Notas sobre noticias

La no-imputación

Finalmente, el (todavía) duque de Palma ha sido imputado formalmente por el juez Castro. Sin embargo, y sin ser una lumbrera jurídica, el auto de S.Sª me produce cierta perplejidad. Si ustedes se toman la molestia de leer el art. 779.4º de nuestra venerable Ley de Enjuiciamiento Criminal (de 1882, pero con más parches que Robocop), se encontrarán con lo siguiente:

Si el hecho constituyera delito comprendido en el artículo 757, seguirá el procedimiento ordenado en el capítulo siguiente. Esta decisión, que contendrá la determinación de los hechos punibles y la identificación de la persona a la que se le imputan, no podrá adoptarse sin haber tomado declaración a aquélla en los términos previstos en el artículo 775.

El precepto corresponde a la regulación específica del procedimiento abreviado, aplicable a los delitos que tengan señalada pena inferior a 9 años de privación de libertad, cual sería el caso de los que, según las informaciones aparecidas en prensa, podrían haber cometido el duque y sus socios. Sin embargo, tal y como dice la negrita que les marco, traten ustedes de encontrar en el auto de marras la imputación. Aparece, sí, perfectamente identificado el duque, al menos a través de su representación procesal; mas, ubi imputatio? ¿De qué le acusa exactamente S. Sª? Y por otra parte, declarar ante el Juez, hasta donde uno sabe, sólo se puede declarar en calidad de autor, cómplice, testigo o perito. No tenía idea de que a una persona se la pudiera imputar por referencias a los folios del sumario.

Veremos en qué termina. El escenario que yo me imagino es el siguiente: Urdan-pillín sale absuelto por prescripción de los delitos presuntamente cometidos, pero le echan de la Casa Real, le retiran todas las prebendas que hacen al caso y a lo mejor es incluso aconsejado de divorciarse de la Infanta.

La guerra de papá y mamá

Papá RbCb y Mamá Chaconeta Metálica andan a la greña por repartirse las cuatro migajas de poder que han quedado dentro del PSOE. Menudo trabajo. Veamos los hechos:

  1. la pesoe ha sacado aún 7 millones de votos, lo que indica sobradamente la fortaleza de su red clientelar. Pero no es menos cierto que después del desahucio forzoso del 22-M, un partido de base fundamentalmente municipal como es el PSOE ha quedado sumamente tocado.
  2. estamos ante dos perdedores: RbCb perdió las elecciones ante Rajoy, pero no por méritos de éste (si excluimos la paciencia), sino porque RbCb no tenía nada que vender el 20-N; y en cuanto a la Chaconeta Metálica, deja un recuerdo catastrófico en Defensa, con 27.000 millones de deuda y la imperiosa necesidad de reorganizar las FF.AA. de arriba abajo al efecto de recuperar la eficacia y sobre todo, el orgullo y la moral de las mismas.
  3. RbCb, finalmente tiene un punto a su favor: no ser nacionalista, como le ocurre a la Chaconeta Metálica y al PSC, razón por la cual a ésta no se la puede ver ni en pintura en Extremadura o Andalucía. Y otro en contra: que con 60 años, estando más cerca de la jubilación, pretenda presentarse como la renovación del Partido.

Tal como diría uno de los manifiestos de la guerra, todos estuvieron allí. Mientras gobernaba ZP y corría el dinero a espuertas para los asuntos más peregrinos, a nadie se le ocurrió levantar la voz contra el despilfarro. Era peor quedarse sin la canonjía. Todos cantaban la canción de A comer, a beber y a arramblar, a todos los niveles. El que pretendía poner un poco de sensatez era laminado (por ejemplo, Jordi Sevilla).

Nos tememos que, tal como dice lúcidamente la exministra María Antonia Trujillo en su entrevista para Época, ninguno de los actuales valga para ejecutar la necesaria renovación-refundación del PSOE. Tiene que surgir alguien completamente desconocido: ni siquiera los tapados, que no son sino peones de los que ya andan en candelero. No parece, no obstante, que los tiros vayan por ahí: hay voces en la pesoe que no quieren primarias libres «porque eso crearía problemas», «pondría en cuestión el liderazgo» (¿einnnn? ¿Qué liderazgo?).

En fin. Dejamos para otra entrada el repaso al primer decretazo del año mariano de 2012…

No es país para inocentadas

Hoy, 28 de diciembre, las bromas están permitidas. Hay anuncios de todo tipo: que si Lerele Pajín ha decidido optar a la Secretaría General del PSOE (en cuyo caso pasaría a llamarse Secretaría Generala de la PSOA), que si Rajoy, echando pelillos a la mar, ha nombrado a Rubalcaba nada menos que Director de la Guardia Civil…

Quizá de todos modos sí sea bueno reírse de nuestra casta política, teniendo en cuenta que ellos se ríen de nosotros todos los días del año. Una inocentada que me ha parecido de las buenas es la que comenta D. Francisco Rubiales Moreno en su blog. Les extraigo un párrafo:

Mariano Rajoy, en un gesto inesperado por su contundencia y trascendencia, ha decidido lanzar una intensa campaña de limpieza democrática cuyo objetivo es liberar a España de los numerosos corruptos y delincuentes instalados en la política. Tras haber informado al rey de su decisión, Rajoy, flanqueado por su flamante ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, se ha reunido con los máximos representantes del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional para expresarles su intención de limpiar España de indeseables y encargarles que preparen juntos la estrategia jurídica y procesal pertinentes.

Está clarísimo, tanto para ustedes como para mí, que esto es una inocentada de las buenas. Sobre todo, porque ni de coña se va a producir. Rajoy «respetará» (y hará mal) las designaciones digitales de sus predecesores e intentará trabajar con unas instituciones llenas de topos que seguirán siendo fieles al desgobierno anterior. Con lo cual se están sembrando las semillas de la repetición del anterior período del PP: cuando la despensa empiece a llenarse aparecerán otra vez las ratas, cucarachas y alimañas que minarán (o intentarán minar) el Gobierno desde dentro. Y el PP, more suo, no hará nada, porque en su ADN no está incluido lo de defenderse de esas especies. Pero en fin, esto es adelantar mucho los acontecimientos.

Centrándonos en lo que toca hoy, prefiero hacerles más bien una propuesta seria, tal que ésta: ¿por qué no declarar el 28 de diciembre algo así como el «Día Nacional a favor de la Vida Dependiente», entendiendo por tal a la que se está gestando en el vientre de la madre? Ya que no se pueden declarar «Días internacionales contra» (eso no queda muy «progresista» ni es «políticamente correcto»), que en este caso lo sería «contra el aborto», por lo menos quedaría constancia de que el Gobierno se acomoda al sentir de una mayoría social (perdón por el politiqués) que no está de acuerdo con las prácticas abortivas que el anterior gobierno permitió, alentó, legisló y subvencionó, siguiendo el programa del Livre Blanc de la laïcité.

No está el patio para bromas (gracias, PSOE), pero bien está que al menos por un día nos permitamos alguna que otra risa floja a cuenta de la casta política…

«Yo tenía un camarada…»

Parece mentira, pero como decía Don Quijote, «cosas veredes, amigo Sancho». Ya Mariano nos ha dado la primera en la frente con el nuevo Gobierno (japonés), incluyendo en él a personas que estarían mejor en otra parte, de quienes hemos hablado en los anteriores posts. Creíamos que ya estaba, pero no. Nuestra partitocracia democracia tiene momentos absurdos y esperpénticos, de los que Dº Ramón María del Valle-Inclán hubiese disfrutado con ganas.

Éste parece ser el caso de la consigna dada por Mariano a sus ministros: «No hay que hablar mal de quienes nos han precedido». Y el propio Mariano ha dado ejemplo en la despedida definitiva (ésta vez sí) de ZP: Acertó y se equivocó, como todos. Es aún la hora de que Mariano nos diga en qué acertó ZP, como no fuera en irse (y encima, un año más tarde de lo que le hubiera tocado, porque en junio de 2010 la legislatura ya estaba muerta). Por eso, uno oye a Fernández Díaz, flamante Ministro de Interior, haciendo el panegírico de sus predecesores Rubalcaba y Camacho… o del Faraón hablando de Caamaño, y se queda a cuadros. ¿Veremos repetirse la escena con Ana Jaguaryou Mato o Ana Pastor? Si no me dejaran otra opción, preferiría callarme antes que tener que hablar bien de toda esa patrulla que nos ha desgobernado durante 7 largos años y medio.

Todo contado, bien parece que estén hablando de ellos en este tono…

… que a lo mejor, hasta es verdad. O eso, o de logia a logia y tiro porque me toca.

Da zdrastvstvuet Tsar’ Boris Marianevich! (y III)

De los que no me gustan, el primero de todos ellos es Gallardón. Por muy «Fiscal en excedencia» que sea y por mucha promesa que se le hiciera a su señor padre, un señor que dice que «hay que obviar el 11-M» no puede estar de ministro de Justicia. Tal vez, como dice Anghara, Urdan-pillín y algunos otros integrantes de la casta cuyas pifias se han hecho públicas (Chaves, Bono, Pepiño et al.) podrán respirar tranquilos. O tal vez las zanjas crecerán alrededor de los Juzgados, vayan ustedes a saber. Pero desde luego, no me gusta.

Lo de Jorge (Jordi) Fernández Díaz entra en la nómina de sorpresas:

  1. No entiendo por qué había que premiarle, si el resultado del PP en Cataluña es mediocre. Y decimos mediocre porque de la debacle del PSC, el PP recogió solamente dos escaños y el ganador indiscutible resultó ser CiU (cosa incomprensible dada la política de recortes selectivos que aplican), que recogió la mayoría de esos escaños que perdió el PSC (pero quan convé, PSOE). Su nombramiento como titular de Interior es una bajada de pantalones ante CiU, que reconocieron no querer que un catalán fuera de Cataluña «tuviera más altura institucional» que el President Menys (y todo porque iba para presidente del Congreso, cargo que le venía mucho más a medida).
  2. Y ya puestos a premiarle, tampoco entiendo por qué en Interior. Lamentamos profundamente que Rajoy no recuperara a Mayor Oreja, salvo que por petición expresa de éste no se le incluyera en la quiniela. Necesitábamos a alguien que siguiera la misma línea que Mayor Oreja… y nos ponen a un señor que tal vez hubiera estado mejor de Secretario de Estado de AA.PP. Pero claro: esa área se la ha quedado Montoro, y el otro tampoco quería «estar a las órdenes de». Así que nada: por c… le damos un Ministerio aunque no tenga idea de la cosa y tots contents.

También me resulta desagradable Ana Mato en Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad. No sé qué conocimientos médicos y/o de Administración sanitaria tiene la señora Mato, como por ejemplo sí los tiene Ana Pastor, que era mi favorita para ese Ministerio. Lo que me supongo es que, en primer lugar, se ha premiado su fidelidad al líder. Y en segundo lugar, nos estamos oliendo que el verdadero Ministerio para el que esa señora está preparada es el de… Igualdad. «Ministerio» para el cual, como es sabido, no se necesita preparación alguna: todo lo más, una licenciatura en Sociología o haber hecho méritos en la promoción del flamenco y olé. Nos tememos también que continúe con la ideología y las políticas feminazis de sus predecesoras. Pero esperaremos antes de confirmar semejante barbaridad. Le queda el marrón, disimulado en Asuntos Sociales, de la inmigración. Veremos también cómo se las apaña.

Finalmente, henos ante el caso de José Ignacio Wert, que reúne en su mano la educación y la cultura (con permiso de las autonosuyas) de este país. Nada que objetar, a priori: un señor que lo conocen en su casa, pero que es profesor universitario, luego entiende de la cosa. En contra: al parecer es un acérrimo defensor de la nefanda Ley Sinde, la que nos considera a todos delincuentes por descargarnos contenidos de la Red sin pagar. Tampoco nos gusta que sea amigote de Prisa (¿también de RbCb?) y de la progresía en general. Nuevamente hay quien teme que lo único que hará este señor es proteger los derechos de autor (los zejateros serán «de izquierdas» y alguno hasta «comunista», pero creen como el que más en la propiedad privada, faltaría plus). Lo mismo nos sorprende con la aprobación de una mutación de la Ley Sinde

En resumidas cuentas, no hay que bajar la guardia, aunque el listón se haya elevado significativamente en comparación con los desgobiernos de ZP. Tampoco hay que olvidar que el listón se eleva exclusivamente por el equipo económico y que si no fuera por eso, a los restantes ministros también podría haberlos nombrado ZP.

Y para acabar con un punto musical, les dejo aquí con la «Escena de la Coronación» de Boris Godunov, muy adecuada al caso. Los intérpretes son el estupendo bajo ruso Evgeni Nesterenko (Boris), el tenor Denis Korolyov (Shuiski) y el Coro del Teatro Bolshoi de Moscú, con la Orquesta Nacional de Rusia dirigida por Alexander Lazarev, con ocasión del 150º aniversario del nacimiento de su autor, Modest Pétrovich Mussorgski. ¡Viva el Zar Boris Mariánevich!

Da zdrastvstvuet Tsar’ Boris Marianevich! (II)

Aparte los detalles, parece que en líneas generales Rajoy ha cuidado de poner personas con una cierta experiencia, no sólo de premiar fidelidades y/o castigar pifias. Así, pues, Soraya Sáenz de Santamaría ya no es la novicia que empezó con Rajoy allá por el 2000 y se merece el puesto de madre superiora porque lo ha sudado. Nada que objetar: el puesto de coordinadora general del Gobierno se lo ha ganado de sobras, aunque en el pasado un servidor de ustedes expresara dudas al respecto.

De los nombres que me gustan, les comento que me gusta Montoro en Hacienda. Ya tiene experiencia en la cartera (lo fue con Aznar), así que es de esperar que en ese terreno su gestión resulte adecuada. No me gusta que le hayan encasquetado también el área de Administraciones Públicas, que convierte a Montoro prácticamente en un superministro; si bien, mirándolo desde otro ángulo, tampoco es mala idea que el recorte del gasto de las AA.PP. pase por la Hacienda.

También debo decir que me gusta Miguel Arias Cañete en Agricultura, puesto que ya ostentó esa cartera también con Aznar. Es importante que tengamos a alguien que sepa negociar los flecos de la PAC en Bruselas o llegar a acuerdos pesqueros con el siempre rijoso vecino marroquí.

 Me gusta, aunque menos, que Ana Pastor aterrice en Fomento. No es que no le tenga confianza, que desde que vi cómo arregló el desaguisado de la Juanita Calamidad pepera (Celia Villalobos) pensé que era digna de confianza; pero creemos que lo suyo tal vez sea más bien Sanidad. Cuando menos, yo sí tengo confianza en que no tardará en imponerse en la nueva tarea y estará en condiciones de arreglar el entuerto de los aeropuertos infrautilizados de Pepiño y otras pifias que a día de hoy no se conocen, pero que se las deja al que venga detrás y no a beneficio de inventario.

Báñez, De Guindos, Montoro forman la terna con la que, al menos económicamente, Rajoy ha prometido que saldremos del hoyo. En este punto sí se puede decir que son gente preparada y con experiencia (Báñez menos, pero como dice el dicho, por sus frutos los conoceréis, y me da que no habrá que esperar mucho para saber por dónde van sus actos).

Pedro Morenés no parece a priori una mala elección. Ya fue Secretario de Estado de Defensa con Aznar, así que «la experiencia se le supone». Sigue la tendencia de la casta a encargar la defensa nacional a «personas ajenas al servicio» (militar). El principal trabajo de Morenés, además de pagar la cuantiosa deuda que le deja su predecesora, está en recuperar para las FF.AA. la consideración, el respeto y la estima institucionales que merecen como garantes de la integridad territorial de la Nación española (art. 8 CE), esa misma en que se ciscó el desgobierno de ZP y se siguen ciscando los nacionalistas.

Finalmente, José Manuel Soria es en principio una buena elección… para Turismo. No sabemos cómo se las gastará en Industria, que es su rúbrica principal. Y no podemos olvidar que cuando se armó el cisco de María San Gil, este señor le envió un SMS con el texto: «María, he recibido tu ponencia. ¡Arriba España!» y el subtexto «¡facha!». Pero en fin, en este nuevo PP no cotizan los principios al alza, precisamente…

Da zdrastvstvuet Tsar’ Boris Marianevich! (I)

Bueno, pues ya está. Se han disipado todas las dudas y, sobre todo, se ha terminado el que un servidor de ustedes ha llamado el coñazo de la quiniela, a saber: los periodistas elucubrando que si tal personaje iría a tal ministerio, que si tal otro iría a tal otro ministerio… La lista, tal como la ha anunciado Rajoy, queda del siguiente tenor:

Vicepresidencia    Soraya Sáenz de Santamaría

Economía    Luis de Guindos

Hacienda y AA.PP.    Cristóbal Montoro

Interior    Jorge (o Jordi) Fernández Díaz

Exteriores    José García Margallo

Justicia    Alberto Ruiz Gallardón

Fomento    Ana Pastor

Industria, Comercio y Turismo    José Manuel Soria

Empleo    Fátima Báñez

Defensa    Pedro Morenés

Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad    Ana Mato

Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente    Miguel Arias Cañete

Educación, Cultura y Deportes    José Ignacio Wert

La reorganización ha sido más que importante. De entrada, por arriba se han suprimido dos vicepresidencias: la económica, que ostentó la Märschallin Salgado con más pena que gloria (aunque en su descargo, es lo que tiene estar a las órdenes de ZP: que él se lleva el mérito y el palo, si lo hay, te lo llevas tú) y la territorial, que oficiaba de jubilación dorada para Manoliyo Chaves (además de sustraerlo a la jurisdicción del TSJA por un quítame allá esas minas de aguas teñías, que también era importante).

Algunas mujeres buenas

Como siempre, el título no está parafraseado por casualidad. Porque hablamos de un tema bastante feo y cuyo estado dice muy poco de la calidad de nuestra democracia (en rigor, régimen juancarlista). Se trata de la Justicia, esa señorita que va con una venda en los ojos, una balanza en la mano izquierda y una espada en la derecha.

Es casi un lugar común hablar de lo mal que funciona la Justicia, del atasco monumental, que parece que la Justicia como institución se acerca a los establos de Augías, aquellos que hacía años que no se limpiaban y que el estiércol se olía a kilómetros de distancia. Como sabrán ustedes, dicha limpieza fue el objeto de uno de los doce trabajos de Heracles. El trabajo de limpiar la Justicia no será menos hercúleo; y así como en el original hubo que desviar el cauce de dos ríos, en éste… bueno, en éste no se me ocurre cuál podría ser el remedio. Sí le deseo suerte al próximo titular de la cosa, si es que de verdad quiere remediarlo.

De lo que estoy seguro es de una cosa: que si no fuera por determinados jueces, los españoles ya hubiésemos dejado de creer en la Justicia, cumpliéndose así el adagio quevedesco: «Donde no hay justicia es peligroso tener razón». Pero no: estas personas, que a pesar de salir en los medios (a pesar suyo, valga la redundancia), no tienen vocación de jueces estrella, ni mucho menos de ver amanecer, han conseguido que los españolitos de a pie creamos que «todavía hay jueces en España».

Me refiero, como ustedes se imaginan, a las jueces D.ª Estela San José, que se ocupaba del caso Campeón y lo mandó sin pérdida de tiempo al TS (donde a lo peor lo recibe Conde-Pumpido, amigo del alma de Pepiño). Me refiero a D.ª Mercedes Alaya, que sigue el caso Mercasevilla y que ha tenido que aguantar nauseabundas insinuaciones del zeñorito dejcamizao Arfonzo Guerra acerca de su imparcialidad, además de soportar que la Administración andaluza le mande los expedientes tarde, mal y por cachos.

Pero muy especialmente me refiero D.ª Coro Cillán, que está investigando el caso del 11-M, a quien desde éste mi humilde rincón reitero todo mi apoyo de ciudadano de a pie. Las presiones que está recibiendo para que abandone el caso y las maquinaciones que alguien está llevando a cabo para que se la expulse incluso de la carrera judicial por atreverse a intentar desbaratar la sentencia-farsa de Gómez Bermúdez y la pésima instrucción de del Olmo (ese mismo que sentenció que «llamar “zorra” a una mujer no es un insulto dependiendo del contexto»), rozan lo absolutamente denigrante y repugnante.

Sin duda, alguien se está tomando muchas molestias para que D.ª Coro sea un segundo caso Gómez de Liaño, el juez expulsado de la carrera por atreverse a enfrentarse a Don Polancone, que en la gloria del paraíso masónico esté. Por lo que a un servidor de ustedes respecta, espero que en el CGPJ haya también alguien lo bastante honrado como para facilitar la tarea a Dª Coro, para que se llegue al fondo del asunto. No nos parece que D.ª Coro sea persona de arredrarse por cualquier cosa, ni siquiera por aguantar a una Secretaria judicial que es la personificación del enemigo en casa. Confiamos en D.ª Coro para que si en el sumario aparecen nombres de políticos, no se vayan de rositas, sean del color que sean. Confiamos en D.ª Coro para que todos los españoles de bien y especialmente los familiares de los 192 fallecidos y los 1.500 heridos sepan de una vez quién hizo daño o arrebató a sus seres queridos, por qué y cómo.

OTROSÍ: Que, teniendo en cuenta que en nuestro sistema judicial el juez que instruye no puede ser el mismo que el que enjuicie, esperamos que en fase decisoria los Magistrados decidan conforme a Derecho y no a directrices políticas, fijándose así la responsabilidad penal de las personas que aparezcan como procesadas o imputadas, ya se trate de políticos o no. Y sobre todo, corrigiendo el disparate jurídico que es la sentencia de Gómez Bermúdez.

Y por si algunos lo dudaban, SÍ, SEGUIIMOS QUERIENDO SABER. Y LO MISMO QUE SE LO HEMOS EXIGIDO AL DESGOBIERNO DE LA PESOE, QUE NO NOS HA HECHO NI PUÑETERO CASO, SE LO EXIGIREMOS AL PP, QUE HA ESTADO CON LAS VÍCTIMAS CUANDO LE HA CONVENIDO Y CUANDO NO, SE HA DESCOLGADO MISERABLEMENTE.

Culpa y vergüenza

Ya saben ustedes que un servidor no se declara especialmente afecto a la Monarquía. Principalmente porque eso implica que en un régimen monárquico hay alguien que se comporta como si estuviera a legibus solutus. Así es como se sanciona en nuestra Constitución, art. 56.3: «La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad». Claro que aquí habría que matizar que aquellos que forman la casta y las fuerzas vivas tampoco: la última muestra acaban de tenerla ustedes en el indulto concedido in extremis a Alfredo Sáenz, mano derecha de Don Botinone. Y que lo de Barrionuevo (¿tal vez también de Felipe?) era tan gordo que no había manera de dejarlo estar sin que nadie fuera responsable.

En resumidas cuentas: para mí ya es malo que haya alguien en nuestro país que no se someta a responsabilidad judicial en caso de cometer una pifia de las reguladas en el Código penal. Fíjense que incluso los militares, a pesar de que existe una jurisdicción especial para ellos, no dejan de tener también su Código Penal y están sometidos a él como los demás lo estamos al general. El problema surge cuando alguien del círculo del Rey cree que puede actuar como si estuviera a legibus solutus (exento de cumplir la ley). Alguien que cree que por estar dentro del círculo participa de esa misma «invulnerabilidad» que la Constitución concede al Rey.

El mecanismo funciona en esas alturas a otro nivel. El conceto, que diría Pepiño, no es aquí «culpa», sino «vergüenza». La vergüenza no nos habla de lo que hemos hecho mal, sino de aquello que somos y que nos incapacita para ser. Por la misma razón, lo que se aplica aquí no es la ley escrita, sino la moral. Es decir: esos principios no escritos que rigen (o deben regir) la actuación de las personas y que funcionan como mecanismos de autocontrol. Sin embargo, en esta época de relativismo moral y de, como diría Nietzsche, nichts es wahr, alles ist erlaubt, parece que nada iba a parar al ex deportista de élite y empresario de nuevo cuño, emparentado con el Rey (el triunfo en persona, vamos).

De que está todo inventado no cabe duda. Pues bien: el caso de Urdangarín, que desde hace semanas colea en los medios y que posiblemente salpicará a más personas conocidas (de momento, parece que a González Pons le ha costado la designación como portavoz del Gobierno), es otra muestra de la hybris griega: el que se comporta como si no tuviera límite alguno acaba partiéndose el cuello. Cabe imaginar que quienes no hace tanto se sentían orgullosos de «hacer negocios con el yerno del Rey» se hayan apresurado a aplicar el photoshop a las fotos en que aparezcan dándole la mano.

De aquí surgen dos preguntas:

  1. ¿Ninguna de esas personas con las que contrató tuvo las narices (por no decir otra cosa) suficientes para decirle «Me pides demasiado por este informe y no te lo voy a pagar»? ¿Tan contentos estaban todos de «contratar con el yerno del Rey»? Fíjense ustedes que hasta ayuntamientos catalanes gobernados por ERC (republicanos de toda la vida) recibieron de la Generalitat la recomendación de contratar con él.
  2. Dicen que todo ese dinero que obtuvo de manera muy poco clara o directamente no ejemplar lo evacuaba a paraísos fiscales tipo Belice y similares. ¿Qué necesidad tenía él de manejar dinero, cuando no viene precisamente de familia pobre de solemnidad (su familia es una familia bien del PNV), y menos cuando probablemente reciba una asignación real que para sí quisiera cualquiera de los 5 millones de parados de este desventurado país?

Xavier Horcajo da un buen repaso a la trayectoria de Urdangarín. Presenta una versión, aunque «mala», benevolente con Urdangarín: que sí, que está metido en todos esos feos asuntos en que dicen que está metido; pero que sus compañeros de ESADE le liaron. A día de hoy no podemos saber si esto es verdad o es, por el contrario, un intento de diluir su responsabilidad. Suena más bien a que le animaron a usar del real paraguas y que luego, en vista de los éxitos, naturalmente, le creció la ambición. Creyó que tenía poder y que podía usarlo en su propio beneficio sin ningún tipo de límite. Hasta que finalmente el paraguas real mudó en paraguazo en los medios.

También hay quien se pregunta, malicioso, por qué han sacado precisamente ahora el tema. ¿De qué otro tema hay que desviar la atención? ¿Acaso del traspaso de poderes? ¿Acaso de los nubarrones que vienen de Europa? Habrá que estar atentos. De lo que sí estamos seguros es de una cosa: de que el verdadero patrimonio de un Rey (y por extensión, de su familia) son la honorabilidad y el prestigio, que le exigen actuaciones no sólo dentro de la legalidad, sino moralmente intachables. Ahora Urdangarín se los ha cargado. Ya veremos cómo queda de tocada la institución (en nuestra opinión, bastante).

Herr Otto, das Wunder y una Sexta

Inspirado nuevamente por mi amigo Noatodo, hoy tampoco me apetece escribir sobre política, que últimamente va de traspasos, urdan-pillines y otras hierbas europeas poco recomendables. Lo único que nos queda claro a los ciudadanos de a pie es que pasaremos una larga temporada en el infierno.

A Dios gracias, siempre nos queda la música, habitualmente libre de servidumbres políticas. En esta ocasión, como les decía, en su último minuto musical Noatodo comparte con nosotros el Beethoven del gran director que fue Otto Klemperer, a quien él cariñosamente llama don Otto. Yo, quizá porque soy de escuela más antigua, prefiero llamarle Herr Otto (de la misma manera que no se me ocurriría llamar «don Heriberto» a das Wunder).

Y créanme que voy a dar la razón a mi compadre, aunque sólo sea por esta vez y sin que sirva de precedente. Pero lo haré desde un punto de vista diferente. Es decir, no desde Beethoven (para mí, la integral que grabó das Wunder en 1963 es de absoluta referencia y de ella abajo las demás, se ponga como se ponga mi compadre), sino de un autor que a Karajan también le ha quedado bastante bien: el ruso Piotr Ilyich Tchaikovski.

En concreto, someto a la consideración de ustedes la Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74, que la exacerbada sensibilidad romántica de la época etiquetó de Patética (más patético debió resultar a quien se le ocurrió tal etiqueta, y desde luego, no fue el propio compositor). Un poco al modo de lo que ocurrió con el pobre Chopin, que también tuvo que soportar póstumamente que algunas de sus obras llevaran títulos que él probablemente jamás hubiera aceptado en vida.

La historia de la obra es más o menos conocida: viene a ser como su adiós a la vida; vida marcada por la lucha entre su orientación homosexual y sus esfuerzos por parecer «aceptable» ante la sociedad rusa de su tiempo, nada transigente con el amor entre personas del mismo sexo. Al parecer Tchaikovski picó demasiado alto y consiguió que un sobrino del zar Alejandro II se enamorase de él. Llegado el asunto a oídos del zar, se zanjó sin contemplaciones: se formó un tribunal de honor y prácticamente se condenó a muerte al tovarishch Piotr Ilyich; pero no a fusilamiento, sino a que se quitara la vida (que resulta menos directamente culpable). Así pues, habiéndose declarado a la sazón una epidemia de cólera en Moscú, Tchaikovski aprovechó la ocasión y bebió un vaso de agua sin hervir, lo cual le produjo la muerte en 1893.

Su última sinfonía, que además es su última obra terminada, es por tanto lo que se puede llamar pomposamente su testamento musical. En él Tchaikovski vierte toda su amargura y dolor (en los movimientos extremos), así como la melancolía por los viejos y hermosos días que ya no volverán, esos días de fiestas (segundo) y triunfos (tercero). Pero para no ponernos en plan cebolla invito a ustedes que comparen el scherzo, que es la parte más o menos «optimista» de la obra. Incluyo los minutos exactos por si se quieren centrar exclusivamente en el fragmento citado.

27:00 – 37:45 Klemperer / Philharmonia Orchestra.

28:20 – 36:53 Karajan /Wiener Philharmoniker

La cuestión está en que la música nos presenta un desfile. Para que lo entendamos, lo plantearé en términos españoles. Imagínense ustedes que el calendario marca el Día de las Fuerzas Armadas. Después de haber abucheado a ZP (o no), comienza el desfile. Herr Klemperer, el rey de los tempi lentos, lo plantea al paso del Ejército de Tierra (115 pasos por minuto). Herr Karajan, en cambio, le imprime un paso de legionario (155 pasos por minuto).

Si nos atenemos al criterio de nuestro ya venerable Código Civil, el art. 675 nos dice: «Toda disposición testamentaria deberá entenderse en el sentido literal de sus palabras, a no ser que aparezca claramente que fue otra la voluntad del testador. En caso de duda se observará lo que aparezca más conforme a la intención del testador según el tenor del mismo testamento». Si preguntamos cuál es la versión que mejor expresa la voluntad del testador, la discusión está servida.

Y aquí es donde yo doy la razón a mi compadre. Dejando aparte el tema de la afinación (Herr Karajan afina medio tono más alto de lo normal, cosa que no me gusta), la versión de Herr Klemperer es mucho menos efectista y más contenida. Herr Karajan, en cambio, la interpreta como una especie de marcha enloquecida, una especie de huida hacia adelante. Das Wunder echa el resto de todo el pathos romántico, cosa que me parece un tanto fuera de lugar, incluso tratándose de Tchaikovski, cuya música en ocasiones tiene hasta un punto de histerismo, es cierto; pero no me parece que aquí y en esta música sea lo adecuado o necesario. ¿Quién de los dos se acerca más a lo que el compositor hubiera querido oír? Son ustedes libres de elegir bando.