Jamerooooooooben

Sepan ustedes, queridos lectores, que el surrealismo no lo inventó Dalí. En absoluto. El genial artista gerundense se limitó a copiar alguna cosilla de la realidad que señor padre, Notario de Figueres, a veces le podría comentar. Se preguntarán ustedes quién es, pues, el «inventor» de ese movimiento artístico. Ahí va: el inventor del surrealismo –en puridad «los inventores»– son esas criaturas togadas que llamamos «jueces». No es poco que gracias a ellos sepamos distinguir la verdad verdadera de la verdad oficial (y que la que cuenta es ésta última, no la otra); y mucho más, que la colisión entre ambas dé a luz a una creación surrealista, como ahora veremos. Sigue leyendo