La que se ha liado

Ya saben ustedes que ando un poco ocupado y que por tanto, no estamos todo lo que debiéramos en el blog de nuestros amores y nuestros pecados. Pero las circunstancias exigen que uno no se calle ni permanezca impasible ante la gravedad de lo que ocurre.

De entrada, sepan ustedes que ha llegado a mi conocimiento el llamado informe Centeno, que en tres páginas pone a caldo prácticamente toda la política de ZP, económica o no. El señor Centeno es catedrático de Economía Aplicada. Vamos, que no es un mindundi de ésos que usted se puede encontrar en la blogosfera o en la prensa del movimiento, no es un marmolejo cualquiera; sabe de qué habla. Pues bien, aunque del conjunto las conclusiones que se pueden extraer ponen los pelos de punta, quisiera detenerme en dos puntos.

El primero de ellos es el paro. ZP nos dijo hace unos días que «en ningún caso llegaríamos a los 4 millones de parados». Bien. Tanto Caldera como ahora Corbacho han aplicado tippex a las estadísticas del paro y, señaladamente han dejado de contabilizar como parados a aquellos que están realizando cursos de formación ocupacional. Es decir: no son parados porque no me da la gana. Pero vamos a ver, señores: un trabajador que está realizando un curso de formación ocupacional (eso si algún partido no birla los fondos de la UE: pregúntenle a Duran i Lleida acerca del cas Pallerols), ¿acaso trabaja? No. Aprende, eso sí. Pero no trabaja. Luego entonces, si no trabaja, no cobra. Y si no cobra, no puede cotizar. Luego entonces es un parado, por mucho que Caldera y Corbacho nos quieran vestir la mona de seda. Y eso significa que, incluyendo a ese colectivo discente, el paro no sólo llega a 4 millones, sino que se sube por encima de esa cifra.

El segundo, y muy noticia en estos días, es el despilfarro del dinero público. De entrada, resulta que mantener la articulación autonómica de la soberanía (?) popular se lleva el 60% del gasto público. No soy capaz de hacer un ranking de las Comunidades Autónomas que gestionan mejor el gasto público; pero sí les voy a decir que en algunos casos, parece que alguien haya dado la orden de «al ataque»: se han lanzado a gastos absolutamente extravagantes.

De lo que conozco, que es Cataluña, les puedo decir que con lo de las ambaixades Carod y sus carótidos se están cubriendo de… gloria. Gloria que al parecer quiere imitar el alcalde Hereu, con su reedición de los Consolats de Mar (uno en Valencia y otro en ses Illes, claro). Uno puede imaginarse la cara de sorpresa de los griegos (¡joroña-que-joroña!) si los carótidos, reconvertidos en nuevos almogávares, intentaran reconstruir los ducados de Atenas y Neopatria. No es de extrañar que con tanta promoción (aunque las fotos sean de las Bahamas y no de la Costa Daurada, con un leve toque de potochof) los gastos para lo que verdaderamente importa aquí queden aplazados ad calendas graecas.

Pero está claro que los españoles (una buena parte de ellos, al menos) aplicamos inconscientemente la regla de Carmencita Calvo: el dinero público no é de nadien. Si esa gran parte de la población que no se siente afectada cuando le hablan del robo organizado del erario público considerara ese dinero como suyo propio (como efectivamente es)… a estas horas habría una revolución y los arribistas, logreros y demás fauna que vive del cuento tendrían que hacer las maletas, unos a México y otros a Perpiñán. Eso, si no los pillan y ahorcan en la plaza pública.