La guerra aún no ha terminado

Hace 70 años y un día se publicaba en el ABC este texto:

“Cuartel General del Generalísimo Estado Mayor

Parte Oficial de Guerra correspondiente al día de hoy, 1º de abril de 1939

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares.

La guerra ha terminado.

Burgos, 1º de abril de 1939. Año de la Victoria.

Firma, El Generalísimo, Franco.”

Tras este parte de guerra, el último, siguieron 40 años (38, para ser exactos) de penalidades y reconstrucciones. Penalidades y reconstrucciones que, finalmente, conformaron una nación que llamó a las puertas de la democracia.

Sin embargo, para algunos la guerra aún no ha terminado. No parece sino que están condenados a ver eternamente la película de título homónimo de Alain Resnais. La mayoría de los españoles hemos pasado página: o porque no la vivimos (en mi caso personal, pertenezco al baby-boom de los años 60 y no viví la guerra, ni la posguerra hambrienta) o porque simplemente estamos en 2009 y pilla ya muy lejos. 70 años son suficientes para que cualquier odio se haya diluido en el cansancio o en el maremágnum de la cotidianeidad. De hecho, hay incluso ejemplos de personas que lucharon en bandos contrarios y hoy tranquilamente se pueden tomar un café sin llegar a las manos, haciendo gala y ejercicio de buena amistad.

Sin embargo, para algunos la guerra nunca termina de acabar. Son como aquellos soldados japoneses que se perdieron en las Filipinas, olvidados de Dios, y 40 años más tarde todavía seguían «defendiéndose de los americanos». O quizá, siendo más malpensados, forma parte de una estrategia a varias bandas: primero, mantener vivo el «espíritu» de la guerra civil ayuda a que los españoles no se unan contra la desastrosa gestión del Gobierno, sino que se peleen entre ellos (como hacen los franceses en África). Segundo, es importante para el bando perdedor mantener la «reivindicación», al efecto de obtener contrapartidas económicas (la maltrecha economía de IU agradeció el «dinerillo» percibido a cuenta de la Ley de Memoria Histérica, lo mismo que UDC).

Pero nada de esto cambia el hecho de que quien firmó el último parte de guerra fue el general Francisco Franco y no el general José Miaja. Dejemos a los historiadores que discutan sobre las cuestiones políticas de aquella época, y a los historiadores militares que opinen sobre si Franco «fue mejor estratega que Miaja o El Campesino». Dejemos también que los familiares de los desaparecidos de ambos bandos puedan recuperar sus restos y darles la sepultura que se merecen sin convertir un asunto estrictamente privado en arma arrojadiza del politiqueo barato al que nos tienen acostumbrados nuestros políticos, hace ya demasiado tiempo.

Vano –y carísimo– es el esfuerzo de este Gobierno en intentar borrar de la Historia «los llamados 40 años». A veces da incluso la impresión de que serían capaces de provocar una guerra entre los españoles sólo para tener ocasión de ganarla.

Y me dejo para el final una pregunta: ¿Cuándo los españoles –sí, todos, aunque sea por separado, more nostra– pronunciaremos, de una puñetera vez, el responso final sobre una etapa tan oscura como la II Repúblics y un hecho tan terrible como la guerra civil?