Los obreros pijos se van de marcha

Ayer la patética legión proporcionó un gesto de cariño al ¿gobierno? «de España». Se fueron todos (ja) a Madrid, a protestar. ¿Contra la crisis? No. Eso les hubiera obligado a protestar contra el gobienno y claro, eso no se podía. Fueron a protestar contra los empresarios, contra el «capitalismo opresor», del que ellos precisamente viven de puta madre, por cierto.

Dicho y hecho: se pusieron sus mejores galas obreras (que guardan sólo para estas ocasiones, naturalmente) y allá se fueron a la Villa y Corte. Reunidos todos, fue el momento de los «grandes discursos». Discursos de rancio olor decimonónico, que poco o nada tenían que decir a unos señores que viven a nuestras espaldas y cuya mayor lucha obrera resulta ser la de conservar sus privilegios.

He aquí uno de los principios de propaganda Goebbels (¿un nazi inspirando a los obreros pijos? Sí. Aunque es probable que lo aprendiera de los comunistas soviéticos, mucho más avanzados en eso de la agit-prop): reunir a todos los enemigos bajo un solo rótulo. El enemigo es «el empresario», sin matices. Así, un señor que se siente en el consejo de administración de un banco es un «capitalista opresor», salvo cuando se trata de alguien del PSOE (pongamos Juan Pedro Hernández Moltó, ex de Caja Castilla-La Mancha).

Y por esa misma regla de tres, «capitalista opresor» es también un autónomo que tenía un taller con no más de cinco trabajadores. Poco importa que, gracias a la «política» del ¿gobierno? de reventarlo todo, se haya visto en la necesidad de cerrar su negocio y de poner de patitas en la calle a sus trabajadores. Al parecer, eso a los «revolucionarios de ayer» no les interesa.

De las soflamas precisamente no vamos a hablar. Sí llama poderosamente la atención que un tal José Miguel Monzón Navarro, alias Dispositivo Señalador y Enano Oregón, echara una arenga a aquellos miembros y miembras de la aristocracia obrera (término que utilizo en su acepción anarquista y que procede directamente de Bakunin, nada menos). Es curioso que cuando somos unos cuantos los que pensamos que gracias a su montaje televisivo alguien pensó que era buena cosa mandar al hospital a un periodista independiente, aparezca ese señor en la manifa. Más bien parece un acto de desagravio. Pero el progrerío tiene estas cosas: la impunidad te avala cuando te dedicas a criticar a los enemigos del Régimen.

Ayer, por fin, quedó clara una cosa: la reencarnación del «sindicato vertical franquista» en sindicato vertical zapaterista. Y dentro de él, la citada aristocracia obrera, con la cual el Gobierno condesciende a pactar y negociar (incluso contra el interés de los representados) en vez de tratar directamente con la apestosa chusma. Está clarísimo: si lo hizo Franco, es malo; pero si eso mismo lo hace el PSOE (que ni es «O» ni es «E»). ¿Modos dictatoriales? ¿Suspiros de la España franquista? Desde luego que sí. Los del alto cargo franquista y padre de la Voguemomia.

Ya lo dijo Federico –y éstos lo están demostrando con creces–: el PSOE es el verdadero heredero del franquismo sociológico en lo que tuvo de peor.