Disculpa

Hace ya algún tiempo un servidor de ustedes escribió en este blog manifestando sus dudas acerca de lo ocurrido con el mal llamado caso Marta Domínguez. A cuatro meses vista de aquello, todo ha resultado ser un montaje, que no solamente sirvió a finalidades ajenas, como intentar distraer la atención respecto del primer estado de alarma decretado en democracia (sólo podían decretarlo unos totalitarios). Tenía otras finalidades, como nos hemos dado cuenta ahora. Sigue leyendo

Decálogo para discutir con un progre (si no le queda más remedio)

Primero, no rendirse antes de pelear

Segundo, no estar a la defensiva

Tercero, hay que sacar de quicio al enemigo (“Si el progre con el que está usted hablando no se queda sin habla, espumeante e impotente de rabia, es que usted lo está haciendo mal. La gente no se pone furiosa cuando se le miente, se pone furiosa cuando se le dice la verdad”)

Cuarto, no disculparse jamás, “al menos no por lo que los progres quieren que usted se disculpe”.

Quinto, no elogiar nunca a un progre.

Sexto, no mostrarse nunca generoso con un progre.

Séptimo, no halagar nunca a un progre.

Octavo, no dejarse nunca comprar por la izquierda.

Noveno, prepararse para que los secretos mejor guardados de la propia vida privada sean aireados por la izquierda.

Décimo, estar siempre dispuesto a apreciar a los progres en trance de reconversión.

(Ann Coulter, via Anghara)

Sugerencia

Después del nada laico ataque a la Sagrada Familia, cuyo valor no es sólo religioso (es un templo católico abierto al culto y por eso se ha ganado el derecho a ser quemada), sino también una obra arquitectónica de primer orden y Patrimonio de la Humanidad, les prometo que he estado pensando. Todo sea por ejercitar la primera obra de misericordia, que es «enseñar al que no sabe». Sigue leyendo

Cremada Familia

Acaba de saltar la noticia de que un perturbado ha intentado incendiar la Sagrada Familia. No hay que extrañarse gran cosa. Algunos se han especializado en crear un clima de agresión permanente contra la religión católica, repitiendo como loros las consignas que se repetían durante las quemas de iglesias y conventos en tiempo de la República. Lo cual, por otro lado, demuestra que esas personas no son ateos (he conocido ateos más respetuosos con las creencias de los demás que esa chusma), sino anticatólicos. Sigue leyendo

Recordando a Martin Niemöller

Primero reivindicaron que los colegios tuvieran menú halal; y yo no dije nada porque no tenía un hijo en un colegio, ni tampoco era profesor.

Luego reivindicaron practicar ablaciones y lapidaciones y colgar homosexuales; y yo no dije nada porque no era mujer, ni gay, ni lo tenía que sufrir.

Luego reivindicaron tener lugares del culto en Occidente, no permitiendo cultos cristianos en sus países; y yo no dije nada porque no era creyente, y no me afectaba su religión.

Luego comenzaron a matar en sus países a cristianos, encarcelarlos, quemarlos, violar a las mujeres; y yo no dije nada porque no era cristiano, y no me afectaba su persecución.

Luego empezaron a exigir que nada llevara nombres que insultasen su religión, su Dios o su Profeta; y consiguieron implantar la Sharía y un nuevo califato en Al-Andalus, y me tuve que exiliar.

(tomado de Minuto Digital)

«Santa» República

De la Constitución de 1931:

Artículo 26.

Todas las confesiones religiosas serán consideradas como Asociaciones sometidas a una ley especial.

El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.

Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero.

Quedan disueltas aquellas Órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes. (golpe a los Jesuitas).

Las demás Órdenes religiosas se someterán a una ley especial votada por estas Cortes Constituyentes y ajustada a las siguientes bases:

1ª. Disolución de las que, por sus actividades, constituyan un peligro para la seguridad del Estado.
(WTF?????)

2ª. Inscripción de las que deban subsistir en un Registro especial dependiente del Ministerio de Justicia.

3ª. Incapacidad de adquirir y conservar, por sí o por persona interpuesta, más bienes que los que, previa justificación, se destinen a su vivienda o al cumplimiento directo de sus fines privativos.

4ª. Prohibición de ejercer la industria, el comercio o la enseñanza.

5ª. Sumisión a todas las leyes tributarias del país.

6ª. Obligación de rendir anualmente cuentas al Estado de la inversión de sus bienes en relación con los fines de la Asociación.

 Artículo 27.

La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública.

Los cementerios estarán sometidos exclusivamente a la jurisdicción civil. No podrá haber en ellos separación de recintos por motivos religiosos.


Todas las confesiones podrán ejercer sus cultos privadamente. Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser, en cada caso, autorizadas por el Gobierno.
(Qué actual)…

Nadie podrá ser compelido a declarar oficialmente sus creencias religiosas.

La condición religiosa no constituirá circunstancia modificativa de la personalidad civil ni política salvo lo dispuesto en esta Constitución para el nombramiento de Presidente de la República y para ser Presidente del Consejo de Ministros.

Sobre estas bases se orquestó la persecución religiosa durante la República. Ésta era la parte legal del iceberg. Lo de la quema de iglesias y conventos, y la tortura y asesinato de religiosos (y otros) ya se imaginarán ustedes: «cosa de incontrolados», etc., etc. Pero ya conocen ustedes la querencia de la izquierda por jugar con las dos barajas: cuando sea posible, con «tácticas legales». Allí donde no lleguen las «tácticas legales», llegará la ilegalidad promovida desde la sombra por la izquierda. Y lo mismo que los comunistas «no tienen nada que celebrar» el 9 de noviembre (aniversario de la caída del Muro de Berlín), los católicos y gente de bien en general no tenemos nada que celebrar hoy. Acaso recordar a quienes la barbarie republicana se llevó por delante y actuar para que aquello no se vuelva a repetir.

Bipartidismo

Sí, señores. En esto se ha convertido nuestra «democracia»: en un sistema en el cual existe la coexistencia pacífica entre dos grandes partidos. Debajo de ellos hay un segundo nivel, que son los nacionalistas, que no pocas veces están ahí sólo porque los mayores les den prebendas con las que asegurar su propio poder regional. Y debajo de éstos, aún hay un tercer nivel, que es el de los «partidos pequeños», los cuales son como aquel compañerito del colegio a quien todos dejan para el final cuando se trata de hacer el equipo de fútbol. Sigue leyendo

Crisis

Dicen que España está pasando la peor crisis de los últimos 30 años. Por lo general, si ustedes hacen un recorrido por la prensa se encontrarán con los lugares comunes habituales: la burbuja inmobiliaria, Madoff, la codicia bancaria (de la cual últimamente tenemos una buena muestra con Botín apoyando a ZP sólo porque le conviene a él y no a los 5 millones de parados)…

Sin embargo, yo creo que las causas y orígenes están en un período bastante anterior. Quiero decir que esta crisis no se gestó de hace cuatro días, como podría decirse. La crisis empezó apenas terminado el franquismo, cuando se dijo que «todo lo que representaba el franquismo debía ser eliminado», al modo fernandino. La obra de Franco, estuviese bien o mal hecha, debía ser desmantelada para dar paso a los nuevos modos. Que los «nuevos modos» han sido un fracaso no necesita de mayor encarecimiento.

Pero sobre todo, donde se incidió especialmente es en lo que esta progresía de medio pelo, que hoy milita en los dos grandes partidos, dio en llamar nacionalcatolicismo. O por mejor decir: un cierto sentido de la moral pública, derivado de una fuerte conciencia como nación. Los «nuevos modos» educativos insistieron en romper esta especial vinculación de la persona con la nación (entre otras razones porque eso era fundamental para que algunos pudieran montar su chiringuito). A la par, inauguraban una ciudadanía sin límites morales, que aquí se entendía como católico y, como tal, «rancio», «pasado de moda», «cavernario», etc. Se estaba educando a una nueva ciudadanía para que pudiera ser «gobernada a través de sus vicios», en expresión de José María Carrascal.

Con estos mimbres, la crisis política no tardaría en llegar. Personas curtidas en los escalafones de los partidos (en rigor del PSOE porque, como muy gráficamente decía Alfonso Guerra, «no tenemos oposición») eran las que llegaban a algún puesto de responsabilidad pública y daban un pelotazo porque las habían educado sin escrúpulos de ningún tipo. No en vano quienes tengan una edad recordarán al exministro Solchaga decir que «España es el país donde uno se hace rico más rápidamente». O esta otra lindeza de un cierto ministro de Industria, un tal Luis Carlos Croissier: «la mejor política industrial es la que no existe».

Llena, por tanto, la política de aquellos años de trepas, mediocres, lameculos y otras hierbas, la crisis económica estuvo a la vuelta de la esquina. Fue anunciada por el resacón olímpico y el aviso más claro fue la introducción en 1993 (¡y de la mano de Pujol, nada menos!) de los contratos-basura, contra los que nadie protestó (sabido es que las manifas son organizadas por la izquierda, no contra ella). Despojada así la ciudadanía de su dignidad colectiva y adscrita ésta a la variante churra o merina de nuestra antaño rica cabaña ovina, sólo algunos periodistas levantaban la voz contra ese campo de Agramante en que se habían convertido España y la política.

Los gobiernos de Aznar trataron de invertir el signo de la marcha. En algunos casos no se hizo porque no se pudo o no hubo tiempo material. En otros, según la expresión consagrada, no hubo voluntad política de realizar el cambio necesario: por ejemplo, el de la ley del aborto socialista (si bien déjenme decir que ésa tal vez no hubiera sido una mala ley si se hubiese cumplido a rajatabla), de la LOREG (popularmente llamada «ley electoral») para reducir el peso de los nacionalismos, enemigos de España ahora sin careta…

Y con ZP… bueno, «ése que se ha ido pero sigue ahí»… hemos vuelto por donde solíamos y con más fuerza. Decidido a destrozar conce(p)tualmente a España y a los españoles para convertirnos en aldeanos estúpidamente orgullosos de nuestro lugarcito, que diría monsieur Brel, ZP ha impulsado un proyecto que ha supuesto aplicar a un trozo de carne una dosis masiva de ácido sulfúrico. Así nos estamos quedando: pobres como ratas, divididos entre pobres y ricos (toma «lucha de clases»… propiciada además desde la izquierda) y un abismo cada vez mayor entre unos y otros. Pero sobre todo, nos estamos quedando moralmente inermes ante lo que se nos viene encima: la invasión silenciosa de los musulmanes. Y ante ésos no cabrán medias tintas, ni dudas, ni nada de nada. ¿Tomas nota, Mariano, o necesitas un croquis más completo?

Trabajo sucio

Hace algo más de un año les comentaba yo a ustedes acerca de lo que me parecía iba a ser la estrategia de Rajoy de cara a dar el salto a la Moncloa. Un año es mucho tiempo para ver cuál es la dirección que lleva con esa estrategia. Y de momento lo que veo es algo que apuntó Luis del Pino en su blog: que la pervivencia del sistema como lo conocemos depende del partido de ámbito nacional que llegue a Moncloa no lo haga con mayoría absoluta y que se fuerce el pacto con alguna fuerza nacionalista, para tener la fiesta en paz.

Esto podría explicar la incomprensible inactividad de Mariano, cuando, teniéndolo todo de cara, podría haber presionado y presionado hasta haber conseguido anticipar las elecciones. Pero claro, Mariano tiene un problema: se va por las patas abajo de pensar que podrían acusarle de «crispar» (cuando lo que verdaderamente crispa al respetable son las genialidades, agresiones dialécticas y no tan dialécticas, mentiras y prohibiciones del Gobierno). Está preso en la telaraña de la corrección política y no puede hacer nada sin dejar de pensar qué dirán de él (empezando por Arriola y terminando por la bancada socialista del Congreso).

Pero hay otro factor más: la comodidad. ¿Para qué tendría que mojarse él, o Hamlet das Rías Baixas, si hay otra gente dispuesta a hacer el trabajo? Mientras él mira por la ventana en dirección a Pontevedra, acariciándose las barbas y pensando: «Sher o no sher… Éshta esh la cueshtión…» otros aguantarán la pancarta, otros presentarán las querellas, otros escribirán en los diarios, otros meterán ruido… Otros, en fin, harán el trabajo sucio. No él. ¿Para qué iba él a hacer ese trabajo sucio? Bueno, ni él ni su cuadrilla. De hecho, ni siquiera algunos/as funcionarios/as del partido que creen que por el mero hecho de serlo ya se desplazan dos metros por encima de las personas normales como ustedes o yo.

De esta manera, nos encontramos con que en medio de la batalla política (más cercana al género chico que a la alta comedia o también considerada como querelle des buffons), quienes intentamos razonar y ver los pros y los contras del candidato (sobre todo porque no debemos pleitesía a ningún partido), nos encontramos apostrofados de la siguiente manera, al decir de José Joaquín de Mora en fecha tan lejana como 1853…

Si no eres de Voltaire, eres de Ignacio.
Incrédulo has de ser o jesuita:
Entre los dos extremos no hay espacio.
Hombre sensato que el exceso evita
y usa de la razón el puro idioma
de ambas facciones el enojo excita.    

En todo caso, que no se las prometan muy felices en el PP. Les puede ocurrir que si abandonan a su suerte a los españoles, éstos encontrarán una solución por sí mismos (dado que no se puede confiar en que quienes hemos elegido lo hagan); resultando así que después no les necesiten para nada y no les puedan domesticar como hasta ahora. Y no: que ZP sea (junto con Fernando VII) el peor gobernante de nuestra historia como nación no hace automáticamente bueno a Rajoy. No esperen que les hagamos siempre el trabajo sucio.