Indignación, asco y sonrojo

Eso es lo que producen las declaraciones del asesino de Paracuellos, que se va a morir de viejo y en la cama, como Franco. Pero no solamente por el contenido, que es lisa y llanamente mentira (ya saben ustedes que «la mentira es un arma revolucionaria», según Lenin, y la izquierda ha hecho un uso profuso de la misma para justificarse); también por lo que deja entrever de la repugnante persona que las ha proferido. Veámoslas:

Decir que «la derecha está como en el 36» es sencillamente mentira, a no ser que con ello se quiera decir que estaba acollonada y acomplejada, creyendo todavía en un sistema que le era letal. Hasta que una parte de esa derecha acollonada y acomplejada de entonces decidió que no quería dejarse matar ni entrar en el martirologio romano. Por eso hubo guerra civil.

Este tío se cree que somos tontos y que el único listo es él. Es la izquierda la que no ha cambiado en todos estos años. Siguen robando, como entonces. Siguen mintiendo, como entonces. Siguen provocando, como entonces. Quizá en lo que han cambiado es en que ya no matan, como entonces, ni hay checas en Madrid o Barcelona, ni el Partido Comunista (lo que queda de él) está controlado por una potencia extranjera (la URSS). De los socialistas hay más que hablar en ese aspecto, pero no es asunto de este post.

Y en cuanto a las implicaciones, Carrillo ha demostrado ser un juguete en manos de ZP, porque al parecer ahora conviene que haya tensión y ha sacado a pasear al vejestorio rojo para que diga una barbaridad. ¿El propósito? Únicamente encabronar el ambiente e impedir que los españoles nos unamos contra este Gobierno que nos está dejando en pelotas. ¿Y Rajoy? Ni está ni se le espera. Fiel a su estrategia del caracol, espera que los españoles le votemos por cansancio. Pero podría llevarse una sorpresa.