Fianza

La fianza es esa institución procesal penal a la que muy probablemente ustedes y yo no tengamos derecho si un mal día las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado nos echan el guante. La fianza parece ser un privilegio reservado a delincuentes de altos vuelos, así que si a ustedes o a mí nos trincan, nos meten sin remisión en el maco, que dirían los habituales de ese tipo de establecimientos.

Digo esto porque, al parecer, si uno ostenta un cargo público y además tiene buenas agarraderas (los bien conocidos «amigos del alma»), no pisa el calabozo ni por casualidad. O, en el peor de los casos, pasa un par de noches para que la ciudadanía estabulada entienda que «se ha dado su merecido a los delincuentes». Tal fue el caso de los senyors Alavedra y Prenafeta, vacas sagradas (y gordas y lustrosas) del nacionalismo más ceballut. O de Bartu Muñoz, de cuyo caso nos ocupamos ya en otra entrada y que ahora, por una módica cantidad –100.000 leuros de nada– no pisará la cárcel. Fianza que, por si faltara algo, le han pagado sus amigos del alma del PSC según cuenta su abogado, el catedrático Fermín Morales Prats.

Pero en éste y en casi todos los demás casos, para los que somos legos en temas de casta, sobrevuela una pregunta: ¿dónde está el dinero robado? Es decir, a un señor le juzgan por, pongamos, malversación de caudales públicos (delito propio de los políticos y altos cargos de la Administración) y, previo el pago de una fianza, es puesto en libertad provisional porque, como establece el art. 492 LECr, la fianza se paga como medio de evitar la detención. Por eso Bartu puede celebrar las Navidades tranquilamente, como los senyors Alavedra y Prenafeta. Y del dinero nunca más se supo. Estará a buen recaudo, eso sí: en un paraíso fiscal o en manos de quien corresponda dentro de la organización beneficiaria de dicha malversación; pero ni ustedes ni yo volveremos a oler dicho dineral.

Creo sinceramente que en estos casos el Juez aprecia con demasiada ligereza la concesión de la libertad con fianza. La casta mueve los hilos para que sus recaudadores no caigan en prisión y el Juez, al final, es ese funcionario comprensivo que asegura al presunto: «Mira, me ha llamado Fulano de Tal, que es nosequénosecuántos (pez gordo, por supuesto) del partido y hemos quedado en que con una fianza arreglamos el asunto». Y tot queda a casa porque todos somos arrieros y nunca sabe uno en qué recodo del camino nos podemos volver a encontrar. Y si no, que se lo pregunten a Pascual Estevill; o también a Garzón, cuya toga está por ahora más que cuestionada.

En cambio, queridos lectores, prueben ustedes a cometer un delito medianamente parecido al que acabamos de describir. Pongamos por caso: rompan ustedes un cajero automático y llévense 500 euros. Caerá sobre ustedes todo el peso de la ley (y posiblemente, por su condición plebeya, un poco más). Seguramente les salvará que si es la primera vez que delinquen o que la pena que se les imponga sea inferior a 2 años de privación de libertad no olerán los barrotes (se les suspende la ejecución de la pena: art. 81 CP). Y la aplicación de la ley para su caso será estricta al milímetro, como no lo ha sido para estos senyors (¿dónde iríamos a parar si la justicia no funcionase para nadie?). Tendrán ustedes que devolver hasta el último céntimo de lo robado y además, pagar las costas del juicio, que todo tiene que seguir el cauce procesal adecuado.

Pero oiga, ¿y el artículo 14 de la Constitución? Bueno, este… ha sido sustituido de facto por este otro: «Todos los españoles son iguales ante la ley… pero algunos españoles son más iguales que otros». Y cabría añadir incluso que algunos españoles que no se sienten tales son también más iguales que otros.

Les confesaré algo: si yo pudiese legislar, la fianza en estos casos sería el montante de todo lo robado. Sería una medida inaudita, porque en todo lo que llevamos de dictadura parlamentaria (31 años, ni más ni menos) ningún bergante, condenado o no, ha devuelto la total cantidad de lo robado (creo que el único que devolvió algo fue Roldán, y aún ése sólo devolvió un mísero 25%). Pero tal vez contribuyese a que los políticos, ésos que dicen que «nos arreglarán nuestros problemas» (y luego arreglan el suyo y poco más), tuviesen un poco más de cuidado en administrar lo que es de todos y no del viento.

Papa, jo vull ser torero

Qué duda cabe que Albert Pla es un mostruo de la canción satírica (descanse en paz la canción protesta: sus mitos ya no tienen de qué protestar, bien porque están muertos, bien porque están bien colocados).

Así, pues, la canción que hoy les traigo viene a cuento de la última votación de un asunto superimportante en el Parlament: ¿hay que permitir las corridas de toros en Catalunya o no hay que permitirlas? El asunto se las trae, ¿a que sí? Lástima que no nombraran una comisión de estudio y pagaran unos informes que estudiasen el verdadero arraigo del festejo en la población catalana. Si pagan informes sobre el seguimiento de la almeja brillante, entre otras genialidades, qué menos que pagar por una información de mayor utilidad como ésta, ¿no? La crisis es culpa de Madrit; la culpa de que el refotendum no saliese todo lo lucido que debería haber salido –hasta el punto de que los convocantes consideraran un éxito el que votara alguien– es de los fachas, porque hicieron una rogativa para que hubiese mal tiempo, ¡por supuesto! Es decir: que en los asuntos importantes la Generalitat no puede hacer nada.

Pues nada. Els nostres polítics, decididos a matar el tiempo justificar el sueldazo, se ponen manos a la obra. Apasionadas razones a favor y en contra… hasta que al final, el Parlament aprueba debatir la decisión. A nadie se le escapa en el Principat que la única razón para prohibir las corridas de toros es política: es un festejo espanyol y eso, claro, no tiene cabida en Catalunya, como no lo tiene el castellano en la escuela (hay que barrerlo sin prisa, pero sin pausa). Todo eso que se dice del maltrato de los animales estaría muy puesto en razón… si los que defienden la supresión de las corridas la defendiesen igual en el caso de ser una tradición catalana.

El poble català es más sabio que sus gobernantes (por desgracia para ellos). Por ello, pese a que existe un conglomerado de asociaciones antitaurinas que ha ejercido su derecho a la iniciativa legislativa popular (como en su día lo ejerciera Francisco Caja, y no le hicieron ni puñetero caso) y el monstre de tres caps ha rechazado todas las enmiendas que hubieran impedido su debate, la gente sigue llenando la Monumental cada vez que viene un primer espada como José Tomás, para desesperación de los ¿ecologistas?, rabiando porque el poble català «no evoluciona» y «es tan bruto por lo menos como el espanyol».

Volviendo a la canción, ¿se imaginan el disgusto que se llevarían Pujol o Carod si alguno de sus nietos dijera esa frase maleïda? Digo nietos porque a los hijos, educados en la ortodoxia nacionalista y colegio trilingüe, como está mandado entre la burguesía catalana (la del viejo y la de nuevo cuño), ni siquiera se les ocurría tal barbaridad. Pero la segunda generación ya es otra cosa. En cualquier caso, les dejo aquí con la canción. Tengan cuidado, porque si no prestan atención, el toro nacionalista les puede

…arrencar els collons d’una cornada…

Alta traición

¿Se puede juzgar a un Gobierno saliente por alta traición? Yo creo que se debería. Por lo menos, a los gobiernos de ZP. Razón: gobernar contra los intereses de España y los españoles.

Mantengo mis dudas de que el PP-de-Rajoy llevase a cabo algo semejante si una especie de milagro colocara a Marianiño o cortiño en el sillón de Moncloa. En cualquier caso, es lo que muchos españoles desearíamos. Es decir, que la responsabilidad de un gobierno no terminara en la fosa electoral, «pelillos a la mar» (lo que en su tiempo hizo Aznar) y «pasemos página, que hay necesidades más perentorias».

Pero volviendo al gobierno zetapero, recordemos que su gobierno en la sombra ya mentía incluso antes de tomar al asalto el poder en 2004. ¿Recuerdan ustedes aquello de «los españoles nos merecemos un gobierno que no nos mienta, que nos diga siempre la verdad»? La voz engolada de Rubalcaba nos mentía desde ese mismo instante (aunque a más de uno no nos engañó totalmente). Luego, una vez instalado ZP en Moncloa vino todo rodado. Y desde entonces, los sucesivos gobiernos de ZP nos han mentido y no nos han dicho jamás la verdad. Siempre nos hemos tenido que enterar por terceros o leyendo al revés los «mensajes» del gobierno.

La última traición ha tenido lugar en el área de Exteriores. Ya éramos un país ridículo desde que ZP no se levantó en 2004 al paso de la bandera estadounidense (aquí reconoce el gobierno de ZP que la guerra de Irak era legal, por más que los voceros y agitadores de cuarta a sueldo de Ferraz dijeran otra cosa y mucha otra gente tenga aún aquella sucia mentira como verdad revelada); pero es que últimamente nos llueven los palos hasta en el DNI.

Ahora, por si nos faltaba algo, nos chulean los llanitos, los ingleses juegan al tiro al pato con nuestra bandera y Marruecos obtiene trato preferencial en la UE pasando como una apisonadora por encima de los intereses españoles a cuenta del sainete Vuelve a casa, Aminatu. Es de esperar que los progres hagan una peli de ese sainete, a la cabeza de cuyo elenco se colocará sin duda Pilarín Bardem, Juan Diego volverá a hacer de Franco (en una película progre no faltarán alusiones a lo malo malísimo que era Franco, faltaría más) y será producida por Almodólar. Aunque no la verá ni el tato fuera del círculo de íntimos, nadie perderá un céntimo porque el aborto cinematográfico será caudalosamente regado con subvenciones de la ministra Sindescargas (que incluso y como divertimento, redactará el guión).

Dedicaremos un post a hacer balance de este annus horribilis para la mayoría (no para ellos, ciertamente). Pero por ahora, de muestra tengamos este botón.

Entrevista imposible a Enano Oregón

Hola a todos,

la entrevista que podéis leer a continuación viene como respuesta a un progre impresentable, quien, como muchos otros, tiene su blog a disposición de la voluntad de nuestro desgobierno socialista. Su nombre es José A. Pérez, columnista del panfleto Público y creador del blog Mi mesa cojea.

Este graciosete de pacotilla tiene por costumbre burlarse de todo aquello que molesta a los progretas de este país: políticos de derechas dentro y fuera de España, cadenas de televisión y de radio no amigas, periodistas críticos, la iglesia católica y, en definitiva, todo aquello que incomode este pensamiento único y supuestamente “super guay y moderno” que intentan imponernos estos sinvergüenzas.

El tal José A. Pérez realiza periódicamente entrevistas ficticias, siempre en la misma línea y con la misma falta de escrúpulos. Hace un par de días realizó su hasta la fecha última entrevista. El entrevistado fue, ni más ni menos, el periodista de Telemadrid, Hermann Tertsch, víctima de una paliza hace poco. Lejos de darnos una grata sorpresa, José A. Pérez le ridiculizó vilmente, sin importarle que éste aún sigue en la cama de un hospital a causa de sus lesiones.

Por todo ello, he aquí la entrevista que debería haber publicado este desgraciado y no lo que hizo.

Kike: Buenos días.

Wyoming: ¿Pero tú quién eres? ¿De dónde eres? ¿Cuál es tu ideología? ¿En qué bando de la Guerra Civil luchó tu padre?

K: Esto… no sé a qué viene tanta pregunta, pero bueno, yo soy de Madrid y de derechas. Siento decirle que mi padre no había nacido cuando tuvo lugar la Guerra Civil. El caso es que yo le iba a realizar una entrevista para mi blog, si le parece bien…

W: O sea: un facha, ¿no? ¡Conmigo no te me andes con rodeos, que os conozco a todos! Panda de intolerantes hijos de puta. Bueno, ¿qué decías?

K: Nada, nada… Por cierto, ¿le puedo llamar José Monzón? Es que, honestamente, lo de Wyoming me parece el nombre artístico más lamentable que he oído nunca.

W: ¡Ni se te ocurra! A mi llámame por mi nombre artístico y punto. ¡Vosotros, los fachas, es que os pensáis que la libertad de expresión es ilimitada! Mira, hijo, ten cuidado que vas a acabar como Losantos.

K: ¿Se refiere a con un tiro en la pierna?

W: ¡Ya estamos otra vez con el victimismo! Tiro en la pierna, dice… ¿Y las fosas comunes con republicanos muertos durante la Guerra Civil qué? Esas son las víctimas y no el fascista, ultraconservador y talibán de Losantos. Los rojos sólo agredimos si es necesario, en una revolución popular y esas cosas.

K: Sí, claro… Bueno, sigamos. Hablando de agresiones, ¿qué opina de lo que se comenta de su supuesta culpa en la paliza que sufrió Hermann Tertsch?

W: Oye, mi secretaria ya te ha dicho antes que nada de preguntas sobre el indeseable ése.

K: ¿No te referirás a aquella que gritaste e insultaste en el plato de tu programa de La Sexta?

W: ¡Pero que eso era un montaje que le colamos a los franquistas de Intereconomía! ¡Que no te enteras, joder! Vaya idiota…

K: Tranquilo, tranquilo. Estaba de broma. Si lo sé no se lo digo. ¡Vaya humos! Pero volviendo a lo de Hermann, haga una excepción y cuénteme: ¿cuál es su opinión al respecto?

W: Lo primero y único que tengo que decir es que se cayó de un taburete y esa fue la razón de sus heridas, así que a ver si deja de llorar ya.

K: Costillas fracturadas, encharcamiento de los pulmones… ¿No le parece demasiado para un simple tropezón?

W: A mí no me lo parece. A ése le soplas y vuela de lo débil que es.

K: Eh… sí, bueno. Pero, de todas formas, ¿no cree que es de muy mal gusto hacer un video en el que atribuye palabras a una persona según las cuales el susodicho estaría dispuesto a matar inocentes?

W: Eso depende.

K: ¿De qué?

W: De si al que se lo hacen es de los nuestros o no. Y Hermann no es de los de la ceja. De hecho, es un judío nazi, ¿no lo sabías? Y a nosotros no nos gustan los judíos porque apoyamos a los terroristas de Hamás. Ni tampoco los nazis porque mataron a 10 millones de judíos.

K: ¿10 millones?

W: O más, quién sabe, una barbaridad.

K: Pero si dice que no le gustan los judíos, ¿qué más le da?

W: A ver chico, eso depende del momento de la historia. Hoy toca pensar una cosa; sin embargo, quién sabe lo que va a ocurrir mañana. Mira, por ejemplo, qué bien nos cae EEUU desde que Obama es presidente, y hace un par de años odiábamos a los americanos y toda su cultura. Y aquí seguimos…

K: Ajá. Ya veo.

W: Entiendes de qué va esto, ¿no? Luego los medios de comunicación progres ya nos encargamos de darle alguna estúpida razón a la gente para que siga votando a la izquierda.

K: Ya, ya… He de decirle que me parece repugnante.  

W: Y a mi tú y toda la escoria facha que pulula por España y no digo nada.

K: Bueno, relájese. Por cierto, ¿se ha enterado de lo que le ha ocurrido a Iñaki Gabilondo?

W: ¿A Iñaki? ¿Qué ha pasado?

K: Pues al día siguiente de lo de Tertsch, estaba en un bar tomando una copa y le han roto las piernas y la nariz, está en el hospital.

W: ¿CÓMO? Estoy seguro de que han sido unos fascistas de mierda por el único hecho de decir verdades como puños, de criticar al PP, que se lo merece, y de atizar a la Iglesia. ¿Serán hijos de puta? ¡Se van a enterar de la que vamos a armar!

K: ¡Wyoming! Que era coña, sólo quería ver su reacción.

W: ¡Manifestaciones! ¡Barricadas! ¡Vamos a barrer la ciudad de toda esta escoria! ¡Vamos a empapelar las calles con fotos de Iñaki, caceroladas frente a la sede del PP…!

K: ¡Que no ha ocurrido nada! Que me lo he inventado para ver qué decía. Ya puede parar de sulfurarse.

W: Ah, vale. ¿Por dónde íbamos?

K: Le veo un poco alterado, así que creo que ya es suficiente por hoy. Gracias por atenderme.

W: Bueno, sí, lo que tú digas ¿Y mi dinero?

K: Perdone, pero dijo que venía gratis.

W: ¿Lo dije? Ups… vaya olvidadizo que estoy hecho, je, je, je…

K: Sí, seguro, será eso. Adiós.

(visto aquí. Sin desperdicio xDDDDD)

Mafias del pinchito moruno: el CAIR investigado en los USA

(Aquí el original. Se ruega encarecidamente a los lectores que comuniquen cualquier fallo de traducción. Muchas gracias).

El Consejo para las Relaciones con los Musulmanes Americanos (CAIR en sus siglas inglesas), desde hace mucho tiempo aliado del FBI en los esfuerzos de éste por tender la mano a los musulmanes americanos, es objeto de una investigación criminal por el propio FBI. Es un esperanzador avance del sentido común en la estrategia contra el terrorismo doméstico, tras salir a la luz justo cuando parecía que el CAIR iba a obtener otra victoria en su campaña de acoso e intimidación contra cualquiera que se atreva a llamar la atención sobre la actividad yihadista en los Estados Unidos.

El CAIR –Consejo para las Relaciones con los Musulmanes Americanos–, no está acusado formalmente por un caso de financiación de terrorismo de Hamás (así lo ha denominado el Departamento de Justicia). Los representantes de CAIR se han negado repetidas veces a considerar a Hamás y a Hizbolá como grupos terroristas. Algunos antiguos funcionarios de CAIR han sido condenados por delitos relacionados con el terror yihadista. El cofundador de CAIR y durante mucho tiempo Presidente de su Consejo de Dirección (Omar Ahmad), así como su primer portavoz (Ibrahim Hooper, Ibe el Honesto), han afirmado la supremacía del Islam. A pesar de tantos indicios de que el CAIR no era precisamente un dechado de patriotismo y lealtad a los valores constitucionales, el FBI trabajó estrechamente con ellos durante años (hasta que su condición de virtual impunidad fue demasiado incluso para los políticamente correctos agentes del FBI y éste dejó de trabajar con el CAIR a finales de 2008).

Ni siquiera entonces hubo indicio alguno de que el CAIR estuviese siendo investigado. Este hecho salió a la luz a través de una serie de hechos injustificables. Un joven llamado Chris Gaubatz, haciéndose pasar por un converso al Islam con el nombre de David «Dawud» Marshall, fue contratado como interino en el CAIR en 2008, se llevó 12.000 páginas de documentos del cuartel general del CAIR e incluso cintas magnetofónicas de los funcionarios de éste.

Este material constituye la base documental del explosivo libro Muslim Mafia: Infitrados en los secretos de los bajos fondos que conspiran para islamizar América, por Chris, padre de David Gaubatz y Paul Sperry. Este libro contiene numerosas revelaciones acerca de los oscuros pactos internos del CAIR y confirma lo que los veteranos observadores del CAIR sospechaban: el CAIR es parte integrante del aparato de la Hermandad Musulmana de los USA.

Dicha Hermandad es un una organización islámica internacional, matriz tanto de Hamás como de Al-Qaeda, que se dedica, según sus propias palabras, a «una especie de gigantesca Jihad consistente en eliminar y destruir la civilización occidental desde dentro y a sabotear su miserable hogar». El libro contiene detallada información acerca de cómo el CAIR ha intentado bloquear las investigaciones antiterroristas, al tiempo que insinúa que éste se ha infiltrado en las más altas instancias de poder en Washington.

Como resultado de las revelaciones del libro, los congresistas Sue Myrick (Carolina del Norte), Trent Franks (Arizona), Paul Broun (Georgia) y John Shadegg (Arizona) han enviado una misiva al Fiscal General Eric Holder solicitando que «proporcione a todos los miembros del Congreso un resumen de las pruebas y hallazgos del Departamento de Justicia y del FBI que les llevaron a definir el CAIR como conspirador no acusado de delito de terrorismo». Holder no ha respondido públicamente, pero eso no significa de ninguna manera que el CAIR esté a salvo.

Tras el bombazo en las librerías del libro, el CAIR no negó ninguna de las acusaciones. En vez de eso, utilizó la siempre eficaz táctica de «matar al mensajero», intentando difamar a los Gaubatz y a Sperry: les acusó de «instigar al odio» y les demandó para tratar de recuperar los documentos, llegando a afirmar que el material de que disponían fue robado e incluso que Chris Gaubatz allanó su propiedad.

Un tribunal falló a favor del CAIR; pero justo cuando el CAIR iba a recuperar el control de dichos documentos, el FBI intervino en la causa a través de una orden judicial y retuvo los documentos para incorporarlos a la –hasta entonces– desconocida investigación sobre el CAIR.

Dicha investigación estaba en marcha hace ya mucho. La reputación y accesibilidad de que ha disfrutado el CAIR tanto por parte del gobierno y los organismos de orden público como por parte de los principales medios de comunicación han estado en abierta contradicción con la firme oposición del CAIR a casi cualquier medida antiterrorista adoptada después del 11-S, con la ayuda a quienes quisieron denunciar a pasajeros de líneas aéreas por informar de actividades sospechosas de musulmanes en aeropuertos y con la constante demonización de cualquiera que hable sin tapujos sobre la amenaza yihadista en los USA.

El CAIR debe ser clausurado y sus funcionarios procesados respecto de aquellas actividades que lo justifiquen. A partir de que eso ocurra, los americanos podremos convencernos de que la resistencia a la actividad yihadista en los USA está en marcha.

Los obreros pijos se van de marcha

Ayer la patética legión proporcionó un gesto de cariño al ¿gobierno? «de España». Se fueron todos (ja) a Madrid, a protestar. ¿Contra la crisis? No. Eso les hubiera obligado a protestar contra el gobienno y claro, eso no se podía. Fueron a protestar contra los empresarios, contra el «capitalismo opresor», del que ellos precisamente viven de puta madre, por cierto.

Dicho y hecho: se pusieron sus mejores galas obreras (que guardan sólo para estas ocasiones, naturalmente) y allá se fueron a la Villa y Corte. Reunidos todos, fue el momento de los «grandes discursos». Discursos de rancio olor decimonónico, que poco o nada tenían que decir a unos señores que viven a nuestras espaldas y cuya mayor lucha obrera resulta ser la de conservar sus privilegios.

He aquí uno de los principios de propaganda Goebbels (¿un nazi inspirando a los obreros pijos? Sí. Aunque es probable que lo aprendiera de los comunistas soviéticos, mucho más avanzados en eso de la agit-prop): reunir a todos los enemigos bajo un solo rótulo. El enemigo es «el empresario», sin matices. Así, un señor que se siente en el consejo de administración de un banco es un «capitalista opresor», salvo cuando se trata de alguien del PSOE (pongamos Juan Pedro Hernández Moltó, ex de Caja Castilla-La Mancha).

Y por esa misma regla de tres, «capitalista opresor» es también un autónomo que tenía un taller con no más de cinco trabajadores. Poco importa que, gracias a la «política» del ¿gobierno? de reventarlo todo, se haya visto en la necesidad de cerrar su negocio y de poner de patitas en la calle a sus trabajadores. Al parecer, eso a los «revolucionarios de ayer» no les interesa.

De las soflamas precisamente no vamos a hablar. Sí llama poderosamente la atención que un tal José Miguel Monzón Navarro, alias Dispositivo Señalador y Enano Oregón, echara una arenga a aquellos miembros y miembras de la aristocracia obrera (término que utilizo en su acepción anarquista y que procede directamente de Bakunin, nada menos). Es curioso que cuando somos unos cuantos los que pensamos que gracias a su montaje televisivo alguien pensó que era buena cosa mandar al hospital a un periodista independiente, aparezca ese señor en la manifa. Más bien parece un acto de desagravio. Pero el progrerío tiene estas cosas: la impunidad te avala cuando te dedicas a criticar a los enemigos del Régimen.

Ayer, por fin, quedó clara una cosa: la reencarnación del «sindicato vertical franquista» en sindicato vertical zapaterista. Y dentro de él, la citada aristocracia obrera, con la cual el Gobierno condesciende a pactar y negociar (incluso contra el interés de los representados) en vez de tratar directamente con la apestosa chusma. Está clarísimo: si lo hizo Franco, es malo; pero si eso mismo lo hace el PSOE (que ni es «O» ni es «E»). ¿Modos dictatoriales? ¿Suspiros de la España franquista? Desde luego que sí. Los del alto cargo franquista y padre de la Voguemomia.

Ya lo dijo Federico –y éstos lo están demostrando con creces–: el PSOE es el verdadero heredero del franquismo sociológico en lo que tuvo de peor.

Paradojas progresíes

(visto en Batiburrillo).

Los progres pueden ser cualquier cosa menos tolerantes, que es justo de lo que presumen. Es más, se muestran siempre dispuestos a legislar en contra de todo lo que no les guste, despreciando las demás opiniones e imponiendo las propias. Otra característica progre es el uso descarado del dinero público, al que siempre recurren cada vez que sus incompetentes profesiones o actividades les dejan en la miseria. Veamos unos cuantos ejemplos de comportamiento progre respecto a los conservadores, gente que, por el contrario, posee una marcada tendencia a valerse por sí misma:

-Si a un conservador no le gustan las armas, no se compra una. Si a un progre no le gustan las armas exige que se prohíban.

-Si un conservador es vegetariano, no come carne. Si un progre es vegetariano pide que sean prohibidos todos los productos cárnicos.

-Si un conservador detecta una amenaza contra su país piensa en cómo derrotar al enemigo. Un progre se pregunta cómo podría rendirse con elegancia para que se viera bien.

-Si un conservador es homosexual maneja su vida sin alboroto. Si un progre es homosexual demanda que se legisle al respecto.

-Si un negro es conservador se ve a si mismo como independiente exitoso. Sus homólogos progres, en cambio, se ven a sí mismos como víctimas necesitadas de protección gubernamental.

-Si un conservador está en bancarrota y sin trabajo piensa en cómo mejorar su situación. Un progre se pregunta quién se hará cargo de él.

-Si a un conservador no le gusta lo que se dice en un show de TV, cambia de canal. Los progres exigen que sean cerrados los shows que a ellos no les gusten.

-Si un conservador es no creyente, no asiste a la iglesia. Un progre no creyente quiere que se prohíba cualquier mención religiosa o de Dios.

-Si un conservador cree que necesita un plan de salud lo compra o busca un trabajo que lo ofrezca. Un progre exige que el resto de nosotros paguemos por el suyo.

-Si un conservador está en una tienda se resbala y cae, se levanta, ríe y se siente avergonzado. Si es un progre quien resbala y cae, se lleva las manos al cuello, comienza a lamentarse y luego pone una demanda al dueño del establecimiento por «no mantener el suelo en las debidas condiciones de adherencia pédica».

-Si un conservador lee esto lo difundirá a sus amigos para que todos tengan algo de qué reír. Un progre tratará de entrar aquí a insultar porque “ha sido ofendido”.

Maldito(s) bastardo(s)

Tranquilícense ustedes: este post no se refiere a cierta película dirigida por Quentin Tarantino. Aunque quizá aquello de lo que voy a hablar sí debería pasar únicamente en las películas y no en la realidad. Así que, sin más dilación, vamos a ello.

La noticia es que a Hermann Tertsch alguien le ha dado una paliza. Según ha contado Intereconomía, a Hermann Tertsch le han propinado una patada en la espalda que le ha roto una costilla, le ha dañado un pulmón y posiblemente le habrá añadido unos cuantos puñetazos de guarnición, que han requerido hospitalización. El pronóstico de Hermann Tertsch es ahora mismo «reservado», así que no nos queda sino rezar –los religiosos– o desearle –los no religiosos– una pronta recuperación y una estadía lo más breve posible en el hospital.

En este país es fácil meterse en problemas si: a) hurga uno donde no debe (por ejemplo, en los asuntos del Rey y de su familia) o b) se distingue en denunciar las cacicadas y desmontar los embustes de la izquierda y/o nacionalismos desgobernantes. Normalmente esos asuntos suelen terminar sin ruido: por ejemplo, si un plumilla mete las narices en los asuntos del Rey o de su familia, atendiendo a la gravedad del asunto, dicho plumilla puede darse por contento si acaba en la sección de necrológicas de un oscuro diario de provincias, por decir lo menos.

El segundo caso es significativamente distinto, sobre todo porque distintas son las consecuencias de un tal comportamiento. Pensemos por un momento en Federico Jiménez Losantos, al que un desalmado y descerebrado disparó en una pierna porque se atrevió a cuestionar el modelo catalán de inmersión lingüística puesto en práctica nada más llegar Pujol al poder. En el mismo grupo colocaré a Antonio Herrero, que falleció en extrañas circunstancias en 1998. Parece ser que practicando uno de sus deportes favoritos, el submarinismo, la botella de oxígeno  de su equipo falló misteriosamente; no obstante, yo pienso que era un hombre que se distinguió por su beligerancia (verbal, por supuesto) contra las patrañas de la izquierda, los olvidos de la derecha y la corrupción de ambas orillas, lo cual le granjeó la ojeriza del Poder (de cualquier tipo). Y ahí fue que alguien decidió que había que callarle porque estaba haciendo mucho daño a la causa.

Han pasado los años y parecía que, a pesar de lo revuelto que está el patio, los periodistas únicamente debían temer su inclusión en el supuesto a). Así, por ejemplo, tenemos en Cataluña el caso del redactor Josep Clemente, que por levantar un poco la tapa de ese wáter aquí conocido como oasi català tuvo que exiliarse nada menos que a Murcia. No sé si mediaron amenazas físicas; pero ya es bastante que en tu propia casa alguien te niegue el pan y la sal porque le has descubierto haciendo guarrerías y encima negándolo.

Pues hoy se confirma que los periodistas que luchan por dignificar la denostada profesión, que no son lameculos, ni correveidiles ni bufones del Poder, pueden ser acallados con algo más que un simple despido o acoso administrativo. Un maldito bastardo (o malditos bastardos, me da lo mismo) han decidido bien por sí mismos, bien por orden superior, que había que acallar a Hermann Tertsch. Y lo menos que se puede decir es que al menos temporalmente sí lo han conseguido.

No se puede acusar a nadie (sobre todo cuando no se tienen pruebas); pero no nos cuesta imaginar que la nómina de enemigos de Hermann Tertsch en la izquierda es lo suficientemente larga como para que un descerebrado o desalmado (o ambas cosas) propinase o ordenase propinar una paliza a Hermann Tertsch.

Y será casual o no, pero Hermann Tertsch tenía muy dicho que iba a denunciar a Gran Wyoming, que más bien debería llamarse Enano Oregón. De verdad: me gustaría que alguien me explicara dónde está la «grandeza» de un señor que, a través de un vil montaje, tilda de asesino a un periodista cuyo pecado mortal es salir en la tele no siendo progre. Y no solamente no ser progre, sino no callarse y ser muy crítico con el ¿gobierno? de ZP.

Y será también casual o no, pero Hermann Tertsch se había distinguido –y mucho– en afear a los representantes sindicales de Telemadrid las huelgas políticas que organizaron no solamente contra su programa, sino también contra el de Curry Valenzuela, la cual, al parecer hablaba demasiado alto y demasiado claro para el gusto del camarada Gómez y sus obreros especializados.

Parece, pues, que Hermann Tertsch tenía muchos números para que le ocurriese la desgracia que le ha ocurrido. Hermann Tertsch no se ha contentado con hablar de temas espinosos en tono menor y comedido, sino todo lo contrario: llamando a las cosas por su nombre. Por eso, para alguien la verdad que contaba Hermann Tertsch era intolerable y había que acallarle. Por eso, algún maldito bastardo le ha roto una costilla y agujereado un pulmón.

Repetimos nuestros deseos de que Hermann Tertsch se recupere pronto de la paliza y siga al pie del cañón. Y desear también –o mejor aún: exigir– que sobre ese maldito bastardo caiga todo el peso de la ley.

.

«Lea el artículo»

Lea el artículo, joven, y déjese de mítines. Que ya es bastante aburrido tener que oír a la muchachada recitando unos artículos más vistos que el tebeo (aunque de algunos no me acuerde y de otros no me quiera acordar). Esto se lo voy a restregar a Bono cuando vuelva del puente. Y me da igual que me ponga muchas jotas; yo es que no me voy a aguantar. ¡Me va a oír el Pepe Bono éste! Si tan católico dice que es, no le importará recibir una hostia (pero de las de verdad).

Lea el artículo, joven, y no me joda la marrana por la mañana. Los mítines se los deja usted a los políticos, que para eso somos profesionales de la cosa y usted un simple pipiolo, un mindundi, un mitja-merda y no entiende de estas cosas. Que la Constitución es una cosa muy seria y no se presta a que alguien y menos usted trate de añadir cosas que no le corresponden. La política hay que dejarla para los políticos, no para los ciudadanos. Porque si no fuera así, ¿para qué haríamos falta los políticos?

Lea el artículo, joven, y limítese a hablar del derecho de huelga de los trabajadores. Usted no es trabajador y no conoce la dura vida del sindicalista subvencionado. Es cierto que si gobernara la derechona trabajarían mucho más; ¿pero sabe usted lo que cuesta levantarse cada mañana para ganarse la subvención de cada mes? Es verdaderamente muy duro. Y claro, de vez en cuando tienen derecho a hacerse un homenaje. ¿Y qué pasa si es en un restaurante de nouvelle cuisine, donde la deconstrucción de un bistec de ternera te puede costar tranquilamente 50 euros? Trabajan mucho, se lo merecen ¡y vale ya!

Lea el artículo, joven. O le acusaré de pertenecer al pepé y no va a tener ni para pipas. En este augusto hemiciclo borderías las justas, ¿estamos? Y las únicas borderías que voy a permitir son las mías, como debe ser. Le acusaré de ser pepero y usted no podrá defenderse, porque como los del pepé ya no se defienden, le negaré ese derecho directamente. Y lo que no voy a permitir es que la realidad me estropee una jornada que ha de ser festiva y de «consexo»… digo, consenso. Si es que ya no sé ni lo que digo. ¿Ve usted lo que pasa cuando nos salimos del guión? Ahí tiene el ejemplo de la Ministra de Cultura. Nuestro bienamado presidente se ha salido del guión y ella ha quedado como un trapo sucio.

Ande, lea el artículo y no se meta en problemas. De otro modo, me acordaré de usted y tendrá noticias mías.