Maño, cómo está el patio…

¡Cómo está el patio, mañicoooooooooo!

El PP es un experto reconocido en darse patadas en su propio culo (“dije culo, hijo mío, dije culo“). No tanto por el desliz de Esperanza Aguirre, que sólo por habérsele escapado un taco a micrófono que ella creía cerrado a Lerele Pajín le ha faltado tiempo para pontificar (con lo mucho que ella tiene que aprender de Esperanza). Más bien por otros detalles que dicen poco o muy poco de la política española en general y del PP en particular (en el caso concreto que trataremos aquí).

La última víctima del modus hispanicus de hacer política -que hasta ahora ha sido modus tollens– ha sido don Manuel Pizarro. Hombre brillante, fue fichado por Rajoy para la campaña de las últimas generales. El punto por el que muchos lo recordamos, sin duda, fue el famoso -y en algunos momentos plúmbeo para los profanos en economía, como un servidor de ustedes- debate económico entre él y Solbes. Éste ni siquiera se molestó en disimular que mentía como un bellaco y a todo lo que anunciaba Pizarro decía que nones. Sin embargo, el vencedor moral de dicho debate fue a medio plazo Pizarro, porque todo lo que dijo que ocurriría ocurrió para nuestra desgracia.

Y ahora, después de un año de grisura política, don Manuel decide que se va “por razones personales”. A nuestro modo de ver, hay una razón fundamental para esa marcha: el hecho de que, como denunciaba Florentino Portero en el digital lanacion.es, es el partido de los funcionarios. Veamos el fragmento concreto:

-¿De quién se rodea el PP?
-De los altos cuerpos de la Administración. El PP es el partido de los funcionarios.

-Y eso le hace saber mucho de…
-Leyes y procedimientos administrativos.

-¿Sólo con eso se ganan unas elecciones?
-En el PP siguen pensando que para vencer basta apelar al sentido común y al bolsillo de los españoles. Y basar su política en eso equivale a un suicidio colectivo.

-¿Qué tiene que hacer el PP para salvarse?
-Dejar de dar la espalda a las técnicas de la mercadotecnia, instalar en la calle Génova un equipo de profesionales de la comunicación (no de la política), contar con gente del mundo de la empresa.

-Ya tienen a Pizarro.
-El suyo fue un fichaje de última hora que no ha dado buen resultado: no sabe de política.

Quizá don Florentino tenga razón y don Manuel no sepa de política. Es aragonés y no se siente cómodo con los actuales melindres galaicos de la dirección del PP. Los aragoneses son gente recia y nada adicta al depende, que parece ser lo que prima ahora. Ahí están, sin ir más lejos, Luisa Fernanda Rudí… y Federico Jiménez Losantos (todavía no han podido callarle, a pesar de que Mariano fue uno de los causantes de su salida de la COPE), que ahora, además, se ha ganado el calificativo de “hijo de p…” adjudicado por un grupo de Facebook (imagino que de komsomols de pa amb tomàquet).

Pero hay otra razón fundamental, que viene de la propia dinámica del funcionariado: sabido es que si alguien entra a prestar servicios en un órgano de la Administración, deberá acomodar el ritmo de trabajo a la media del resto de funcionarios que trabajan con él, para él o por encima de él. En el momento que el “nuevo” obvia las leyes no escritas del grupo, decide guiarse por criterios de excelencia y destacar, todos los demás se le echan encima: ¿cómo se atreve a ponerles en evidencia? Y así el nuevo es apartado, relegado, ignorado, ninguneado (espero que no se enfade el señor Lázaro Carreter por el uso de este vocablo) y destinado a un puesto sin brillo o en el cual no puede desarrollar adecuadamente una carrera política.

No menos importante es que dentro de los que se le echan encima hay rivales directos para algún puesto que él pudiera haber ocupado en un futuro (pongamos por caso, Ministro de Economía, que es lo suyo) o en un presente (portavoz de Economía o de Comericio, que es lo suyo también). Rivales bien relacionados con la dirección y conocedores todos de las maniobras orquestales en la oscuridad necesarias para eliminar competencia indeseable.

Y así don Manuel se ha cansado de esperar. Y tras la posible puñalá trapera (tanto más trapera cuanto que te la asesta tu propio partido), don Manuel se va. Primero María San Gil. Luego, José Antonio Ortega Lara. Nerea Alzola sigue (y esperamos que llegue su recompensa a las humillaciones sufridas y a la paciencia con que las soporta). ¿Es posible que de un partido se puedan ir los mejores y queden los intrigantes, los trepas y los mediocres? Al parecer, el PP actual está empeñado en demostrar esa tesis.

En fin. Suspiro resignadamente deseando que en política española haya alguna vez altura de miras. Me da que en Francia, o Inglaterra, o los USA a una persona de su valía no la hubieran dejado escapar por las mezquinas ambiciones personales de algunas otras personas.