Españoles: ZP se ha ido

Bueno, todavía no. Pero saber que tiene fecha exacta de caducidad, al parecer, ha llenado a muchos de una alegría muy grande. Tanta, que al parecer algunos de esos muchos hasta lamentan que no viva ya el carnicerito de Málaga para dar la noticia:

Sigue leyendo

Solidaritet med Norge

Yo no sé qué les pasará a ustedes por la cabeza si les dicen la palabra «Noruega». Posiblemente recuerden ustedes que es la patria de los vikingos y de los berserkkers. Luego, tal vez se acuerden de que forma parte de lo que siempre se ha llamado la Europa civilizada, algo que desde las Batuecas nos parece poco menos que «inalcanzable». Finalmente, la tercera imagen que les puede venir a la mente es la de los fiordos (y de lo carísimo que resulta, para un español, emprender tal periplo, dado que su renta per cápita es varias veces la nuestra). Sigue leyendo

Idus y calendas

Según nos informa la Wikipedia, «Idus (latín, ‘idus’), palabra del antiguo calendario romano, por la que se denominaba al día 13 de ocho de los doce meses: enero, febrero, abril, junio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre, y también al día 15 de los cuatro restantes meses: marzo, mayo, julio y octubre». Por el contrario, las calendas resultan ser el primer día de cada mes.

Traigo esto a colación porque en esta semana cuyo ecuador cruzaremos mañana han pasado cosas graves. Lo primero, los idus de julio, que para ZP han supuesto una puñalá trapera de la que dábamos cuenta hace dos entradas. Tampoco era inesperado; pero será que no es tan fácil que ZP se vaya cuando Rubalcaba tiene que enviarle recaditos por persona interpuesta (¿será lo próximo que lo hagan parecer un accidente?) y Mr. Bean no se da por enterado. ZP es un estorbo prácticamente para todos sus propios; pero como sólo él puede disolver las Cámaras, ha decidido que resistirá. Quienes no sabemos si resistirán son su señora e hijas, que arden en deseos de salir a escape de los Madriles…

Pero el tema del día es que ha dimitido Francisco Camps, presidente hasta ahora de la Comunidad Valenciana. Ha preferido no acogerse a la ley (en concreto, a la posibilidad de una sentencia de conformidad según los arts. 800-801 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal), y va a «defender su honor» en los Tribunales. ¿Creen ustedes que la izquierda ha soltado la presa? Ni mucho menos: el chorreo acaba de comenzar y el juicio mediático durará por lo menos hasta el día de las generales, que es hasta cuando la pesoe quería mantener la imputación judicial para golpear de paso a Rajoy. Perdida esa baza, queda el chorreo de la prensa afín y poco más. Se siente mucho por todos los que querían verle con sambenito y coraza de sapos (tanto extraños como propios, que seguro que los hay).

Dicho esto, también hay que decir que esta dimisión debiera haberse producido antes. En nuestra humilde opinión, Camps sólo pensó en sí mismo y no en el daño que hacía a su partido ante la perspectiva de las generales. Es cierto que en Valencia mucha gente le adora y le prefiere a cualquier otro candidato que los socialistas puedan presentar (y lo mismo ocurre con Rita Barberá: cualquier candidato del PSPV en liza con Barberá es candidato a estrellarse contra ella). Pero desde la perspectiva de las generales, tener a todo un presidente de Comunidad encausado en un juicio, aunque sea por un asunto prácticamente menor es un agujero en la presunta honorabilidad del partido y de su presidente, que además es candidato a la Presidencia de la nación.

¿Cuál es la diferencia entre el «caso» de Camps y el de, por ejemplo, Manoliyo Chaves? «Clarísima» si la enfocamos desde el punto de vista socialista: a Chaves todavía no le han imputado (cuesta saber a qué espera Arenas para presentar la correspondiente denuncia) y además, por el sistema de la patada hacia arriba han asegurado el blindaje (aforamiento) del que como presidente de Andalucía ya disfrutaba. Es por lo tanto, distinto. Respecto de Bono, la cosa está muy clara: en dos o tres meses se va, así que le queda poco en el convento y, además, que le quiten lo bailao. Nos queda Rubalcaba, alias Alfredo P. Bien, ya «no es Ministro de Interior» y, por lo tanto, ya no es aforado. Eso sí, ha dejado un chico de los recados que le guarda la viña en estos agónicos tres meses que faltan. Además, los platos rotos del Faisán no los pagarán ni él, ni el actual ministro, sino un segundón. Así que todo atado y bien atado, ¿no?

Y tal como se está oyendo en las redes sociales, ¿para cuándo la dimisión de los señores Chaves, Griñán y ese otro largo etcétera que ocupa cargos que no debiera porque están pringados hasta las cejas? O mejor aún: puesto que Rubalcaba ha dimitido y Bono está a un tiempo breve de lo mismo, ¿para cuándo la Justicia verá indicios racionales de criminalidad, que es lo que exige el artículo 384 de la LECrim para procesar a alguien? Creo que tanto ustedes como yo conocemos bien la respuesta, tratándose de esos niveles de poder: ad calendas graecas.

P.D.- También pueden esperar ustedes sentados a que las Cortes aprueben una ley específica o modificación del Código Penal en que se incluya la mala administración por parte de los cargos políticos electos, ampliando así el estrecho cauce de la malversación de caudales públicos y del poco definido tráfico de influencias.

Guirigay

Permítanme ustedes que hoy les hable de un tema al que llevo dando vueltas hace ya un tiempo. La tertulia es un género periodístico que parece haberse puesto de moda. En todas las cadenas televisivas o radiofónicas hay una tertulia, en la que unos señores, más o menos equilibrados por un moderador, hablan, comentan y opinan sobre un tema que éste propone, generalmente de actualidad. Los comentaristas suelen ser personas que siguen la línea editorial de la cadena, si bien a veces se incorpora a alguien de tendencia contraria para dar la impresión de que es una tertulia plural; de forma que los alineados se dedican a dar leña al mono (o sea, al tertuliano no coincidente con la línea editorial) hasta que acaba hablando inglés. Porque sepan ustedes que tertulias y tertulianos en este país los hay de dos clases: de izquierdas y de derechas. El desolador panorama recuerda a los versos de D. José Joaquín de Mora «Si no eres de Voltaire, eres de Ignacio…»

Sin embargo, ahondando en el hecho tertuliano, en el caso español nace de dos de nuestros pecados capitales, que diría mi admirado D. Fernando Díaz-Plaja. En primer lugar, la Pereza. Para los españoles no hay cosa más placentera que pasar el rato hablando de lo humano, de lo divino y de lo de en medio sentados en una mesa, frente a un café (o a algo más fuerte, si su cuerpo y su presupuesto se lo permiten). No es exactamente productivo, pero engrasa las neuronas y es una forma no demasiado mala de mantenerse mentalmente activo. Y en segundo lugar, la Soberbia. Tal como dice el profesor Díaz-Plaja, será difícil encontrar a un español que lo sea de verdad y que, preguntado por su opinión acerca de cualquier tema, no tenga nada que decir. Con esos dos ingredientes (y a veces, tratándose de nosotros, departir amigablemente significa intercambiar conceptos a grito pelado, gracias a la Ira) nacen las tertulias españolas.

No obstante, llevo observando un tiempo esas tertulias (pongan ustedes la cadena que quieran: el ambiente es muy parecido) y la adrenalina me sube que da gusto. No tanto por el contenido de las expresiones, sino por el guirigay que se forma cuando todos a la vez quieren expresar su opinión. Se cortan, no se respetan los turnos y lo que el espectador percibe es una cacofonía absolutamente ininteligible. Oigan, ¿pero es que a los tertulianos les pagan a un euro la palabra o qué? No sé si ustedes tengan paciencia con estas cosas, pero les aseguro que cuando veo/oigo algo así se me acaba. Parece mentira que hasta en las tertulias que podrían considerarse serias haya calado lo que se podría llamar escuela Iglesias-Sopena.

También es de tomar en consideración el siguiente detalle. No pocas personas que ven/oyen esos debates son personas mayores a las cuales les cuesta seguir el ágil debate (el guirigay con ruido de fondo, queremos decir).

¿La solución? Hoy estoy constructivo, así que propondré una. Frente a tertulianos que no dejan terminar a los demás o que se enrollan innecesariamente, una moderación más estricta no estaría de más. Y en último término, si aquella resulta impracticable, cabría establecer el sistema de los 59 segundos, por turno estricto. En 59 segundos, hablando deprisa, se pueden decir muchas cosas. Y con el sistema de turno estricto, no se molesta al otro contertulio y los sufridos espectadores podemos escuchar el argumento en su integridad. Cierto es que en TVE, donde se probó esa solución, al final resultó que eran «59 segundos, segundo arriba, segundo abajo» según fuera el personaje que acudía al programa. Y tampoco es eso, claro.

De otro modo, si el tema no se arregla, me aplicaré la ácida frase de Groucho Marx sobre la televisión, leeré el Quijote (hace mucho que no lo releo) y dejaré que esos contertulios que no me respetan como espectador se sigan tirando los trastos a la cabeza (pero no ante mis ojos).

Navajazos, nachetazos y rejoneos

No me cabe duda de que a estas alturas de la tragicomedia española que vivimos, ustedes habrán llegado a la misma conclusión que yo: que la política es un asunto de familia. O más exactamente, de familias. Últimamente asistimos a los navajazos entre el clan de la vieja guardia socialista, agrupada en torno a Grupo Prisa, y el clan de la nueva vía, agrupados éstos en torno a Mediapro. Que sólo por eso unos y otros deberían decidir de común acuerdo que desapareciese la «O» de la marca comercial y pasarse a llamar «Partido Socialista Empresarial Español». En realidad la última «E» también sobraría, pero eso es merecedor de otro post.

Todos los partidos grandes (los pequeños no, porque ya sería lo que faltaba: encima de pocos, mal avenidos) tienen ese problema: de que después de un largo recorrido (sobre todo, después de perder las elecciones), el partido se fracciona en familias que defienden formas distintas de hacer (a veces uno tiene la impresión de que en realidad lo que se contrapone son formas distintas de saquear el erario público). Y una vez formadas esas familias, el tema es que permanecen, ya sea en el odio, ya sea en el interés. Uno no puede dejar de acordarse en estos casos de cierta escena de esa obra maestra absoluta que es El Padrino I en la cual se reúnen i tutti capi para firmar la paz tras la entrada en el negocio de Sollozzo, il Turco, que casi provocó una guerra.

El caso es que llevamos muchos días jugando los que en el fúrbo se llaman «minutos de la basura». La legislatura estaba acabada incluso antes de llegar al Debate del Estado de la Nación de la canción. Si me permiten ustedes, hasta diría que se terminó en febrero pasado, cuando se retiró a un segmento de los 5 millones de parados los 420 euros de subsidio y Frau Merkel vino a este Bundesprotektorät a ver cómo iba la cosa.

Los únicos que sacan tajada de la situación son los nacionalistas vascos y catalanes. Lógico: si el odiado Estat espanyol se cae a cachos (en lo que ellos, apoyando a ZP, han tenido buena parte de responsabilidad), hay más terreno para los estaditos federalitos como el chiringuito político que quiere montar aquí la oligarquía catalana, tanto la de derechas como la de izquierdas (vulgo sociovergencia).

Por todo ello, porque las instituciones y su acción parecen absolutamente detenidas y aguardando la llegada del otoño salvador con la convocatoria de elecciones, la degradación de la vida política avanza imparable, bien aderezada de intereses económicos poco confesables, cobra interés el nachetazo (la colocación digital de la mujer de Nacho Escolar en RTVE, en un puesto para el que ni siquiera tiene currículum) que denuncia Carlos Carnicero, el más reciente despedido de Prisa (y además, bastante deprisa, según cuenta él) y el rejón que por persona interpuesta (en este caso, Cebrianito de la Sierra), manda RBLKGB a ZP, al margen de que Cebrianito de la Sierra respire por la herida de los contratos concedidos a Mediapro.

En esto, señores, ha quedado la política nacional a día de hoy. En navajazos, rejones y nachetazos diversos a la espera de que llegue alguien que diga que «este circo se ha acabado». No sabemos si será Rajoy esa persona. Pero si no es él, alguien debería llegar y decirlo. Y hacerlo.

La vaca

Cuenta un viejo chiste de abogados que en una pequeña población residía un abogado. En cierta ocasión, un vecino de la localidad fue a visitarle pretendiendo que le auxiliara en cierto asunto.

–Muy bien, usted dirá, Isaías –dijo el abogado cuando se hubieron sentado en el despacho.

Pue verá, don Aureliano. El caso es que tengo una vaca que da muy buena leche. Todos en el pueblo se hacen lenguas de ella por la leche y –el campesino se sonrojó un poco– hasta mi mujer empieza a tener celos del animalico porque… porque…

El abogado miró al campesino, invitándole a continuar.

–¡… porque dicen ahora en el pueblo que la quiero más que a mi mujer!– dijo de corrido y de una sola vez el campesino, sonrojado hasta las orejas.

El abogado se quedó pensativo un momento y le preguntó:

–¿Tiene usted idea de quién ha podido esparcir el rumor?

El rostro del campesino se contrajo en una mueca furiosa:

–Sí… seguramente habrá sido el Cagancho. El muy endino va iciendo que como la vaca come de sus pastos parte de los dineros que da la vaca son suyos tamién y que se los debo, ¡habrase visto! Eso es porque hace tiempo que anda detrás de mi vaca y quié quedársela a trapo.

El campesino iba a iniciar otra retahíla de quejas e improperios contra el Cagancho.

–Bueno, bueno –intentó apaciguarle el abogado–. No se preocupe. La ley está de su parte totalmente, lo cual en su momento haremos valer debidamente ante la autoridad competente. Yo me encargo de ello. Ahora váyase a su casa, tranquilamente, deje que la vaca siga dando esa buena leche que da y consuele a su mujer en lo que pueda y sepa. El asunto queda de cuenta mía.

El campesino, visiblemente tranquilizado, salió de la vivienda del abogado casi corriendo para contarle a su mujer las buenas nuevas.

Cierto otro día, llamó a la puerta del abogado Silvestre, el apodado Cagancho, vecino del anterior. Parecía furioso y el abogado le invitó a entrar y a pasar a su despacho, rogándole que se tranquilizara y que le contara ese asunto que le traía a tan mal traer.

Apenas contenido, el campesino le empezó a contar.

–Verasté, don Aureliano. Ejque hace tiempo que yo tengo un poblema con el Bujero

El abogado le interrumpió amablemente:

–Se llama Isaías, Silvestre, Isaías.

El Cagancho resopló.

–¡Bueno! Pues el Isaías ése, ¡ea! Que le decía yo que el Bujero –el abogado meneó la cabeza, pero le dejó continuar– tié una vaca. Es un hemmoso animal y da una leche muy rica. Pasta por donde Dios le da a antender y va muchas veces a mis pastos. Por eso la leche sale tan buena. –Silvestre reconcentró su expresión, llena de ira–. Pero el Bujero, así se ajogue en su dinero, no me quié dar ni mijita del dinero que se gana en la feria con la leche, ¿sabusté? Por eso quiero ir a donde haya que ir y que me den lo que es mío. Así que ahora le voy a joder y me quedaré con la vaca. ¿Tengo o no tengo razón? –ya gritaba, emocionado, el hombre–.

El abogado sonrió, conciliador.

–Ya veo cuál es su problema, Silvestre. Y lo entiendo muy bien. Sepa usted que la ley protege su derecho a disfrutar en parte de los frutos que produce el animal y que sostendremos esa pretensión allí donde haga falta. Y posiblemente también pueda terminar siendo usted el legítimo dueño del semoviente.

El Cagancho se esponjó cuando oyó decir al abogado las palabras «pretensión», «legítimo dueño del semoviente» y que «la ley le protegía». Salió del despacho del abogado contento como unas castañuelas.

Al rato de haberse ido el Cagancho, la mujer del abogado entró en el despacho y le dijo:

–Fermín, he escuchado lo que le has dicho a ese hombre. Y también escuché lo que le dijiste al Isaías el otro día. Y me tienes confundida, de veras. Ya sé que de cosas de leyes no entiendo, pero te lo quiero preguntar: ¿quién tiene razón? ¿De quién va a ser la vaca, al final?

El abogado se sonrió de oreja a oreja. Y contestó:

–Tranquila, Ludivina. La vaca, cuando termine todo, será para nosotros.

Algo así ha ocurrido en el tema de la Capitalidad Europea de la Cultura. Por mucho que Belloch se suba por las paredes, él ha resultado ser uno de los vecinos. Y González-Sinde, además de cagarse dentro (que todo el dineral que van a dar vaya a ser manejado por unos proetarras es una afrenta) ha mentido como una bellaca. Y a un compañero de partido, nada menos. Eso no lo hacen ni los moros, oiga. Cómo estará el patio en la pesoe que ya ni entre ellos se respetan…

Norwegian Wood

Acabo de terminar de leer la novela Norwegian Wood, de Haruki Murakami. Murakami es un autor al que por lo menos medio mundo adora, como una especie de Dan Brown de ojos rasgados. Por consejo de un amigo, al que expresé mi curiosidad, adquirí la novela (en cuanto a libros, aún soy bastante anticuado), que en castellano se ha titulado Tokio Blues, título (algo) menos críptico que el original japonés.

Tras leer la última página, la impresión que me ha dado es que debería llevar un subtítulo algo así como «El suicidio considerado como una de las bellas artes». La muerte autoinfligida está presente siempre, de una forma u otra: a veces muy directa, en los suicidios; otras, aunque no esté ahí, uno lo está percibiendo. Personajes siempre al borde del precipicio, colección de egos frágiles, no terminados de formar, como crisálidas fallidas. Quizá el único más «estable», aunque pueda parecer tontería, es Tropa-de-Asalto y su manía por la limpieza.

Me comentó mi amigo Dani que la novela me iba a gustar «si me gustaban los temas de la condición humana, la historia (en especial de la Segunda Guerra Mundial) y los gatos». Tal que así, yo me esperaba una Gatomaquia en pictogramas; pero finalmente el único tema que yo veo relevante es precisamente el de la condición humana, pues la Segunda Guerra Mundial es personificada y de modo ridículo por Tropa-de-Asalto y sus anécdotas. En cuanto a los gatos, no aparecen hasta la página 300 y pico (de 383 que tiene la novela, es un buen porcentaje) y ni siquiera mucho, así que no me puedo quejar.

Mucho más interesantes, a pesar de lo que me comentó Dani, son las referencias literarias. Y pesan, en mi opinión mucho más que el jazz o la música en general (otro tema recurrente en la obra de Murakami, según Dani). Sí que es verdad que uno de los personajes (Reiko, ex profesora de piano) se pasa el día tocando a la guitarra canciones diversas; pero me impresionó mucho más el juego de espejos que se provoca entre Ami, el sanatorio atípico en que vive la novia del protagonista Watanabe, y La montaña mágica, libro que lleva Watanabe en una de las ocasiones en que va a ver a Naoko, su novia o «persona muy especial». En ambos casos se produce una niebla que a veces apenas recubre el autismo maquinal de los personajes.

La novela termina de forma abierta. Reiko sale del sanatorio poco después del suicidio de Naoko. Watanabe y ella se acuestan; lo que visto desde el punto de vista de él, es una forma de cerrar la etapa para poder enfrentar sin ataduras otra relación que estaba gestándose (con Midori Kobayashi, compañera de clase e hija del viejo librero aquejado de un tumor, que se nos aparece muriendo en el hospital).

Mientras leía la novela no podía impedir el recordar la fascinación por el suicidio que recorrió Japón hace unos años entre los jóvenes. No sé si habría que verlo con ojos distintos de los occidentales (pareciera normal en una cultura donde el sepukku es un acto honorable). Sin embargo, que esos jóvenes decidieran quitarse la vida, citándose incluso en un bosque… Curiosamente, la novela es de 1987 y, si no entiendo mal, al asunto le faltaba aún tiempo para convertirse en la moda macabra que fue varios años más tarde.

Finalmente, una palabra sobre las opciones. Murakami plantea varias «opciones al suicidio». La primera, la soledad consciente y buscada, que hace tomar una cierta distancia de los demás porque se vibra en una onda distinta Un estoicismo muy a la japonesa, en fin. En segundo lugar, el desenfreno de otro personaje, Nagasawa, niño rico embarcado en una loca huida hacia adelante, atiborrándose de placer para no sentir el vacío interior que sienten los demás y para no verse arrastrado al borde del precipicio, como ellos.

No es una mala novela. Más bien es una novela para leer en días lluviosos, saboreando un whisky y dejando que el gran Miles nos cuente alguna que otra historia al oído…

Vote Dinio for president

Lo leo y no lo creo. O sí, miren ustedes. Parece ser que al final la propuesta de los indignaos, aparte de decantarse en un partido (EQUO), que parece haber desaparecido de la escena, es la de presentar candidatos a ministros, nada menos. Teniendo en cuenta que ha resultado ser un movimiento más de izquierdas que otra cosa, hay que tener en cuenta el dogma de que «para ser ministro vale cualquiera», como lo prueban las indocumentadas Aído, mi Maleni o la Pajina en un Ministerio que está absolutamente fuera de sus capacidades.

En esta España «de charanga y pandereta» que hemos vuelto a ser tras ímprobos esfuerzos de nuestra casta política (no sólo de ella, pero primera y principalmente de ella), como los partidos tradicionales ya no nos convencen, queremos otros. Pero somos generaciones pasadas por la LOGSE, así que ya no buscamos gente de mucha altura. Nos bastan personas que den bien en la tele aunque no den la talla donde debieran. El caso es que la propuesta se va pareciendo mucho a aquella del «Nuevo gobierno japonés». Y si eso, ya que el trabajo falta, en España nunca ha faltado la guasa. Vean, vean….

Presidente                                                      Dinio

Vicepresidente Económico                     Dioni o Fèlix Millet (por la cuota catalana).

Vicepresidente Segundo y Portavoz    Belén Esteban

Ministro de Agricultura                             Jorge Javier Vázquez

Ministro de Industria                                  Fernando Alonso

Ministro de Defensa                                     Pedro Zerolo

Ministro de Interior                                    Carlos Navarro, El Yoyas

Ministro de Trabajo e Inmigración       Juan Luis Fabo (liberado sindical)

Ministro de Asuntos Exteriores             Willy Toledo

Ministro de Educación                               Mª Antonia Iglesias

Ministro de Cultura                                      Teddy Bautista (bueno, cuando salga del maco).

Ministro de Justicia                                     Baltasar Garzón

Ministro de Sanidad                                    Luis Montes

Y no se ponen más, porque estamos en crisis y hay que ahorrar. Pero no me dirán ustedes que no es una propuesta atractiva, visto lo visto en estos últimos tiempos. Quizá Garzón canta un poco en la lista, pero es que han tenido una deferencia con él: después de la afrenta que supuso que el Ministerio de Justicia fuese a las manos del cochero de Drácula, Juan Alberto Belloch (afrenta doble porque reunió en sus manos Justicia e Interior), y después de que nuevamente el Ministerio se le escapara a manos del gallego Caamaño, que hoy parece tener los días contados («lo que importa no es el Caamaño, sino lo que haces con él»).

En fin. Riámonos un poco que para cabrearse aún queda tiempo…

«Alemania es culpable»

Sepan ustedes que hoy se celebra el aniversario de la creación de la llamada División Azul. Contingente militar nutrido de voluntarios (nada de levas forzosas) convocados para «luchar contra las hordas rojas». Es verdad que muchos de ellos eran falangistas, pero eso ni quiere decir que todos lo fuesen ni que Franco «los apoyase porque había apostado por Hitler». Digámoslo una vez más: Franco agradeció la ayuda que Hitler prestó a los nacionales (lo mismo que la URSS la prestó a los rojos), pero en 1940, recién salidos de una guerra civil que dejó el país como un yermo, era imposible devolver el favor. No obstante, se dio libertad para que quien quisiera, se alistara en ese cuerpo divisionario al grito de «Rusia es culpable», un grito muy convincente entonces, tras haber sido muchos testigos de las barbaridades que cometieron los comisarios soviéticos enviados a crear y/o controlar las chekas.

Por ello, tiene una gracia añadida que ZP salte precisamente ahora con algo parecido. Los alemanes, los Herrenvolk son los culpables de todo: de la burbuja inmobiliaria, de la deuda de las CC.AA., de que Camps se dejara sobornar por tres tristes trajes, del chivatazo del Faisán, de la reconversión industrial de 1982, de la bomba de Palomares… Pueden alargar ustedes la lista todo lo que quieran. Cualquier cosa intentará ZP antes que reconocer su condición de cigarra cantaora y antes que dejar de tirar el dinero a pesar de lo que le queda ya en el convento.

De cualquier modo, el «grito» convencerá. Convencerá a los de siempre. Convencerá a esos otros que ustedes saben que «Alemania es culpable», como antes lo fueron , Aznar, los mercados, los especuladores, los antipatriotas, la derechona, la Iglesia (de Cáritas ni hablamos, claro)… Cualquiera, menos el Gobierno que no sólo no tomó las medidas pertinentes cuando debió hacerlo porque eso le iba a restar popularidad, sino que siguió gastando (y permitió que otros, como las Comunidades Autónomas, gastaran sin techo y sin tasa). Culpable el Gobierno por enmierdar, culpable la oposición blandita por permitirlo en base a cálculos políticos, y culpables nosotros por no exigir como un solo hombre la correspondiente responsabilidad a cada uno.

No obstante, la @@#!!cracia (por favor, no insulten al conceto llamando «democracia» al Régimen que padecemos) de hoy es lo que tiene: los hermanos se ayudan entre sí, incluso por encima de la ley que se supone es para todos igual (no es verdad: es igual para ustedes y para mí, es tuerta de un ojo o del otro según de quién se trate y para otros es completamente ciega).

Crisita

Estamos en verano. Algunos de ustedes sorben ya la naranjada en la playa (o en la piscina si no son playeros), desparramando su humanidad toda en una tumbona. Otros, en cambio, sudamos la canícula gorda en espera de ese agosto que nos va a liberar las tensiones, salvo en el caso de que en esos 30 días decidamos hacer todo lo que no pudimos hacer durante el curso.

Y mientras arrancamos hojas al calendario, «el Gobierno sigue trabajando a pleno rendimiento». Poco importa que se le olvide la coletilla «para seguir jodiendo el país». El caso es dar la impresión de que se está haciendo algo. De momento, la dimisión de «Rubalcaba» y su transformación en «Alfredo P.» ha provocado ya un milagro: la resurrección de P. Blanco. Creíamos que lo habían largado a Lugo para que peleara por su escaño (difícil, porque como decía expresivamente el chiste, «lo conocen»). Pero no; y además de eso, le dan todo el micro y la cámara que quiera para explayarse en sus concetos.

No obstante, tal y como dice Anghara, esto dista mucho de ser noticia entre los españolitos de a pie. Quizá incluso tenga más interés para muchos de ustedes el (nuevo) despelote de la señora o señorita Aída Nízar en (cómo no) Interviú. ¿Para qué va a ser noticia el que se nombre a un ministro de interiores –pues eso es lo que va a ser Antonio Camacho–? Un secretario de Estado al que no sólo se premia por haber trinchado el faisán, sino para que siga tapando la hemorragia. Es el único en quien P. Punto parece confiar para esa misión y, de paso, para evitar que se los quede D. Pablo Ruz, y no precisamente para casarlos.

De cualquier modo, estén ustedes preparados. Las malas noticias del otoño se gestan en los ardientes calores del verano. Corríjanme ustedes, pero la única buena noticia política que yo recuerdo haberse producido en verano fue la promulgación, en fecha tan intempestiva como el 14 de agosto, de la vieja Ley de Procedimiento Administrativo, la venerable LPA, que nos duró la friolera de 34 años, hasta ser sustituida en 1992 por la actual Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

Así, pues, con ZP, ¡qué más da una crisita de más o de menos! Entre la del euro, la inmobiliaria y etc., hay de sobras para elegir. No va a turbar la paz del largo y cálido verano que cambie la cara del ministro de Interiores… por ahora.