Para nada

Para eso sirvió el presunto debate de ayer. Sí, presunto. Porque no es un debate una confrontación dialéctica en el que las partes que debaten pactan los temas de los que no van a hablar y se dedican a leer datos, como si fueran dos telediarios intercalados. A eso fue a lo que asistimos ayer. Los españolitos nos dimos cuenta, eso sí, de una cosa: de que Rubalcaba trató a Rajoy ya como presidente, pidiéndole cuentas de lo que va a hacer como si ya lo hubiera hecho. Fue un ejercicio dialéctico realmente curioso, en ese sentido. Pero tal vez ese fuera su único interés. Sigue leyendo