Discriminación… positiva

Vía mi compadre Noatodo me entero que la Xunta de Galicia se ha rendido al pijiprogrismo de izquierdas (que unos vienen de la parte progre y otros, como Feijóo, de la pija). Ya no es solamente que en Galicia se aplique la misma política lingüística que en tierras catalanas (aunque sea con gaitas). Porque sí: Feijóo engañó a su electorado prometiéndoles que se respetaría la opción de los padres en las escuelas y ha sido y es que no.

Pues bien: ahora le toca el turno a la discriminación positiva, ese invento de los americanos y del 68 que la izquierda patria ha abrazado con entusiasmo. Y todo envuelto en el papel de celofán de la apestosa corrección política. «Todos tienen derecho a que Papá Estado les ayude», salmodian los progres de todos los partidos. ¿Todos? Bueno… hay matices:

  • si eres hombre, tienes menos derecho a que te ayuden que una mujer (caso presente). Discriminación mucho más flagrante en tema de maltrato, aunque eso daría para otra entrada.
  • si eres católico, puede ser que también tengas más problemas que un musulmán.
  • si te declaras «español» en tu propio país, dependiendo de la CA en que vivas también puedes tener problemas (especialmente si no conoces la «lengua propia» de dicha CA).
  • si estás completamente sano, no tienes derecho o tienes menos derecho (el desequilibrio psicológico no cuenta porque no se ve; es mucho mejor una pata rota).
  • si eres heterosexual, según para qué tipo de ayudas lo tienes peor que un homosexual…

Recordemos a este respecto lo que dice el art. 14 de la CE:

Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Podríamos ir repasando todas las circunstancias del art. 14 de la CE y probablemente en todas ellas nos encontraríamos con discrepancias entre la Constitución y la realidad. Y es que al final, la discriminación mal llamada «positiva» no deja de ser discriminación. Igual que el «mal menor» no deja de ser un «mal», como muchos aprendimos el 20-N…