No comment…

A veces, la realidad supera a la ficción

A veces, sin uno proponérselo, es la realidad la que pone las cosas en su sitio… 🙂

¡Todos a la calle!

A estas alturas de la película ya sabemos muchos que La Casta es políticamente irresponsable en ambos sentidos de la palabra: ni cuida con esmero las funciones que la Constitución y las leyes le encomiendan (se ciscan en ella todos los días y algunos días, además, varias veces) ni, al parecer, se le va a exigir cuentas de ello. Se han preocupado ya de que no sea así: o bien son todos unos, o bien esa exigencia de responsabilidad se toma como un paripé y nada más. Y si alguno tiene la desfachatez de pedir responsabilidades en serio, lo facturan a toda velocidad a su casa o a un cementerio de elefantes (Bruselas, Senado, Consejo de Estado o similares). ¿Que cómo es eso? Aplicación pura y simple del españolísimo usted no sabe quién soy yo-usted no sabe con quién esta hablando (en su versión educada, por supuesto: para algo estamos hablando de altas instituciones de la Nación).

La Casta está bien protegida. ¿Y ustedes, ciudadanos? Ustedes (y yo, naturalmente) están inermes. Si un extranjero les atraca por la calle, hay que dejarle ir porque “somos un país multicultural” y además, pobrecillo. Si es un menor, “hay que comprender que viene de una familia desestructurada y que además no ha conocido otra vida que ésa; pobrecillo“. En las escuelas hay que quitar los crucifijos “porque molestan a los musulmanes”. Ellos han logrado que en España las mujeres musulmanas puedan ir a trabajar en burka, que es humillante, ¿y nosotros tenemos que quitar crucifijos en nuestra propia casa? ¿Dónde está nuestra libertad religiosa? Y además, ¿pobrecillos de nosotros? Claro que no.

Ya saben, pues: si quieren vivir del cuento sin que les toquen las narices con exigencias de responsabilidad, háganse políticos. Eso sí: preparen su lengua (tendrán que lamer mucho) y su zona lumbar (otro tanto en bisagrazos)…

Indignación, asco y sonrojo

Eso es lo que producen las declaraciones del asesino de Paracuellos, que se va a morir de viejo y en la cama, como Franco. Pero no solamente por el contenido, que es lisa y llanamente mentira (ya saben ustedes que «la mentira es un arma revolucionaria», según Lenin, y la izquierda ha hecho un uso profuso de la misma para justificarse); también por lo que deja entrever de la repugnante persona que las ha proferido. Veámoslas:

Decir que «la derecha está como en el 36» es sencillamente mentira, a no ser que con ello se quiera decir que estaba acollonada y acomplejada, creyendo todavía en un sistema que le era letal. Hasta que una parte de esa derecha acollonada y acomplejada de entonces decidió que no quería dejarse matar ni entrar en el martirologio romano. Por eso hubo guerra civil.

Este tío se cree que somos tontos y que el único listo es él. Es la izquierda la que no ha cambiado en todos estos años. Siguen robando, como entonces. Siguen mintiendo, como entonces. Siguen provocando, como entonces. Quizá en lo que han cambiado es en que ya no matan, como entonces, ni hay checas en Madrid o Barcelona, ni el Partido Comunista (lo que queda de él) está controlado por una potencia extranjera (la URSS). De los socialistas hay más que hablar en ese aspecto, pero no es asunto de este post.

Y en cuanto a las implicaciones, Carrillo ha demostrado ser un juguete en manos de ZP, porque al parecer ahora conviene que haya tensión y ha sacado a pasear al vejestorio rojo para que diga una barbaridad. ¿El propósito? Únicamente encabronar el ambiente e impedir que los españoles nos unamos contra este Gobierno que nos está dejando en pelotas. ¿Y Rajoy? Ni está ni se le espera. Fiel a su estrategia del caracol, espera que los españoles le votemos por cansancio. Pero podría llevarse una sorpresa.

La prueba

Aquí les traigo la prueba de que los mamporreros del ¿Gobierno? socialista y demás rebaño de tontos útiles (sí, los Rubytos también) mienten cuando dicen que “El PP apoyó una guerra ilegal“. El mismo Gobierno socialista reconoce que la guerra tenía cobertura legal en tres resoluciones de la ONU. Más aún: reconoce que no fueron a tirar tiros, sino a reconstruir el país. Lean y fíjense en lo señalado en amarillo (en la memoria sobre todo: ¡toma memoria histórica!).

Carta abierta en apoyo del juez don Francisco Serrano

Ante todo, mis felicitaciones, Señoría. Felicitaciones por haber ejercido su sentido de la justicia y haber creído que en un régimen como éste que tenemos todavía se pueden decir las cosas en voz alta pese a la amenaza de represalias. Y por dar una esperanza a los ciudadanos de a pie de que todavía se puede opinar cuando algo es criticable.

Lo segundo, mostrar mi completo apoyo. También yo soy de los que cuando leyó ese aborto jurídico llamado «Ley Integral contra la Violencia de Género» dedujo que era una ley injusta porque dejaba al hombre completamente desprotegido frente a la mujer. Máxime cuando la mujer sólo podía ocupar el rol de víctima, jamás el de victimario/a, papel que estaba reservado en exclusiva al hombre, derivándose de ese principio todas las demás injusticias que propicia la ley. Con ello, la ley convierte al hombre, por el mero hecho de ser hombre, en un «cerdo machista» y a la mujer en «víctima inocente» de la «crueldad» de éste.

Por eso, lo que usted ha hecho es dar un golpe de ariete contra ese tabú hembrista. Gracias a usted, señoría, nos hemos enterado de que también hay hombres (30 durante el año pasado, para ser exactos) que mueren a manos de sus mujeres, sin que nadie se haya hecho eco de ello. Y gracias a otros juristas y jueces que han levantado la voz (no demasiado, por cierto), sabemos que hay mujeres que se aprovechan de las ventajas que les concede la ley para humillar al hombre más allá de todo punto razonable y justo.

Al hilo de lo que vamos desgranando, Señoría, quisiera comentarle que el tratamiento informativo (en la televisión) de este tipo de hechos me parece sencillamente deleznable. Probablemente existan instrucciones precisas del Ministerio de Igual-dá (como sé que existen del Ministerio de Trabajo e Inmigración desde Caldera respecto a cómo deben darse las noticias referentes a los inmigrantes) para que el tratamiento informativo sea ése y no otro. Pero el caso es que se pretende que en el cerebro de cualquier miembro del rebaño (porque para el poder no somos otra cosa que rebaño) quede sin más la idea de que «el hombre, por ser hombre, es un bestia y la pobre mujer tiene que defenderse», sin mayores matizaciones.

Dicen: «Una mujer ha sido apuñalada por su marido (o novio, o exmarido, o persona conviviente con ella). Con esto ya son x mujeres las que llevamos en lo que va de año…». Pero no dicen por qué ni dan mayores detalles del asunto (hay que dejar espacio para el fúrbo, que paga muy bien sus propias noticias). Los «detalles» irán en la resolución judicial que se dicte sobre el particular; pero ¡qué curioso!: eso ya no es noticia. Dicho tratamiento no hace sino reforzar la «compasión» hacia el «sexo legalmente débil» y la «justificación emocional» (que no racional) de las injustas medidas legales.

A mi modesto parecer, Señoría, esta ley crea otro efecto perverso: introduce la desconfianza en las relaciones personales cuando los miembros de la relación son de distinto sexo (curiosamente, la dichosa Ley no dice nada de las relaciones entre miembros del mismo sexo). Sabido es que sin confianza una relación personal no puede existir o, si existe, se va al carajo. De esta forma, poco a poco, lentamente se va desintegrando el tejido social. Se aprobó el divorcio pensando que era bueno que dos personas se separaran si su convivencia era imposible (ahora más de cuatro parejas arrojan la toalla a la primera dificultad). Se aprobó la despenalización del aborto considerando que era bueno despenalizarlo en determinados supuestos (que se han convertido en un colador).

Y si a ello añadimos las dificultades prácticas de vivir en pareja, que se concretan en una hipoteca variable o la escasa estabilidad del mundo laboral (por citar dos de ellas que ya estaban presentes antes), resulta que si antes la heroicidad era divorciarse (por el reproche social que conllevaba), hoy en día la heroicidad es formar una familia en el sentido tradicional del término. Por eso decimos que se destruye lentamente el tejido social con todo este conglomerado de medidas, siendo como es la familia parte esencial de la sociedad.

Y me despido ya, don Francisco. No le importe que las hembristas le amenacen; eso significará que va usted por el buen camino. Lamente, en todo caso, el silencio de personas que deberían hablar, sabiendo lo que saben, y callan por miedo ante la nueva y non sancta Inquisición o, como usted dice, «por oportunismo o interés puro y duro». Es muy lamentable que en nuestra sociedad se llame «héroe» al que cumple con su deber moral y ejercita sus derechos de ciudadano. Dentro de esos parámetros, sería usted un «héroe», aunque eso no cotice hoy muy al alza.

Muchas gracias, Señoría, y siga por ese camino.

Lapsus forzados

Se habrán encontrado ustedes más de una vez con que su cabeza –o su inconsciente, o su self, como dicen ahora los junguianos– les ha jugado una mala pasada: cuando han dicho algo que no querían decir y no han podido evitar decirlo aunque lo pensaban. Sería el caso reciente de Cristina Fernández de Kirchner, cuando dijo lo de «Si fuera genia, haría desaparecer…». En otro contexto y tal vez en otro país la cosa hubiese pasado sin pena ni gloria. Pero claro, si ocupas la máxima responsabilidad del país cuando en un tiempo no demasiado lejano aún las desapariciones forzadas se contaban por centenares, la cosa casi tiene delito.

Pero no les quiero hablar del país del tango, el jacarandá, el ceibo y el mate. Voy a remitirme nuevamente a nuestra querida y vapuleada patria, esa que «no se merece un gobierno que le mienta, que le diga siempre la verdad». Y concretaré más el asunto de estas líneas si les digo que pretendo preguntarme acerca de un improperio que está en boca de muchos según el giro que dé la conversación. El improperio en cuestión es «¡Facha!».

La definición de qué sea un «facha» es un tanto inconcreta. Es un improperio que normalmente escupe quien no tiene idea de lo que es. La Historia nos enseña que el vocablo «facha» es una derivación carpetovetónica de «fascia» (haces de varas), lo que nos lleva a tierras italianas y a Benito Mussolini. Si analizamos a éste y su régimen, resulta que el fascismo italiano tiene mucho más de régimen personalista que de ideología política, muchos de cuyos postulados se tomaron prestados… ¿lo adivinan ustedes? Del socialismo. Se suele decir que el fascismo italiano es «de derechas» porque Musso compartió mesa y mantel con Hitler; pero por debajo del barniz populista nos encontramos con una ideología y actuación básicamente de izquierdas, aunque odiasen al comunismo.

Y de aquí saltamos al hecho más determinante y doloroso de nuestra historia reciente. El hecho de que Mussolini ayudase a Franco en contra de los rojos españoles hizo que para la propaganda comunista de entonces –y la de ahora, por lo que se ve–, nazis, fascistas y franquistas fueran metidos en el mismo saco, a pesar de las profundas diferencias existentes entre ellos. Y, aun dentro del franquismo, tampoco era lo mismo ser falangista que carlista, por dar un ejemplo.

Salvada esta precisión histórica, vamos al lío. El uso popular y cotidiano de la palabra viene a dar una especie de impreciso significado de «autoritario» o «dictador». La cosa tiene mucha gracia cuando el improperio es proferido por alguien que se autodenomine «de izquierdas». ¿Acaso el comunismo no fue dictatorial y tiránico allí donde se estableció? ¿Acaso no fue la ideología más sanguinaria del siglo XX (aunque Paco Frutos y su sucesor, Ginesillo, no quieran reconocerlo)? Incluso ahora que estamos revolviendo en nuestra memoria histórica, aparecen las señales del que probablemente sea el Katyn español (en Toledo, concretamente). ¿Y qué decir de las checas de Madrid y Barcelona, sobre hasta las que hace poco se había tendido un espeso manto de silencio?

Algunas de las razones pueden verse aquí. Pero en cualquier caso, cuando alguien les llame «facha» ustedes, con pleno conocimiento de causa, sabrán que no es peor ser «facha» que ser «rojo»; y eso, a pesar de que el comunismo aparentemente se ha librado del estigma que acompaña al nazismo. Más bien al contrario. No caigan ustedes en la trampa de llamar «facha» a quien verdaderamente es «rojo». La peor dictadura del siglo XX (y aún de estos inicios del XXI) tiene ese color. Por más que esta izquierda jamás arrepentida lo repita 800 millones de veces. Sin embargo, el PP no aprende y cede, y cede, y vuelve a ceder. Y así les va a ellos. Y a nosotros, que somos cyber-disidentes por encima de banderías y servidumbres políticas.

La estrategia del caracol

Es el título de una película hispanoamericana de la que no recuerdo nombre y argumento, pero que tomo prestado (con permiso de la sampolit cultural Sinde) para definir la ¿estrategia de acercamiento a la Moncloa? por parte de Marianiño o cortiño.

¿Cuál es el bien más preciado del caracol? Como sabrán ustedes, es el tiempo. Tiempo que Rajoy emplea en acariciarse las galaicas barbas y en el garrotazo y tentetieso a quien se le ocurra preguntar si se va a hacer algo, qué, cómo o cuándo. Algo así como esto:

–Pero Mariano, deja de tocarte las barbas y muévete –le podría decir algún colaborador–, que con la que está cayendo un diferencial de tres puntos en las encuestas es muy poca cosa.

Mariano, presuntamente, dejaría un momento de acariciarse las barbas, dejaría de mirar un momento nas Rías Baixas y diría posiblemente esto a su colaborador:

–Mira, no tengo mucha prisha. Inclusho puedo permitirme ayudar al Gobierno en lo de la EPC, y en vez de pedir que she quite, mantenerla para losh de la ESHO.

El colaborador, sorprendido por el giro, diría:

–Mariano, a ver… ¿pero no dijiste que suprimirías la EpC cuando llegaras a la Moncloa?

–Shí, shí, dije esho… pero como faltan aún dosh añosh para lash elecciones, de aquí a entoncesh puedo rectificar, shegún vayan lash encueshtash de Arriola.

El colaborador, desesperado pero no resignado, insiste:

–Pues creo que esos vaivenes no ayudarán en absoluto a tu credibilidad. Y lo que no entiendo es cómo crees a Arriola si ya te ha llevado dos veces al huerto.

Marianiño o cortiño se impacienta:

–Mira, eshtoy hasta la p… de que me lleven la contraria, empezando por Eshperancita, que shiempre eshtá dando ejemplo. Ashí que o te metesh en tu deshpacho y te ocupash de tush ashuntosh o… –Rajoy duda un momento– o… te mando al Partido Liberal.

El colaborador, que no es tonto y no quiere aguantar una bronca del jefe, hace mutis por el foro y piensa «¡Señor, sí, señor!». Rajoy vuelve a quedarse absorto acariciándose las barbas y mirando en dirección nas Rías Baixas.

¿Y cuál es la estrategia del caracol? Como queda claro, está basada en el tiempo. Al parecer, Rajoy tiene todo el tiempo del mundo para dejar que ZP se cueza en su propia salsa, que vaya cometiendo errores. Parece que Rajoy entiende que no debe coger el poder demasiado pronto, no sea que la magnitud del desastre económico se lo trague también antes de haber podido hacer algo por arreglarlo. La pregunta que yo me hago, no obstante, es la siguiente: ¿puede España esperar el mismo tiempo que Rajoy? Si un partido se va a la eme, hasta se puede refundar, como le pasó al PP. Pero una nación no puede irse a la eme y mucho menos por cálculo político. Me pregunto cuántas personas será necesario que estén en la eme para que Rajoy crea llegado el momento de hacer algo.