No pintamos nada

Ah, ¿que no se lo creían ustedes? Bueno, pues ya está: España como nación pinta menos en el concierto de las naciones que una cagada de mosca en una ventana. Estamos metidos en una crisis de mil pares de cojones, se van a reunir los grandes y ¡qué sorpresa: ¡no nos han invitado! Bush, que será (o no) todo lo tonto que los progres dicen que es y otras presuntas maldades, ya le ha dicho que “si quieres algo, me lo haces llegar por conducto de alguno de los que esté invitado”.

Verán. No quiero ser malvado, pero yo diría que en realidad a nuestro inefable ZP Bush le ha hecho un favor. Pequeño, eso sí; pero favor al fin y al cabo. Estamos en crisis y le ha dado a entender que hay que extender eso de la cultura del ahorro. Le ha ahorrado el bochornoso espectáculo de su soledad ante todos los demás gobernantes, como ocurrió en Rumania. ¿Recuerdan la imagen de ZP, apartado del resto, pareciendo como que releía papeles, mientras los otros conversaban animadamente, como si ZP no existiese?

Pues no sólo se lo ha ahorrado a ZP, que ya no tendrá que gastarse nuestro dinero en ir a una cumbre en la que ni siquiera los rumanos le iban a dar los buenos días. También nos lo ha ahorrado a nosotros. Ahora ya sabemos que para Bush contamos lo mismo que, dicho sea con todos los respetos, Papuasia o Nueva Guinea y, ¡por Dios! (o por Jakin y por Boaz, que parece ser lo que pinta ahora), no nos tenemos que enterar por la televisión de ello (¡horror! si sales por la tele hasta el más tonto del lugar se da cuenta del asunto). O sea: nada de nada, rien de rien, nothing de nothing.

De paso, también le han ahorrado a la Fashionaria Voguemomia prolijas (y vanas) explicaciones sobre el “breve encuentro que no se llegó a producir”. Y a Moratinos. Y a Pepiño, por supuesto, aunque supongo que dirá que la culpa es de la derechona. Y lo peor es que no sé si habiendo cambio de gobierno las cosas mejorarán. Antes del 9-M tenía alguna esperanza. Hoy ya no lo sé. Parece ser que hay muchas arenas movedizas, muchos lobos en la villa y pocos corceles en las cuadras.

Pero quien no se consuela es porque no quiere. Sí, esa verdad ha rasgado cruelmente los velos de una conciencia que todavía se creía en la Europa “de la primera velocidad”. Por eso mismo les dejo con el tema de Mecano No pintamos nada, de su trabajo menos comercial, al decir de los críticos. Tengo entendido que han sacado una versión más industrial, un remix que dicen ahora, con mucha percusión y mucho ruido; pero no creo que sea necesario tanto ruido para tan pocas nueces. Ah, por cierto: de eso de las nueces hablaremos en un próximo post. Y si me olvido, les pregunten a los del PNV, que hoy acaban de recoger una buena cesta…



Martha amenazada

Está acostumbrada a recibir amenazas de su gobierno. Ese gobierno bolivariano que tiene tanto cariño a los que señalan sus fallos. Le han cerrado el blog dos veces y ella sigue, terca como una mula, por la causa de la libertad y la verdad. Y así siga por muchos años (y nosotros que lo veamos, oyes).

Pero hoy me he enterado de que alguien (presuntamente) de la ETA la ha amenazado. Si eso es verdad, los etarras ya no se contentan con amedrentar a los vascos y a los españoles. Extienden su radio de acción a quien les critica y les llama asesinos (pues eso es lo que son), esté donde esté. A lo mejor ha sido una chiquillada, como la amenaza que también un adolescente intentó con Ignacio Arsuaga; pero claro, estas cosas hay que tratarlas con la debida seriedad. Por ello, Martha ha puesto la correspondiente denuncia ante la Gendarmerie.

También hay que notar un hecho. Que en Venezuela, al parecer, hay una colonia vasca importante –lo mismo que en Idaho–. No en vano la señora Ana Sagasti fue el resultado de un caracazo. Y que también al parecer, aunque son «nacionalistas vascos» y no «proetarras», ETA no está ni mucho menos estigmatizada. Incluso es posible que el régimen bolivariano (si don Simón levantara la cabeza y viera para qué usan su memoria…) les facilite las cosas allí en Caracas.

Lo importante de todo esto es ese dicho muy español de «ladran, luego cabalgamos». Ni los presuntos luchadores de la libertad, ni los eusko-nazis, ni los cat-borregos, ni os nazis das gaitas conseguirán acallar nuestra voz. Ni en España, ni en Venezuela. Todo mi apoyo, en lo que pueda servir, para mi querida Martha.

Los detalles, aquí.

 

Vergüenza ajena

Yo creo que el bueno de mi amigo Daniel es un poco gafe. Me explico. Cada vez que él me dice «no tienes nada de qué avergonzarte como catalán» yo le creo, sinceramente; pero no pasan dos días o un breve lapso de tiempo y ya hay algo de qué avergonzarse. No recuerdo a cuenta de qué me lo comentó la primera vez; pero al cabo de una semana ocurrió lo de la vergonzosa comparecencia de Francisco Caja en el Parlament. Y digo vergonzosa no por él, puesto que le asistía el derecho de presentarse a esa noble Cámara con el aval de las correspondientes 50.000 firmas. Vergonzosa lo fue por la actitud de sus señorías, los de la ceba y los de la otra: de 135 escaños quedaron nada más que 11; e incluso, más de un señoría agarró un oportuno catarro que le impidió asistir a la sesión de marras.

Estoy seguro de que mientras escribía su penúltimo post, en el que nos cuenta que Cataluña empuja hacia Aragón, en una curiosísima inversión de la Historia, pensaba que los catalanes como yo no teníamos por qué avergonzarnos de ser catalanes. Pues otra vez va a ser que no. Este verano hemos tenido que asistir con cara impertérrita y de circunstancias a un espectáculo bastante lamentable. O sea: de cómo a un senyor llamado Joan Puig, que por su aspecto debería ponerse a la cola porque se acerca el día de San Martín, se le «ocurrió» llamar «malnacidos» a los habitantes de la por muchos títulos noble región de Extremadura. Tampoco dice mucho a favor del presunto seny català que ese señor no fuese fulminantemente relevado de todos sus cargos y expulsado a perpetuidad de su partido.

La realidad sigue siendo tozuda, amigo Daniel. Y sigo teniendo motivos para avergonzarme, aunque éstos pertenezcan a la vergüenza ajena. Otro senyor de por aquí, Salvador Sostres, se ha descolgado con lo del «genocidio de la conquista de América». Lo del senyor Puig es malo, pero es lo que tiene no tener dónde caerse muerto fuera de la política: hay que hacer méritos. Lo del senyor Sostres, en cambio, tiene más delito, porque su familia vive –y muy bien, al parecer– de personas que compran en las empresas que ésta posee y que, también al parecer, no son catalans de soca-rel, ni mucho menos, sino de todas las partes de España.

Al margen de las bajanades de estos dos clowns de cuarta, todo parece muy bien preparado. Se lanza una boutade, como esa barbaridad de los niños extremeños. Naturalmente los extremeños, insultados en su honor e indignadísimos, se acuerdan unos del padre y otros de la madre del salvaje. El Gobierno extremeño anuncia una querella contra el susodicho. De todo esto, el salvaje y quienes están detrás de él concluyen brillantemente que «En España no nos quieren porque decimos la verdad».

Lo que sigue ya lo pueden adivinar ustedes. El resto de España empieza a pensar aquello de «con estos catalanes hay que tener mano dura». Y luego esa cantinela de «España no nos quiere» sirve, por arte de birlibirloque, como argumento para colocarse en el puesto más alto del podio de la insolidaridad. «Es que nos han ofendido», «es que nos roban», «es que…». Y todo eso deriva en «es que queremos ser independientes y no nos dejan», pensamiento que no compartimos ni mucho menos la mayoría de los catalanes. Aún más les digo a ustedes: me molesta sobremanera que me echen en el mismo saco que a los nazis quatribarrats que quieren imponer una lengua y una cultura a personas que por definición son pluriculturales (dos lenguas, dos culturas).

¿Se imaginan ustedes la polvareda que levantaría una imagen que llevase como leyenda algo así como «Adopta a un catborrego y sálvalo de la ignorancia. Ellos también lo merecen»? El catborrego, claro, con la cara cuatribarrada y haciendo el gesto de gritar contra España. Les confieso que no sé hacer eso con el Photoshop, esa maravilla que lo mismo agranda las tetas sin operación (que se lo pergunten a Keira Knightley) que nos trae a un ZP con la cara descompuesta; pero seguro que habrá alguien que sí se atreva. Sin embargo, tal vez lo inteligente sea no darles pie a que saquen la cantinela de «España no nos quiere» poniéndose a su nivel y responder al insulto con la correspondiente querella.

Así que al amigo Daniel le voy a «recomendar» que no me diga que «no tengo motivos para avergonzarme de ser catalán». Yo ya sé que lo dice con toda su buena voluntad; pero es que al rato, los hechos le desmienten. O tal vez tenga razón después de todo: quizá no tengo que avergonzarme de ser catalán, sino de estar obligado a compartir mi condición de catalán con semejante gentuza. Y ya ves tú lo que son las cosas: Joe Pilla-Pilla Montilla, siendo más xarnego que yo, ha llegado a Molt Honorable. De él abajo, pues, todos.

El coñazo

Pues estamos apañados. Por si le faltaba algo, al presunto líder del PP y aún más presunta «alternativa de gobierno» no solamente le ha traicionado el micrófono, sino el inconsciente.

Decir que asistir hoy al desfile de las Fuerzas Armadas como uno de los actos de celebración de la Fiesta Nacional «es un coñazo» es indicativo de lo poco que le interesa al señor Rajoy hacer gala de su españolidad. Él, como galaico don Juan, hubiese preferido hacer la escena del sofá con su doña Elvira, en vez de aguantar el coñazo del desfile. Claro que sólo es una vez al año; pero esta vez, como llueve y hace frío, como que no es para tirar cohetes y no invita.

Y luego, mira lo que han tardado los progres en hacer leña. Ha salido como un miura Lerele Pajín a afearle la conducta. Claro que ella, como buena progre que es, no mira la viga en el propio ojo, sino la paja en el ajeno; sin embargo, aún así, tiene razón. Pero el problema no es sólo ése. El problema es que el P(SOE) posee una red de terminales mediáticas, blogueras y demás que repetirán la pifia ochocientos millones de veces. No importa que él se haya disculpado diciendo algo así como que «era un decir coloquial», un modus vulgaris dicendi; para las muchas personas que sólo se informan en la televisión, quedará dicha pifia como un baldón insalvable en la carrera de Rajoy hacia la Moncloa (que más bien parece estar pedaleando hacia atrás).

Pues nada, señor Rajoy. En estos tiempos en que parece que ser y sentirse español cotiza a la baja, si le parece un coñazo asistir a un acto en el que se celebra precisamente la Hispanidad, yo le dispenso de asistir. A usted y a todos los que, como usted, piensen que eso de homenajear a la Patria española «es un coñazo». En estos tiempos en que algunas Comunidades Autónomas se comportan como el bíblico hijo pródigo y quieren heredar a España antes de degollarla con cuchillo de matarife, no debería ser un coñazo alegrarse de que todavía existe España como tal.

Yo le voy a decir lo que es un coñazo, señor Rajoy. Es un coñazo soportar a una clase política que no ve más allá de su trasero y que ni siquiera en tiempo de crisis tiene el gesto o la decencia de bajarse sus sueldos, privilegios y gabelas varias. Es un coñazo soportar un día sí y otro también las pepiñadas de ese señor que se hace llamar vicesecretario general del P(SOE). Es un coñazo soportar a un Gobierno que se ha quedado sin ideas y que de todos sus males culpa a la oposición, como si eso fuera un argumento y la panacea para arreglar la crisis (y luego encima le piden actos de fe ilimitada; y usted firmará, que ya lo estoy temiendo). Es un coñazo oírse llamar «facha pepero» todos los días, simplemente por defender la Constitución y porque uno exhibe la bandera española constitucional en su blog. Es un coñazo discutir con los progres, a sabiendas de que tienen el rollo mejor aprendido que un vendedor de seguros y que uno no les va a convencer a pesar de que no dicen más que chorradas. Ésos son coñazos, señor Rajoy, y no la asistencia a la celebración de la Fiesta Nacional.

Y si no se ve capacitado para ejercer la representación institucional como jefe de la ¿oposición?, deje paso a otra persona que tenga menos remilgos en ser cumplida con la Patria. Y vaya haciendo las maletas para Santa Pola, que allí seguro que hace mejor tiempo que en Madrid.