Y ahora, unos segundos para la publicidad… abusiva


Se habrán dado cuenta ustedes que cuando encienden la droga que se enchufa, es muy fácil que la primera imagen que vean sea la de un anuncio. Quitamanchas, detergentes, comidas rápidas, seguros… etc. Estamos ya muy lejos del charlatán que iba por los pueblos con el carromato lleno de crecepelos y otros elixires milagrosos y que a gritos vendía su mercancía. Esos eran tiempos pretéritos, de economía agraria y pocas alegrías que no fueran «duelos y quebrantos los sábados, y algún palomino de añadidura los domingos».

Hoy somos una «sociedad avanzada» y terciarizada, es decir volcada hacia los servicios. Toda actividad que se pueda prestar es un servicio y por tanto es vendible y promocionable. Vale tanto como producir patatas o tornillos (en realidad, vale más: ya les gustaría cobrar a los agricultores lo que un señor cobra por invitar a ustedes a que le compren lo que produce otro porque es la caña de España). Y la publicidad no es otra cosa que el mamporrero que ayuda para que ustedes compren el producto o servicio X. Hasta aquí nada objetable: nos encontramos con una actividad económica perfectamente lícita y que tributa al 16% de IVA de acuerdo con la CNAE (o al 18% de acuerdo con las últimas decisiones del ¿gobierno?).

Sin embargo, estamos en un estadio diferente. ¿Para qué sirve la publicidad? ¿Para rellenar las cuentas de resultados de las cadenas televisivas en previsión de fracasos de producción propia? ¿Para pagar los sueldos de determinados directivos, profesionales, «colaboradores», freaks y otras hierbas, que antes de firmar el contrato con la productora (siempre externa, claro, porque se trata de un amiguete y esta vida es una cadena de favores) te sueltan lo de «yo no hablo por menos de…»? Pongan ustedes todos los ceros que quieran en esa cantidad.

Debo reconocer a ustedes que no soy experto en la materia y probablemente haya más causas aparte de las apuntadas. Aunque ya es malo que existan ésas dos. Pero uno ya entiende: la televisión es la madre del cordero. La madre para muchas cosas: para los niños, cuyos padres no tienen tiempo para ellos. Para los mayores, a los que proporcionan entretenimiento y –palabra clave– evasión a raudales. La televisión mantiene tranquilos a todos: a los unos con fúrbo y a los otros con novelas que van desde lo irracional (latinas en general, salvando las que haya que salvar) hasta lo tendencioso (un ejemplo lo tenemos en Cuéntame… lo que diga la zeja).

Y sin embargo, la publicidad ha llegado a un punto estomagante. Resulta que para ver una película de 90 minutos hay que tragarse por lo menos 30 minutos de publicidad sobre champús, automóviles (las ventas del sector están en coma y el ¿gobierno? permite que nos acribillen a anuncios porque hay que ayudarlos: vamos, como lo de comer pescado en Semana Santa), anticelulíticos milagrosos (que los anuncian chicas de 20 años pero los usan señoras de 40) o comidas rápidas (para quienes pasan de los anticelulíticos y no tienen complejos). Si la película sobrepasa los 90 minutos por ser una superproducción de Jólibus con Oscars de por medio (pongamos, por ejemplo, Gandhi, La Misión o Titanic), los ya sangrantes 30 minutos pueden hasta duplicarse. Y así ustedes, razonablemente, se preguntarán cómo puede disfrutarse una película –o el capítulo de una serie– si en el momento más álgido de la acción, cortan y les endiñan una ristra de anuncios de crecepelos, reductores de celulitis, comidas rápidas y champuses de 15 minutos.

Y lo mismo se diga de los programas. Hasta un programa de sketches o gags, que se dice ahora, puede morir de éxito si obligan a su audiencia a tragar con un número excesivo de anuncios. Se llega incluso a la reestructuración del programa para que quepan más anuncios.

Es una invasión en toda regla. Y cómo me gustaría que esto que comenta Pascual Serrano (nada sospechoso de ser liberal ni mucho menos conservador). La gente deja de ver la tele y buscar tiempo para otras actividades, o busca información en Internet, donde se oyen más voces aparte de las oficiales, clonadas en cada una de las cadenas en abierto. Eso es peligrosísimo para el sistema y no se debe permitir.

Y ahora les dejo, que ya ha terminado el intervalo publicitario y la película continúa. Los anuncios dan tiempo para todo, ¿verdad? Como decía La Trinca hace tiempo…

Add to FacebookAdd to DiggAdd to Del.icio.usAdd to StumbleuponAdd to RedditAdd to BlinklistAdd to TwitterAdd to TechnoratiAdd to Yahoo BuzzAdd to Newsvine

Anuncios

8 comentarios en “Y ahora, unos segundos para la publicidad… abusiva

  1. Me sale el lado liberal, ante los anuncios con cambiar de cadena o no verlos…Lo que es cierto es que es una consecuencia de la sociedad mediatizada por la droga que se enchufa.
    Saludos…de nuevo

    • Pues no te diré que no, pero no sé si sabes que los anunciantes tienen “acuerdos multicadena” (o como sea que se llamen) gracias a los cuales, aunque cambies de cadena, en un tiempo razonablemente breve (posiblemente minutos), puedes tener que soportar la misma ristra de anuncios. ¿La mejor solución? Alquilar la película o serie -si quieres ir de legal- o bajártela de Internet…

      • Jajaja, es cierto que los ponen todos a la vez…de las alternativas me que con descargarla de Internet y seguir siendo legal ya que no sé hasta que punto alimentar a la SGAE puede considerarse legal 🙂

  2. “… La televisión mantiene tranquilos a todos: a los unos con fúrbo y a los otros con novelas que van desde lo irracional (latinas en general, salvando las que haya que salvar) hasta lo tendencioso (un ejemplo lo tenemos en Cuéntame… lo que diga la zeja).”

    Pan y circo amigo Aguador. Por eso me gusta tanto internet, que al menos te deja elegir a ti mismo con qué quieres lavar tu propio cerebro.

    Oye y qué me dices de la publicidad insertada dentro de los “informativos”? Es más sibilina, más difícil de detectar, pero posiblemente la más efectiva, no crees?

    Un saludo

  3. Amigo Daniel:

    Sin duda, la publicidad dentro de los informativos es más difícil de detectar. Sin embargo, te das cuenta de que los ordenadores que usan los periodistas tienen la marca bien visible, o que determinados deportes (por ejemplo, las artes marciales) nunca o casi nunca salen en la sección de Deportes. Y eso es porque los clubes pagan para que se hable de ellos, aunque sea mal (o para hablar mal del contrario). Por ejemplo, tú que eres culé, ¿no te parece estomagante que en el Barça el prota sea Laporta y sus delirios políticos en vez de serlo el equipo y sus logros deportivos? Guardiola hace bien en mantenerse lejos de ese circo. Y si sale el básquet es porque los grandes clubes de fútbol pagan las noticias de la correspondiente sección de básquet; pero claro, un esguince de Raúl o de Messi vale más que un campeonato mundial de taekwondo… Supongo que es pecado decirlo, pero es que los grandes partidos de fútbol se parecen tanto a las concentraciones de Nuremberg…

    Y esto sólo de Deportes, porque diseccionar un informativo puede traer alguna que otra sorpresa.

    Saludos,
    Aguador.

  4. Amigo Julio:

    Tienes razón, jeje. Y es un servicio legal, puesto que previo pago accedes a verlas (la menestra Sindescargas se la tendría que envainar). Respecto de lo demás, veo muy poco la tele porque en realidad no te informan de nada. Prefiero internet, porque dispongo así de información “no oficial” y que en más de un caso difícilmente saldrá en los medios “oficiales”, como muchas de las noticias que cuentas en tu blog a los que te seguimos.

    Saludos,
    Aguador.

Gotas que me vais dejando...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s