Éramos pocos, pero la abuela no parió

La tarde era soleada y primaveral en Barcelona. Un marco incomparable, que hubiese dicho Miguel de los Santos de haber escrito él la crónica. Como la escribe un servidor de ustedes, les diré que a eso de las 17.30 horas llegué al lugar de la concentración, Plaça de Sant Jaume, con mi americana, mi camisa negra y mi cartera, hoy especialmente cargada debido a mis obligaciones: sudando como un orondo ejemplar de Sus scrofa domestica.

Para quienes no hayan oído hablar de la Plaza de Sant Jaume, les diré que no solamente es el lugar donde los culés celebran los triunfos. Es también la ubicación del Palau de la Generalitat, en donde se hace política catalana de la buena, de la de Diari Oficial, y donde se cocinan los famosos recortes de Sanidad entre otras historias que estos días son noticia en Cataluña, por desgracia para las personas normales como ustedes y yo.

El caso es que se preguntarán qué hacía un servidor a esa hora, en ese sitio y sudando la canícula gorda. Pues es sencillo: ante la imposibilidad de desplazarme a Madrid para estar junto a Francisco José Alcaraz y Voces contra el Terrorismo, decidí que podía aportar mi granito de arena apoyando con mi presencia esta mini-concentración. No me imaginaba que sería tan «mini»; pero en fin, no adelantemos acontecimientos.

Debo decir también que la concentración transcurrió prácticamente en famille ou petit comité. No había muchos más de los que se ven en la foto y se presentaron también un par de cadenas de televisión para cubrir el evento. Tras un minuto de silencio en memoria de las víctimas del terremoto de Lorca, habló y muy bien la delegada de AVT. Habló sobre la vergüenza de que Bildueta tenga el permiso de ese «Alto Tribunal» que ya saben ustedes cómo se llama, para presentarse a las elecciones del domingo que viene. Y habló sobre la vergüenza de ningunear a las víctimas: los hunos porque no les bailan el agua y les molestan sobremanera para sus orchestral manoeuvres in the dark, y los hotros porque «han dejado de serles útiles políticamente» (aunque eso sí: para salvar la cara permiten que vayan destacados miembros de los mismos «a título personal»). Y qué quieren que les diga: no puedo estar más de acuerdo con ese planteamiento de la delegada.

También debo decir que no faltó un pequeño incidente: una indocumentada y descerebrada joven, al vernos allí coreando «ETA fuera» y otros lemas, nos llamó (más propio sería decir que berreó) «¡Fascistas! ¡Fuera, fuera!». Pero deduciendo que es una persona que no se mira al espejo por las mañanas, comprendí que sería inútil intentar razonar con ella. No debe de ser de las que entiendan la noción de razonamiento pacífico.

Y así, entre el trabajo de la prensa videográfica y demás, terminó la concentración. Luego fue curioso el observar que a unos pocos metros un grupo de personas, que vestían el traje típico de gallegos, empezaron a tocar la gaita y el tambor. El corrillo que se formó era más numeroso que el que había sido el nuestro. Da que pensar que el público allí presente prefiriese prestar más atención a unos soplagaitas (dicho sea con respeto por los gaiteiros, pero también con amargura) que a la noble causa de la AVT.

Y da pena pensar que los señores de la ACVOT, la versión catalana de la AVT, no se presentaron cuando es algo que pudieron haber apoyado perfectamente. Quizá haya influido que reciban subvenciones de la Generalitat. No lo sé y no puedo afirmarlo categóricamente. Pero es significativo. Tampoco podíamos contar con que el mismo día (¿casualidad?) se organizara una manifa contra los recortes sanitarios del señor Mas-o-menys, que ésa al parecer sí ha sido un éxito de público.

En cualquier caso, hay que recordar que todos nos acostamos, tengamos señora o no, con nuestra conciencia (los que la tengan). Y ahora mismo la mía está tranquilísima.