Lecturas recomendadas

Las tardes de verano son largas; lo bastante como para que a ustedes se les ocurra alguna idea para combatir el tedio y el aburrimiento vacacionales. Así, unos se dedicarán al bricolaje, otros al windsurfing, otros a matar el tiempo en la barra de un bar, otros a… bueno, a toda esa larga de aficiones o hobbies que durante el curso «dejamos para el verano» porque no tenemos tiempo durante el año laboral.

Un servidor de ustedes ha escogido la opción, aparte de dar largos paseos por una ciudad mesetaria, de leer aquello que durante el curso ha tenido que postergar. Tampoco quiero engañarles, por otro lado: lo que hoy traigo a su consideración se trata más bien de una relectura, que a la luz de los acontecimientos recientes y la crisis de fondo ayuda a colocar las cosas en su sitio y a llamarlas por su nombre verdadero.

El libro en cuestión se titula España sin democracia, del profesor don Jesús Neira (Planeta, 2010), conocido por las masas a través de la televisión y también por su ascensión y caída en medios políticos al intentar hacer de la sinceridad una virtud política; como decía el gran Quevedo en el Buscón, «hay cosas que aunque sean verdad no se pueden decir». No se puede intentar abrir los ojos al pueblo acerca de la farsa política que está viviendo y quedar impune. Así que le montaron una operación de acoso y derribo. De tal modo que el profesor Neira acabó volviendo a su profesorado, y sobre todo y muy convenientemente, a su anonimato. Imagino que bastante asqueado por lo que habrá visto en aquellas alturas.

En cualquier caso, el libro es recomendable porque no es un sesudo tratado de Ciencia Política, sino que en apenas 250 páginas trata de condensar las acepciones buenas y malas del término «democracia» e intenta mostrar lo mal que calza ese término en el sistema que padecemos hoy y que sólo quienes se aprovechan al completo de él lo llaman «democracia». Y, lo más interesante: ofrece claves históricas, políticas y jurídicas que nos ayudan a entender que la sacrosanta Transición fue más bien una señorita de compañía de alto standing de la que todos (los caciques) tomaron lo que les convino, y que la Constitución fue la hija jorobada que salió de la coyunda (consenso) entre los caciques viejos del franquismo y los nuevos del progresismo, hambrientos tras «cuarenta años de vacaciones». No es de extrañar que se elaborara en secreto y se presentó al pueblo para que éste la ratificara y nada más.

El libro del profesor Neira pincha uno tras otro los globos de la hipocresía de los defensores del consenso como sistema político, cuyo último argumento, extrañamente, se parece al «¿O es que quieren que vuelva Jones?» de Orwell en Rebelión en la granja. Pero que no se preocupen estos defensores. Si la nación sigue este camino, pueden ocurrir dos cosas: que nos encasqueten un Bundesprotektor o que vuelva un «señor Jones» de verdad y que esos «defensores» tengan que pasarse cuarenta años más de vacaciones.

Muerte indigna (I)

La noticia a la que se refiere el post es un poco «antigua», pero pueden ustedes rastrearla aquí. Viene muy a cuento, dados los medicamentazos que el Ministerio de Sanidad ha propinado a nuestros mayores. Parece que de forma indirecta, la menestra Ana Jaguaryou Mato quiere aplicar una especie de variante de la eutanasia…

Sí, muerte indigna. La de doña Ramona Estévez, fallecida tras una agonía de 14 días provocada por la retirada de la sonda naso-gástrica que la alimentaba por hallarse en estado de coma. ¿Quién es el asesino, se preguntarán ustedes? No, no es el mayordomo. Ni es un Doctor Muerte, como en el caso de cierto hospital de Leganés. Ha sido nada menos que la Junta de Andalucía, que ha decidido que Dª Ramona no tenía derecho a seguir ocupando una cama en el SAS (Servicio Andaluz de Salud) ni a usar de una sonda que la mantuviese en vida. Dicho muy pronto y muy mal, pareciera que la han dejado morir como una perra. ¿Y por qué? Como se trata de la Administración, resulta que faltaba un papel: el llamado «testamento vital», en el cual Dª Ramona hubiera podido solicitar lo que mejor conviniese y en el que seguro que no hubiese solicitado el trato final que le han propinado.

Más allá de la noticia (horrenda por sí sola), las causas de que la izquierda y cierta derecha se muestren «encantados» con el tema de la eutanasia hay que buscarlas más atrás. Un usuario del blog Contando Estrelas comenta lo siguiente, que puede estar en la pista de la verdad del tema de esta entrada:

Hay pocos embarazos porque está de moda tener uno y solo uno. Muchos de esos que habrían podido nacer, no nacen porque se les asesina en aplicación del “derecho a decidir”, en esos campos de exterminio legalizados y subvencionados por las autoridades. Consecuencia: hay pocos niños, insuficientes para el reemplazo generacional. Los del “baby boom” de los años 60 (entre los cuales me cuento, porque nací en 1966) vamos ya por la cuarentena y aproximándonos a la cincuentena. Somos legión, somos muchísimos. Mis padres tuvieron 4 hijos, mis suegros 4 hijos también, tengo más de 35 primos porque las hermanas de mi madre (que son 4) tuvieron todas entre 4 y 5 hijos.

Teniendo en cuenta lo que he dicho en el párrafo primero (poca natalidad, y mucho aborto), y teniendo en cuenta que dentro de 15 ó 20 años habrá que empezar a pagar las pensiones de los para entonces viejos del “baby boom” de los años 60 los canallas que nos gobiernan y los lacayos que hacen como que se oponen y aspiran a gobernar, han hecho sus números. Y se han dado cuenta de que tienen que empezar ya a meter la eutanasia para eliminarnos a los del “baby boom”, porque nuestras pensiones no podrán sostenerse, por la sencilla razón de que no habrá cotizantes: a los que hubieran podido ser cotizantes los fueron exterminando en las trituradoras del aborto.

La táctica con la eutanasia será la misma que usaron con el aborto: casos aislados extremísimos, lacrimógenos, tipo película “Mar adentro”, propaganda arrasadora, especialmente virulenta contra la Iglesia y presentando la eutanasia como un “derecho a la muerte digna”. Dentro de 20 años, cuando los para entonces viejos del “baby boom” seamos una carga insoportable porque no hay reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, que lo busquen en los contenedores de basura de los abortorios), la eutanasia será no sólo un derecho, incluso una “obligación”.

Aviso para navegantes, para aquellos que lean esto y tengan más de 40 años: vienen a por nosotros, y detrás de nosotros, irán a por los que ahora tienen 35 ó 30 años, porque seguirá faltando reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, sigan buscándolo en los contenedores de basura de los abortorios).

El PP también está entre los que apoyaron en Andalucía la ley de “muerte digna”. Ya no sólo por convicciones, sino también por instinto de autoconservación, votaré a AES. Los que lean esto y no sigan mi consejo, y tengan ahora 40, 45 ó 50 años, dentro de 20 años no se quejen si sus familiares, y el doctor y la enfermera se ponen muy pelmas insistiendo en que decida “morir dignamente”. A lo mejor ni le preguntan, como han hecho con Dª Ramona Estévez: su tratamiento médico y su pensión son demasiado caros y hay que seguir sosteniendo políticos, sindicatos, autonomías y fruslerías varias.

Los tres primeros párrafos son, a mi entender, la clave del problema. Sólo corregiré un punto: no es que “no esté de moda” tener hijos, sino que todo se inscribe en una estrategia integral de ataque a la institución familiar tradicional. Hay que remontarse a bastante atrás (años 70) para rastrear algunas decisiones de la ONU que calculaban que por estas fechas la Tierra iba a tener, al ritmo de crecimiento actual, como 20.000 millones de habitantes. Las apocalípticas predicciones malthusianas han sido rebatidas por las simple práctica.

A partir de ahí se creó un mantra: “sobra gente” (“gente” igual a “pobres”). ¿Recuerdan ustedes cómo a la izquierda patria le entraba –le sigue entrando– la “risa floja” con los premios de natalidad franquistas? El Régimen podía ser todo lo “totalitario” (en comparación con sus coetáneos comunistas, era “casi” una democracia); pero sabía la importancia de que existiera un recambio generacional, al par que como “nacionalcatólico”, protegía a la familia, pues éste es también un principio cristiano.

Sin embargo, esta directriz cambió con la llegada al poder de la izquierda (o por mejor decir, “franquistas remozados de rojo”). El enemigo a batir (o por lo menos a erosionar en forma suficiente) fue el trinomio familia-escuela-Ejército, que en el régimen anterior se consideraba que era lo que te convertía en un “hombre de provecho”. ¿Qué tenemos hoy? Una familia de autoridad erosionada, una escuela donde el profesor no puede ejercer debidamente su magisterio y autoridad… y bueno, del Ejército, después de cómo lo han dejado la Chaconeta Metálica y sus antecesores, mejor ni hablamos.