Lameculos de alta graduación

A esa triste condición han quedado reducidos los más altos cargos del Ejército. A impasibles convidados de piedra, mientras ZP y su menestra van desestructurando e invertebrando el Ejército hasta el punto de que «no lo va a reconocer ni la madre que lo parió», según la frase consagrada de Alfonso Guerra. Ya mencionamos aquí alguno de las cuestiones que más nos preocupan del Ejército, visto desde fuera. A día de hoy no tenemos sino que ratificarnos en aquello que escribíamos hace exactamente cuatro años, que no es otra cosa sino que a la detestable clase política que padecemos le interesa tener acogotado al Ejército. Ninguno de esos señores quiere otro 23-F (todavía no se sabe del todo lo que ocurrió aquella noche… y las memorias de Sabino son custodiadas como los secretos de Fátima), ni mucho menos un nuevo 18 de julio de 1936. Sigue leyendo