Jódete y baila

Facta est iniquitas. El Tribunal Constitucional, también llamado de esta otra forma, ha enmendado la plana al Tribunal Supremo, permitiendo que el engendro etarra de Bildu se presente a las elecciones municipales del próximo día 22. Muchas son las cuestiones, unas enigmáticas, otras no tanto, que se desprenden de esta decisión.

La primera es que no debería sorprender esta decisión, dado el marcado carácter político y no jurídico del Alto Tribunal. Deben recordar ustedes que los miembros del TC son elegidos de la siguiente manera: 8 por el poder legislativo (4 por cada Cámara), 2 por el Gobierno y 2 a propuesta del Consejo General del Poder Judicial, órgano cuya politización es también notoria (me vienen arcadas cuando recuerdo la cara de satisfacción de Rajoy y de ZP tras haber pactado la composición actual de dicho órgano).

Los miembros del TC, de acuerdo con su Ley Orgánica, están sometidos en su actuación a los principios de imparcialidad y dignidad inherentes a su función (art. 22 LOTC). Como ustedes no se lo creen, yo tampoco lo voy a hacer, visto lo visto. Digamos que más bien están sometidos al principio por ser Vos (quien me ha puesto donde estoy) y saben bien a quién se deben: a la ley cuando ésta no entorpezca la voluntad de Vos, y a Vos cuando la entorpezca. Tal ocurre con los magistrados progresistas, buenos lacayos togados de sus amos políticos (con la honrosa excepción de Manuel Aragón Reyes, filoprogresista, que votó en contra).

Una segunda cuestión es que el Gobierno sabía desde hacía semanas el resultado que nosotros conocimos ayer. Resultado del que ya avisó D. Jaime Mayor Oreja hace exactamente 14 meses, en febrero de 2010. D. Jaime avisó de que los terroristas estarían en las elecciones y por tanto, tendrían la oportunidad de estar en las instituciones también, manejando dinero público (o sea, de ustedes y mío). Ofende a la decencia más elemental que unos señores que no condenan específicamente los asesinatos de ETA y que no se colocan del lado de las víctimas puedan acceder a ese dinero.

Con todo, lo peor no es eso. También es mala noticia que puedan acceder a listados de datos personales, de forma que cuando les convenga no dudarán en amedrentar a quien haga falta dejándole caer lo de «sabemos dónde vives» (no muy diferente al «sabemos dónde estudian tus hijos», que denunciaba Urdaci de la época en que él era director de Informativos de TVE), lo mismo que se ha conocido que han presionado a personas abertzales limpias para rellenar sus candidaturas.

También supongo que a ustedes, como personas leídas y avisadas, les habrán llamado la atención dos reacciones: la primera, el silencio de Rajoy; la segunda, el ruido y la furia de la caverna socialista defendiendo la iniquitas perpetrada por ese Tribunal otrora llamado Constitucional. De la primera poco hay que decir. O Hamlet das Rías Baixas nos tiene acostumbrados a esos episodios de tancredismo y de dejar que sean otros los que hablen por él incluso en temas que él, como candidato a la presidencia del Gobierno, debería dar la cara primero. Más sorprende que le hayan dicho a Esperanza (Cospedal, probablemente) «que no se meta con lo de Bildu», algo que no se entiende sin sospechar acto seguido que hay gato encerrado.

Del ruido y la furia progres defendiendo la actuación de Rubalcaba –pues de eso se ha tratado, fundamentalmente– y sobre todo, intentando crucificar a los fachas que decimos que eso ha sido una indignidad, qué les voy a contar. Se pasean por la blogosfera con el argumentario bien aprendido y en parejas, como hacen los miembros de determinadas sectas. Fíjense ustedes en el nivelazo de la argumentación: «hay que dar una oportunidad a la paz». En plan Lennon, con bengalas, mecheritos y toda la parafernalia que ustedes quieran. Pero como decía el también inglés John Cleese en La vida de Brian: «¿¿La paz?? ¡¡Que te folle un pez!!». Da risa ver cómo la mala leche que gasta la izquierda reaccionaria de las Batuecas contra los disidentes desaparece cuando se trata de los asesinos etarras y de quienes les pretenden representar ante las urnas.

Con estos mimbres y dado el historial de los sujetos que han permitido la fechoría, era previsible que saliese una sentencia de las de jódete (por la parte que le toca al vicepresidente Gay) y baila (por la parte que le toca al presidente Pascual Bailón Sala, de fúnebre memoria en el Tribunal ex-Supremo y felipista de pro).