Este PP se va a la mierda (I)

Parecía imposible, ¿verdad? Bueno, pues ésta es la conclusión a la que llego, después de un largo tiempo de recopilar impresiones, comentarios, noticias, etc. De paso, tomo prestado el título del post del rótulo que cuelga del blog de mi buen amigo Daniel (que, si las cosas van como van, se acercará bastante a la verdad).

La legislatura pasada fue la del desconcierto del PP. La presente es la de la disolución. Créanme que no entiendo al PP desde el 9 de marzo de 2008. Y sobre todo, una incógnita es la que me preocupa: ¿qué ocurrió en aquella excursión mexicana? Rajoy volvió completamente del revés… y en vez de tirar piedras en la dirección del adversario, se las tiraba a su propio tejado. Era un hecho la irresistible ascensión de Soraya Ui y de su alegre pandilla de funcionarios-as de partido, prohijados por dirigentes cuyo mayor anhelo era –es– mandar en casa de los demás, aunque no manden en la propia (es paradigmático el caso de Javier Arenas, que desde que está de presidente del PP-A no levanta cabeza).

No menos llamativas fueron las despedidas de Acebes y Zaplana, bêtes noires de la Fashionaria Voguemomia y del progrerío todo. Zaplana, a pesar de un currículum político notable (pese al fiasco de Terra Mítica en Valencia los socialistas no pudieron jamás con él, a pesar de que lo intentaron hasta con mentiras; y como ministro tampoco lo hizo tan mal como algunos especímenes ministeriales que todavía hoy padecemos) decidió primero degradarse a diputado de a pie y luego enrolarse en la empresa privada. Acebes hizo lo propio a favor de Soraya y su alegre grupito.

Pero las alarmas me saltaron cuando el PP defenestró en poco más de tres meses a María San Gil, una persona muy válida que aportaba un plus de integridad muy importante (y no andan en ese partido muy sobrados de ella), no solamente a nivel vasco sino a nivel nacional. Hubo una deleznable campaña contra ella salida de las entrañas de Génova, 13. A muchos nos dolió que un senyor llamado Lassalle soltara aquella idiotez de «¿quién es esta tía?» (habría que preguntarse quién coño es él para hablarle de esta manera a María). Luego, el portazo de Ortega Lara, cuyo valor reside en ostentar el récord de duración de secuestro (532 días) por parte de los malnacidos etarras.

Y ya lo último: que el partido antes conocido como PP se está transformando en «el ala este del PZ(OE)». No olvidemos que Rodrigo Rato era –ahora no lo sé– un hombre del bilderberg Polanco. Lo mismo que Gallardón: no hay sino recordar la prisa que se dio en dar una calle al cadáver aún caliente del amo. Ahora Rajoy no hace otra cosa que babear cada vez que ZP le lleva de paseo en avión. Cospy y los sorayos, con la bendición de Rajoy, lanzan el mensaje –inane, porque no hay una ideología firme que lo sostenga– de que «vamos a ganar las elecciones», que básicamente es de una vacuidad horrorosa y que analizaremos en un próximo post.

Ayn Rand (1905-1982)

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo; y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad esta condenada.”

Ayn Rand, La rebelión de Atlas (1950)