros compañeros blogueros lo han expresado también, un mérito computable a la hora de recibir la correspondiente subvención o un papel protagonista en una serie o película.

En mi modestísima opinión, alguien tendría que recordar a estos individuos (por no llamarlos de otra manera, que hay un artículo del Código Penal «de la democracia», el 525, que dice así…

1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.

2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

Y tal vez habría que recordárselo a la Iglesia, para que el insulto no saliese tan gratis como hasta ahora. Que mejillas, los cristianos sólo tenemos dos.

Otra reflexión que me surge es: ¿harán lo mismo con el islamismo? ¿Se presentarán en una mezquita con la intención de hacer burla, befa, mofa y escarnio de los dogmas, creencias, ritos o ceremonias musulmanes? Tal como están las cosas, la respuesta parece bastante clara: no hay cojones, que dirían mis amigos Harto o Braincrapped. Y eso me inspira un comentario: cobardes de mierda. Porque aquí, o nos burlamos todos de todos, o nadie de nadie. Incluso en el caso de estos señores, yo propondría que la «pena de multa» a la que se refiere el citado artículo lo fuese de suspensión del programa (o de las personas que intervienen en él, para no ser tan duros).

La Iglesia tiene derecho a defenderse cuando la atacan. ¿O no? ¿Acaso no es éste un país «libre»?