El coñazo

Pues estamos apañados. Por si le faltaba algo, al presunto líder del PP y aún más presunta «alternativa de gobierno» no solamente le ha traicionado el micrófono, sino el inconsciente.

Decir que asistir hoy al desfile de las Fuerzas Armadas como uno de los actos de celebración de la Fiesta Nacional «es un coñazo» es indicativo de lo poco que le interesa al señor Rajoy hacer gala de su españolidad. Él, como galaico don Juan, hubiese preferido hacer la escena del sofá con su doña Elvira, en vez de aguantar el coñazo del desfile. Claro que sólo es una vez al año; pero esta vez, como llueve y hace frío, como que no es para tirar cohetes y no invita.

Y luego, mira lo que han tardado los progres en hacer leña. Ha salido como un miura Lerele Pajín a afearle la conducta. Claro que ella, como buena progre que es, no mira la viga en el propio ojo, sino la paja en el ajeno; sin embargo, aún así, tiene razón. Pero el problema no es sólo ése. El problema es que el P(SOE) posee una red de terminales mediáticas, blogueras y demás que repetirán la pifia ochocientos millones de veces. No importa que él se haya disculpado diciendo algo así como que «era un decir coloquial», un modus vulgaris dicendi; para las muchas personas que sólo se informan en la televisión, quedará dicha pifia como un baldón insalvable en la carrera de Rajoy hacia la Moncloa (que más bien parece estar pedaleando hacia atrás).

Pues nada, señor Rajoy. En estos tiempos en que parece que ser y sentirse español cotiza a la baja, si le parece un coñazo asistir a un acto en el que se celebra precisamente la Hispanidad, yo le dispenso de asistir. A usted y a todos los que, como usted, piensen que eso de homenajear a la Patria española «es un coñazo». En estos tiempos en que algunas Comunidades Autónomas se comportan como el bíblico hijo pródigo y quieren heredar a España antes de degollarla con cuchillo de matarife, no debería ser un coñazo alegrarse de que todavía existe España como tal.

Yo le voy a decir lo que es un coñazo, señor Rajoy. Es un coñazo soportar a una clase política que no ve más allá de su trasero y que ni siquiera en tiempo de crisis tiene el gesto o la decencia de bajarse sus sueldos, privilegios y gabelas varias. Es un coñazo soportar un día sí y otro también las pepiñadas de ese señor que se hace llamar vicesecretario general del P(SOE). Es un coñazo soportar a un Gobierno que se ha quedado sin ideas y que de todos sus males culpa a la oposición, como si eso fuera un argumento y la panacea para arreglar la crisis (y luego encima le piden actos de fe ilimitada; y usted firmará, que ya lo estoy temiendo). Es un coñazo oírse llamar «facha pepero» todos los días, simplemente por defender la Constitución y porque uno exhibe la bandera española constitucional en su blog. Es un coñazo discutir con los progres, a sabiendas de que tienen el rollo mejor aprendido que un vendedor de seguros y que uno no les va a convencer a pesar de que no dicen más que chorradas. Ésos son coñazos, señor Rajoy, y no la asistencia a la celebración de la Fiesta Nacional.

Y si no se ve capacitado para ejercer la representación institucional como jefe de la ¿oposición?, deje paso a otra persona que tenga menos remilgos en ser cumplida con la Patria. Y vaya haciendo las maletas para Santa Pola, que allí seguro que hace mejor tiempo que en Madrid.