«Paro juvenil»

Nos encontramos aquí con uno de los mantram más repetidos de los últimos años, junto a la «sostenibilidaz» (de izquierdas, claro) y la «reforma del mercado laboral» (de derechas, claro). Ya hemos hablado de la «reforma laboral» a cuenta del «rígido mercado laboral español». Se habla ahora, también, del exilio laboral juvenil, del «vente a Alemania, Pepe» 2.0. Personas que se ven sin futuro aquí, pero que dominan algún idioma (inglés o alemán), se plantean la marcha porque aquí se encuentran con empresarios que les pagan una mierda por jornadas de trabajo interminables; donde se encuentran que dada esa circunstancia, los puestos de trabajo van rotando (se va quemando a los jóvenes). ¿Cabe hablar de la voracidad de las Administraciones? Sí, también cabe. Son parte de la cadena: las Administraciones (estatal, autonómica y local) atracan al empresario, que a su vez atraca a sus empleados y la empresa en conjunto al consumidor final…

Dejo esa parte ahí. Y vuelvo otra vez sobre el tema: a los partidos (sí, a todos ellos), parece que el único paro que les interesa es el juvenil. Todos proclamaban en sus programas (lástima: es un papel muy duro para usarlo en el lavabo) que iban a tomar serias medidas para atajar el paro juvenil. No obstante, el paro que es realmente dramático es el de los mayores de 40 años. Ese paro, para los políticos, simplemente no existe. Uno se huele que lo han borrado de los programas para que el dios Voto, ante el que (nuevamente todos los partidos) queman incienso, les sea favorable. Que no les sería tanto porque a los de la edad media ya resulta difícil colarles según qué trolas les cuelan en el programa.

A lo que ya decíamos en el otro post que les relaciono hay que añadir otra circunstancia dramática, y es que muchos tienen familias que alimentar. Como los dos empleados de Spanair que se van a la puta calle (perdonen los exabruptos, pero la sinvergoncería de los políticos me pone enfermo). Y no sólo eso, sino que con las edades que manejamos, nadie quiere a un trabajador de más de 40 años, ni aquí, ni fuera de aquí. Es decir: están atrapados en su propia tierra. Bien sea por esa edad, por las obligaciones familiares, o por desconocimiento del idioma que no hizo falta aprender mientras se trabajaba, esas personas sencillamente están fuera, más afuera que Vicente Fernández. Han dejado de existir para el mercado laboral y empiezan, en cambio, a existir para los comedores de Cáritas y demás establecimientos del circuito de beneficencia.

Lo más curioso del caso es que los sindicatos y la izquierda toda critican a la Iglesia, que es la que mayormente atiende a estos nuevos contingentes de pobres. En cambio, es la hora de que veamos que UGT o CC.OO. o sus espejos en política, PSOE e IU, abran comedores sociales, aunque sólo sean para gente que demuestre ser de su ideología (la Iglesia, por cierto, no discrimina a nadie). A toda esa aristocracia depositaria de la representación del pueblo español y a la aristocracia obrera (que decía el historiador Hobsbawm), ésa que dice representar los intereses de los más débiles, a los empresarios que te dicen que «está usted demasiado preparado para este trabajo» con una sonrisa de oreja a oreja, a los banqueros que no te dan ni la hora porque no tienes una nómina que ellos puedan vampirizar, además de dedicarles esto,

les dedico esta canción de Serrat:

Ah, y les pido por favor que gasten un papel más suave en los programas electorales. Ya saben para qué (es el único uso decente que tienen). Gracias por adelantado.

Spank-Air

Las empresas son como los seres vivos: nacen, crecen, se reproducen y, bajo los efectos de una crisis tremebunda como la que soportamos, mueren. Convendrán ustedes conmigo en que el hecho de que una empresa se vaya al carajo hoy en día no es una gran noticia. Es, por el contrario, demasiado habitual: ahí están los miles de autónomos que enterraron sus ilusiones (y sobre todo dineros propios y prestados) en un negocio que finalmente no funcionó y del que han tenido que echar el cierre.

Sin embargo, que una compañía aérea se vaya al carajo ya no es tan normal. En un sector tan hiperregulado como el de la navegación aérea, en que a las empresas se les exigen unas garantías muy específicas para poder empezar a operar, el hecho causa no poco de sorpresa. Ya no digamos el hecho de que tiene su parte de servicio público, por aquello de que mueve muchos pasajeros y que cuando un avión se cae, no queda ni el apuntador. En el caso que nos ocupa, la honorabilidad y fiabilidad de la empresa quedaron además muy dañadas por el accidente del vuelo JK 5022, de infausta memoria.

En el caso que nos ocupa, Spanair sorteó bastante bien los primeros años de la crisis. Ubicada en Mallorca, uno de nuestros destinos turísticos más importantes, pudo capear el temporal con fortuna. Sin embargo, empezaron a ocurrir cosas raras. La trayectoria económica de la compañía dejó de ser una línea recta y empezaron los zigzagueos. Generosamente, la Generalitat catalana (o sea, nosaltres) acudió al rescate, por aquello de la solidaridad entre hermanos.

Pero pasaron más cosas raras: la sede de la compañía se trasladó a Barcelona. Y ahí fue el principio del fin, entre otras cosas porque Barcelona, por mucho que la bossa soni, no es ni de bon tros destino tan turístico como Palma de Mallorca. Montilla, que había echado ejecutoria de catalanismo acompañado del Dalai Carod, necesitaba un signo externo de tal ejecutoria para que los nacionalistas de casa bona le aceptaran (nunca le aceptaron del todo y hasta el final le consideraron un intruso). Todavía me lo puedo imaginar diciendo «Nosartre hen de fer paí» ante una multitud de sus juventudes, bien regada de dinero público porque queda feo un mitin sólo con los cuatro entusiastas que ya por entonces le quedaban. Y vaya si no lo hicieron païr.

Dit i fet. Spanair pasó a ser el proyecto apenas disimulado de Aerolínies Nacionals Catalanes del monstre de tres caps (aka Tripartit), en el que con más generosidad se enterraron millones. Hasta la revista de cabina se editaba en català, sin almenys. No como esos cabrones de Air Berlin que se negaban a la megafonía en catalán. Y de un día para otro, nos enteramos de que la empresa se va al carajo, que con ella pierden su trabajo 2.000 personas y que entre 80.000 y 100.000 pasajeros se quedan en tierra. El Príncep Encantador, transmutado ahora en Rei Artur, tiene que abandonar el proyecto. Ya no puede seguir ignorando los projectes nacionals en sus recortes. Ha soliviantado y mucho a sus votantes (hoy tal vez exvotantes) con los recortes en temas tan básicos como Sanidad y Educación y ha de tomar serias medidas.

Lo peor de todo es que esos 80.000 pasajeros compraron el pasaje sin saber que la compañía se había ido ya a hacer puñetas. No pocos tienen problemas para recuperar el dinero. Y los que compraron billetes de ida y vuelta, además, se han quedado tirados en sus países de destino hasta que la Embajada española (¿dónde coño estaban los ambaixadorets?) hizo las correspondientes gestiones allí donde fue necesario. Pero sobre todo, que del dinerazo que enterró la Generalitat (nuevamente nosaltres) en esa compañía ruinosa (que lo sabían desde antes de acogerla en su seno), nunca más se ha sabido. Alguien tendría que buscarlo. Preferentemente, un juez.

Como dice el religioso verso, guieu-nos cap al cel. Pero no con Spanair (D.E.P.) y mucho menos con Montilla o Mas a los mandos.

Esto no es noticia

Esta impresionante foto, que han llegado incluso a censurar en Facebook (algún conocido tuvo problemas por postearla) no aparecerá en primera página de ningún periódico. Ni se comentará en las tertulias televisivas o radiofónicas, más atentas a otros asuntos. Pocas voces se alzarán para denunciar esta masacre. Los bienpensantes y los administradores de la corrección política mirarán pudorosamente para otro lado.

Algún descerebrado dirá: «Bueno, sólo son negros. ¿Y qué?». Bueno, sí. Son negros. Y están negros también. Lo segundo es porque los han quemado. A alguien se le ocurrió hacer una masacre con esta pobre gente. ¿Razón? Grandísimo pecado: eran cristianos. No me cuesta imaginar quiénes hayan podido ser las malas bestias que han ordenado semejante acto, teniendo en cuenta el imparable avance del Islam en África y sobre todo en Nigeria («tierra de negros»). Ese Islam que al parecer preocupa poco o nada en Europa, pero que ya está aporreando las puertas de nuestras casas (está claro que las de los políticos no).

Pero como decía, los bienpensantes, los administradores del consenso y de la corrección política, los vociferantes contra la Iglesia (el Papa sí ha protestado, «¿pero quién hace caso al Papa»?) y muchos lacios que van de librepensadores (cuando en realidad están presos de su prejuicio anticatólico) no tienen nada que decir. Eran cristianos. Para esa gentuza, ese dato excluye a estos asesinados de la piedad oficial.

A ninguno de estos políticos de carne de burro y flujo de garañones (Ez 23, 1-49) que padecemos a nivel europeo parece preocuparles. Pero el castigo por su desidia (o su codicia, que también) será para todos.

¿Resucitando a Montesquieu?

El PP nos tiene a ración de cal y arena (no vamos a caer en la tentación del chiste fácil en relación a las próximas andaluzas). Pero después de comprobar con bastante horror que las medidas económicas del PP son casi las mismas que llevaba IU en su programa electoral, nos salta la prensa de hoy con la noticia de que se pretende que «sean los jueces quienes elijan a quienes van a regir los destinos del Poder Judicial». Es decir: si el titular no engaña, se corregiría la intromisión del Poder Legislativo que bendijo la LOPJ de 1985, que diera pie al «ínclito» Arfonzo Guerra a proclamar aquello de «Montesquieu ha muerto». Parece que monsieur de Secondat no estaba muerto del todo, aunque tampoco estuviera tomando cañas.

No obstante, después de tantos años de mentiras, medias verdades y pasteleo, mucho pasteleo (daba vergüenza ajena la foto de ZP y Rajoy tras haber pactado los nombres de los 20 vocales del CGPJ), estaremos atentos al dicho de Romanones: «No me importa quién haga la ley, siempre que a mí me dejen hacer el reglamento». Veremos cómo rearticulan ese gobierno de los jueces para los jueces. Por de pronto la idea es buena, aunque ya la izquierda toda e hijos de Sabino hayan montado en cólera. ¿Será que tienen algo que temer? Desde luego, parece que algo que perder sí tienen (poder, cómo no), si la reforma se encamina correctamente.

Y lo que me parece estupendo es la recuperación del recurso previo de inconstitucionalidad: permitirá que mientras el TC discute o no la constitucionalidad de la ley ésta no entre en vigor, tal como ocurrió con el inconstitucional Estatut de Cataluña, ése que sólo votó favorablemente un 34% del total del censo. O tres partes de lo mismo con la Ley Aído, que siendo discutiblemente constitucional, entró en vigor nada más aprobarse. Habría, al menos, un mayor margen para frenar la aprobación de leyes que la sociedad (que es a quien se deben los políticos) no sólo no ha pedido, sino que además van en su contra.

Por último, también suena bien la música de reformar la Ley del Menor. No queremos más casos Marta del Castillo, ni más casos Sandra Palo. En este último caso, que el Rafita se pasee libre como un pájaro porque la legislación ha permitido que no se tuviera demasiado en cuenta su verdaderamente horrendo crimen debería herir la piel de rinoceronte de algunos jueces y políticos. Sin olvidar las ramificaciones políticas del caso Marta del Castillo, de las que no se ha hablado demasiado y de las que aquí hay una explicación. Tal vez algún juez (ninguno de los que ha dictado la infame sentencia del caso, desde luego) debiera investigar eso.

Actualización

Alucinante el cinismo de algunos, a quienes nunca pareció mal que su partido utilizara medios públicos o privados para hacer su política de espaldas a la Nación…

(Gracias, Noatodo)

Etta James (1935-2012)

Hace tres días se nos fue Jamesetta Hawkins (más conocida como Etta James) una de las mejores voces del blues, si exceptuamos probablemente a Billie Holiday. Seguramente, allá en el cielo estará esperándola el hombre que quiso, y la recibirá con todos los honores. Mientras tanto, les propongo que honremos su memoria con esta estupenda versión de The Man I Love, que a mí particularmente me gusta por el tono blues. Pareciera como si la artista se sentara en una mesa de un bar con uno y, cigarro tras cigarro (hagamos como que la Ley Pajín no existe) y le cuente… esos anhelos y esperanzas…

Someday he’ll come along, The man I love
And he’ll be big and strong, The man I love
And when he comes my way
I’ll do my best to make him stay.

He’ll look at me and smile, I’ll understand
Then in a little while, He’ll take my hand
And though it seems absurd
I know we both won’t say a word.

Maybe I shall meet him Sunday,
Maybe Monday, maybe not
Still I’m sure to meet him one day
Maybe Tuesday will be my good news day.

He’ll build a little home, That’s meant for two
From which I’ll never roam, Who would, would you
And so all else above
I’m dreaming of the man I love.

In memoriam Manuel Fraga

Bien sé que con este post algunos de los que lo lean pueden pensar que en el fondo soy ultraderechista, facha y todas esas otras etiquetas que la izquierda gusta de aplicar a quienes no comulgan con sus ¿ideas? De cualquier modo, la verdad merece siempre ser honrada y no andar como mercancía entre unos y otros.

Se ha ido D. Manuel Fraga Iribarne, con 89 años. El corazón, simplemente, se le paró. No padecía enfermedad grave alguna –que se conozca–, de lo cual cabe deducir que el famoso baño de Palomares no le afectó lo más mínimo. Tampoco parecieron afectarle los buenos deseos de muerte recibidos de la izquierda democrática y del talante. Sí, ésos que quieren olvidar que si no hubiera sido por él y por otros seis señores más (los ponentes de la Constitución), la izquierda y el nacionalismo no camparían por sus respetos como ahora lo hace, destrozando el país con autorización constitucional.

Como ya el panegírico se lo harán otros muchos y recordarán todos sus «buenos hechos», solamente voy a fijarme en dos. El primero, que ingresó en el Cuerpo Diplomático con el número 1 de su promoción (no se regalaban entonces los cargos, como parece ocurrir hoy en algunas instancias del poder). Si aplicáramos aquellos baremos hoy en día, Moratinos Catavinos no hubiera pasado de conserje y La Trini de auxiliar administrativa con pretensiones en el Ministerio de Exteriores.

Como ministro de Franco, que es la mayor tacha que le reprochan sus enemigos, sacó adelante la Ley de Prensa, que eliminó la censura previa que se ejercía hasta entonces. Para poner en su adecuada perspectiva el logro, les pondré un pequeño ejemplo. Hoy en día, a todos nos parece una barbaridad el ojo por ojo, porque (presuntamente) el Estado es quien imparte justicia a través del Poder Judicial (habría que hablar largo y tendido sobre eso). Sin embargo, en el momento en que la ley mosaica la impuso, cuando menos entre los judíos, aquello resultó ser un avance en el contexto de barbarie generalizada de aquella época. Exactamente eso fue esa Ley; y a pesar de ello, Franco le mandó de embajador a Londres (evidentemente, no le gustó).

Ya en «democracia» (en puridad, «monarquía parlamentaria»), su actuación fue más desigual: hay luces y sombras. Entre las primeras, como ya hemos comentado, estar en el grupo de ponentes de la Constitución, que a pesar de sus fallos (legitimar la partitocracia y el derroche autonómico, entre otros), aún reconocemos como vigente y ser la voz de la España que no quería (legítimamente, por supuesto), ser socialista, haciendo visible que se podía ser de derechas y hacer política, e incluso (algo que la izquierda tampoco perdona) aspirar a gobernar el país.

Entre las segundas, por ejemplo, la de copiar la política de inmersión lingüística de la Generalitat pujolista. O los intentos de seguir en el machito nacional de AP cuando su liderazgo claramente ya no funcionaba: tuvo que ceder el testigo al ganador de la pugna entre Herrero de Miñón y Hernández Mancha, que se saldó con la victoria del segundo y la retirada del primero de la política (de todos modos, sigue dando la nota). O, aún, el intento de tutelar al clan de Valladolid encabezado por José María Aznar, a lo que también hubo de renunciar con aquella famosa frase de «¡Ni hay tutela ni hay tu tía!», dejando así paso a la nueva generación de políticos de lo que en las Batuecas se conoce genéricamente como derecha.

Finalmente, rasgo a destacar y del que deberían aprender políticos de todos los colores y niveles, no se enriqueció con la política. No salió de ella más rico de lo que entró y probablemente, si viviera aún, podría explicar perfectamente todas y cada una de sus variaciones patrimoniales. Cosa que, por ejemplo, no pueden decir ni su paisano Blanco, ni Bono, ni Chaves, ni…

Se ha ido uno de los PROTAGONISTAS (sí, con mayúsculas) de nuestro siglo XX, de esa España en blanco y negro, de nuestros padres y abuelos, que todavía podemos recordar frente a la televisión. Descanse en paz.

El silencio de los peperos

Tomo prestado el título del post homónimo de mi amiga Candela, porque me parece muy expresivo del clima político que se respira en estos días post-navideños. El hecho es que muchos vamos rumiando nuestro descontento ante las primeras decisiones de Mariano, sorprendentes algunas y cabreantes algunas otras. La queja de quienes viven del Partido (en mayúsculas) es algo así como «Joooo… es que no le habéis dado los 100 días de cortesía, o sea».

Por otro lado, una cuestión que sigue siendo importante es «cuánto sabía el PP» de lo que le esperaba al llegar a Moncloa. Ellos dicen que «se esperaban un desastre, pero no tan grande como el que han encontrado». La pesoe, para añadir más leña al fuego, dice que ellos «informaron bien» (¡ja!). ¿Conclusión? Se trata de un teatrillo pactado entre unos y otros para que no nos enteremos de la real dimensión de la debacle. Sobre todo porque conocerla daría alas a quienes pensamos que hay que reformar el sistema político de arriba abajo y, sobre todo, seguir el ejemplo islandés, a saber: la aplicación analógica a los políticos (a falta de una regulación específica, que ellos por motivos obvios no se van a molestar en parir) de los capítulos del Código Penal relativos a la delincuencia económica de cuello blanco.

Seguro que si ustedes han dado de alta un perfil en alguna red social han sufrido de una forma u otra el bombardeo de los peperos adictos. Que si la situación era inaguantable (que lo era y lo sigue siendo), que si el ministro tal, que si el ministro cual… Todos los días había motivo para quejarse del gobierno de ZP. Al final, lo que funcionó fue el viejo argumento de Orwell en Rebelión en la granja: «¿O es que queréis que vuelva el señor Jones?», que traducido a términos nacionales era: «¿O es que quieres tener 4 años más de ZP?». Era, sin duda, el voto del miedo.

Y muchos votamos. Primero, porque el bombardeo en las redes sociales ha sido de tal calibre que prácticamente el que no votaba «no cumplía con un deber patriótico». Segundo porque, ingenuos de nosotros, pensábamos que el hecho de depositar una papeleta en una urna «nos daba derecho a exigir cuentas al partido que hubiésemos votado». Que no nos íbamos a encontrar con la prepotencia socialista frente a «la voz de la calle». «Lo importante es echar a ZP», repetían incansablemente los tamagotchis de Mariano. Finalmente, optamos por la teoría del «mal menor», porque decíamos: «El único partido que puede sustituir al PSOE es el PP. Y el PP no puede ser peor que el PSOE». Nos olvidamos de que el mal menor, por mucho que sea menor, también es un mal. No es menos notable que a quienes intentábamos usar un poco la cabeza y preguntábamos qué era lo que traía Mariano en las alforjas nos dijeran «que no teníamos derecho a sembrar la duda» o a «desanimar» a los votantes (malo cuando alguien quiere que votes sin usar la cabeza, sino las vísceras: señal de que tiene poco programa que ofrecer). Vamos, una especie de traidores a la causa pepera. Muy propio del sectario dar por sentado que quien no está con tu enemigo está contigo.

Y así, con la estrategia arriolina de a poquitos, el PP consiguió mayoría absolutita (186 diputados, que hubieran podido ser más si el PP le hubiera echado huevos; pero eso no va con ellos, al parecer). Una modosa y justita mayoría, para no enfadar (mucho) a la izquierda, la única (auto)legitimada para gobernar el país. De haber sacado la mayoría que era posible sacar, el PP se hubiese acercado bastante más a los 200 diputados y RbCb, poniéndose al frente de la izquierda toda, hubiera tocado a rebato para quemar la calle. Más o menos como en Francia cuando ganó Sarkozy. Pero claro: ése no era un escenario deseado por el PP.

Así pues, Rajoy obtiene mayoría absoluta malgré lui. Es decir: la libertad (sin hipotecas nacionalistas ni de ningún otro tipo) de sacar adelante los instrumentos normativos que nos saquen de la Championlí del paro, de la recesión y del desastre social, político, moral y espiritual en que ha quedado España tras los 8 años de Atila ZP. Hay mucha tela por cortar. Sin embargo, toda la energía usada anteriormente para criticar a ZP parece que ha desaparecido. Todo lo que hace Mariano «está muy bien» y los que le criticamos, aún habiéndole votado, es que «no tenemos piedad con él porque no le damos los famosos 100 días, o sea, joooo». Poco importa que se trate del incumplimiento de promesas electorales (subida de impuestos, una medida muy socialista, cómo no), de las condecoraciones al peor gobierno de nuestra democracia o determinados nombramientos en determinados puestos importantes: Gallardón, el niño bonito de la izquierda madrileña, en Justicia), Lassalle en Cultura (el «liberal simpático»… con la izquierda. No en vano está casado con una miembra), o la mayor de las sorpresas (hasta ahora): la mamporrera de Cristina Garmendia, Carmen Vela, como Secretaria de Estado de Ciencia e Investigación, pese a su vistoso currículum zejatero y su insuficiente currículum académico y científico. Menos mal que Cosidó ha puesto un punto de sensatez en los nombramientos…

Es decir: que apenas llevan 2 semanas en el gobierno y han conseguido que los tamagotchis tengan que defender lo indefendible. Sin mencionar el hecho de que allí donde son administradores de grupos de la red social laminan cualquier intento de razonamiento contrario a su ideología. Es decir: aplicando la filosofía del «talante» y del «diálogo» tan querida por sus (presuntos) enemigos…

Por último y para poner una nota de humor musical, la pregunta de moda en estos días es «¿dónde está Rajoy?». En honor a la verdad, esta canción se la cantaban a Miguel Sebastián cuando era candidato a alcalde en los Madriles. Pero hay que reconocer que Mariano empieza a ajustarse admirablemente a la letra de la canción…

#Savethesocs

(Original aquí).

El sistema de organización social en el que vivimos es la socialdemocracia.

Ésta se diferencia del socialismo real en dos cosas fundamentales: en primer lugar, la socialdemocracia es socialismo sin crímenes “violentos”. Los dirigentes socialistas de Europa occidental, y tras la experiencia traumática del expansionismo soviético en Europa oriental y central, cayeron en la cuenta que implantar el socialismo mediante la fuerza, el asesinato, el encarcelamiento y la deportación, no aseguraba su permanencia, puesto que los ciudadanos tarde o temprano se rebelarían. Y de esta manera, aceptaron el juego democrático y la vía electoral para llegar al poder.

En segundo lugar, la socialdemocracia se diferencia del socialismo en que éste último se derrumbó porque no era económicamente viable que toda la población trabajara para el Estado, es decir, que todos los ciudadanos fueran empleados de empresas públicas o funcionarios. Su sistema productivo penalizaba el beneficio y la competitividad, y por tanto, exigía inyección constante de dinero freso para compensar las continuas pérdidas. Por ello las economías de las naciones socialistas de Europa oriental y central vivían en un déficit permanente y dependían de la emisión continua de deuda pública y nueva moneda. Así, en Europa, el bloque socialista se vino abajo cuando se acabó el dinero.

Ante esta evidencia, los líderes socialistas de Europa occidental aceptaron la democracia liberal, en la confianza que podrían transformarla en democracia social, o socialdemocracia. La socialdemocracia en un sistema de organización social cuyo objetivo es el control de la sociedad civil mediante dos estructuras claras: una vertical, el Estado del bienestar, y otra horizontal, el sistema de subvenciones como instrumento director de la planificación económica, algo consustancial al socialismo.

Y todo ello está fundamentado en una idea simple pero muy pragmática: una parte de la población está obligada a trabajar en la economía privada para mantener mediante sus impuestos a la otra parte que vive directamente del Estado.  El socialismo resolvió así el problema de la inviabilidad económica que le es inherente y que en el pasado lo llevó a su fracaso.

Este proyecto político además tomó alas y velocidad de vértigo con la creación de la Unión Europea. No porque ésta en sí misma fuera mala, sino porque la UE constituyó el patio ideal para el logro del otro gran objetivo del socialismo: la añorada internacionalización.

Pero el mayor éxito del socialismo en Europa ha sido la conversión de los partidos conservadores de toda Europa a su sistema de organización social.  ¿Y cómo ha sido ello posible? Sencillamente porque los conservadores, que no son tontos, rápidamente visualizaron que todo este sistema quedaba bajo su control y a su servicio si eran ellos los que gobernaban.

En España el PP y el PSOE, ejerciendo el duopolio del voto, se han alternado en el gobierno durante los últimos 25 años, y se han servido de este sistema para ejercer poder político real y coercitivo en la sociedad civil. Esto es, se han valido de ello para observar, controlar y decidir acerca de la vida de las personas y en los aspectos más pequeños y personales, y sobre todo, en lo relativo a su dinero y autonomía económica. Y lo que es más evidente a los ojos de todos nosotros, este sistema constituye el modo de vida y el sustento de la casta política, burocrática y sindical, que son quienes al final, reparten cargos, puestos de trabajo y subvenciones por criterios de afinidad política. Tal y como sucede en los sistemas socialistas.

Lo que la actual crisis financiera ha puesto de manifiesto es que el dinero, aunque no se acaba porque el Banco Central Europeo siempre puede imprimir más billetes, deja de circular, es decir, tiende a ser ahorrado antes que consumido, invertido o prestado. Y ello provoca recesión económica, y por tanto acarrea un formidable desplome de ingresos fiscales necesarios para mantener la costosa socialdemocracia en la que vivimos.

Si el socialismo real se acabó cuando se acabó el dinero, la socialdemocracia en la que vivimos se acaba si se acaban los ingresos fiscales. Y eso es lo que quiere evitar Rajoy.

La primera prioridad de Rajoy, antes incluso que la recuperación económica, es salvar la socialdemocracia, es decir,  salvar el actual sistema de organización social. Y para ello, está decidido a estrujar y coaccionar a los ciudadanos, haciéndoles caer todo el peso de un Estado hipertrofiado y que es un sumidero de gasto improductivo.

En sólo 10 días, el PP ha subido los impuestos aún más de que lo que proponía Izquierda Unida en su programa electoral,  ha recortado la libertad económica, ha implantado un “minicorralito” limitando el uso del dinero en efectivo, y ha decretado la persecución de emprendedores y autónomos, principales creadores de empleo. Y para conseguirlo, Rajoy va a convertir la Agencia Tributaria en la Gestapo de la actividad económica. De la “base imponible” a la “base punible”.

Por todo esto, lo que está detrás de estas medidas, es su firme intención y compromiso de proteger y prolongar el sistema socialista de organización de la sociedad, porque éste en realidad es sólo una herramienta para ejercer el poder sobre los ciudadanos. Porque todos los servicios que provee el estado del bienestar podrían ser desarrollados por la sociedad civil, por los particulares y las empresas, a menor coste y con mayor calidad y efectividad. Y porque las subvenciones son un instrumento para el clientelismo político y el reparto de prebendas, son ineficaces en el estímulo de la actividad económica, y atropellan la igualdad de oportunidades y la libre competencia.

Rajoy, Montoro y De Guindos ignoran intencionadamente que hay otro sistema de organización social que no incurre en una tributación elevada para los ciudadanos. Y lo ignoran porque, si se implantase, el PP y PSOE inevitablemente perderían su poder político y coercitivo sobre la sociedad civil, a pesar de que ello nos permitiría a los españoles acceder a cotas de libertad personal y económica desconocidas para nosotros.

Si se desmontara el estado del bienestar y el sistema de subvenciones, ¿cómo podrían ejercer el mismo poder que tienen actualmente? ¿Cómo podrían acostumbrarse a vivir sin ejercerlo? ¿Cómo podrían subsistir como partidos, y por tanto, como organizaciones de poder? ¿Y qué sería de todas las personas que han parasitado de ello?

Rajoy ha desvelado estos días en qué va a consistir su manera de gobernar durante los próximos cuatro años, y lo tiene bien claro: sacrificar nuestra libertad y nuestro dinero para mantener el sistema de organización social que les asegura el control de la sociedad civil. Lo mismito que hizo Zapatero. Y Aznar. Y González.

Comentario nuestro. Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate

Errores preliminares

Como les decía en una entrada anterior, el nuevo PP (que no «el PP de Aznar», como Rajoy y sus mariachis han vendido en campaña) no ha entrado con buen pie en el Gobierno de la nación. Naturalmente, los tamagotchis del PP dicen que son «cuestiones menores» (o «de protocolo», que manda huevos) y que lo importante es «ponerse a trabajar para sacar adelante el país».

Más allá de lo que se machaque en las redes sociales, es cierto que no hemos dado a Rajoy los 100 días, queja común entre los adoradores marianistas. Claro que no se los hemos dado: nemo dat quod non habet. No tenemos tiempo. Y aunque es cierto que la corrupción de 7 años no se puede borrar de un plumazo o en dos semanas, ya que no disponemos de esos 100 días, podrían haber tomado algunas decisiones con más tino, porque algunas de ellas chirrían en los oídos de algunos que finalmente nos dejamos llevar por el sonsonete hay que desalojar a ZP.

Según el Gobierno, parece que todos los países de nuestro entorno nos meten prisa: Francia, para que nuestro déficit no lo tengan que pagar ellos (a escote, pero pagarlo, según Sarko). De ahí que Montoro se haya dado prisa en arrearnos un impuestazo (Los Clones ya han rebautizado el IRPF como «Impuesto de Rajoy Para Fastidiarnos»). Impuestazo que, naturalmente, recae sobre las castigadas espaldas de los mileuristas (a los ricos es mejor no espantarlos, que se van), anteriormente conocidos como «clase media»; sí, ésa en la que nuestros políticos no creen a pesar de ser su mayor granero de votos.

Parece ser que nadie le ha dicho a Montoro y a su equipo que en una nave que hace aguas, lo primero es achicar y tapar las vías de agua. Traducido a román paladino: cortar los gastos superfluos, poner firmes a las CC.AA. (a todas) y racionalizar el gasto en todo el espectro administrativo. Que no falte de lo necesario (Sanidad, Justicia, Educación) y que se corte lo absolutamente extravagante (embajadas). A las CC.AA. habrá que recordarlas que no son mini-Estados, sino partes integrantes de la Nación española, que conforme al art. 2 de la Constitución se rige por los principios de autonomía y sobre todo, de solidaridad entre sus territorios (más apremiante en los tiempos que corren). A no pocos municipios (de todos los colores) que ahora están tiesos pero que hace 5 años gastaban lo que no está en los escritos, lo mismo. Sin embargo, Montoro ha preferido empezar por los contribuyentes y sus familias. Claro: «bien me meto con quien puedo». Se le entiende todo, D. Cristóbal.

Por su parte, los USA al parecer también han tenido mucha prisa en decirle a Mariano lo que tenía que hacer. «O te pones las pilas con el tema de la piratería informática y cultural, o te ponemos en la lista negra (de países con los que no se hacen negocios)». Dicho y hecho. En campaña hablaban de «suprimir el canon». Bien: lo han «suprimido». Ahora hablan de «compensación por copia privada»… que en el fondo es lo mismo, pero más explicado.

De las medallitas mejor ni les hablo, porque ustedes y yo nos empezaríamos a cabrear y, como decía el gran Pazos, «vamos a llevarnos bien…». Que también tiene mucha guasa que los tamagotchis del PP intenten justificar la concesión de las famosas medallitas (a Dios gracias no pensionadas) como una «cuestión de protocolo». Produce irrisión (cuando no irritación) leer el art. 1 del RD 2395/1998, que contiene el Reglamento de la Orden de Isabel la Católica, concedida a ZP:

La Orden de Isabel la Católica tiene por objeto premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la Nación o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación española con el resto de la comunidad internacional.

En estos casos, como se suele decir, «sin comentarios». Hay una afrenta añadida, que es la de que a un masón (que además se ha distinguido por estorbar a la Iglesia tanto como ha podido) se le conceda una condecoración advocada por la más católica de nuestras reinas. Pero en fin, supongo que eso Mariano no lo tuvo en cuenta. Como tampoco debió de tener en cuenta que la política de ZP se orientaba en todo a echar de la vida pública al PP (antes de cambiar, claro) y también a toda la disidencia enfrentada a su proyecto totalitario, ya fuera mediante cordones sanitarios (Luppi dixit), pactos tinellescos y leyes de desmemoria histérica. Por tanto, no se entienden ni la «cortesía» ni el «protocolo» con los miembros y miembras del Gobierno más nefasto de la democracia.

Finalmente, el affaire
Vela. La señora Carmen Vela, científica pero sobre todo zejatera de pro, ha sido promovida a sucesora de Cristina Garmendia, que ya podrá dejar de aburrirse en los Consejos de Ministros y volverá su Donosti del alma. Dos cuestiones se plantean ante semejante nombramiento:

  1. De lo que va trascendiendo sobre esta señora (envidias profesionales excluidas), parece que lo que más ha pesado en la decisión de Guindos ha sido la intima amistad de la susodicha con la esposa del ministro, dado que sus capacidades científicas no bastan por sí solas, al parecer, para garantizarle semejante promoción.
  2. Segundo y más sangrante. El PP da la matraca constantemente con los 700.000 afiliados que forman sus huestes. La pregunta es: ¿no había, entre esos miles de afiliados, algún científico que pudiera suplir o incluso superar las capacidades políticas (pues político es el cargo para el que se la ha designado) de la señora Vela? Vaya por delante que lo que nos preocupa no es tanto que esta señora no sea militante del PP, sino que lo sea de la pesoe. Un topo más a la vista.

Repito: no podemos dar a este Gobierno los famosos 100 días. Y han empezado con mal pie y tropezando. Deberían hacerse a la idea de que son pilotos de aviación: a 10.000 metros de altura el piloto no tiene derecho a equivocarse, pues cualquier equivocación puede ser mortal. Porque para actuar como los socialistas, que van por la vida con venia errandi, era mejor que siguiesen ellos. Siempre es mejor el original que una mala copia.