Res.cat

Bueno, pues ya está. Ha ocurrido lo que no tenía que haber ocurrido, como tantos otros acontecimientos del retonno nacionalista al Pati dels Tarongers. Nunca hablaron, ni mucho ni poco, del agujero que el monstre de tres caps (el Tripartit) dejó en las arcas catalanas, ni de lo mucho que eso iba a condicionar la política catalana de los próximos cuatro años. La pela és la pela, pero por encima de todo, l’oasi és l’oasi: los viejos compañeros nunca mueren, y los que quieren salirse del corro lo hacen con los pies por delante.

Estás que lo flipas, tío.

Así que el Príncep Encisador ha heredado el desbarajuste proletario-identitario del Tripartit, ha dicho muts i a la gàbia… y ha mantenido el nivel de gasto. ¿Gasto en qué? No precisamente en mejorar las condiciones de vida del poble. Se cierran hospitales, se dejan de prestar servicios públicos. No es una mejora, sino un retroceso. Ha vuelto CiU a la Generalitat, pero seguimos en las mismas. Se gasta en política identitaria: en ambaixadetes de nula utilidad práctica para el poble-ramat, pero que nos cuestan muy caras. Se gasta en construcció nacional, no siendo el menor gasto el destinado a los medios de comunicación directamente dependientes de la Generalitat, por aquello de que «son un instrumento imprescindible para la construcción nacional». En cambio, se quema el bosque y resulta que no hay medios suficientes como para que no se convierta en una catástrofe.

Cada vez más (valga la redundancia) se parece Artur Mas a Charlot en El gran dictador: flota intentando abrazar el globo terráqueo con el combustible de sus delirios identitarios. Como consecuencia de ello, no quedan en la caja ni las telarañas y ante la opción de caixa o faixa, el divorcio es total: mientras el poble escoge faixa porque no tiene otro remedio, los nens de casa bona han escogido caixa. Eso sí, con la cabeza alta y sin concesiones. Sin concesiones a la humildad, se entiende. Para justificar la petición de rescate, tal como nos temíamos algunos, resulta que no se trata de una petición. Había que rentabilizar el Madrit ens roba, ¿no? Pues aquí está: el rescat no es una transferencia de dinero del Estado a Cataluña, sino una devolución de lo que Madrit ha expoliado a Catalunya. ¡Faltaría más (valga nuevamente la redundancia)!

Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es que mientras aquí daban la matraca con que se trataba de «una devolución» y con que «la Generalitat nunca iba a pedir rescate», el conseller Mas-Colell se confesaba en la BBC de los Londones y en inglés, pensando que aquí no le iban a captar porque la plebe ha sido educada únicamente en català. Total, que con más orgullo que Don Rodrigo en la horca, el gobierno Mas está dispuesto a bajar la cerviz y solicitar el rescate al «Estado español ladrón, opresor y torturador». Y además, «con sus condiciones». Menos mal que Bruselas, que no tiene tantos miramientos como Mariano Fuma-puros, les ha dicho que no están en situación de imponer condiciones sino al contrario, de soportarlas. Y eso, por mucha cara que ponga Artur Mas, el titella del clan Pujol, de Uncle Sam.

I want you as a new recruit!

«O pacte fiscal o…»

Además, no te creas que es tonto el nen: pide –exige– 5.023 millones de leuros. No es de extrañar que su homólogo valenciano eleve su propio precio a 4.500 millones. Si más arriba del Ebro lo pueden hacer, mosatros també. Y por si fuera poco, Mario Conde ya ha levantado la liebre de que si gana las elecciones gallegas (para él ya sería un triunfo ser bisagra, como lo es el haber provocado el adelanto de elecciones) reclamará a Madrit la hasta ahora desconocida deuda histórica galega, que no creo que se trate de que les «devolvamos a Franco», pero que está por cuantificar. Y así el pifostio nacional se recargola todavía más, y los que intentan poner algo de paz o sensatez son mandados a callar o a esa parte que ustedes saben por «españoles», «fascistas» (palabra ya desgastada por el abuso) y demás apóstrofes en boga.

La cuestión ahora es: ¿seguirá Mariano fumándose sus puros? Lo que me temo es que si Mas llega al nivel histérico, Mariano le concederá lo que pida, en vez de meterle por salva sea la parte el puro que se esté fumando en el momento. Es lo que tiene el consenso: que funciona sólo cuando los nacionalismos pueden chantajear al Gobierno central. Cuando éste no se deja, vuelve a salir de paseo el espantajo del «fascismo» y de la «represión» y del «Catalonia is not Spain». ¿Harás algo, Mariano, o te seguirás revolcando en la inanidad de tu política autonómica, en perjuicio del conjunto de los españoles?

Creo que la respuesta está en el título: res. El res-cat no servirá para nada más que para lo que Mas y sus mariachis quieran, si únicamente se les da el dinero. Que seguirán enterrando en esa entelequia denominada Països Catalans (no te descuides, Fabra, que la ACPV no descansa y te la acabará clavando por detrás).

Una fijación progresista

por Juan Manuel de Prada (ABC, 27 de agosto de 2012)

 

A los socialistas, con el Opus Dei, les ocurre como a Hitchcock con las rubias, que en verdad padecen una fijación obsesiva, quizá reminiscente de algún trauma infantil, algo como para hacérselo mirar por el médico. Claro que Hitchcock con las rubias hizo de su obsesión arrebatadora marca de estilo; en cambio, los socialistas con el Opus Dei no hacen más que dar la matraca en verano; como si los ardores estivales les hubiesen derretido la sesera y ya sólo viesen miembros del Opus Dei por doquier, como el enfermo de delirium tremens sólo ve faunas verdes y ofidias.

-¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei!- nos advierte el socialista.

-Que no, hombre, que no, que es una señal de tráfico.

Esta manía quijotesca (pero de un quijotismo ful y pelmazo) de ver al Opus Dei hasta en la sopa la inició el socialista Tomás Gómez, a quien sus conmilitones, viéndolo más quemado que un currusco, echan de vez en cuando al monte para que suelte cuatro alaridos, como aquel tronado de Amarcord que se subía a un árbol para reclamar una mujer. A Tomás Gómez le dio por pedir que los miembros del Opus Dei no pudieran acceder a puestos de responsabilidad pública, lo que denota que al menos es hombre más casto que el tronado de Amarcord, aunque tal vez con su fijación opusdeísta Freud le hubiese hecho algún traje. El testigo de Tomás Gómez lo recogió enseguida la prensa de progreso, reclamando que Andrés Ollero se abstuviera de emitir su juicio sobre al aborto; y enseguida la judicatura patria, para que nadie pueda dudar de su progresismo, se puso a dictar sentencias en contra de la enseñanza diferenciada que promueve el Opus Dei, a la que considera discriminatoria por separar a los chicos de las chicas, como hacen los reglamentos de todos los deportes olímpicos o los baños de los garitos no excesivamente guarros. Pero lo que vale para los deportes olímpicos o para los baños de los garitos no vale para el Opus Dei, cuya mera mención actúa sobre el hipotálamo de los socialistas como la campanilla sobre el perro de Pavlov, nublando su sentido común y haciéndoles proferir las sandeces más rocambolescas, a modo de salivilla viscosa.

-¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei! -insiste el socialista de antes.

-Que no, hombre, que no, que es una acacia.

La última floración de esta peculiar manía la ha tenido Óscar López, gerifalte socialista a quien conocíamos por el ridi que hace cada vez que presenta su candidatura en Castilla y León, donde tan sólo lo vota su tía la de Valladolid (y aun con reticencias). Ha dicho López que Rajoy legisla tan sólo para la gente del Opus y para los que ganan un pastón (en esto último, a López le resta el consuelo de saber que Rajoy legisla para él). Pero en esta fijación del socialismo por el Opus Dei descubrimos el mismo encono que la zorra de la fábula mostraba ante el racimo de uvas: un encono que empieza por ser rabia ante la virtud que no puede alcanzar; y, como la zorra de la fábula hace cuando por fin se convence de que el racimo le resulta inaccesible, los socialistas empiezan por consolar su despecho desdeñando al Opus Dei, para después denigrarlo ante el mundo y hacerlo causa de todos los males. Porque nada alivia tanto el resentimiento y la mezquindad como desprestigiar la virtud ajena; nada halaga tanto los bajos instintos y el resentimiento como ver echado por tierra, rebozado en el fango, lo que ha nacido para procurar un bien que el resentido no puede alcanzar.

-¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei! – se desgañita el socialista.

-Que no, hombre, que no, que es tu tía la de Valladolid, la que te vota siempre.

Interesante reflexión de Ansón. Aunque a veces no me guste, creo que en este caso tiene razón.

MarianoDigital

Escribe Luis María Anson

Esperanza Aguirre ha dicho lo que era necesario decir. Hay que revisar el informe médico sobre el cáncer de Bolinaga. Los etarras han hecho tantas trampas, disponen de una capacidad de coacción tan grande, incluso sobre muchos médicos, que parece obligado someter a Bolinaga a una segunda opinión emitida por un hospital fuera de las provincias vascongadas. El País Vasco vive bajo la dictadura del miedo y el diagnóstico de Bolinaga levanta todas las sospechas como vengo reiterando desde hace un mes. La opinión pública tiene derecho a saber la verdad sobre el cáncer “terminal” del asesino etarra.

Bien por Esperanza Aguirre. Le ha dado una lección a Jorge Fernández y le ha propinado un sonoro

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Lecturas recomendadas

Las tardes de verano son largas; lo bastante como para que a ustedes se les ocurra alguna idea para combatir el tedio y el aburrimiento vacacionales. Así, unos se dedicarán al bricolaje, otros al windsurfing, otros a matar el tiempo en la barra de un bar, otros a… bueno, a toda esa larga de aficiones o hobbies que durante el curso «dejamos para el verano» porque no tenemos tiempo durante el año laboral.

Un servidor de ustedes ha escogido la opción, aparte de dar largos paseos por una ciudad mesetaria, de leer aquello que durante el curso ha tenido que postergar. Tampoco quiero engañarles, por otro lado: lo que hoy traigo a su consideración se trata más bien de una relectura, que a la luz de los acontecimientos recientes y la crisis de fondo ayuda a colocar las cosas en su sitio y a llamarlas por su nombre verdadero.

El libro en cuestión se titula España sin democracia, del profesor don Jesús Neira (Planeta, 2010), conocido por las masas a través de la televisión y también por su ascensión y caída en medios políticos al intentar hacer de la sinceridad una virtud política; como decía el gran Quevedo en el Buscón, «hay cosas que aunque sean verdad no se pueden decir». No se puede intentar abrir los ojos al pueblo acerca de la farsa política que está viviendo y quedar impune. Así que le montaron una operación de acoso y derribo. De tal modo que el profesor Neira acabó volviendo a su profesorado, y sobre todo y muy convenientemente, a su anonimato. Imagino que bastante asqueado por lo que habrá visto en aquellas alturas.

En cualquier caso, el libro es recomendable porque no es un sesudo tratado de Ciencia Política, sino que en apenas 250 páginas trata de condensar las acepciones buenas y malas del término «democracia» e intenta mostrar lo mal que calza ese término en el sistema que padecemos hoy y que sólo quienes se aprovechan al completo de él lo llaman «democracia». Y, lo más interesante: ofrece claves históricas, políticas y jurídicas que nos ayudan a entender que la sacrosanta Transición fue más bien una señorita de compañía de alto standing de la que todos (los caciques) tomaron lo que les convino, y que la Constitución fue la hija jorobada que salió de la coyunda (consenso) entre los caciques viejos del franquismo y los nuevos del progresismo, hambrientos tras «cuarenta años de vacaciones». No es de extrañar que se elaborara en secreto y se presentó al pueblo para que éste la ratificara y nada más.

El libro del profesor Neira pincha uno tras otro los globos de la hipocresía de los defensores del consenso como sistema político, cuyo último argumento, extrañamente, se parece al «¿O es que quieren que vuelva Jones?» de Orwell en Rebelión en la granja. Pero que no se preocupen estos defensores. Si la nación sigue este camino, pueden ocurrir dos cosas: que nos encasqueten un Bundesprotektor o que vuelva un «señor Jones» de verdad y que esos «defensores» tengan que pasarse cuarenta años más de vacaciones.

Muerte indigna (I)

La noticia a la que se refiere el post es un poco «antigua», pero pueden ustedes rastrearla aquí. Viene muy a cuento, dados los medicamentazos que el Ministerio de Sanidad ha propinado a nuestros mayores. Parece que de forma indirecta, la menestra Ana Jaguaryou Mato quiere aplicar una especie de variante de la eutanasia…

Sí, muerte indigna. La de doña Ramona Estévez, fallecida tras una agonía de 14 días provocada por la retirada de la sonda naso-gástrica que la alimentaba por hallarse en estado de coma. ¿Quién es el asesino, se preguntarán ustedes? No, no es el mayordomo. Ni es un Doctor Muerte, como en el caso de cierto hospital de Leganés. Ha sido nada menos que la Junta de Andalucía, que ha decidido que Dª Ramona no tenía derecho a seguir ocupando una cama en el SAS (Servicio Andaluz de Salud) ni a usar de una sonda que la mantuviese en vida. Dicho muy pronto y muy mal, pareciera que la han dejado morir como una perra. ¿Y por qué? Como se trata de la Administración, resulta que faltaba un papel: el llamado «testamento vital», en el cual Dª Ramona hubiera podido solicitar lo que mejor conviniese y en el que seguro que no hubiese solicitado el trato final que le han propinado.

Más allá de la noticia (horrenda por sí sola), las causas de que la izquierda y cierta derecha se muestren «encantados» con el tema de la eutanasia hay que buscarlas más atrás. Un usuario del blog Contando Estrelas comenta lo siguiente, que puede estar en la pista de la verdad del tema de esta entrada:

Hay pocos embarazos porque está de moda tener uno y solo uno. Muchos de esos que habrían podido nacer, no nacen porque se les asesina en aplicación del “derecho a decidir”, en esos campos de exterminio legalizados y subvencionados por las autoridades. Consecuencia: hay pocos niños, insuficientes para el reemplazo generacional. Los del “baby boom” de los años 60 (entre los cuales me cuento, porque nací en 1966) vamos ya por la cuarentena y aproximándonos a la cincuentena. Somos legión, somos muchísimos. Mis padres tuvieron 4 hijos, mis suegros 4 hijos también, tengo más de 35 primos porque las hermanas de mi madre (que son 4) tuvieron todas entre 4 y 5 hijos.

Teniendo en cuenta lo que he dicho en el párrafo primero (poca natalidad, y mucho aborto), y teniendo en cuenta que dentro de 15 ó 20 años habrá que empezar a pagar las pensiones de los para entonces viejos del “baby boom” de los años 60 los canallas que nos gobiernan y los lacayos que hacen como que se oponen y aspiran a gobernar, han hecho sus números. Y se han dado cuenta de que tienen que empezar ya a meter la eutanasia para eliminarnos a los del “baby boom”, porque nuestras pensiones no podrán sostenerse, por la sencilla razón de que no habrá cotizantes: a los que hubieran podido ser cotizantes los fueron exterminando en las trituradoras del aborto.

La táctica con la eutanasia será la misma que usaron con el aborto: casos aislados extremísimos, lacrimógenos, tipo película “Mar adentro”, propaganda arrasadora, especialmente virulenta contra la Iglesia y presentando la eutanasia como un “derecho a la muerte digna”. Dentro de 20 años, cuando los para entonces viejos del “baby boom” seamos una carga insoportable porque no hay reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, que lo busquen en los contenedores de basura de los abortorios), la eutanasia será no sólo un derecho, incluso una “obligación”.

Aviso para navegantes, para aquellos que lean esto y tengan más de 40 años: vienen a por nosotros, y detrás de nosotros, irán a por los que ahora tienen 35 ó 30 años, porque seguirá faltando reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, sigan buscándolo en los contenedores de basura de los abortorios).

El PP también está entre los que apoyaron en Andalucía la ley de “muerte digna”. Ya no sólo por convicciones, sino también por instinto de autoconservación, votaré a AES. Los que lean esto y no sigan mi consejo, y tengan ahora 40, 45 ó 50 años, dentro de 20 años no se quejen si sus familiares, y el doctor y la enfermera se ponen muy pelmas insistiendo en que decida “morir dignamente”. A lo mejor ni le preguntan, como han hecho con Dª Ramona Estévez: su tratamiento médico y su pensión son demasiado caros y hay que seguir sosteniendo políticos, sindicatos, autonomías y fruslerías varias.

Los tres primeros párrafos son, a mi entender, la clave del problema. Sólo corregiré un punto: no es que “no esté de moda” tener hijos, sino que todo se inscribe en una estrategia integral de ataque a la institución familiar tradicional. Hay que remontarse a bastante atrás (años 70) para rastrear algunas decisiones de la ONU que calculaban que por estas fechas la Tierra iba a tener, al ritmo de crecimiento actual, como 20.000 millones de habitantes. Las apocalípticas predicciones malthusianas han sido rebatidas por las simple práctica.

A partir de ahí se creó un mantra: “sobra gente” (“gente” igual a “pobres”). ¿Recuerdan ustedes cómo a la izquierda patria le entraba –le sigue entrando– la “risa floja” con los premios de natalidad franquistas? El Régimen podía ser todo lo “totalitario” (en comparación con sus coetáneos comunistas, era “casi” una democracia); pero sabía la importancia de que existiera un recambio generacional, al par que como “nacionalcatólico”, protegía a la familia, pues éste es también un principio cristiano.

Sin embargo, esta directriz cambió con la llegada al poder de la izquierda (o por mejor decir, “franquistas remozados de rojo”). El enemigo a batir (o por lo menos a erosionar en forma suficiente) fue el trinomio familia-escuela-Ejército, que en el régimen anterior se consideraba que era lo que te convertía en un “hombre de provecho”. ¿Qué tenemos hoy? Una familia de autoridad erosionada, una escuela donde el profesor no puede ejercer debidamente su magisterio y autoridad… y bueno, del Ejército, después de cómo lo han dejado la Chaconeta Metálica y sus antecesores, mejor ni hablamos.

Bolinaga


Sin duda, es el apellido de moda estos días. Sí, ya sé qué me van a decir ustedes: que no es solamente «Bolinaga», sino Uribetxeberría Bolinaga. Los apellidos de alguien presuntamente perteneciente al género humano y uno de los captores de José Antonio Ortega Lara, el señor de los «532 días». Ese hombre que al parecer va a salir de prisión por «padecer una enfermedad terminal», diagnóstico que se está poniendo en duda. Y que lo va a hacer porque, como dijo el maestro Carrascal, «no somos como ellos».

Por supuesto que no lo somos. Sin embargo, el argumento tiene un pequeño fallo: el maestro Carrascal omite que entre el «no somos como ellos» y el «somos como ellos» hay una inmensa zona gris por la cual transitan muchos Estados y cuya división es establecida mediante los criterios «legalidad» y «moralidad». No es una división rígida, desde luego; y en no pocos casos existen acciones que no tienen cobertura de la una o de la otra, si bien es cierto que en estos tiempos que corren la moralidad cotiza a la baja y para determinadas personas o situaciones es prácticamente prescindible.

A partir de ahí, la cuestión es la siguiente: ¿cuánto poder es posible ceder sin que los beneficiarios de esa cesión no tomen al Estado por el pito del sereno y le den por rendido? Francia o Alemania no tienen piedad con los terroristas, y sin embargo no se hacen campañas contra ellos por el trato dispensado a éstos, sean islámicos o no.

Todo lo cual me hace recordar haber oído ese apellido en otro contexto. Concretamente, en relación a cierto teniente coronel (entonces) de la Guardia Civil, de cuyo nombre tuvimos noticia porque al parecer, estuvo machacando a un inferior con grado de teniente (entonces) y que hoy, ascendido a coronel, machaca las teclas en Toledo. Qué extrañas coincidencias tiene la vida. O no.

Patxi se larga

A partir de hoy habemus notitiam por lo menos durante tres meses. Patxi Nadie ha decidido que ya no puede más y, tal como resalta ABC, «tira la toalla». Todos los ojos estarán puestos en el País Vasco por lo menos hasta el 21 de octubre, lo cual sin duda servirá para tapar las verdaderas noticias, de acuerdo con el cínico pero verídico aserto de Lord Northcliffe («Noticia es todo aquello que alguien en algún lado no quiere que se publique; lo demás es sólo publicidad»).

Parece ser que el adelanto electoral obedece a una razón principal: impedir la efectividad del voto del llamado exilio vasco. Las discusiones sobre el mismo concepto de lo que sea «exilio vasco» retratan a quienes discuten. Por un lado, quienes lo niegan: lo hace la izquierda destronada, para dar fuerza a su mentira del «fin del terrorismo» y del «éxito del proceso de paz». En este bando milita también, curiosamente, Jon Juaristi, un señor de San Sebastián que vive y trabaja en Madrid, en la odiada España. Y digo sorprendente por ser él el autor de esa excelente disección del imaginario nacionalista que es El bucle melancólico (y de una continuación, Sagrada Némesis, que a día de hoy creo que está descatalogada). Y en el otro bando, los que consideramos que el exilio vasco sí ha existido: como colectivo de personas que tras un período de presión ambiental por todos los medios (incluido el asesinato), han decidido que su lugar está lejos de la tierra que los vio nacer o crecer. El clásico «o te vas, o te callas, o te mato».

Y Patxi se larga, después de haberse blindado una jugosa pensión de exlehendakari. Naturalmente, no iba a ser menos que sus homólogos catalanes, que desde 2003 tienen garantizado el 80% del sueldo que cobraban en activo. Lo cual no deja de ser una vergüenza, tratándose de personas que en realidad no lo necesitan (Pujol o Maragall, originarios del rovell de l’ou de la burguesía nacionalista catalana, antes devota franquista), o que fuera de la política no tienen dónde caerse muertos (Montilla y también el actual president Mas).

Un poco de historia

No sé si ha llegado el momento de hacer balance de una legislatura que a duras penas puede considerarse «constitucionalista». No obstante, en nuestra opinión hay que mirar un poco hacia atrás: concretamente, al momento y circunstancias en que Patxi López asciende a presidente regional del PSE. Patxi López es el sucesor de Nicolás Redondo Terreros, de la mano de ZP. Pero no lo es conforme a un proceso democrático y/o representativo: unas primarias, por ejemplo. En absoluto: ZP defenestró a Redondo, Jr. porque según la apestosa, consagrada y gramaticalmente incorrecta expresión, «hacía demasiado seguidismo del PP».

Pero no sólo eso: todo tenía que cambiar en el mapa político vasco de 2005. Y vaya si cambió. Había que romper el verdadero frente constitucionalista que en aquellos años formaban el PSE y el PP. De un lado, Redondo Terreros; de otro, María San Gil, apoyada hasta 2004 por Jaime Mayor Oreja, el mejor ministro de Interior que España ha tenido en el período que algunos todavía llaman «democracia», y después por sus convicciones y principios. Ése sí habría sido un pacto que podría haber acabado con el terrorismo de verdad, sin negociaciones ni precios políticos. Pero a alguien no le interesaba ese pacto, lo cual sin duda pudo haber «justificado» el atentado del 11-M (entre otras razones que probablemente no haya que buscar en suelo nacional ni en «desiertos lejanos»).

Demos ahora un salto a 2009. La situación ha dado un giro radical: ZP hace un año que ha ganado, incomprensiblemente, las elecciones de 2008. También hace un año de la excursión ultramarina de Rajoy en la que, previsiblemente, le metieron en la logia. María San Gil ha sido vilmente defenestrada por sus compañeros de partido tras una campaña infame, en la que destacan los exabruptos del hoy flamante Secretario de Estado de Cultura, el burlón Arribaspaña del también flamante hoy Ministro de Turismo y la puñalada de Labiotoldo Sánchez Camacho. Asimismo, se procede a laminar a los elementos del PP-verdadero, es decir, a los que creen aún que la política debe incorporar principios morales. Mayor Oreja, Iturgaiz y otros representantes de esa corriente son enviados a Bruselas para que no estorben la labor de los basagoitis y demás comparsa. Y a los que por trayectoria política no los pueden mandar a Bruselas, los aíslan o son objeto de mobbing político (señaladamente el caso de Nerea Alzola).

Planteadas así las cosas, la legislatura de Patxi López se ha caracterizado por el apoyo sin fisuras al mal llamado proceso-bajada de pantalones de ZP. Así, subraya con silencios o con declaraciones vomitivas los distintos jalones de ese «proceso», o incluso con acciones de propaganda, como la de impedir la entrada de dirigentes del PP en la capilla ardiente de Isaías Carrasco, asesinado por ETA y cuya muerte huele que apesta a gato encerrado.

Hoy

El último paso que faltaba por dar en el cambio del mapa político vasco era el de convertir en verdaderos
hombres de paz a los asesinos etarras y a su konparsa civil. Terroristas vestidos de lagarterana con mando en plaza sin intermediarios. Se trataba de ofrecerles en bandeja todo lo que ellos quisieron conseguir aunque fuese a tiros. Y se consiguió, desde luego: tras la conferencia de los pavos al Currin los asesinos etarras «declararon unilateralmente el fin del terrorismo». El comunicado que emitió en aquella ocasión el PP es la prueba de que las víctimas del terrorismo ya no eran una prioridad y de que también molestaban al PP en sus manitas bajo la mesa con el PSOE. No es sorprendente que la indocumentada de Elenita Valenciano defienda como éxito de Patxi el famoso «proceso de paz».

En el plano jurídico han sido necesarias tres sentencias: dos del TC y una del TEDH. Las dos primeras, las de legalización-bendición de Sortu y Bildu, las marcas blancas de ETA (ignominia que un servidor de ustedes espera que quede en los anales de la Historia de España). La del TEDH, por su parte, se refiere a la desautorización de la Ley de Partidos, contra la que Adela Asúa, aún magi-astada del TC designada por los nazionatas vascos, ha cargado desde que aceptó el cargo.

Sólo queda que ETA aparezca en escena con una lehendakari de transición, como es Laura Mintegi, la que calentará la silla mientras llega Otegi, el mesías de Euskal Herria. El bloque constitucionalista está virtualmente deshecho, gracias a la miopía y falta de altura de miras de sus dos protagonistas principales. Volverá el PNV y volveremos a la comedia de sacudir el Gernikako arbola, que no sé si será un nogal, pero desde luego se le parece mucho.

Las cosas no han mejorado políticamente en las tierras vascas (aunque es la cuarta CA en términos de buena administración económica). Para pensarlo.

Comentario a D. Andrés Ollero Tassara

Me ha merecido una especial atención la Tercera del ABC escrita por D. Andrés Ollero Tassara, pues es la primera vez que D. Andrés se pronuncia como Magistrado electo del TC. Con gusto le he leído en ocasiones anteriores; sin embargo, esta vez creo que debo discrepar de algunas afirmaciones que vierte en su artículo.

Comienza D. Andrés discrepando de aquellos que opinan que Eugeni(o) Gay Montalvo, a causa de su religión católica, no debería «defender la ley del aborto». En esta afirmación entran en juego, a mi entender, dos preceptos: por un lado y como bien señala D. Andrés, el 16.2 de la CE, en unión también del art. 14. Lo que viene a decirse, por tanto, son dos cosas: la primera, que nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias; y segundo, que el profesar una determinada ideología, religión o creencia no debe ser objeto de discriminación.

Al efecto quisiera traer a colación unas palabras que a mi entender describen exactamente cuál es nuestra situación en España y, por ende en Europa, en este punto (negritas y comillas nuestras):

«No obstante, aunque la religión y la moral cristianas son atacadas virtualmente, no existe en Norteamérica el desprecio que se advierte en Europa y la religión y las Iglesias tienen, a pesar de su crisis, una notable vitalidad. Como observara en el siglo XIX Tocqueville, en Estados Unidos, heredero directo de la Ilustración, no de la Revolución Francesa, la religión forma parte de la cultura. Por eso a muchos europeos les sorprende y les molesta que el actual Presidente Bush (la primera edición del libro apareció en 2004) no tenga reparo en rezar en público y ridiculizan y presentan su fe como a weapon of mass destruction. Al jefe del Gobierno inglés Tony Blair, que es creyente, le disuadieron de terminar sus intervenciones televisivas durante la guerra de Iraq con las palabras God Bless You. En contraste con Norteamérica, en Europa empieza a ser normal calificar de “fanática”, “integrista” o “fundamentalista” cualquier actitud que postule el reconocimiento público de la religión, la invoque o la tenga públicamente en cuenta; incluso en el plano privado

Dalmacio Negro, Lo que Europa debe al Cristianismo,
(Unidad Editorial, Madrid, 2006) 2ª ed. revisada, p. 163.

Cabe decir que estas palabras escritas en 2004 han recibido confirmación por la vía de hecho: por un lado, los casos de pederastia dentro de la Iglesia, convenientemente jaleados por los enemigos de ésta, han provocado una cierta actitud de rechazo hacia la religión, y la «idea lacia» de que «nadie debe actuar públicamente conforme a los preceptos de su religión». Según esa regla de tres, efectivamente: los católicos deberíamos llevar una cruz que públicamente nos identificara como católicos, sentarnos en los asientos reservados para los católicos en los autobuses y… bueno, ya conocen ustedes el resto. La segunda vía de confirmación viene del hecho de que en el mundo musulmán los católicos simplemente no tienen derecho a existir: los matan o los acollonan de tal manera que no tienen más opción que huir. Más o menos como los etarras hacen con quienes no comulgan con sus ruedas de molino. Eso, desde luego, a los lacios no les preocupa lo más mínimo (no es su cuello el que está en peligro, naturalmente; y todo lo que elimine la competencia es «bueno» para ellos).

D. Andrés sigue perorando acerca del juicio estrictamente constitucional al que deben someterse las leyes. Es una declaración positivista de principios: la Constitución es la Constitución, todo está en ella y no necesita ningún tipo de validación externa (a pesar del art. 10.2, que remite en sede de interpretación a «la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Tratados internacionales ratificados por España»). Una posición iusnaturalista, por el contrario, es peligrosa porque remite a un marco de referencia externo y sobre todo, superior a la ley, en tanto que religioso y que en Occidente sólo puede referirse al cristianismo, por mucho que les pese a los lacios y otras hierbas equidistantes y «neutrales».

Pasemos a la segunda parte de su artículo, que gira en torno a los límites constitucionales. Si D. Andrés habla de límites, he aquí uno infranqueable: «Todos tienen derecho a la vida». No dice «todas las personas», expresión en la que los abortistas podrían fundar su argumentación afirmando que el nasciturus «aún no es persona». Afirmación que ya hizo la inculta menestra Aído-y-no-ha-vuelto equiparándose nada menos que a… Adolf Hitler setenta años después.

¿Será necesario recordar que la única religión que defiende en toda su extensión ese limes es la cristiana y, dentro de ésta, especialmente la variante católica? Al parecer sí es necesario. Para que lo vean más claro, les propongo un pequeño ejercicio: tomemos el precepto constitucional y formulémoslo a contrario sensu. El resultado podría ser éste: «Nadie tiene derecho a privar de la vida». Es algo que podría firmar perfectamente cualquier católico, pues para los católicos sólo en Dios reside ese derecho; para los demás, podría basarse en que todos los hombres son iguales en derechos o en declaraciones más o menos humanitarias al uso.

De aquí se seguiría que quien priva del derecho a la vida debería merecer el más duro de los reproches jurídicos (no sólo el político y el moral). Como somos tan civilizados y tan progresistas que hemos eliminado de la Constitución la pena de muerte incluso para «lo que dispongan las leyes en tiempo de guerra», con eso no hay que contar. Lo que me recuerda que para el buen amigo de D. Andrés no hay reproche posible, como demuestran sus votos a favor de la legalización primero de Bildu y después de Sortu. Pero eso es lo que ocurre, D. Andrés, cuando se limita la mirada exclusivamente a la Ley: que si ésta tiene más agujeros que un queso de Gruyère y quienes deben aplicarla se remiten exclusivamente a ella, los asesinos saltan entre sus intersticios como si estuvieran jugando a la rayuela o a las tabas, felices porque es la ley (o mejor dicho, su insuficiencia no corregida) la que se lo permite. Y burlándose de los que hasta ahora no han pedido otra cosa que justicia y de quienes les apoyamos en su reivindicación. Burla en la que la izquierda de salón y alguna derecha con síndrome de Estocolmo colaboran sin empacho alguno. Igual que el buen amigo de D. Andrés. Aunque «sea de mal gusto» decirlo.

Serpiente roja de verano

Todos los veranos hay una noticia que, según la frase consagrada, se convierte en serpiente de verano, cuya virtualidad es no durar más allá de la calurosa estación. Durante estos últimos años ha habido serpientes de verano de los más variados tipos, tamaños y pelajes: desde rumores del corazón hasta noticias de calado más serio. A medio camino, a nuestro entender, se sitúa la noticia que hoy nos ocupa.

Trata la noticia del asalto y robo «acción revolucionaria de reivindicación como propiedad del pueblo de una superficie comercial», con agresión a «lacaya del capital» honrada trabajadora de la misma incluida. Lo sorprendente es que el Curro Jiménez del siglo XXI al frente de la cosa es el alcalde de la villa de Marxinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo y los autores materiales unos 200 valientes muchachos, autodenominados «sindicato» y que, como es habitual, no representan a nadie más que a sí mismos.

De cualquier modo, no hay que sorprenderse mucho. El que avisa no es traidor, dice el dicho. Sánchez Gordillo ya dio muestras de estar imbuido (más bien emborrachado) de toda esa retórica revolucionaria de la acción directa y de la toma del Palacio de Invierno en el acto de su juramento o promesa como parlamentario autonómico. Entonces hubo mucha gente a quien le entró la risa floja y a no pocos les vino a la mente la palabra «payaso». Hoy las cosas presentan un cariz mucho más feo y el valiente alcalde de Marxinaleda podría ser acusado de cometer e incitar a cometer un delito de robo.

Como dice Hermann Tertsch en su columna Montecassino del día 10 de agosto (la negrita es nuestra):

«(…) Con mucha ideología y manipulación de la ignorancia, la apología sistemática del frentepopulismo ha hecho mucho daño a la cultura política de este país. Y aumentado el nefasto prestigio de eso que se dio en llamar la acción directa: desde un saqueo, una ocupación, una paliza o un secuestro a –¿por qué no?– el crimen. El grotesco espectáculo dado por el alcalde de Marinaleda va en ese sentido. Se trata de animar al mayor número de ciudadanos posibles a cruzar las líneas rojas de la violación de la ley. Y cuestionar la propia validez de las leyes violadas. Primero las de la propiedad. Y las del orden público. Y llegado el momento se pondrían en cuestión todas. Acabar con el imperio de la Ley y con el Estado de Derecho es el principal objetivo de cualquier fuerza revolucionaria. Y da la impresión de que en sectores radicalizados de nuestra izquierda ya se ha declarado enemigo al Estado de Derecho

Para entenderlo, que no justificarlo, habría que acudir a un tópico específicamente andaluz: la popularidad del anarquismo en el campo andaluz, justificada por los abusos de los señoritos (que hoy votan o pertenecen en su mayor parte al PSOE, curiosamente). Quizá por eso en Andalucía no se ha producido una reacción apreciable, fuera del distanciamiento público de los socios socialistas y del silencio de Diego Valderas, coordinador general de IU en Andalucía. En Madrid sí; pero en fin, a Llamazares ya lo conocemos.

Pero tal como pone de relieve Tertsch en las líneas que hemos transcrito, lo peligroso no es tanto el revival de las «alegrías revolucionarias» de 1917 o de 1931, sino el carácter de ejemplo que pueden tener esas acciones revolucionarias hoy en día, con un umbral reconocido de 5.700.000 parados y de 11 millones de personas que viven en el umbral de la pobreza (sí, según Cáritas). Personas pertenecientes a la antes extendida clase media que hoy, gracias a los políticos y otros bergantes vestidos de lagarterana, se ven en el dilema moral dar de comer a sus familias o de cometer un delito.

Además del carácter propagandístico de la acción, hay otra dimensión. Sánchez Gordillo no para de berrear «Zoi aforao». Es clarísimo que esa expresión va dirigida a los ignorantes: lo que éstos interpretan sin esfuerzo es «soy intocable y hago esto porque a mí no me van a tocar un pelo». No es muy distinta la actuación a la de cierto Joan Puig, que hace unos cuantos calurosos veranos intentó allanar la residencia de Pedro Jota en Mallorca, carnet de diputado en la boca. Con los demás no cuela, desde luego: eso sólo significa que por su cualidad de parlamentario autonómico no le enjuiciará un Tribunal cualquiera, sino el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Pero para ello, como siempre, harán falta dos cosas:

  • que los funcionarios del senyor ministre reciban la orden de cumplir con la misión que les encomiendan las leyes.
  • que la Justicia juzgue y condene a este señor, que ha pretendido presentarse como el Curro Jiménez del siglo XXI (eso sí, con cargo electo y viajes en first class) y no es más que un delincuente que apela a una presunta razón superior.

Que por otro lado, lo que no dice el alcalde de Marxinaleda y revolucionario de tres al cuarto es también «Zoi zuvencionao» y no sólo por lo que él recibe como diputado y demás, sino por las cantidades que le llueven al sindicato del que es patrón pueblo tanto desde la Junta como desde el Estado. Pero ya es sabido, y es cosa que también decía Maggie, que el socialismo solamente es boyante cuando funciona con el dinero de los demás y que cuando se acaba el dinero, se acaba el zozializmo.

Hablando de eso, ayer falleció el actor Sancho Gracia, quien encarnara para la posteridad precisamente al bandolero de la época napoleónica, a los 75 años y debido a un cáncer de pulmón que padecía desde hacía tiempo. Quizá ha sido casualidad; pero poéticamente se podría decir que el actor no ha querido presenciar en vida la degradación del personaje por el que siempre le recordaremos en las barbas marxistas del alcalde de Marxinaleda.

Le petit Fouché

Nuestros peores temores han sido confirmados. Ya en este blog anunciábamos las semejanzas de Joseph Fouché, tenebroso personaje que contempló con mirada fría e inexpresiva el paso de tres generaciones de políticos (Revolución, Imperio y Restauración) a las que supo dominar jugando con sus trapos sucios, con Alfredo Pérez Rubalcaba, casi igual de insumergible que su avant-passé francés.

Tras estallar el escándalo de las presuntas escuchas, tenemos una semejanza más: el convencimiento de ambos de que la información es poder, y que no importa por qué medios se obtenga ese poder. Fouché había articulado una red de informadores que cubría toda Francia y parte del extranjero. Curiosamente, no a nosotros. A Fouché, frío e intelectual pero no libre del todo de esa estomagante grandeur francesa, los españoles no le parecíamos suficientemente importantes en la cosa militar (nuestro ejército eran «sólo partidas de bandoleros») como para inquietar al Empereur, y por eso Napoleón fue expulsado de España. Eso sí: con la inestimable ayuda británica, que se ocupó además de eliminar la competencia comercial haciendo saltar por los aires nuestras Reales Fábricas de Tapices de Segovia y Salamanca.

Asimismo, Rubalcaba llegó al Ministerio del Interior para cerrar las goteras que se producían mientras su antecesor duró la dirección de ese Ministerio. Porque José Antonio Alonso, al parecer, antes que socialista era juez. Y esa formación jurídica imbuye un respeto básico por el ordenamiento jurídico que impide moralmente actuar contra la ley o, cuando menos, crea un remordimiento insoportable por actuar contra ella. Para que me entiendan ustedes, se parecería a romper el condicionamiento de un doctor Suk de los que aparecen en la saga Dune de Frank Herbert (el personaje Wellington Yueh, interpretado por Dean Stockwell en la película de David Lynch, es el caso). Hacía falta un sujeto que no tuviera escrúpulo moral alguno en hacer lo que el Partido demandaba, que fuera socialista ante todo y por encima de todo, incluso de la Ley. Y ese sujeto, frío como un pez y doctor en Químicas, era perfecto para lo que necesitaban ZP y su entorno. Su fama le precedía: portavoz socialista en los peores casos de corrupción de nuestra democracia y factótum en la época zapatera tras la caída de la Voguemomia, era sin duda el más indicado.

Por algo dijimos, cuando nombraron a Rubalcaba, que ponerle al frente del Ministerio del Interior era como poner al zorro a guardar el gallinero. Sobre todo el gallinero de Interior, en el que la línea entre el bien y el mal suele volverse bastante borrosa (ambigüedad en la que Rubalcaba se mueve como pez en el agua). Resuenan aquí las palabras del Profeta de Khalil Gibran (cito de memoria):

Hablaré del bien que hay en vosotros,
mas no del mal.
Pues, ¿qué es el mal sino el bien
atormentado por su propia hambre y su propia sed?
En verdad, cuando el bien tiene hambre
se alimenta en oscuras cavernas,
y cuando tiene sed
bebe hasta de las aguas estancadas.

Al parecer, esas oscuras cavernas y esas aguas estancadas son el hábitat natural de Rubalcaba. Quizá, al saltar el escándalo del Rubalgate, el hombre de la guadaña ha decidido que ya es tiempo de que salga de ahí porque su cometido puede haber terminado.